CAPITULO 1: MI LLEGADA A MANCHESTER
Nací en Toledo hace unos casi 26 años atrás, después de una infancia bastante feliz decidí introducirme en la facultad de derecho de la universidad autónoma de Madrid, durante mis estudios universitarios mis relaciones siempre habían sido en el plano sexual y solo a los 24 me atreví con las relaciones BDSM. Estas relaciones siempre habían sido con amos de España (así se autodenominaban), llevándome siempre una gran decepción debido a que estos lo único que buscaban era el sexo rápido. En resumen mis relaciones BDSM fueron siempre bastante planas, pero los giros del destino son inesperados y debido a la falta de trabajo en España no tuve más remedio que irme a Manchester (Inglaterra) a trabajar en un buffet de abogados. Mi vida allí era bastante dura, mucho trabajo y me costaba habituarme a un país extranjero, pero a base de persistir conseguí adaptarme, y encontrar un pisito que comparto con una chica esplendida. En estos años solía meterme a chatear en un canal de BDSM y pude comprobar como los ingleses estaban mucho más avanzados en temas sexuales que en España por desgracia son todavía tabúes (bondage, doma, spank, dominación, sumisión, lluvia dorada, esclavos…) y eran mucho más abiertos y experimentados. En el Chat conocí a Erik un chico de 30 años que solía moverse por los círculos BDSM de Manchester, además resultó ser vecino. Al final me convenció para dar una vuelta por un selecto club de Manchester: el fetish nights. Así pues decidí vestirme para la ocasión: un pantalón negro, unas botas como las de la foto, una chaqueta negra de cuero a juego con unos guantes negros y un collar con un corazoncito colgando, muy estrecho al cuello para que la gente se diera cuenta de mi rol de sumisa, además de un tanga rojo con un sujetador bordado a juego.
Erik y yo nos dirigimos a ese local y me sorprendió lo grande y poderosa que era la entrada: una gran puerta con un enorme cartel con su nombre escrito. Al entrar se notaba un aire distinguido; por toda la pared había colgando todo tipo de instrumentos asociados con el BDSM, látigos, fustas, esposas (incluso para los pies), cadenas, colas de gato, cuerdas de algodón, mordazas, ball gag& incluso la gente iba vestida de forma que mi vestido pasaba de desapercibido, gente con trajes de cuero, corsés, cadenas, látex& El local era tal, que en todas las mesas hab&iacu sentamos en la barra. Y allí estaba ella.
CAPITULO 2: LADY MORGANA
Nada más sentarnos en las sillas, un camarero se acercó, me sorprendió que llevara un collar desde donde le colgaban dos cadenas que terminaban en la parte inferior de un arnés que se le enrollaba alrededor, todo el torso desnudo.
– ¿Qué desean, por favor?, preguntó educadamente – Un martini solo con hielo dije yo enérgicamente, en aquel momento me di cuenta de que seguía nerviosa. Dibujé una tonta sonrisa en mi cara para intentar arreglar el estropicio.
– Yo un ron con cola dijo Erik mientras me miraba de reojo riéndose, por suerte en aquel momento me fijé que el camarero también reía, pero yo resoplé preguntándome que me podría estar pasando. Erik me tranquilizó mientras tomábamos la copa. Era algo muy raro y misterioso, pero ahora mismo 3 meses después de ese día pienso que la razón era la mística presencia de mi querida institutriz. Justamente en frente de nosotros había una mesa con tres personas: un amo vestido de chaqueta y corbata, una sumisa atada a la silla de la mesa con unas esposas y con una elegante y fina mordaza y mi magnífica Morgana. Era una mujer alta, alrededor de 178 cm., tenía pelo largo ondulado y de color azabache que le llegaba más allá de los hombros, tenía unos penetrantes ojos marrones con una mirada muy directa. Sus labios eran carnosos y el carmín rojo intenso que se había puesto los hacían preciosos, para comérselos, su cuerpo era esbelto con unas medidas realmente fantásticas, y lo que más me gustaba de ella, tenía unas piernas largas y bonitas. Estaba vestid
a como una ama de categoría espléndida: una diadema que mantenía en su sitio su hermoso y largo pelo rizado oscuro, unos pendientes en cruz, un majestuoso collar con un candado colgando en el, una chaqueta de cuero sin mangas mucho más ajustada que la mía, unos guantes de cuero largos que le cubrían casi todo el brazo, un pantalón de cuero también muy ajustado, y unas enormes botas negras con tacones de aguja. Sujetaba en la mano derecha una fusta que la apoyaba entre su antebrazo y su cuerpo. En resumen desprendía glamour por doquier.
Mientras hablábamos Erik y yo, no podía dejar de mirarla y cada vez que me quedaba embobada mirándola, ella se daba cuenta y me miraba de reojo mientras intentaba apartar la vista para que no se diera cuenta.
Entonces se levantó del asiento y se acercó hacia nosotros, pensé ya la hemos liado, Erik no se había dado cuenta. Ella andaba de forma muy especial: muy erguida, mirando siempre al frente, sin inmutarse.
– Muy buenas noches – dijo de forma educada – Hola – soltó Erik de forma muy nerviosa, se cambiaron las tornas.
– Muy buenas noches – dije yo de forma muy natural, ya no estaba nerviosa.
– Usted no es de aquí, ¿Me equivoco? Señorita& – Ágata y no se equivoca madanme – ya sabía mi nombre, este es unos de los momento de mi vida que nunca olvidaré.
– Me llamo Morgana y tengo 45 años, soy instructora de disciplina inglesa y domadora profesional, aquí mucha gente me llama lady Morgana . En ese momento no podía llegar a entender la importancia que la palabra disciplina iba a tener, un tiempo después, en mí.
– Yo me llamo Ágata, soy abogada proveniente de España tengo 25 años y he venido aquí por invitación de mi compañero, ¿cómo ha sabido usted que soy extranjera? – Pues ha sido fácil, señorita Ágata, su expresivo martini solo ha delatado su acento extranjero Al decir eso miré hacia el suelo sonrojada de vergüenza mientras ella sonreía de fo maquinando, pero en aquel momento no sabía qué&Ella debía de ser alguien con fama en el local, los amos y dominantes del local la saludaban de forma respetuosa, y yo cada vez me sentía más atraída a su personalidad: quería saber más de ella. Entonces llegó el momento que cambiaría mi vida para siempre: me invitó a una sesión de disciplina inglesa. Yo generalmente hubiera dicho que no, pero me había cautivado tanto que no podía negarme, además me dijo que me ayudaría en mi vida profesional (lo cual mirado hoy en día es cierto), solo había una respuesta posible.
CAPITULO 3: MI PRIMERA SESIÓN
Volví a casa acompañada de Erik, durante el camino me estuvo contando cosas sobre Morgana, me sorprendió que la gente la respetaba mucho, pero que se sabía poco sobre ella con lo cual me dieron más ganas de conocerla. Pensé que sería mejor guardar en secreto mi sesión con ella ya que Erik me parecía un chico bastante cotilla.
Morgana me indicó las señas del piso donde tenía que ser la sesión por la mañana a las doce de la mañana, así pues me vestí de forma normal, pantalones vaqueros, ropa interior, zapatillas y una camiseta de manga larga. Nada más llegar, llamé al timbre y me sorprendió una voz masculina, pregunté por Morgana y me dijo que subiera.
Subí hasta el último piso y me di cuenta que era un ático muy bonito. Llamé a la puerta y me abrió Morgana.
– Pasa, pasa, Ágata me dijo amablemente. Entré despacio en la casa.
– Hola Morgana, ¿qué tal estás? dije con una sonrisa, mientras me fijaba en un chico que estaba de pie al lado de Morgana.
– Bien pequeña, te presento a León es un bondager experto que me ayuda en las sesiones que imparto.
– Encantado me dijo mientras extendía la mano – Encantada dije yo mientras echaba la mano hacia el lado para darle dos besosEstuvimos un rato charlando mientras me enseñaba el piso de León, comprobé que él era un chico muy guapo y musculoso, pero muy callado. Después nos sentamos en el salón y Morgana me preguntó: – ¿Estás segura encanto?, si dices que sí no habrá marcha atrás&.
– Más segura imposible afirmé poderosamente – Entonces empecemos.
En aquel momento sacó de un armario que tenía allí un vestido de látex negro con unos zapatos de tacón y me di
jo que me cambiara. Me metí en el servicio y me puse el vestido de látex que se me ajustaba al cuerpo perfectamente además de los zapatos.
Cuando salí Morgana estaba vestida de idéntico modo que en el local del día anterior y me sorprendió ver a León colocando un montón de cuerdas en el suelo. Las cuerdas eran de color rojo fabricadas de algodón, son mis preferidas.
Morgana se acercó a mí lentamente y me puso un collar metálico en el cuello. Ese collar tenía un cierre automático en la parte trasera, me di cuenta cuando sonó un clic característico. Ella me cogió del pelo fuertemente y me ordenó que me sentara en una silla metálica mientras me arrastraba del pelo hacia la silla. Yo me senté con una actitud muy sumisa.
– Ahora quietecita, y que no te oiga respirar& – me dijo un poco antes de soplarme y morderme la oreja.
– Pero&- fui capaz de decir antes de que me tapara la boca con su mano y pudiera oler el magnifico olor de su pintauñas rojo.
– Ssssshhhhh& sin rechistar nunca oí un ssssshhhhh más sensual en toda mi relativa corta vida. Me quedé totalmente quieta.
León cogió una larga cue tendremos que aplicarte un buen correctivo. Así funciona la cosa, iremos haciendo entrenamientos cada vez más duros según los vayas completando y mejorando, si superas bien uno se te dará una recompensa pasando al siguiente nivel, sino, te aplicaré un castigo y repetiremos el entrenamiento. dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja, se veía que disfrutaba con ello.
Acto seguido abrí la boca y me metió el mango en la boca.
– Cierra la boca y mantén la mirada al frente sin inmutarte ordenó de forma imperiosa, y evidentemente yo cerré la boca sin rechistar y muy sumisamente, ¿qué podía hacer si no?Se dieron media vuelta y se fueron por la puerta hacia la cocina. Y así me quedé yo atada y con ese cacharro en la boca, en un principio no me sentía incómoda, estaba sentada en una silla y el látex era agradable, pero eso solo en un principio& Los minutos pasaban y el látex me iba proporcionando más calor, un sensual calor que recorría mi cuerpo mientras yo me iba poniendo más húmeda, generando así una incómoda excitación que lo único que lograba era incordiarme en mi labor. No se cuanto tiempo estuve así, pero a mi me parecieron siglos. Mi boca estaba segregando más saliva que sería al final mi perdición: Durante un momento se me ocurrió mirar al suelo para intentar entretenerme y evitar la monotonía de sensación de látex que me ponía a mil, y un poquito de saliva se me introdujo entre los dientes y el mango de la cola de caballo haciendo caer este de mi boca y rodar por el suelo. Estaba en apuros&En ese momento me di cuenta del plan, ella lo sabía, sabía que el látex generaría excitación y saliva, y que si miraba hacia el suelo la saliva se me colocaría entre los dientes y se me caería, por eso me dijo que mirara al frente.
Estaba en apuros así que sin decir ni mu me intenté desatar& misión imposible, León era un experto en bondage y estaba bien atada. Durante algunos minutos estuve intentando desatarme, pero no podía. Las cuerdas me sujetaban a la silla y no podía agacharme para recoger la cola de gato. Lo tenían todo pensado desde el principio: me ataron a la silla para que si se me caía el mango no pudiera hacer nada para recuperarlo y así no poder engañarlos. Sí, estaba en un buen lío y no podía hacer nada para remediarlo.
Cuando ellos entraron, vieron la cola de gato en el suelo y me miraron fijamente, hasta que Morgana digo: – vaya, vaya, vaya& Se dirigió al arcón que estaba a mi espalda y sacó algo de dentro que no podía ver por falta de ángulo. Ella se puso a mi espalda y con un trapo me tapó los ojos, acto seguido me metió algo en la boca: era una ball gag que me apretó fuertemente en el coco. Estaba con los ojos vendados, amordazada y atada con cuerdas en el interior de un traje de látex. Las cosas no podían ir peor. Entonces dijo – Has fallado la prueba, habrá que castigarte&. sí podían ir peor.
CAPITULO 4: EL CASTIGO
León me desató y Morgana me sujetó fuertemente detrás de mí, no lo veía por causa de la venda en los ojos, pero sabía perfectamente quienes eran por el tacto de las manos y más todavía por los juguetones soplidos que me
daba en la oreja. León cogió una cuerda y me la ató al cuello, después la pasó a mi espalda. Mi querida institutriz unió mis brazos detrás mío y León continuó haciéndome el bondage: me ató los brazos un poquito por encima de los hombros y después unió la cuerda a la otra que me había pasado alrededor del cuello, m& me dijo susurrando al oído.
León me levantó las piernas para atarme los muslos juntitos mientras Morgana se dedicaba a quitarme los zapatos de tacón. León continuó con los tobillos, y para mi sorpresa me arqueó las piernas para atar lo tobillos al resto de cuerda sobrante que colgaba de mis muñecas, así fue como me enteré para que quería ese trozo sobrante de cuerda.
En resumidas cuentas estaba atada en la famosa postura llamada Hog-tied amordazada. Morgana aprovechó para atarme los dedos gordos de los pies juntitos con un hilo muy delgado, mi querida profesora es muy detallista.
Oí el ruido del arcón de lo juguetes de Morgana abrirse de nuevo, sabía que había sacado algún juguetito que usaría en mí, pero no podía ver cual. Empecé a mover la cabeza para intentar desentumecerme un poco, pero no podía apenas moverme nada, era un bondage muy poderoso. La posición arqueada empezó a molestarme y era solo el principio, ¿cuanto tiempo podría aguantar así?, estiré y moví los dedos de la mano y empecé a moverlos como si estuviera tocando el piano. Intenté separar las piernas, no podía, intenté relajar los hombros, tampoco podía; era un infierno. Cuando paré de moverme escuché un ruido, oí como unas botas con tacones golpeaban suavemente el suelo del piso de León, alguien estaba paseando alrededor de mí y sabía perfectamente quién era. Me entró un escalofrío desde el cuello hasta la punta de los pies.
Entonces Morgana paró de repente, ahora sentía miedo y lo sentí con razón: ¡zaaaasssss! Sentí un puntazo muy doloroso en la planta de los pies, Morgana me había golpeado con una fusta muy dura y dolía horrores.
– Uuuummm intenté dar un alarido de dolor que fue muy amortiguado por la mordaza, los vecinos no se iban a enterar.
Morgana me cogió del pelo fuertemente y me susurró: -La gran prueba con las que te vas a encontrar nena, es el aguante del dolor físico, por eso he decidido empezar entrenándote en ello, para que te acostumbres más rápido ¡Zaaassss! Me golpeó nuevamente. Solté otro grito de dolor que quedó nuevamente en nada.
-Se perfectamente por lo que estás pasando, yo pasé por ello y se que es un infierno.
¡Zaaassss! Y otro más. Todo mi cuerpo se me estremeció y empecé a moverme compulsivamente.
– Tranquila, si te mueves tendré que darte más fuerte para que aprendas quién manda. Así que estate bien quietecita, o ¿quieres que le diga a León que te ate más fuerte? Me quedé quieta, – bien, así me gusta -.
¡Zaaasss! Ya iban cuatro, grité muy fuerte, pero Morgana solo oyó un dulce gritito.
– Me gusta que intentes gritas, me pone a cien dijo con una voz muy perversa y oscura.
¡Zaaasss! Me golpeó otra vez, cerré los ojos fuertemente para intentar mitigar el dolor.
– Guapa, el dolor es solo mental, la clave es el cerebro, en verdad el dolor no existe, aprende a dominar la mente y dominarás el dolor -.
¡Zaaasss! Y seis, ¿esta mujer no se cansa nunca? – Bueno un pequeño descanso – dijo un poco antes de que se fuera, dejándome atada y dolorida en el suelo. Intenté desatarme, pero me resultó nuevamente imposible. Sentía un gran picor en la palma de los pies e intentaba llegar a ellos para aliviarlos, pero no podía debido a la incómoda posición en la que estaba atada. Esto era un infierno, me sentía muy incómoda y dolorida, deseaba que acabara ya. Pero no acabó&Morgana volvió y sin decir nada me golpeó otra vez con su fusta: – ¿Me has echado de menos piernas con los hombros, pudiendo relajar los hombros y los pies.
– Se que ha sido muy duro, pero esto te servirá para más adelante, ya lo verás me dijo mientras se agachaba para desatarme entera. Yo continué sollozando.
– Vamos a curarte esas heridas me dijo mientras besaba las lágrimas de mi cara, eres una excelente aprendiz -. En aquel momento no sabía si quería seguir con el entrenamiento&
NOTA: Para t
odos aquellos que no os guste un poquito de sado en las relaciones sexuales les puede haber sentado este capítulo un poco desagradable, en el próximo capítulo veréis como todo se arregla y no me pasó nada, es más me fortaleció como persona, Morgana sabía perfectamente cuales eran mis límites y solo los sobrepasó en la medida de que pudiera evolucionar en ellos. En resumen, fue una gran experiencia para mí y fortaleció mi personalidad.
CAPITULO 5: LA REFLEXIÓN
Morgana y yo fuimos al cuarto de baño del piso. León se había ido un poco antes por causas de trabajo y mi institutriz y yo nos quedamos una vez más solas. Me había quitado el traje sudado de látex y estaba en ropa interior. En ese momento tenía muchas cosas en la cabeza y estaba muy confusa por todo lo pasado. Tenía marcas rojas y largas cruzándose entre si en la planta de mis pies e incluso alguna estaba sangrando.
Morgana tenía un kit de primeros auxilios muy bien preparado y ordenado de donde sacó un bote de Vetadine, un poco de algodón, vendas, gasas y esparadrapo. Trajo un par de sillas donde son sentamos yo delante del bidet y ella en un lateral, cogió una gasa, la mojó con un poco de agua caliente la escurrió y me lavó la planta de los pies.
– Hay que lavar bien los pies para que la suciedad no infecte las heridas Si no hubiera sido algo tan obvio, en aquel momento hubiera dudado de su palabra. No cambié la cara de disgusto que tenía en aquel momento, mi cabeza estaba hecha un lío.
Una vez me limpió los pies, echó un poquito de Vetadine en otra gasa y suavemente me la restregó por la planta de mis dos extremidades. Respiré hondo debido al pequeño escozor que provocaba la sustancia curativa.
– Vengaaaa, flojona, que esto no duele me dijo dulcemente mientras que yo la miraba de reojo con el ceño fruncido. Claro como ella no está en esta situación& pensé en ese momento.
– Bueno hay que esperar a que se seque. ¿Mientras quieres hablar de algo? – No dije firmemente mirando al vacío.
– ¿De veras?, no pareces muy contenta& – No estoy ni contenta ni tengo ganas de hablar porque es posible que sea la última vez& – dije yo con la voz temblorosa.
– Uuuummm, veo que no te ha gustado mucho& – Veo que no te ha gustado mucho repetí en tono de burla, moviendo y contoneando las caderas. Pues claro que no, yo vine aquí creyendo que me iba a divertir, no a sufrir tus jueguecitos y azotes. Los pies me están matando& – Jaja, no has tenido muchas sesiones de este tipo ¿verdad? – Pues claro que no, para mi el BDSM es diversión, siempre que me han azotado ha sido de forma simbólica, sin hacerme daño y nunca me habían atado tan fuerte, ¿qué pretendíais?, ¿secuestrarme? – Bueno la D de BDSM, denota exactamente lo que quiero enseñarte: Disciplina, y además un azote sin dolor es como un contrasentido, esto ha sido una sesión no de sexo ni de placer sexual sino de aprendizaje me dijo mirándome fijamente a los ojos. La disciplina inglesa se lleva practicando desde hace siglos aquí y se ha convertido en una costumbre. Se ha llamado BDSM para darle una connotación enfermiza y sexual, pero te puedo asegurar que casi todos los hombres de Inglaterra ha que te voy a dar a ti.- dijo mientras aligeraba el trote andando por el salón. Yo estaba con la boca abierta sin poder decir nada. – Y además de todo esto, puedo hacer muchas más cosas – entonces con un movimiento se abrió de piernas en suelo con el cepillo en la nariz. – Y ahora el número final…- Con movimiento bruscos se levantó del suelo, y con el impulso el cepillo de dientes salió por los aires. Morgana se puso debajo y lo agarró con la boca cuando cayó.
– ¿Te ha gustado? – me preguntó mientras la miraba.
Yo empecé a aplaudir, hacía cosas que ni Ronaldinho con el balón. Estaba realmente emocionada y quería hacer cosas como esas. Ella agarró el cepillo con las manos y me preguntó: – Entonces, ¿qué me dices? – me dijo mientras me sonreía – Tendremos la siguiente clase cuando tú decidas.
– Me alegra oír eso, me alegra oír decir eso… – me dijo mientras asentía.
NOTA: Este solo es el principio de la historia, quiero ir escribiendo los capítulos poco a poco y ponerlos en Internet. Esto es solo son dos días de lo que me ha ido ocurriendo y quiero escribir tres meses de mi vida.
Si queréis hablar conmigo de sobre este relato o simplemente charlar conmigo por Chat
, me encontrareis en el irc hispano con este nick en los canales de mazmorra o sumisas. Desde aquí me gustaría dar las gracias muy especialmente a msteriosa cuya inestimable ayuda ha hecho posible este relato.
Muchísimas gracias por vuestro tiempo.
Autor: Pamila