Lee aqui la segunda parte de «El amigo de mi mujer»
Lo acompañe, al entrar se quedó estático, el ver a mi mujer semidesnuda, tuvo que ser para él, el mejor regalo que le hubieran podido dar, no sé si ella estaba excitada, pero yo estaba a punto. Mi mujer estaba recostada en la cama con las piernas abiertas, solo traía puesto un chichero y un pequeño panti con motivos gatunos, los cuales no ocultaba nada, ya que se podía ver claramente los labios de su vagina sonrosada, completamente depilada. Al ver ese cuadro tan cachondo, su amigo (le doy este trato, porque no era mi amigo), como lo dije antes, se quedó estático, no sabiendo que hacer, pero viendo que yo no decía nada, por el hecho de que mi mujer estuviera desnuda, tomo conciencia de que se la estaba poniendo en bandeja de plata para que se la cogiera, rápidamente se quitó la ropa y trato de subirse a la cama, yo lo detuve, indicándole que se diera un buen baño, sobre todo, para que se lavara la tremenda verga negra que se cargaba, que ya para entonces estaba bien parada.
Su amigo salió del baño, secándose con una toalla, mientras lo hacía, mi vieja entro al baño para darse un duchazo y para asearse su conchita depilada, aunque quiero decirles, que esto no era necesario, ya que ella, es y ha sido muy limpia y aseada en sus asuntos íntimos. Mientras se bañaba mi mujer, el negro, se recostó sobre la cama sobándose su tremenda y gruesa verga erecta, no exagero, pero pienso yo, que media como 25 centímetros, coronada con una gruesa cabezota, que rezumaba líquido. Ella salió del baño, secándose muy lentamente, al tiempo que se me quedo mirando, le guiñé un ojo sonriendo y le dije, adelante. Con el fin de que los dos se relajaran le dije a su amigo, que esto no era nuevo para nosotros, le hice saber que se tomara todo el tiempo para estar con mi mujer y siempre que no hubiera ningún problema, yo no intervendría para nada, dejándolos coger a gusto todo el tiempo que quisiera y que solo hiciera lo que mi mujer le pidiera, obviamente, el muy cabron estuvo de acuerdo, dicho esto, le pregunte, que le parecía mi mujer, él dijo “Maravillosa”.
Él se paró frente a ella a la orilla de la cama, le puso su verga a la altura de su cara, ella la agarro, la empezó a oler, a sobar, le sobo sus huevos, después de estar jugueteando con ella trato de metérsela en la boca, apenas le cabía, no sin ningún esfuerzo la empezó a mamar, se notaba que a ella le encantaba tener una gruesa verga negra en su boca, el negro se acostó de espaldas en la cama, mi mujer acomodo su cabeza en su regazo, de tal modo, que tuviera esa negra verga a unos centímetros de su boca, para seguir mamándola a placer, que sabroso lo hacía, le estaba echando ganas (en ese momento yo no sabia porque, después me entere de todo y la verdad me dolió ser engañado ´por ella), se notaba que desde hace mucho estaba deseando eso. Después, se la sacaba de la boca, para recorrer con su lengua y con besitos cortos, toda su extensión, de la base hasta la negra cabezota, para morderla y chuparla delicadamente, mientras el negro gritaba y lanzaba bufidos de placer. Ella estuvo bastante tiempo mamando golosamente esa verga, después abrió de nueva cuenta su boca y se empezó a tragar todo lo que pudo, boqueando, cuando la sentía muy adentro, volviendo a cerrar sus labios, tragándose un poco más de verga.
