CAROLINA Y YO: SU CORNUDO SUMISO (IV Y FINAL).

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Por lo demás nuestra vida matrimonial es muy normal, como la de cualquier otro matrimonio, porque cuando yo salgo a la calle para trabajar o para cualquier recado siempre, siempre, me he de despedir de ella lamiéndole el culo si está de espaldas o el coño si está de frente. Si está de pie llego, me arrodillo, le levanta la falda o lo que lleve, le bajo las braguitas tipo tanga transparente y la lamo hasta que ella me da el visto bueno y me aparta. Entonces me levanto y me marcho. Y cuando vuelvo lo primero que he de hacer es desnudarme completamente, quedarme con sus braguitas que llevo puestas todo el día, buscarla y si esta de pie arrodillarme para lamerla y si está sentada, arrodillarme también entre sus muslos para darle la bienvenida mientras le lamo el culo o el coño, según lo que ella me ofrezca.

– Eres insaciable, cornudo mío, no tienes abasto porque vives para lamerme y ponerme jugosa para que la polla de mi macho me entre bien -me suele decir -, para que se deslice con suavidad y pueda así follarme mejor, ¿verdad cornudo?, porque te excita estar ahí arrodillado entre mis muslos, lamiéndome el coño para que me excite, se me abra, me entren ganas de ser follada y tenga que llamarlo a él para que venga y me folle como un semental a su yegua, y ante tu vista como el buen cornudo que eres. Y yo claro, le digo que sí, que así es porque soy su cornudo sumiso que sólo aspira a serlo cada día más y a que ella se sienta orgullosa de mí.

– Y te suplico que sigas domándome a tu gusto para ser tuyo -añado de rodillas-, para ser cómo tú quieras que sea, tu cornudo sumiso y todo lo que tu quieras. Quiero que te sientas orgullosa de este cornudo que te ama y que se humilla por ti, que es feliz humillándose por ti y que sólo quiere que esa humillación no tenga fin para que te mojes, goces y te corras al saber que sólo existo por ti, que mi vida depende de ti, que sólo pienso en ti y que sólo quiero pensar en ti por el resto de mi vida. Que te amo con cada poro de mi piel.

Y así se lo tengo que repetir varias veces al día porque un día que no se lo dije, que no le supliqué que me hiciera cornudo (supongo que tendría distracciones por el trabajo), se enfadó, me dijo que ya no la quería como antes, que ya no la amaba y que si quería podía dejarla, pedir el divorcio porque ella no se opondría. Yo le dije que no, que no era eso, que la quería cada vez más; pero ella insistió en que era mejor que volviéramos primero a ser una pareja normal, a pasar de los cuernos por una temporada hasta ver si me aclaraba con mis dudas.

– No, por favor -le suplique yo.

– ¿No qué? -me preguntó ella.

– Que no lo dejemos.

– ¿Qué no dejemos qué?

– Que no dejes de hacerme cornudo, por favor

– No te he oído

– Que quiero seguir siendo cornudo todos los días del año.

– No te veo muy convencido

– Sí, sí, por favor, te lo suplico

– ¿Me suplicas qué?

– Que me hagas cornudo

– ¿Sólo cornudo?

– Muy cornudo

– ¿Sólo muy cornudo?

– No, mi amor, cornudo universal, porque te suplico que folles con machos de los cinco continentes para que pueda así lucir los cuernos globalizados en todos los idiomas. Y entonces ella me besó con una ternura infinita, me llevó a la cama, me abrazó, me acarició y anduvo dándome mimos y ternuras durante toda la tarde porque decía que se sentía muy orgullosa de mí, de su cornudo consentido y sumiso. Y para premiarme decidió marcarme en el culo con su C de Carolina y C de cornudo, Cornudo de Carolina. En anagrama CC. Y me marcó con un hierro al rojo que le hicieron en un taller y ahora voy marcado en el culo con la CC que ella de vez en cuando, mientras estoy en el suelo a cuatro patas lamiéndole el coño o el culo, mira y acaricia para recordarme lo que significa “Cornudo de Carolina”. Y para humillarme en público cuando vamos a una playa nudista y me obliga a entrar en el agua y quedarme allí parado, enseñando mi culo a los demás bañistas para que puedan ver la CC, de Cornudo de Carolina. Y mientras estoy allí, de vez en cuando vuelvo la cabeza y la veo allí a ella sentada en la arena, tan guapa como siempre, sonriendo, pero más bella aún porque he descubierto que mi mujer se pone más guapa, le s

ube la belleza a la cara, cuando me hace cornudo o puede presumir en público de que lo soy. Porque además para ella mi polla es un faro señero, una luz que la ilumina, porque cuando tiene un día malo, está triste o no viene su macho a follar con ella, con sólo decirme “cornudo” se me pone dura, y ella al sentirse así de deseada, de querida, se consuela mirando como yo, desnudo en medio de la sala, permanezco de rodillas con mi polla enhiesta para que se consuele al saber que siempre hay y habrá, un hombre que la desea. Porque la quiero más que a mi vida, según le suelo decir. Y ella entonces me besa en los labios con ternura, me los lame, me dice que me quiere y me lleva al cuarto de baño para que la arregle, para que la bañe y prepare para sus amantes, porque yo soy el responsable de su belleza y por eso tengo que bañarla y recortarle con una tijera el pelo de su sexo para que los labios de su coño aparezcan siempre enseñando nítidamente su raja, para que se vean protuberante, claros, sin que nada los tape, y que así pueda excitarme más a mí todos los días, según me dice ella mientras me arrodillo en la bañera para la función. Y por supuesto, para excitar más a sus machos cuando vean su raja, los nítidos labios de su coño a través del tanga transparente y pueda así llevárselos antes a follar. Y mientras se los recortaba con mucho tino, cuidado y mimo, ella me demostraba cuanto me quería.

– ¿Cómo se llama al marido que le recorta a su mujer los pelos del coño para que se le vea la raja y puedan así otros machos follarla mejor?

– Cornudo.

– ¿Sólo cornudo?

– Bueno, cornudo de cornudos.

– Sí, un cornudo de cornudos y estoy orgullosa de ti porque eres el mejor cornudo que pueda tener una mujer, porque veo por tu dura polla que gozas arreglando el coño de tu mujer para que se lo follen otros. Y entonces se ha levantado, se ha mirado en el espejo, ha visto que se le ve bien la raja del coño, que los labios aparecen limpios y protuberantes y me ha felicitado por la labor. Luego se ha alisado el pelo de la cabeza porque dice que los machos le suelen comentar que así parece más mujer, más mujer fatal, más dominante. Luego se ha arreglado las uñas en manicura francesa y me ha obligado a que le pinte las de los pies de color lila. Y cuando he terminado le he puesto su clip vaginal, “en honor a mi gran cornudo”, según me ha dicho, y unas pinzas en los pezones que no se notan por fuera. También le he metido en el coño unas bolas chinas, y de esta guisa, una vez acicalada y preparada por mí, la he despedido en la puerta cuando se ha ido a buscar a los machos que me van a hacer cornudo. Mi querida Carolina decidió inscribirme para que existiera una constancia pública de propiedad sobre mí, en un registro que es público y que cualquiera puede consultar. Mi número de registro SRN es el 000328 y cualquier ciudadano del mundo que entre en este registro, que es libre y gratuito, puede comprobar y certificar que soy el esclavo cornudo sumiso de mi querida Ama Carolina, al buscar en esa página web, introduciendo el nombre Antonio Cornudo, el SRN: 000328, o mi e-mail: sumis_8 (arroba) yahoo.es.

Así cualquier ciudadano del mundo, esté donde esté, y otras amas tienen ya constancia de que soy propiedad de ella porque le adjudicaron además el título de propiedad número 000395, el SOD.

Ella me dijo que este trámite es por si algún día quiere venderme, pero la verdad es que yo estoy orgulloso de que ella tenga ya un registro de propiedad de mí y yo mi número de esclavo internacional, el 00328 que me reconoce ante el mundo legalmente como su sumiso esclavo cornudo, que me llena de orgullo y que probablemente luciré marcado en mi nalga.

Así es que ahora llevo tatuado en un glúteo el número 000328 correspondiente a mi SRN, de mi registro como Antonio Cornudo que permite que cualquier persona del mundo pueda entrar y ver mi ficha, mis fotos y como mi mujer me humilla ante todo el mundo al describirme allí como “un cornudo sumiso que se humilla todos los días suplicándome que le ponga los cuernos, mientras lo mantengo a él en castidad absoluta y le prohíbo mirar a otras mujeres”. Y también dice en mi ficha del Registro Internacional de Esclavos de esta página web, que, pronto, voy a llevar un piercing en el prepucio que actuará a modo de cinturón de castidad para que así, al estar infibulado, no pueda tener relaciones sexuales ni masturbarme, lo cual que ha sido una s

orpresa porque yo no lo sabía.

Luego me hizo crear una página web que se llama “El cornudo sumiso” para que mi humillación fuera pública, “para que en todos los lugares del mundo puedan entrar y verte como mi cornudo sumiso”. La página está en , y allí se me puede ver en las fotos que me ha hecho ella y en los relatos de nuestras andanzas que tengo que escribir, para su placer, para que goce viendo como me humillo en público, antes todos, por ella, por mi amor por ella, por nuestro amor. Porque ella me ama de verdad, lo sé, ya que de vez en cuando me coge de la mano, me lleva a nuestra cama, me desnuda, me lame por todo el cuerpo, me acaricia, me besa, me lame los labios y me dice que me quiere. Y es verdad, porque me abraza, se abraza a mí, me besa con suma ternura, me da besitos por toda la cara, me acaricia la nuca, me ensortija el pelo, me mira a los ojos…y yo la abrazo y le digo que la quiero. Entonces ella me lleva a la cocina, me coloca desnudo a cuatro patas sobre la mesa, me pasa sus uñas con manicura francesa por los cojones y por la polla, y me los araña ligeramente, para que sienta la caricia de sus uñas pero nada más, porque según me dice tiene miedo de que al estar tanto tiempo en castidad, al estar con las pelotas llenas y empalmado de deseo insatisfecho, el solo roce de las uñas me provoque una caricia y me corra. Me acaricia entonces con delicadeza, rozándome los huevos y la polla con sus uñas, arañándome muy suavemente por los huevos, por el tallo de la polla, por el glande, mientras que yo culeo procurando un mayor roce. Pero ella lo evita aflojando la caricia.

– ¿Estás a punto de correrte, verdad? -me pregunta, mirándome a los ojos.

– Sí, sí -le contesto ansioso.

– Me alegro, porque ahora me voy a follar con otro -me aclara, antes de soltarme, cogerme de la mano y llevarme al cuarto de baño para que le arregle el coño, para que le recorte con unas pequeñas tijeras los pelos y que se le vea bien la raja y sus protuberantes labios. Y mientras me arrodillo y se los arreglo con una tijera pequeña que ella me da, la miro y le digo que la quiero, que la amo con todos los poros de mil piel. Y ella me contesta que sí, que ella también me ama porque es imposible encontrar a un mejor cornudo que yo, que se excite arreglándole el coño a su mujer para que lo goce otro.

– ¿Cómo se llama el marido que se excita arreglándole el coño a su mujer para que lo goce otro?

– Cornudo, amor mío, se llama cornudo.

– Cierto, cornudo de cornudos. Y yo me ruborizo satisfecho porque jamás, ni en la mejor de mis fantasías, había soñado con encontrar una mujer como ella, una mujer que me amara así. Y una vez que hube acabado, se puso la tanga transparente, me pregunto si se le veía bien la raja y los labios del coño y entonces yo la mire y vi que sí, que estaba preciosa enseñando su hermoso coño a través de la tela. Entonces me cogió de la mano, me dio un beso en la frente que según me dijo se asemejaba al beso que Judas le dio a cristo, porque yo estaría allí, sufriendo por mi ama, mientras ella disfrutaba de mi humillación, y me puso desnudo y de rodillas cara a la pared, precisamente debajo del marco en el que cuelga a todo color mi SRN: 000328, con el nombre de Antonio Cornudo. Luego me ató las manos a la espalda y metió sus braguitas entre mis narices y la pared, y apretó mi cabeza contra ellas. “Procura apretar con la nariz para que no se te caigan al suelo”, me dijo. Y yo metí mi nariz en la braga para apretar y para olerla, procurando no aflojar mi presión contra la pared para que no se cayera. “Así sabré que no puedes moverte de aquí porque si te apartas un poco se te caerían y al volver me las encontraría en el suelo”, me dijo, antes de alejarse para ver que tal quedaba. Luego me ha dicho que mientras yo estaba allí pegado a la pared y aguantando sus braguitas con mi nariz, ella buscaría un buen macho porque quiere sentir de nuevo la sensación de ser penetrada por todos sus agujeros.

– Estaré muy puta cornudo mío, y me acordare de que sin ti esto no seria posible, mi gozo pasa por tu humillación no lo olvides. Y yo me he quedado allí desnudo, apretando con mi nariz sus bragas contra la pared, oliéndola, apretando para que no se caigan al suelo y esperando sin saber qué. Y debe de haber pasado una media hora porque he oído la llave de la puerta y por el rabillo del ojo he visto que ella entrada de la mano de su ama

nte, han pasado junto a mí y se han metido al dormitorio, dejando la puerta abierta. Y por al rabillo he podido ver como se besaban como locos y como ellos miraban de vez en cuando a donde yo estaba, se excitaban más, y seguían besándose y acariciándose, antes de poner se a follar como posesos. Pero antes de que él se corriera, mi querida Carolina se ha acordado de mí, porque se ha levantado, me ha soltado las manos, me ha quitado las bragas de la nariz y me ha llevado a su dormitorio, donde me he arrodillado junto a la cama porque ella me tiene dicho que ese acto, el de ponerme los cuernos follando con sus amantes, es el ritual más sagrado que hay en mi vida y he de asistir a él de rodillas, con devoción y respeto. Luego se han puesto a follar arrebatados, mientras ella le decía a él que quería sentir la polla de un hombre, sentirse hembra ardiente, follada hasta la extenuación, hasta que su coño ardiera por el roce de su polla. Y cuando ha advertido que él se iba a correr se la ha sacado, le ha dicho que se corra sobre sus tetas y una vez que él se ha vaciado sobre ellas, se ha repartido su leche por los pezones, y me ha llamado para que los chupe.

– Chupa y bebe la leche de mi macho sobre mis tetas, mama de mis pezones la leche del macho que te ha hecho cornudo-, me ha dicho, animándome y dando muestras de lo mucho que me quiere.

Porque en mi contrato de cornudo sumiso tengo prohibido que le bese o toque sus tetas sin pedirle permiso, porque dice que son el signo de omnipotencia sobre mí, por lo que siempre que aparece ante mi con sus tetas desnuda, me he de hincar de rodillas para rendirles pleitesía y devoción. Y luego ella me levanta de la cama, me coge de la mano y me lleva junto a su macho que está ya de pie vistiéndose para marcharse. Y entonces, con la ternura de una madre me arrodilla ante la polla que me ha hecho cornudo y me lleva la cabeza hacia ella para que le dé las gracias y la bese con cariño y devoción, con respeto y reverencia.

– Sé agradecido y besa y mima la polla del macho que te ha hecho cornudo, dale las gracias por haberte hecho feliz -me dice con mucho cariño y ternura, recordándome mis obligaciones porque soy muy desagradecido. Y yo le dio besitos, la lamo un poco, le vuelvo a dar besitos y más besitos, mientras le doy las gracias por hacerme cornudo.

Y después de arrodillarme ante la polla que me había hecho cornudo y darle las gracias con besitos y diciéndole que estaba muy agradecido por lo feliz que me había hecho al hacerme cornudo, ella me ha cogido de la mano, me ha levantado y me ha llevado a la mesa de la cocina. Me ha mostrado un manojo de folios y me ha dicho que firme al final de ellos, sin leer. “Es el contrato de tu esclavitud a mí como cornudo sumiso -me ha dicho-, pero debes confiar en mí y firmarlo sin saber qué pone, cuál va a ser tu destino a partir de ahora”. Y he asentido con la cabeza y he firmado sin leerlo, confiando plenamente en ella porque la quiero con toda mi alma. Y una vez que hemos firmado las tres copias me ha dejado por fin que lo lea. Y este es el contrato que he firmado y que va a regir a partir de ahora mi vida como su cornudo sumiso.

Si alguna chica quiere saber más puede escribirme a: sumis_8 (arroba) yahoo.es

Autor: sumis

sumis_8 ( arroba ) yahoo.es

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Escrito por Marqueze

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