COMPARTIENDO A MI MUJER CON UN DESCONOCIDO

compartiendo desconocido

Mi esposa es una diosa dando mamadas, me gusta como ella me chupa la verga y la succiona con fuerza hasta hacerme venir en su boca…


Eso precisamente me estaba haciendo un día en que nos encontrábamos estacionados dentro del auto en un área poco transitada a la orilla del mar. De pronto me dí cuenta de que no estábamos solos, un desconocido a poca distancia del auto se había parado a mirarnos. Mi esposa enfrascada en la mamada que me estaba dando no vio al tipo, pero yo al ver con el placer que nos miraba sentí ganas de darle una exhibición más de cerca y haciéndole una señal con el dedo en los labios para que no hiciera ruido; lo invité a que se acercara más a la ventana del auto para que viera mejor.
Le fui subiendo la falda a mi esposa hasta la cintura, dándole de esa forma al hombre una buena vista de los muslos y nalgas de mi mujer. El al ver semejante banquete visual, se abrió el zipper del pantalón y se sacó un tremendo vergón que más que un pene parecía un pedazo de manguera de las que usan los bomberos. Aquello era largo, grueso y se notaba a leguas que estaba más duro que un bloque de cemento…
El hombre rompió a hacerse una puñeta allí frente a nosotros y era tanta su calentura que no se conformó con mirar y abriendo la puerta del auto por el lado de mi mujer, se acomodó detrás de ella y empezó a acariciarle las nalgas, sin dejar de masturbarse. Mi mujer al sentir que le trasteaban el trasero, dejó de mamarme la verga y miró a ver que era lo que estaba pasando, encontrándose ante su cara el gran miembro del desconocido.
El sin darle tiempo a reaccionar le agarró la cara y se lo puso en los labios presionando la cabeza del enorme pene contra ellos. Al principio ella trató de resistirse, pero él no la soltó y terminó abriendo la boca dejándolo entrar entre sus labios. Solo pudo albergar en su boca la cabeza y menos de la mitad del tronco, pero eso era suficiente para que el sintiera la lengua de mi mujer revoloteando y lamiendo la cabeza de su pene. El le soltó la cara pero ella no se retiró, siguió mamandóle el hierro, esta vez amarrándole el tronco con sus dos manos para controlarlo.
Y yo viéndola mamar sentía un placer morboso y unas ganas inmensas de que el la poseyera allí mismo delante mío…
El pareciera que me leyera los pensamientos, pues le sacó la verga de la boca y empujándola de espaldas hacia mí, le abrió las piernas, se acomodó entre ellas, y arrancándole el gistro de un tirón le presentó el mamerro en la entrada de su vagina y sin más miramientos la penetró; haciendo que ella se mordiera los labios, dejando escapar un gemido de gusto y placer con cada centímetro que le empujaba dentro de su ser.
El orgasmo de ella no se hizo esperar, su cara reflejaba el inmenso placer que estaba sintiendo ante las embestidas del hombre. En los años que llevábamos follando, nunca la había visto disfrutar tanto de una cogida. Me imaginé que era por el tamaño del pene, pues lo que se estaba tirando en ese momento era por lo menos tres veces más grande y grueso que el mío. Sentí celos de pronto, pensé que me seria difícil de complacerla después de esta extraordinaria experiencia.
Me sacaron de mis pensamientos los gritos de ella anunciando una vez más que se estaba viniendo. Le pedía a plena voz que se la empujara hasta el fondo, le decía que quería sentirla toda adentro y con cada estocada que el tipo le daba, más ella gritaba. Yo tenia el bicho a mil revoluciones y volteándole la cabeza un poco logré ponérselo frente a su boca. Ella le metió mano enseguida y comenzó a mamármelo, pero cada vez que el la clavaba yo sentía sus dientes mordiéndome el hierro… De pronto la sentí estremecer con más fuerza, era que el se estaba viniendo dentro de ella y cada chorro de leche que le echaba ella lo sentía dentro de su vientre.
Sus dientes se clavaron en el tronco de mi pene todavía dentro de su boca y no pude aguantar más mi venida, descargando mi eyaculacíon directo a su garganta. Por la forma en que ella se estremeció supe que también se estaba viniendo, fue una sincronización perfecta en la que nos vinimos los tres a la vez. Yo cerré los ojos disfrutando el momento y ella hizo lo mismo, cuando despertamos de ese estado sublime y abrimos los ojos, ya el hombre se había marchado y estábamos solos.
Demás está decir que hemos vuelto varias veces al sitio a ver si nos lo encontramos de nuevo, pues mi mujer se quedó encantada con su extraordinaria verga, pero no hemos tenido suerte de verlo otra vez y ella ha tenido que quedarse solo con el recuerdo de esa hermosa tarde.

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