Hola amigos.
Llevo algún tiempo leyendo relatos en esta página, y después de mucho pensarlo me he dado a la tarea de contar la historia de cómo ocurrió mi primera experiencia gay.
Soy Andrés, vivo en Concepción (Chile), tengo 23 años, no muy delgado, deportista, mido 1,75 mts, y estudio en la Universidad de Concepción. Mis atributos más íntimos? Para ser franco nunca he sabido cómo se miden. No se donde poner la base de la regla… Sé que es de los gruesos y que los preservativos tamaño estándar suelen quedarme pequeños.
Mi historia ocurre durante mis vacaciones de verano hace unos 5 años, las que me tomé con unos tíos y un primo hijo de ellos. Yo regularmente los visito en estas fechas, las relaciones han sido siempre cariñosas pues nos tenemos mucho afecto.
Cuando estoy en su casa, me toca compartir dormitorio con mi primo Andrés (es mi tocayo), quien es 4 años mayor que yo, y unos pocos centímetros más alto. Moreno, de ojos pardos, y lo que no tiene en músculos lo tiene entre las piernas. Su pene es aun más grueso que el mío y más o menos del mismo largo.
Cuando llegué a la hora de almuerzo a casa de mis tíos, me estaban esperando con la mesa puesta para comer. Como ya les conté son muy amorosos conmigo y nos queremos mucho. Son casi como mis segundos padres y a ambos nos da mucho gusto podernos ver al menos durante las vacaciones.
Ellos estaban solos en la casa pues Andrés (el mayor de tres hermanos, y el único que aun vive con ellos en casa), se encontraba trabajando en el centro de la ciudad y no llegaría sino hasta bien tarde. Por lo mismo después de darnos los abrazos y comer, hicimos una sobremesa muy prolongada conversando de mil y una cosas: poniéndonos al día de todo lo que había pasado durante estos meses sin vernos. Ellos podían hacerlo pues tienen su trabajo en su casa, por lo que si alguno de sus clientes los requería, simplemente tenían que levantarse a atenderlo y ya. Esa tarde no vino nadie sino hasta las 7.
La primera en levantarse de la mesa porque la llamaban fue mi tía para atender a un cliente, y luego le tocó hacerlo a mi tío. Él antes de pararse me indicó que subiera y que instalara mis cosas en el dormitorio de Andrés como siempre y que hiciera lo que yo quisiera: que me sintiera como en casa.
Lo primero que hice fue retirar todo de la mesa, para después ir a ordenar mis cosas. En el dormitorio solo existía una cama: la de mi primo. Yo en todo caso no la compartía con él, pues dormía en un sofá-cama que existía en su dormitorio, así que después de desocupar mi maleta y poner todo en el guardarropas, armé el sofá en el que me acostaría más tarde de inmediato. Sabía plenamente donde estaba toda la ropa de cama así que no me fue complicado hacerlo, y por lo demás me tenían casi todo listo.
El sofá quedaba casi a ras de piso, y a unos dos metros de la cama de mi primo. Después de ordenar todo me fui al baño y me di una ducha reponedora para ponerme ropa limpia y menos abrigada porque en esa ciudad hay que hasta dormir con la ventana abierta en verano, y ese día no era la excepción. Luego bajé y les preparé algo de comer a mis tios para cuando cerraran su negocio y los espere como ellos a mí con la mesa puesta.
Luego de comer, conversamos otro poco y como yo estaba cansado por el viaje, me fui a acostar temprano. Mis tíos hicieron lo mismo. Su dormitorio estaba separado del de mi primo por un pasillo y una sala de estar en el segundo piso de la casa.
Me lavé los dientes y me fui al dormitorio a acostarme. A todo esto mi primo aun no llegaba, lo que es habitual en él cuando está trabajando en todo caso. Siempre llega pasadas las 11.30 de la noche. Como les conté, el ambiente estaba muy caluroso, por lo que a pesar de que había traído pijama, me quedé solo con la parte de arriba de él que era una polera no muy gruesa y mi bóxer.
Confieso que puse la cabeza en la almohada y me quedé dormido de inmediato por el cansancio del viaje. Sólo me t
apé con la sabana y dejé un poco entreabierta la ventana del dormitorio.
Mi primo llegó al rato después a la casa. Naturalmente yo no lo sentí pues dormía, pero como es su costumbre, imagino que primero comió algo, vio un poco de televisión, y después subió a acostarse.
Cuando entró a su dormitorio me encontró durmiendo, y suavemente me despertó para saludarme. Ambos nos dimos un afectuoso abrazo y hablamos unos minutos antes de que él se fuera a lavar los dientes para acostarse luego de unos minutos. Mientras él se fue al baño yo traté de volver a conciliar el sueño, lo que no logre.
Yo duermo de lado, así que quedé mirando hacia la cama de mi primo. Cuando el regresó al rato a su dormitorio yo seguía con los ojos cerrados. Entró lo más silencioso que pudo tratando de no "despertarme", y yo por mi parte me mantuve en silencio tratando de quedarme dormido.
Mientras, él se fue a su cama, se sentó en una orilla, y comenzó de desvestirse para poder acostarse. Encendió una lámpara de velador que daba una luz muy baja, y apagó la luz principal del dormitorio. Pero como era de noche igual se sentía la luminosidad por mis ojos cerrados. Cerró cuidadosamente la puerta para que no sonara mientras yo hacía mis cosas.
Yo mientras tanto, estaba con los ojos entreabiertos, viendo lo que hacía. No miraba con lujuria su cuerpo pues no era algo me que llamara la atención hacer. Una vez que casi terminó de desvestirse (estaba sólo en sus bóxer), cerró las cortinas de su dormitorio, y abrió aun más la ventana por el calor que hacía. Se quedó un rato de pie, y disimuladamente, y con la tenue luz que lo iluminaba, logré ver que se quitaba la única prenda que le quedaba.
Cuando lo hizo, lo vi de espaldas. Nunca lo había visto totalmente desnudo, y esa vez me llamó mucho la atención hacerlo, tanto que involuntariamente sentí como mi pene se erectaba poco a poco sin yo siquiera tocarlo por la excitación que me provocaba verlo así, completamente desnudo mirando por su ventana hacia quien sabe dónde.
Luego de un rato, se dio vuelta, y logré verlo de frente, con su pene completamente erecto lo que me dejó aun más excitado. Se metió a su cama, y ambos nos quedamos dormidos.
A la mitad de la noche, me desperté pues sentí el ladrido de un perro del vecino. Imagino que Andrés se despertó por lo mismo, en todo caso me quedé en mi cama y traté de volver a quedarme dormido. A los 20 minutos más o menos, cuando estaba por conciliar nuevamente el sueño, sentí como muy suavemente me empezaban a quitar la sabana que me cubría. Yo me seguí haciendo el dormido, y dejé que las cosas siguieran su curso, pues entreabrí los ojos y vi que era mi primo el que estaba tratando de tocarme por sobre mi bóxer.
Mi pene al muy poco tiempo reaccionó y se erectó completamente, lo que le dio a él más confianza para quitarme del todo la sábana, para poco a poco levantarme un poco mi ropa interior y tratar de liberar un poco la presión que ya hacía mi pene en el pequeño espacio que tenía para maniobrar.
Andrés muy delicadamente, lo levantó con el fin de no despertarme, y yo dejé que el juego continuara, no importándome ningún prejuicio en ese momento. Cuando ya logró tenerme casi por completo el miembro afuera, trató muy suavemente de quitarme también el bóxer por completo. Pero antes, se paró muy silenciosamente, y le puso seguro a la puerta del dormitorio. Yo mientras tanto, me bajé un poco más el bóxer para que no le costara tanto trabajo quitármelo cuando llegara, cuidando que no se diera cuenta de que yo ya estaba despierto.
Cuando cerró la puerta, volvió a incarce para quedar a mi nivel, y siguió con su tarea de quitarme el bóxer lo que logró sin problema. Al poco rato, algo caliente y húmedo rodeó por completo mi erecto miembro. No me costó mucho darme cuenta de que era la primera vez que sentía que otro hombre me diera una mamada. La que a pesar de ser muy silenciosa, resultó ser extraordinariamente placentera.
Se lo introducía muy lentamente en su boca, partiendo por mi glande, hasta llegar a la base de mi pene. Se lo tragaba entero, como todo un profesional, y sin meter el menor ruido, por lo que yo bien podía seguir haciéndome el d
ormido centrándome solamente en disfrutar el momento.
Yo por mi parte también trataba de permanecer lo más callado posible, y no demostrar con sonidos el placer que me estaba dando.
Al rato, cuando ya no aguantaba más la excitación que me estaba dando, me vine en su boca lanzando un pequeño pero audible gemido. Él se trago toda mi leche, y luego me limpió el pene aun erecto con su caliente lengua, para con mucho sigilo volver a ponerme la ropa y taparme igual de silenciosamente con la sabana, mientras yo seguía haciéndome el dormido.
Ambos nos quedamos dormidos, cada uno en sus respectivos lechos.
En la mañana, sentí como mis tíos se levantaban para empezar su día. Eran las 10.30 y sentí el ruido del agua que caía en la ducha. Espere que terminaran de ocupar ellos el baño, y pasé luego a bañarme yo. Entré al dormitorio igual que como lo había hecho Andrés cuando llegó en la noche, tratando de hacer el menos ruido posible.
Me desperté con una sensación de asco y remordimiento por lo que había pasado. A pesar de lo placentero que fue, no logré quitarme ese sentimiento de mí. Así que me vestí, y dejé a mi primo durmiendo. El tenía la costumbre de levantarse muy tarde, por lo que bajé a tomar el desayuno con mis tíos y lo dejé en su cama.
A eso de las 13:00, sentí que se levantó, se duchó y preparó para salir muy apresuradamente pues se le había pasado la hora y tenía que estar a las 14:00 en el centro pues a esa hora partía su trabajo, por lo que cuando bajó, alcanzó tan solo a despedirse de nosotros tres y se fue.
El día transcurrió bastante normal y similar al día anterior. Se produjo la misma rutina, excepto porque esta vez, esperé despierto a mi primo porque quería conversar lo que había pasado la noche anterior pues no quería que se repitiera. Pero cuando cruzó la puerta, me fue inevitable volver a hacerme el dormido. Esta vez él no me despertó. Pasó al baño antes, y comenzó a desnudarse del mismo modo que lo había hecho la noche anterior, bajo la tenue luz de su lámpara de velador. Esta vez no se puso a mirar por la ventana, sino que se acostó de inmediato, mientras yo lo espiaba silenciosamente con los ojos entreabiertos simulando estar dormido. Fue inevitable volver a sentir como me erectaba aún en contra de mi voluntad.
Me costó mucho más conciliar el sueño esta vez, y cuando logré hacerlo, no llegué nunca al sueño profundo y reparador que corresponde pues quedé muy alerta de que Andrés me volviera a hacer una visita nocturna. Planeé entre mi hacerme el desentendido de lo que había pasado la noche anterior y si esto se repetía, simplemente esperaría el momento oportuno para hacerme el ofendido y reaccionar frente a la situación que estaba ocurriendo… pero el sueño pudo más, y me desperté con la sábana abajo, desnudo sin mis bóxer, y con la boca de mi primo succionando mi pene ya erecto. El placer fue tal que decidí dejar que me diera otro poco antes de hacerme el ofendido para que dejara de hacer lo que hacía en mí.
Pero la excitación fue tanta que no lo interrumpí, y seguí haciéndome el dormido.
Al poco rato siendo como Andrés deja de estar de costado y de rodillas al lado de mi pene haciendo sexo oral, y veo que se pone a horcajadas sobre mi pene erecto y siento como lo toma y se lo mete sin piedad en su ya dilatado ano.
El placer que sentí fue indescriptible. No era como penetrar a una mujer, pues el pene quedaba mucho más apretado y daba mucho más placer que una vagina. Fue tanta la excitación que dejé de hacerme el dormido, y lo ayudé meneándome también, bombeándolo con más fuerza. Él se dio cuenta de inmediato de que yo ya no estaba dormido, pero siguió con aun más desenfreno.
Le pregunté si estaba cerrada la puerta y me dijo que le había puesto pestillo y que sus padres estaban dormidos mientras seguía sobre mi pene meneándose para arriba y para abajo… dándome más placer que el que jamás había sentido. Cada vez más rápido, y apretando aún más su esfínter haciéndome gemir por el placer que me estaba dando, y que veía que también él sentía.
Con mis manos comencé a acariciar su pene tambi&ea
cute;n erecto mientras lo bombeaba al mismo tiempo. Lo masturbé un rato hasta que levanté un poco la cabeza y comencé a succionar su pene mientras lo sodomizaba. Jamás había tenido un pene en mi boca, y fue una sensación rara pero muy placentera.
Se lo mamé del mismo modo que me gustaba que me lo mamaran a mí, con toda la cabeza adentro en todo momento y bajando y subiendo rápidamente por todo el tronco. Ahora entendía por qué no lograban tragarse mi pene entero las mujeres con las que había estado. El mío era solo un poco menos largo que el de mi primo (si es que lo era), así que entendía plenamente porqué me ocurría eso, pero a pesar de que me daban arcadas por la fala de aire, seguí en mi tarea mientras bombeaba su trasero sin piedad pero tratando de meter el menor ruido posible por miedo a despertar a mis tíos que dormían a unos 6 metros de distancia en su dormitorio.
La cama como era un sofá desplegable, y estaba sobre el suelo firme, no metía ningún ruido lo que me daba más tranquilidad y me desenfrené frente a la situación que estaba viviendo. Por lo que le pedí cambiar de posición, y lo recosté boca arriba con la cabeza sobre mi almohada, mientras yo arrodillado a la altura de su miembro sobre él, seguí mamándolo por unos minutos. Después, puse sus pies sobre mis hombros, tal cual como había hecho tantas veces ya con mis parejas mujeres, dejando la entrada de su ano a la altura de mi pene erecto, y lo penetré con furia y sin mayores preámbulos pues ya estaba completamente dilatado y no manifestaba ningún dolor. Después me enteré de lo mucho que puede doler un pene como el mío en un trasero mal dilatado… pero eso es otra historia.
Estuve penetrándolo por varios minutos más, mientras le tapaba la boca para ahogar un poco sus gemidos de placer, mientras seguía masturbándolo. Al cabo de un rato, sentí como él se venía mientras con su mano ayudaba a la mía que seguía masturbándolo mientras yo aún lo penetraba, y trataba de acallar con la mano que tenía libre su gemidos cada vez más intensos. Al poco rato yo también eyaculé llenando con mis jugos su esfínter cayendo rendido sobre su pecho una vez que terminé.
Quedamos así un rato, mientras nuestros penes aún erectos se rozaban el uno al otro sobre mi cama. A ninguno de los dos se le bajaba la erección, pero no obstante eso, Andrés al rato después, me pidió permiso, se puso de pie, le quitó el seguro a la puerta, y se fue a su cama sin decir palabra a tratar de dormir. Yo por mi parte, me puse la parte de arriba de mi pijama y mi bóxer, me tapé, y después de un rato volví a quedarme dormido.
A la mañana siguiente, nuevamente sentí a mis tíos levantarse. Seguimos la misma rutina del día anterior con la diferencia de que esta vez mi primo bajó antes con más tiempo.
Bajó inusualmente alegre y afectuoso con todos. Pero yo estaba con una mezcla de rabia, vergüenza y asco, por lo que fue muy cortante, pero traté de mantener en todo momento una actitud que no nos delatara ante mis tíos.
Al rato ellos se fueron a atender a sus clientes, y nos quedamos solos por unos minutos antes de que él se fuera a trabajar.
No nos dijimos palabra alguna. Él desayunó, y se lavó los dientes para salir, se despidió con un apretón de manos, y se fue.
Durante el día la sensación no se me quitaba… es raro, pero a pesar de que no lo fue propiamente, me sentía violado. Pero me acordaba, y me erectaba de todos modos.
Cuando regresó mi tío le pedí que habilitáramos uno de los dormitorios que había sido de uno de mis primos que ya no vivían en la casa. Pasamos toda la tarde en ello. Este era un proyecto de mi tío desde hace algunos meses ya, pero los tenía lleno de cajas con cosas, y le daba pereza ordenarlo solo, así que como le ofrecí ayuda, lo desocupamos y me mudé por los restantes días que permanecí con ellos a ese dormitorio.
Con Andrés no cruzamos muchas palabras después de eso durante mi estadía… cuando me fui, me fueron a dejar en auto los tres al aeropuerto, nos despedimos cariñosamente, y partí de regreso a mi casa.
No tocamos nunca el tema sino hasta las vacaciones de invierno, en que me tocó volver a compartir dormitorio con él pues el dormitorio ahora lo ocupaba m
i abuelo que también estaba por casa de mis tíos por unos días… mucha agua había corrido bajo el puente ya. Y esta vez ya no sentí ni culpa ni ningún prejuicio en penetrarlo, sin hacer mucho teatro como las veces anteriores pues ya no teníamos secretos el uno con el otro y yo ya había probado a otros hombres por lo que había ganado en experiencia, pero eso es materia para otra historia.
Este es el relato de cómo me convertí de gay, y los dejo hasta aquí esperando ánimo para escribir otras líneas. Quien quiera mandarme algún comentario, lo puede hacer a mi correo.
Autor: Andrés andres5264 (arroba) gmail.com
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