Durante el tiempo que viví con mi madre, cogíamos casi todos los días de la semana, siempre era ella la que tomaba la iniciativa, así eran las reglas del juego y había que respetarlas, nunca yo tome la iniciativa o sea, que yo estaba al servicio de mi madre, cada vez que se le antojaba tener sexo conmigo, muchas veces ella me lo pedía abiertamente y otras veces, cosa que me parecía muy cachondo, me lo pedía muy sutilmente, como por ejemplo, a veces ella fingía que estaba enferma o fingía que necesitaba un masaje, cuando me pedía que le diera una sobada, quería decir que estaba cachonda y que quería tener sexo conmigo.
Cuando lo hacíamos, mi madre era muy caliente, podíamos hacer casi de todo, siempre y cuando ella lo quisiera, nunca hice con ella, nada que ella no quisiera, lo que más me gustaba de ella eran sus grandes nalgas, sus cachetes era duros y grandes, para poder sentir y disfrutar la dureza de esas nalgas, siempre me la cogía en cuatro patas, con el único fin, de sentir el suave rebote que me daban sus nalgas, cuando mi bajo vientre chocaba con ellas
Mi madre era una hembra que había nacido para el sexo, disfrute mucho cogiendo con ella y les aseguro que nadie me ha dado tanto placer como ella. Recuerdo que una noche llegue tarde a la casa, cuando iba rumbo a mi recamara, me di cuenta que el televisor estaba encendido, me dirigí a la sala para apagarlo, cuando me di cuenta que ella estaba dormida en el sofá.
Apagué la tele y fui a despertarla para que se fuera a su cama, entonces me di cuenta, que ella dormía, vistiendo una bata larga transparente, la cual, no dejaba nada a mi imaginación, veía la desnudes de sus tetas y esas nalgas hermosas que tanto me gustaban, vestidas con unas pantis negras, el verla así, me provocó una gran erección, antes de despertarla, segui admirando su hermoso cuerpo.
La desperté con un suave beso en la mejilla, casi junto a sus labios, al sentirlo, ella se despertó un poco, yo estaba inclinado sobre ella y le susurré a la oreja, “vamos mamá, te llevo a tu cama”, todavía medio dormida, me contestó, “ahora mismo, cariño, pero antes, por qué no me das un pequeño masaje en el cuello y el cuerpo, ya que me he quedado un poco torcida en el sofá”.
Se volteo y se acostó boca abajo, yo me puse en su espalda, se la empece a masajear, le dije, “bájate la bata un poco, para que pueda darte mejor el masaje o si lo prefieres quítate la bata”, ella al oír esto, giro la cabeza y mirándome a los ojos, me dijo, “quítamela tu”, rápidamente se la quite todita, quedo completamente desnuda frente a mis ojos, quedando nada más vestida con sus pantis de encaje color negro, con trabajos cubrían esos cachetes que tanto adoraba y me excitaban. Yo, para entonces sabía que íbamos a coger esa noche, nada más que mi madre, le encantaba los juegos de seducción y eso me excitaba más, provocando que la deseara más, le empece a masajear el cuello, ella lanzaba pequeños ronroneos de satisfacción y placer, yo me dejé llevar, por el momento y me quite la ropa, quedando solamente en calzoncillos, yo, ya estaba bien caliente.
Era maravilloso tener mis manos sobre su hermoso cuerpo desnudo, mis manos empezaron a bajar por su espalda, mis manos tocaron delicadamente su cintura, ella se puso tensa un segundo, seguí bajando mis manos, hasta llegar al inicio de sus pantis, ella al sentir que mis manos andaban por allá, paro un poco sus nalgas, para que yo de un solo jalón se las quitara.
Sus suspiros se convirtieron en jadeos, mandándome la señal, de que ella estaba en su punto, seguí con el juego que mi madre disfrutaba, ella quería, que yo la sedujera, tal como si fuera la primera vez que iba ser mía, ella levanto la cabeza y susurro “No pares”. Al oír aquello me puso a mil, baje aun mis manos, hasta que llegue a sus dos nalgotas, las empecé a masajear delicadamente, tal como el panadero amasa la masa, no quería llegar a su vagina, sin antes masajearle su lindo ano, así que, me Llevé un dedo a mi boca mojándolo con saliva, le abrí los cachetes y se lo metí poco a poco, ella al sentir que mi dedo andaba explorando su ano, lanzo un pequeño suspiro de satisfacción y paro más sus nalgotas.
Mientras que, mi otra mano, rodeo su cintura, hasta encontrar su vagina, estaba totalmente mojada, por lo que pude meterle tres dedos en su vagina, todo su cuerpo se estremeció, y entonces me dijo, “vente, vamos a mi recamara, quiero que hagas feliz a tu madre, como lo sabes hacer”, ella se levantó y me agarro de la mano me condujo a su recamara, yo iba atrás de ella, maravillado con la hermosa vista de sus nalgas moviéndose cachondamente al compás de sus pasos, hizo que me sentara apoyando mi espalda en la cabecera, ella se sentó en mis muslos cara a cara, ensartándose toda mi verga, no hicimos ningún movimiento, solo estaba ensartada, nos besándonos como locos, mis manos se volvían locas recorriendo su hermoso cuerpo, yo le dije quedito “mamá, nunca una mujer me había puesto tan cachondo y el hecho de que seas mi madre aún me excita más” ella me contesto, “lo sé, papito”.

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