Josy, una prosti auténtica Enseñando a Josy a ser una buena puta cap 1

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Josy, una prosti auténtica
Enseñando a Josy a ser una buena puta cap 1

Autor: Lobo Feroz
Etiquetas: Hétero, sodomización, trio, cornudo conciente.

Relatar la historia de Josy es poner en secuencia la auténtica realidad, sin concesiones y sin culpas, enfrentó la realidad con su cuerpo, exuberante y voluptuoso, placer a cambio de dinero, pero al entregarse había descubierto el difrute del sexo como nunca, variedad y cantidad conseguían llevarla a niveles de placer inéditos.

Cuando la situación económica nos pone entre la espada y la pared es necesario adoptar medidas, a veces extremas y poco convencionales, o simplemente echar mano de los recursos de que se dispone: Josy le puso el cuerpo a la situación.
Relatar la historia de Josy es poner en secuencia la auténtica realidad, sin concesiones y sin culpas, enfrentó la realidad con su cuerpo, exuberante y voluptuoso, placer a cambio de dinero, pero al entregarse había descubierto el difrute del sexo como nunca, variedad y cantidad conseguían llevarla a niveles de placer inéditos.
Solo fui partícipe necesario, después de su marido el primer hombre, probarla y ponerla a punto para la actividad de salir a poner a trabajar sus “carnes”.
Iniciarse en una actividad requiere mentalizarse y aprender a dar los primeros pasos en un ámbito que le es ajeno, para eso me convoco su marido, para que hiciera la veces de primer cliente, iniciador de Josy en comerciar con su cuerpo. Este relato contiene, en su primera parte toda la verdad del tránsito de esta exuberante mujer, de ama de casa a la más excitante y deseada hembra que vende su cuerpo pero no su alma.
Josy, la exhuberancia hecha mujer
La naturaleza ha sido pródiga por demás, voluptuosa y exuberante figura era un imán para las miradas de cuanto hombre se le cruza, la vestimenta resalta las cualidades que la naturaleza colocó mucho de todo, tetas grandotas y atractivas, caderas firmes y exuberantes, como nos gusta ver en las revistas eróticas, todo esto subido a unos zapatos de tacón alto ponen de relieve que la armonía de formas puede convivir con la voluptuosa exuberancia de sus carnes. Según su maridito coger es lo que más disfruta, desde que le robó la virginidad a los 17 años ha disfrutado mucho del acto de cojer, hacerlo por dinero tan solo fue una decisión consensuada entre ambos, sin ocultamientos.
Josy entró en el mundo del comercio sexual, nada que ver con las mujeres que ejercen el “oficio más viejo del mundo”, ella está dispuesta a gozar y dejarse gozar, no cumple casi ninguno de los estereotipos de las protis, ella besa en la boca, disfruta y tiene orgasmos reales, su cuerpazo y la forma de gozar hacen de ella una mujer distinta, deseable y obediente con los gustos y deseos de los señores que pagan por entrar en sus carnes.
Fui su iniciador, primer cliente, trampolín a esta nueva vida… y así comienza la historia de Josy ejerciendo de prosti:
La familia de Rafael (Rafa 32) Josefina (Josy 28) se encontró en una situación límite, las facturas de los servicios se apilaban sobre la mesa y sin dinero para asumir las deudas. La situación se salía de control, urge salir de alguna forma, así fue que una señora con la que comentó esta debacle en la economía familiar le dijo “-estás muy buena para salir de todo esto. Si quieres te puedo conectar con una chica que hace la calle, para que te lleve a trabajar, puedes sacar unos billetes y de paso divertirte”
Esta revelación la dejó pensando y lo comentó con su marido, en un primer momento desecharon esa alternativa aunque más luego cuando vieron las facturas impagas no les quedó otra que asumir esa opción como la única salida de esta situación.
Meneaba sus exuberancias delante del espejo, testigo imparcial del conflicto moral, éste devolvía una figura voluptuosa, dos tremendas tetotas y portentosas caderas que despertaban siempre el deseo y codicia en cada hombre que se cruzaba a su paso, se miró de frente y de perfil, también su marido quedó atrapado en los movimientos de su esposa, ambos se encontraron mirando la misma imagen, pensando casi a un mismo tiempo la repuesta que tenían a la vista: Una mujer deseable.
En ese momento tomó cuerpo, nunca mejor empleado el término, la decisión que toda esa voluptuosa exuberancia podría ser la herramienta para producir dinero y saldar cuentas. La decisión está tomada, Josy usará sus carnes para traer el dinero a casa, nada cambiará, solo será vender el cuerpo pero no su alma ni los sentimientos, eso queda en familia. El abrazo de ambos sellaba el permiso para que otros disfrutaran de ese apetecible cuerpo, desde que la desvirgó fue el único hombre en gozarla.
Esa mujer vive en la fantasía oculta de sus amigos, no hacía falta ser demasiado perspicaz para notar todo el morbo que su presencia despertaba en cada mirada masculina. Tenía el qué, solo faltaba el cómo hacerla ingresar a ese mundo de la entrega, trasponer el umbral de vencer el pudor, entregarse a un desconocido no debe ser nada fácil… entonces como un mago saca un conejo de su galera, así entro en la historia como el hacedor del ingreso a la entrega carnal y al disfrute autorizado.
Solo falta prepararla para hacer la calle, perder el pudor de la desnudez frente a un desconocido, entregarse a otro hombre, ser objeto de deseo de otro tipo. Hasta hoy solo conoció la verga de su esposo. Es necesaria la metamorfosis de fiel ama de casa a trabajadora en el comercio del sexo. Esa fue tarea de Rafa, a él se le ocurrió que buscar a un amigo confiable para producir ese cambio mental habilitante para el ejercicio de vender sus carnes.
Memo me buscó a mí (Edgardo), amigos de años, para confiarme la decisión familiar, que Josy entrara en el comercio sexual, sin otra experiencia que no fuera con él, solo había estado con él desde que la hizo mujer a los diecisiete años, ahora necesitaba afrontar esa prueba de fuego para que se pudiera abrir y comerciar con sus carnes, entregarse a un desconocido cada vez. En esta ocasión me había propuesto hacer un trío con su esposa como forma de ambientarla en perder el pudor de tener sexo con otro tipo, siendo en medio de un trío todo se haría más fácil, me aseguró que ya la tenía convencida y que solo espera mi aceptación.
Tamaña revelación realizada mientras compartíamos una cerveza, cuyo diálogo trataré de recrearles.
– ¿Compadre, que te parece la forma de enfrentar la situación?
– La verdad es que no sé…, me tomas tan… de sorpresa que aún no reacciono…
– Pero mi mujer está muy buena ¿cierto que sí?
– Por cierto… y muy… buena. Buenas carnes, bien plantada y todo firme, apetecible mujer que
despierta el deseo en todos los tipos.
– ¿También en ti?
– Cla… claro… como a casi todos…
– ¿Es decir que te la podrías tirar?
– Obviamente quien podría negarse ante una cosa así.
– Eso habíamos pensado, que esta vez sería la primera, le propuse llevarte para hacer un trío y
aceptó, por eso vine a pedirte que tuviera sexo con los dos, y de paso que hicieras las veces de cliente, que fueras también el guía para quitarle los pudores, para vencer esa resistencia natural a dejarse cojer por otros, que seas el primero en hacer uso de ella, que seas… digamos su primer cliente ¿Puedes hacernos ese favor?
El primer salto estaba dado, la pregunta franca respondida de igual modo, solo era cuestión de aguardar el aviso para visitarlos. Ya disfrutaba la fantasía de la espera, la excitación me consumía, durante ese par de días deseché dos compromisos sexuales, necesitaba guardarme, conservar toda mi potencia sexual para descargarla en esa tremenda mujer, el deseo me consumía a fuego lento.
Esperar ese llamado era sentirse entre el cielo y el infierno, la imagen afiebrada de Josy trastorna mis sentidos, trigueña, bello rostro, mirada tierna y sonrisa prometedora, suaves ondas en su cabello que se derrama como lluvia de verano sobre los hombros, la piel blanca se esfuerza por retener el recuerdo del sol veraniego, las formas voluptuosas exacerban el afiebrado deseo de tenerla entre mis brazos, recorrerla de pies a cabeza, ascender por esas piernas, perderme en el vértigo de sus caderas, navegar por su vientre hasta ascender a la cima de sus exuberantes pechos y dejarme morir en el beso de su boca carnosa… luego me dormía y desperté con una erección solo comparable de adolescente.
Ceremonia de iniciación
Josy entró en la actividad con todo por aprender, sabido es que cuando la mujer solo conoce la cama con su único hombre y marido, el conocimiento del sexo se torna pobre y mal entretenido, esos eran los antecedentes de esta muchacha de 28 que está a punto de dar sus primeros pasos en el caliente mundo del sexo y la promiscuidad. Desde el primer momento puso voluntad de cambio y de aceptar las reglas del juego, aprender del mejor modo a sentir y disfrutar lo bueno, asumir, adaptarse a los gustos de los hombres que la busquen para encontrar en lo desconocido y no tan grato ese costado lúdico y rescatar de él todo el erotismo que le permita disfrutar y transmitir ese disfrute como devolución por el sexo pago, pero nunca exento de la demostración auténtica del goce y el disfrute.
Aprendió y aprehendió de sus eventuales clientes las formas y los modos de hacerlos disfrutar, la variedad hace al gusto, y ella se prestó gustosa a recibir todas la indicaciones de ellos, aprendió con ellos y para ellos. Siempre es honesta en sus actos, rompe con el molde y derriba el paradigma que tenemos de la prostituta, por que Josy es una prostituta, que tiene sensible diferencia con la puta. La prostituta es la persona que ejerce el comercio sexual a cambio de un pago por el servicio, la segunda es lo mismo pero además compromete el sentimiento, es el caso de las amantes, las que engañan al marido, novio o pareja, y se regresan con el pago por sus atenciones de sexo y afecto, esa doble cara de tener esposo y amante dando por igual cariño y sexo. La prostituta tiene la honestidad de tener en claro que hace su oficio por dinero y lo lleva como una profesión, la puta lo hace por placer y lo lleva como un estilo de vida. Nuestra amiga tiene una forma de describir con claridad meridiana, ser prostitua puede ser una profesión deshonrosa pero que se puede hacer honorablemente, no busca justificarse sino que lo dice desde la convicción de la honestidad brutal de la realidad. La prostituta tiene bien en claro que sus sentimientos que no se venden, solo entrega su cuerpo y cede sus carnes para disfrutarlas y dejarse disfrutar sin esconder el placer que representa sentirse gozada: Josy es prostituta. Difícil de creer pero ciento por ciento auténtica, por eso mismo Josy es una prostituta, así de simple, así de auténtica que está por recibir a su primer cliente, su primera experiencia en carne ajena, trasponer el umbral en un camino hacia lo desconocido, yo fui el elegido para su ceremonia de iniciación, por eso este relato tiene la impronta de la improvisación, de la enseñanza, del descubrimiento y quisimos compartirlo con los lectores como una experiencia real al ciento por ciento. Ahora viene lo mejor…
Primer cliente
Llegué a la casa de mi amigo ilusionado con el trío prometido, Rafa, marido de Josy, trajo unas cervezas bien frías, para hacer más amigable el prólogo. Antes de ir por otras dos cervezas, me dice que estaría más cómodo esperando en el sofá, se retira a buscar las frías bebidas.
Era obvio que fue un movimiento preparado para que Josy entrará en escena y se presentara. Delante de mí, toda esa mujer en cuerpo entero, con tacones altos y enfundada en un ajustado vestido, casi una segunda piel resaltando aún más los encantos de esa figura carnosa, sin rollitos, con el vientre casi plano y todas esas exuberancias que comenté al inicio del relato. Ahora así de cuerpo entero era algo que se impone por la voluptuosidad de sus formas, podría decir que era una mezcla de ágel y demonio. El primero por que sus gestos y modos de presentarse denotan que es una esposa que no ha salido aún del cascarón marital para ser el demonio que se puede imaginar con solo mirar esas generosas formas que la vida puso para hacerla una mujer deseable.
Para el saludo, un beso en mi mejilla, se inclinó y la imagen de sus abundantes tetotas libres, colgando perviven en mis retinas. Creo, estoy seguro, que ahí fue el momento donde la calentura me invadió de tal modo que no podía entender que me decía, esa magnífica visión me sacó de cuajo de cualquier prejuicio, solo sentía el hirviente deseo de probar esos deliciosos odres llenos de goloso placer.
Rafa miraba la escena apoyado en el marco de la puerta, sostenía en mi mano la de Josy, como para impedirme despertar de ese momento de ensoñación, evitarle escapar de mi fantasía…
Se quedó delante de mí, sumisa y mansita, esperando el próximo movimiento escénico. Nada era casual, el asunto del trío fue un ardid para llevarme a la casa, yo haría las veces de cliente para iniciarla de prosti, todo bien claro, era ya y ahora, la calentura provocada aceitaba todo el engranaje de hacerla sentir con su primer cliente.
Ahora soy el que manda, el que ordena, dije con autoridad: – Mueve, gira para que pueda verte bien.. otra vuelta más. Sí que está bien buena, buenas carnes (una palmada en las nalgas) y esto que tenemos aquí… muéstrame! (me acerca las tetotas para que las “agarre en mis manos) Bien, bien.. está buena tu mujercita… ¡Muy buena eh! Bien, bien, yo ahora soy tu cliente, yo soy quien ordena. Voy a hacer de ti una buena puta, te voy a probar y enseñar… tu me obedeces en todo ¡está claro!
Dicen que el que calla otorga, ella callo obediente. – Bien, esa fue tu primer lección, aceptar, dejarme hacer y deshacer, el cliente ordena y la puta obediente se deja hacer.
Rafa presenciaba silencioso, observando como están a punto de cojerse a su esposa y mujer.
Ordeno: – Desnúdate, sácate todo, despacio, quiero ver cada movimiento tuyo, vamos!
Comenzó a dejar deslizar el vestido, soltando las tiras sobre los hombros, y dejando que el movimiento de su cuerpo lo deslizara hasta los tobillos, menea las caderas para que caiga y descubra toda esa carne apetecible. – Vamos, vamos, también esa, (señala la tanga), sí, esa también al suelo. Quiero ver lo que esconde.
Quedó vestida tan solo con su pudor y subida a los tacones altos, instintivamente su brazo izquierdo cubrió, bueno es una forma de decir (son grandes) la tetas y la derecha delante de la vagina. – Saca las manos, deja verte toda, así desnuda… el pudor y la vergüenza no tiene lugar en este negocio, el sexo es para mostrar, el cliente paga y ordena.
Obediente me acerca sus pechos para que meta mi cara entre ellos, es evidente el pudor que siente desde el instante en que le ordené desnudarse, la presencia del marido y nunca haber estado desnuda delante de otro tipo es el primer paso para hace de prosti. Frotando su vagina la sentí estremecerse, cuando dos dedos se abrieron paso pude navegar en la humedad de una mujer caliente, sus carnes vibran al contacto con el hombre, se va dejando hacer, llevar a la dimensión desconocida del sexo con otro hombre.
Atrapé su cara en mis manos, el abrazo me sirvió para poder papar sus carnes, prepararla para la metamorfosis de esposa en una mariposa de la noche, de la mujer fiel a una prosti con todo lo que tiene que tener para que su hombre de turno disfrute con ella y en ella.
– ¡Vamos, quiero verte bien puta! ¡Muestra la carne que me ofreces!
Nada más importaba, nos besamos con apasionado ardor, en la boca, metí mi lengua dentro de la boca de Josy. La sentía disfrutar ese beso, las lenguas danzando azotadas por el deseo que voy despertando en esa hembra, mi calentura transmite a sus carnes el deseo arrollador del desenfreno loco.
Fueron tres polvos, dos en la conchita y uno entre las nalgas desde atrás, en perrita, el cuarto fue cuando le estrené el culo, obviamente con los descansos que imponían las exigencias de tremendo acto de iniciación.
El marido disfruta viendo disfrutar a su mujer cuando otro hombre se la está tirando de todas la formas y modos que nunca intentó, quizás algo sorprendido por lo pronto y bien que Josy se avino a obedecer el mando del tipo que compró su tiempo de sexo. En algunos momentos de relax podía verlo frotarse la excitación que le producía ver como están cojiéndose a su esposa, gozando como una puta consumada, con la salvedad de que su disfrute no es fingido como la gran mayoría, esta es una virtud de muy pocas prosti, gozar y hacerse gozar con autenticidad.
Desde que la hice desnudar las reglas quedaron bien claras, yo soy el cliente, ella es la prosti, nada más existe que nosotros dos, yo demando, ella obedece. Así fue tenerla desnuda ante mí, entre mis piernas y tomada de la cintura, fue el momento que le di para vencer el pudor de su primer desnudez, excitarla para que esto la llevara al estado de olvidarse de la presencia del marido y así poder entregar sus nalgas al primer cliente.
Me levanté indicando que me desvista, que siempre me esté viendo para observar las reacciones y saber como actuar. Cuando el calzoncillo dejo libre al pájaro, lo sujetó con sus manos para impedirle volar, la seña fue suficiente para que lo acariciara, suave pero con firmeza, deslizando la piel para descubrir la cabeza que asoma insinuando que necesita más y mejor atención.
De rodillas sigue frotando la verga y haciendo asomar la cabezota, mi mano en su nuca fue suficiente para entender que era tiempo de atender al miembro. – No dejes de mirarme a los ojos, observa el efecto y actúa sobre la verga, ahora tienes el poder de hacerme volar. ¡Vamos, mama bien!
Tomada en sus manos comenzó a lamer suave, sin dejar de mirarme entiende que necesito más, la boca se abre para dejarle entrar, sus labios cubren los dientes en una incipiente mamada que promete placer húmedo y caliente. La mamada se torna intensa, con la nuca tomada comenzamos el juego de coito bucal, acompaña y se deja llevar en el disfrute, sus gestos reflejan fielmente que la calentura está haciendo escuela en su cuerpo, sus acciones van más allá de las sugerencias, la excitación siempre es una buena maestra a la hora de probar nuevas sensaciones, Josy, es una alumna aplicada.
Me retiré a desgano de su boca, tampoco era cosa de venirme tan pronto, quería probar sus carnes y sentir el calor de su sexo. – ¡Vamos, lleva a tu macho a coger!
De la mano me llevó al lecho conyugal para que fuera escenario del primer polvo haciendo de prosti. La dejé tenderse de espaldas, abrir las piernas para ver el sexo abierto con sus dedos en total esplendor, rosado brillante de húmedo deseo espera la entrada triunfal del segundo hombre dentro suyo. En ese instante sentí a una proti diferente del estereotipo que tenemos incorporado de las trabajadoras del sexo, esta mujer siente, disfruta y goza, comparte y transmite, besa y se deja besar, en verdad estoy ante una mujer de sexo pago pero distinta a muchas, una hembra que vale la pena disfrutar.
Tal era mi calentura que fui directo al objetivo, arrodillado entre sus piernas tenía el paisaje erótico jamás imaginado, trigueña de bello rostro, portento de tetas, vientre sin rollos, ampulosas caderas, abierta de piernas y ese cofre depiladito, abierto ofrece en su interior el tesoro de un orgasmo objeto de la fantasía recurrente de mis desveladas noches. El aquí y ahora está solo a un empujón de verga entre sus labios vaginales.
Se la dejé entre los labios, ella misma fue guiando el falo entres sus labios. Caliente humedad sentí al contacto con el glande que el deseo de hacerla mía me llevó casi de un envión dentro de esa hembra. Fue un polvo intenso, vivido y gozado con la ansiedad de las ganas acumuladas, soy de largo aliento, pero ese primer round me costó algo demorarlo, necesitaba gozar, disfrutar de la penetración antes de venirme. Esperé que ese orgasmo que Josy transitó gimiendo abrazado a mí, quizás con algo de pudor por dejarse ganar por el placer de una acabada, bien apretados, besándonos con la intensidad del deseo compartido, su lengua dentro de mi boca gritaba lo que no quería expresar fuera de su cuerpo. – Ahhhhhhhhhh, ahhhhhhhhh…
Fue lo más que pude vociferar labios afuera, esta hembra me había dejado sin aire, seco y exprimido, que cuando me retiré de ella en el relax que deviene a tremendo polvo pensé que no se me volvería a levantar en una semana. Pero… esta mujer contagia deseo y lujuria. Tan pronto me dejé morir mirando el cielorraso, Josy se vino encima mío para limpiar los restos de tan tremendo polvazo en la cavidad de su boca para no dejarme nada del polvo que le pertenecía.
Lamidas y sostenerla en sus manos fui suficiente para que mi gruesa poronga (pija) volviera a recuperarse casi lista para el segundo roud. La mujer se arrodilló delante del reposo del guerrero, abierta se muestra con el fluido regado se insinúa entre los labios, la palma de su mano recoge el vital jugo de pija. Recogió buena dosis de mi semen, mostró sus dotes de lujuriosa escena lamiendo el licuado de esperma con gestos exagerados, para erotizar a una estatua.
Se tendió a mi lado, dando la espalda, ofreciendo el chocho depilado y lubricado con los restos de mi leche, removía acomodando sus nalgas para que la pija pudiera ubicarse justo donde la quería sentir: entre los labios de la conchita.
Todo volvió como al principio, si no sintiera los restos de la enlechada dentro hubiera creído que era el primero a punto de comenzar, tal es la calentura que esta mujer me despertó. Desde atrás tomado de sus caderas, comencé a penetrarla, con fuerza, intensidad que ella contribuye echándose hacia atrás para que le entre toda. Incorporado fui colocando entre sus piernas, cruzado en una especie de tijera, podía ingresar en ella totalmente, con fuerza y profundidad para hacerla gemir, jalando sus tetotas como si fueran bolas de hule, perdía la noción de cuánto, por momentos hasta grita por lo intenso de la presión sobre ellas. De las apretadas a chuparlas con fuerza, sin solución de continuidad.
Arrodillada, estilo perrita, acomodé la pija en la vagina y me monté sobre ella, nalgueando, por momentos con más intensidad y pasión. Esta hembra me hacía sentir el macho dominador, domando a esta potra infernal, ensartada hasta el mango. Ambos comenzamos el galope, moviéndonos acompasadamente en busca del segundo orgasmo, nuevamente ella se adelantó y se vino de tal modo que considero fuero varios o uno bien largo e intenso, luego fue mi turno de descargarme en ella todas la ganas contenidas.
Sentía como el fluido seminal se desprendía de mis riñones, recorría todos los canales hasta llegar al glande para desprenderse de mi ser con latidos que enlecharon el útero de mi hembra. Perdí la noción de cuántos, solo sentí el último estertor de mis gemidos en la agonía de la última gota servida en ella.
Seguí montándola a pedido de ella, quería disfrutar los latidos que produce la verga cuando disminuye la erección después de desagotar esa leche caliente regada en ella.
Desmonte de mi hembra y me dejé estar gozando ese momento único de sentir como el producto de mi deseo había sido entregado en sus entrañas.
Con más intuición que experiencia aprende fácil como erotizar a los hombres, mostrarme el contenido de mi calentura y al marido como se habían cojido a su esposa, se paró delante nuestros para que viéramos como se le escurría entre las piernas la leche que brotaba de la concha. Dos polvos seguidos y abundantes acumularon suficiente leche como para escurrirse hasta los tobillos, después volvió a limpiarme la verga con la lengua y no bañamos.
Ella me secó y volvimos a la sala, ambos desnudos, ella entre ambos. El marido sirvió unas cervezas mientras nos recuperábamos de tremenda cogida.
– ¡Qué buena hembra que tienes por esposa! Está bien buena, me gustó mucho, será una buena
puta, está hecha para serlo sin ninguna duda. Me gustó mucho como se comportó. ¿Qué te pareció lo que viste de cómo se maneja esta puta en la cama? –al tiempo que le palmeo una nalga.
– Sí, la vi bien, se ve que está en su “salsa” hasta se movía y hacía cosas que nunca habíamos
hecho. También ahí se ve la mano del conductor, del maestro.
– Claro, para eso estoy, para enseñarle a ser una buena puta, para complacer a sus clientes. Pero
la noche es joven, aun tengo que enseñarle algunas cositas más. Pero estate tranquilo que a esta la vamos a sacar buena para el trabajo de entregar sus nalgas.
El descanso permitió cargar la batería del deseo y volver a donde habíamos dejado en el segundo polvo. Nos volvimos a la cama, pasé por su concha con unas lamidas que la pusieron al rojo vivo, como si estuviera con las ganas de mil noches, los gemidos llenaban el cuarto y la sonrisa de Memo y cómo se frotaba el “paquete” decían claramente cuanto agradecía estos gemidos de su esposa. Solita se acomodó de rodillas, ofreciendo sus nalgas para que me la vuelva a montar.
Ya sabía como la volvería a domesticar, nalgueando y cabalgando, retozaba moviendo sus caderas, incitando al descontrolado galope, ponía ganas y deseo para sacarme esa enlechada que demoraba en venir.
– ¡Mira, mira como me estoy cojiendo a tu mujercita! Mira como se le sacuden las tetas en cada
empujón. ¡Aguanta perra, aguanta puta! –Memo sonríe y sigue frotandose el paquete que crece en su bragueta. ¡Si quieres tu leche, pidela putita!
– ¡Sí, quiero, quiero. ¡Dame mi leche! – ¿Quién pide mi leche? – Yo pido mi leche, tu puta pide tu
leche, ¡Dame mi leche!
Sonoras nalgadas le avisan que la enlechada está próxima, se agita, menea las nalgas, abre y cierra los labios vaginales presionando sobre la verga, hasta sentí la sensación de que me la estaba ordeñando con su concha. Este polvo se lo había ganado en buena ley. Nuevamente esa deliciosa sensación venirme en ese lugar caliente, dejando escurrir el deseo dentro de Josy me hacía sentir el más macho.
No sé cuánto tiempo habrá transcurrido desde que nos dejamos vencer por el letargo del relax que deviene de tres polvos en tan poco tiempo, el desgaste emocional y físico de ambos se había cobrado un merecido sueñito. Vueltos a la vida nos encontró colocados haciendo “cucharita” ella había colocado sus nalgas en la cavidad de mi regazo, mi pierna derecha casi entre las de ella, de modo tal que la verga quedara apoyada en los labios vaginales. Mi mano derecha no se había desprendido de su tetota, el pezón contenido en el hueco de la palma.
Había perdido toda noción de tiempo y espacio, sabía que había llegado comenzando la noche, sin la menor idea de cuánto tiempo había transcurrido, solo importaba que estaba navegando en el mejor de los mundos, sujeto a la hembra mas exuberante y calentona que recordara.
Los besos de ella volvieron a rescatarme para el mundo de los vivos, ella había notado que la pija se mantenía “morcillona” – Esta “cosita” tiene ganas de más en mi “cosita”
Ni falta que hacía que lo mencionara, el descanso había renovado el deseo, sus manos y boca confirman que todo está como era entonces, que tenía ganas de su “cosita”.
Una mamada celestial puso las cosas en orden, el señor está listo para seguir enseñándote a ser puta, le dije con cierto sarcasmo y segundas intenciones que no entendió.
Los preliminares de un nuevo round despertaron a Memo del letargo de la espera, volvió para ver como seguían las clases de enseria a ser buena puta.
Le pedí que se coloque a cuatro patas para que me diera sus nalgas, abrí por completo sus piernas y me preparé para cumplir esta parte de la clase académica: Hacerle el culo.
Ella no imagina lo que está por venir, froté la cabeza de la verga en los jugos remanentes de la vagina, y me preparé para hacerle el culo, una mano en la cadera, y con la otra guié la cabeza del pene hasta la entrada del ano, despacio y la otra mano también en la cadera.
Momento de tensión, ella desconoce pero intuye, yo sujetando con fuerza de las caderas para impedir que se salga. Cuando sintió la cabeza en la entrada del culo intentó salirse, tirándose hacia delante, adivinando el movimiento la sujeté con fuerza de los cabellos, jalando hacia mí mientras empujo la verga en el culo.
– ¡Quieta perra! ¡Quieta, no te muevas, no te salgas! ¡Aguanta! ¡Relájate y goza puta!
– ¡Hayyyy! ¡Me duele!
– ¡Quieta perra! Te la voy a meter por el culo de todas formas. Eres mía, pagué por eso, solo debes obedecer a tu señor, permitirle que te haga el culo a como de lugar.
– ¡Meee… duele!
– ¡Aguanta! Eres mi puta, tienes que aguantarte. ¡Te voy a estrenar el culo pendeja de mierda!
Siguió tratando de salirse unas cuantas veces, pero la tenía tan bien sujeta que todo intento fue en vano. intentó salirse hacia delante pero la jalé de los cabellos, intento salirse de lado pero como la tenía con las piernas bien abiertas se le hacía imposible moverse. Del mismo modo que una potra luego de lidiar con el domador sin poder librarse de su monta, se aflojó para que se la metiera a mi gusto y placer. Le reventé el culo (diría poco más tarde).
– ¡Mira, mira como le estoy estrenando el culo a tu mujer! ¡Qué placer estrenar un culito como
este virgen! ¡Toma puta, muéstrale a tu maridito como te lo estoy abriendo, cómo te duele, como te la meto tan adentro! ¡Toma, toma, toma! ¡Toooomaaa…!
Permitió que la sodomizara pero sus gemidos y gritos siguieron excitándome a meterme más y más en su culo, ni sus lágrimas pudieron impedir que ese culo fuera estrenado y abierto por mi verga. La verga encontró su estuche en el canal apretado del culo de Josy, ella aceptando mi leche venida en su intestino grueso y ahora más dilatado por el grosor de mi pija que hasta pareciera que era más gorda que cuando comenzó esta enseñanza de hacerla mi puta.
Para cuando la solté estaba bien domesticada y amansada, había sentido el poder del hombre que había comprado su sexo.
Tan pronto se recuperó de haberle hecho el culo vino a limpiarme la pija, luego no recuerdo… solo que cuando amaneció nos encontró juntos en lecho. Yo disfrutando de una cojida muy especial, ella con el culito aún dolorido por haberle desvirgado el culo.
Aún faltaba algo… antes de salirme de la cama volvió a moverme la pija, el deseo volvió a renacer, algo amainado pero aún “vivito y coleando” como suele decirse. Indiqué que era el momento de una mamada, obedece sin preguntas, ahora casi adivina como será el final, tampoco pregunta.
Se arrodilla fuera de la cama y comienza a mamarla, me levanto para impulsarme mejor en su boca, el vaivén del coito bucal la hace toser por momentos. Memo se aparece en la puerta para ver el último acto de la primera clase de puterío, sus manos en mis nalgas me impulsan más en su boca, todo está a punto, el polvo matinal será el desayuno de Josy. La tensión de mis músculos le avisan que estoy próximo, sus ojos se agrandan, adivina que no me voy a salir en el momento del final feliz. – ¡Ahhhh!
La retengo con fuerza de los cabellos y me voy en su boca al tiempo que le digo -¡No lo tragues!
Entiende el sentido, unos chorros más de leche completan la venida.
Abre la boca y me señala con el índice donde está la leche, gira y le muestra al marido mi enlechada bucal. Traga, mostrando en primer plano como lo hace, vuelve a relamer los restos de sus labios recogidos con la lengua y tragar el resto. Una última gota asoma del “ojito” del glande, la recoge con una lamida muy erótica.
Nos duchamos, me volvió a secar. Volví a la sala vestido, el desayuno servido por Memo nos esperaba, ella seguía desnuda, mostrando sus encantos de hembra para regocijo de ambos.
Con un peso compensé ser el primer cliente de Josy, ahora podía ejercer de prosti.

Esta mensaje va dirigido a esa mujer que ha transitado este camino, conocer su experiencia y motivaciones que la llevaron a esta forma de vida. Estoy esperándote en [email protected]
La historia de mi amiga me sirvió para conocer y entender a la trabajadora sexual, que disfruta del sexo y hace de él una forma de vida, deja los pudores a un lado y cuéntame.
Lobo Feroz

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Un comentario

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  1. Amigo, este relato es una delicia, te doy las diez estrellas porque no puedo darte cien, maravilloso, fantastico, extraordinario. Excelentemente narrado, con riqueza de vocabulario y fielmente descrito. Obra maestra.

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