Hola a todos los fanáticos de Márqueze, mi nombre es Laura, tengo 27 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Hace ya un tiempo mi esposo visita esta pagina y dedica especial atención a la gran cantidad de relatos que aquí se publican, pensé que seria una linda sorpresa para el que un día entrara y encontrara uno de mis recuerdos que a el mas le agrada escuchar. Para ti German, que lo disfrutes ( y para todos Uds. también).
Tenia yo 17 años, era una chica feliz, sin complicaciones, una buena familia, buenos amigos, ningún problema económico, realmente tenia una vida plena. Sin embargo en esa época en la que una va ¨cambiando de piel¨, a mujer, miles de dudas inundaban mi cabeza. Mi familia era de una durísima educación religiosa, no tenia yo hermanas mayores por lo que el tema de mi despertar sexual era algo complicado para mi. Me sentía dando pasos a ciegas, todo lo que descubrí era resultado de prueba y error, con mas desaciertos que aciertos. Así es como aprendí un día después de bañarme lo placentero que puede ser tocarse ciertas partes, o como comprendí que las cosas con paciencia se dilatan.
Por desgracia mis compañeras tampoco eran de mucha ayuda, todas íbamos a un internado de religiosas durante toda la semana donde el sexo ni siquiera formaba parte del vocabulario. Sin embargo yo tenia dudas, y por sobre todo, muchas ganas de aprender, y allí es donde todo comienza.
Como les conté, durante la semana yo vivía en un internado para chicas, y los fines de semana la pasaba en casa sola con mis padres. Era principio de primavera y mis padres tenían aniversario de casados. Las cosas no marchaban bien para ellos, y mi madre pensó que un viaje juntos seria buen remedio para la pareja. El tema es que ella no quería dejarme sola, pero ante mi insistencia accedió a dejarme sola con una condición, que nuestro vecino, Don Francisco conservara una llave y pudiera controlar mi comportamiento. Yo accedí, después de todo solo seria un fin de semana, ya que el lunes volvería al internado. Don Francisco era un vecino viudo que vivía en la casa contigua a la nuestra. Era un hombre mayor, de unos 60, 65 años al que yo conocía desde pequeña y ante la ausencia de abuelos trataba como tal. Don Francisco era un hombre muy elegante que había enviudado hace unos 5 o 6 años. El siempre se porto conmigo en forma muy correcta, y también me quería como su nieta, pero por lo visto las cosas cambiaban.
Mis padres finalmente se fueron a su viaje a las playas Brasileras y yo me quede en control de la casa. Eso me hacia sentir madura, una mujer. Recuerdo que el viernes a la noche, después de su partida me quede mirando TV hasta muy tarde en su cuarto y me quede dormida allí. Yo siempre dormía con unos pijamas muy anticuados, que lo cubrían todo, pero el comienzo del calor, y la ausencia de mis padres hicieron que esa vez sea una excepción. Esa noche solo me había dormido con una remera que apenas me llegaba a las nalgas, unas bragas y unos soquetes. Como les conté, la noche anterior se prolongo para mi por lo que eran como las 11 de las mañana y yo aun seguía dormida.
Mi madre y Don Francisco llegaron al acuerdo que el pasaría dos veces al día a controlar que todo estuviera en orden y para chequear que yo no necesitara nada. Mientras yo dormía, lo mas placidamente en la cama de mis padres, Don Francisco entro a la casa para cumplir con su encargo sin haberme yo enterado. Al despertarme encontré a Don Francisco parado en la puerta del cuarto de mis padres observándome. Al verme reaccionar, intento sin éxito hacerse el desentendido, y yo intente con la misma poca suerte cubrirme con las sabanas. Ante lo embarazoso de la situación, Francisco intento dejar atrás el mal momento tratando de hacer de cuenta que nada hubiera ocurrido: _Hola Laurita, vine a ver como estabas y si necesitabas algo. (Comento aun nervioso y sin mirarme a los ojos) _Gracias, esta todo bien, gracias por preocuparte. _Perdóname, pero he estado tocando la puerta y tu no respondías y he decido usar la llave que tu madre me dejo.
Realmente no había escuchado el sonido del toque a la puerta, pero eso no era lo que me preocupaba. Lo único que me interesaba en ese momento era pasar el mal trago, y que el se vaya de ahí para poder vestirme, y mas tarde otra preocupaci&
oacute;n que me vino a la mente, ¿habría estado mucho tiempo observándome dormir?, ¿qué tanto habría visto de mi?
Don Francisco se retiro de la puerta de la habitación y yo pude alcanzar mi ropa y vestirme. Luego me reencontré con el en la sala, donde me esperaba. Lo note nervioso, distinto a otras veces, se lo veía pensativo, como perturbado, pensé que era una sensación mía por los nervios de la circunstancia pasada unos minutos antes. Don Francisco me invito a comer a su casa esa noche y yo acepte, y luego se fue.
Yo pase toda la tarde repasando lo que había ocurrido, nunca había estado con tan poca ropa ante un hombre. Me preguntaba si el pensaría si era atractiva o no, si me vería como una mujer o una niña, si sentiría atraído por mi, etc. Pero al mismo tiempo me reprendía por pensar ese tipo de cosas, me avergonzaba.
Finalmente conseguí olvidar lo sucedido y dedicar mi tiempo al descanso del fin de semana, pero al acercarse la noche y la hora de la cena en lo de Don Francisco los fantasmas volvieron. Cerca de las 8 de la noche comencé a prepararme para ir a su casa. Termine de preparar unos brownies que pensaba llevar a titulo de postre y me dirigí a mi cuarto para vestirme. Aquí surgió un grandísimo problema. Yo todas las semanas me llevaba la ropa el lunes al internado, la que usaba de lunes a viernes, el viernes al regresar a casa la traía para que mi madre la lave y poder volverla a usar en la semana. Pero mi madre se había ido sin lavarme la ropa, por lo que no tenia ropa que ponerme. Solo tenia ropa de verano o la ropa de mi madre, la ropa de mi madre era anticuada, además de varios talles mas grandes que el mío, por lo que estaba obligada a usar mi ropa de verano. Para peor, era una noche muy fría.
Empecé a revisar mis ropas de verano, obviamente eran todas prendas mínimas y muy ajustadas. Les voy a contar mi físico en esa época, en ese momento yo no lo sabia, pero hoy viendo fotos y haciendo memoria me doy cuenta de que era yo una niña muy bonita. MI pelo era castaño oscuro, ojos negros y una cara redonda con una nariz pequeñita. Tenia yo unas largas piernas que terminaban en lo que era, y con orgullo aun es, una cola perfecta, sin duda el mejor de mis atributos. Años mas tarde con mas confianza y fuera del ojo conservador de mis padres incluso participe en bikini opens y con mi cola gane varias veces, también un vientre plano y unos pechos que no eran muy grandes, pero que si tenían buena forma y firmeza.
Al revisar la ropa solo encontraba mini shorts, falditas y vestiditos cortos. Luego de revolver y dar vuelto mi poco vestuario una centena de veces termine vestida con una pequeña falda que terminaba varios centímetros por sobre mis rodillas y una camisetita sin mangas que no cubría todo mi vientre dejando mi ombligo a la vista. Me contemple frente a el espejo y me vi muy atrevida, no podía ir así a la casa de Don Francisco, que pensaría el de mi. Tome el teléfono y llame para cancelar la cena, pensaba inventar un malestar estomacal o algo por el estilo. Cuando llame Don Francisco atendió y antes que pudiera yo decir nada comenzó a contarme todo lo que había preparado y lo feliz que se sentía de tenerme como invitaba en su casa. No pude animarme a mentirle, y resignada tome un pequeño chalequito que no tenia tan sucio, y servia para tapar algo mas, y salí para casa de mi vecino.
Al llegar a casa de Don Francisco todos mis nervios y dudas se esfumaron al instante, el estaba muy alegre, tenia toda su casa iluminada y con música fuerte, algo anticuada pero bonita. Inmediatamente me invito a la mesa y comenzó a contar historias de cuando mis padres eran chicos y los dos nos reímos con ganas,. Yo nuevamente me sentía su nieta e internamente me reprochaba por todas las estupideces que había pensado durante todo el día. Comimos con ganas, realmente Don Francisco cocinaba muy bien. El me pregunto que quería yo beber, a lo que yo le respondí agua, trayendo una botella da agua y una de vino tinto.
Comenzó a hacer bromas de cómo el le conseguía el alcohol a mi padre para sus juergas y de las veces que lo salvo del regaño de mis abuelos. Francisco hablaba sin parar y veía como una botella de vino daba paso a la otra, y a otra, y a otra……
Eran ya cerca de las 12 de la noche y yo me sentía algo cansada, Don Francisco seguía con su parloteo y se veía en el los efectos del alcohol. Había dejado de lado los temas festivos y alegres, y con un tono algo mas du
lce y pausado me daba consejos sobre la vida que si bien me procuraban algo de ternura también me aburrían.
Luego de soportar unos minutos de esa charla paternalista decidí que era hora de marcharme, Don Francisco estaba visiblemente borracho y yo con ganas de disfrutar de alguno otra manera un sábado por la noche, por lo que simulando cansancio le dije a Don Francisco que me retiraba a mi casa a dormir. Don Francisco se paro vacilante y me dijo que me acompañara hasta mi la puerta de mi casa. Al pararse su estado de ebriedad se hizo aun mas notorio, hizo unos pocos pasos vacilantes y cayo al suelo. Yo quede unos segundos petrificada observándolo, para luego rápidamente ayudarlo a levantarse. Don Francisco era un hombre de unos 65 años muy grande, de aproximadamente 1,80 metros y supongo mas de 90 kilos, y yo una chica que a penas superaba el 1,60 y pesaba poco mas de 50 kilos, por lo que la tarea de levantarlo fue algo titánico para mi.
Don Francisco señalando su cuarto me pidió que lo llevase hasta allí, el pobre, no dejaba de repetir lo avergonzado que se sentía por tener que ser testigo de tan patético espectáculo. El cuarto de Don Francisco parecía sacado de una película de una boutique de antigüedades, todos sus muebles habían conocido tiempos mejores hacia mas de una década. Lo acompañe hasta la cama y allí lo ayude a recostarse.
Ya en la cama, con los ojos cerrados y las manos agarradas sobre su pecho, Don Francisco no paraba de pedirme disculpas y de decirme lo arrepentido que se sentía por hacerme pasar este momento. Yo realmente estaba incomoda, pero también sentí algo de pena por ese viejo que tanto me había cuidado. Le pregunte si necesitaba algo mas, y el solo me pido que le retirara los zapatos y que después podía partir.
Cumplí con su deseo y luego bese su mejilla en despedida, me di vuelta y comencé mi camino hacia la puerta, pero antes de abandonar el cuarto sentí un sollozó a mi espalda. Nunca había visto llorar a un hombre de su edad, y la verdad, me partió el alma. Volví hacia el cuarto y me senté en la cama junto a él y comencé a acariciar su frente.
Don Francisco paulatinamente dejaba de llorar, seco sus lagrimas con la manga de su camisa y cuando yo menos lo esperaba su vieja mano en mi muslo. En un primer momento me sobresalte, pero pensé que era ocasional, o quizás un gesto de afecto, pero inmediatamente después Don Francisco lentamente subió su mano por mi muslos en dirección a mi virgen entrepierna. Al notar que su mano iba mas mas allá de mi falda, me pare súbitamente.
Don Francisco volvió a llorar, se incorporo en la cama quedando sentado y me rogó que no me vaya y lo escuchara unos segundos. Yo estaba asustada, confundida, pero me quede allí parada, clavada en su mirada escuchando sus palabras:
– Mira Laurita, yo hace 6 años enviude. Desde ese tiempo nunca volví a estar con una mujer, ni siquiera a ver una desnuda. Eso no había sido un problema para mi, pero hoy a la mañana al verte dormir, y perdona, pero ver tu coño y piernas me han excitado como hace años nada lo lograba. Ahora siento que estoy viejo, y voy a morir y no quiero hacerlo sin antes ver por ultima vez una mujer desnuda. ¿Podrías hacer ese favor a este viejo que tanto te quiso siempre?
No sabia que hacer, no recuerdo si fueron 2 o 3 segundos, pero si estoy segura que para mi se prolongaron una eternidad. Por mi mente pasaban una cataratas de pensamientos y por mi pecho un mundo de emociones. Aun hoy desconozco cual fue el origen de mis actos, lo cierto es que baje mi falda, me quite mi chaleco y tire a un lado mi camiseta.
Quede solo con mis soquetitos, mis tenis y mi ropa interior frente a Francisco quien me miraba sin pestañar y con la respiración agitada. Yo no sabia bien que hacer……..solo puse mis manos en mi espalda y miraba el suelo esperando que el me dijera que podía vestirme. Creo pasaron 2 o 3 minutos en que el silencio de apodero de el cuarto y luego Don Francisco dijo:
_ Sabes que me estas haciendo feliz, pero si has llegado hasta aquí porque no un poco mas, vamos nenita, quiétatelo todo para que tu abuelito pueda verte.
Yo me sentía incomoda, pero también me sentía poderosa. Un hombre, me observaba, me deseaba, me rogaba poder compartir mi cuerpo con el. Realmente me sentía mujer por 1ra vez en mi vida, y así fue que me desnude, completamente ante el. Me pidió que me caminara de un lado al otro del cuarto, y lo hice. Me pidió que me pus
iera de espaldas a el apoyando mis manos sobre la pared con mi espalda inclinada y toda mi cola a su vista, y lo hice. Luego me pidió que me acostara en la cama con las piernas abiertas, y lo hice. Cada cosa que hacia era seguida con atención y comentarios de Francisco.
Una vez que yo estaba acostada en la cama Francisco saco su pene. Nunca había visto uno. Estaba semi duro, pero aun así tenia un muy buen tamaño, creo que cerca de unos 15 cm. No podía dejar de mirarlo, Don Francisco adivino mi sorpresa y sonrió mientras se masturbaba a poco de mi rostro.
– ¿Es el primero que ves no? ¿No quieres sentirlo?
– Si
Tome su pene con mi mano, Don Francisco aun vestido con su pene afuera del pantalón se recostó en la cama y me dejo hacer. Yo nunca había visto un pene, y mucho menos tocado uno. Este era caliente y podía sentir su palpitar en la palma de mi mano, pero lo que mas me llamo la atención y me gusto fue su penetrante olor, el aroma a hombre que aun hoy me enciende. Tenia su pene en mi mano y me dedique a mirarlo e intente moverlo como el lo estaba haciendo, algo que el agradeció con una sonrisa.
Estuve acariciándolo unos minutos escuchando sus gemidos y comentarios calientes. Y sin que nada el me pidiera yo sola no pude contener un natural impulso de introducírmela en la boca. Desde aquella primera vez mi fascinación por el sexo oral no ha dejado de crecer, pero por muchas causas creo que esa vez fue especial. Sin saber bien que hacia baje mi rostro entre su entrepierna y lo bese. Su liquido preseminal me sabio salado y el verlo echar su cabeza para atrás con placer me llevo a introducírmelo en mi boca. MI inexperiencia hizo que lo introdujera todo de una sola vez en la boca, lo que me produjo arcadas, pero no me desanimo. Seguí lamiendo su viejo pene como si se tratara de un helado o un dulce, no sabia como hacerlo, pero me encanta hacerlo y me gustaba verlo gozar de esa manera. Lamía toda su cabeza y pasaba mi lengua a lo largo y ancho de su caliente pija.
Don Francisco tomo mi cabeza con fuerza y me la empujo hacia sus testículos, yo no quería hacerlo pero su presión sobre mi cabeza no cedía y tuve que introducirme sus testículos en mi boca. Francisco presionaba con fuerza sobre mi cabeza, yo me asuste, tuve miedo de que se violente e intente levantarme. Pero el sostuvo con aun mas fuerza mi cabeza y me dijo:
– De aquí no te vas sin lamerme el ano.
A esa altura tenia una mezcla de confusión, culpa y excitación. Por lo que baje mas mi boca y mi lengua buscando su ano. ¿Qué sentía yo? Mi cuello era un nudo, mi pecho ardía en forma nueva para mi y mi entrepierna era un mar de jugos. Lamí su ano, aun cuando la presión de sus manos sobre mi cabeza había cedido varios minutos antes. Mientras lo lamía no podía dejar de imaginar como se vería la imagen de una chica de 17 años lamiendo a un hombre de 66 y que pensarían mis amigas si me vieran. Subí mas mi cabeza y volví a chupar su pene. Mientras lo chupaba mi mano buscaba y jugaba con sus testículos y en ese momento sentí como su pija se contraía y Don Francisco volvía a agarrar con fuerza mi cabeza mientras su pene largaba chorros de algo para mi desconocido por mi hasta ese momento. Su semen inundo mi boca. Yo estaba asustada, pero ante su presión en mi cabeza lo deje hacer. Luego el retiro sus manos, yo me levante e intente tragar aquello que tenia en mi boca mientras sentía que parte de ese liquido viscoso chorreaba por la comisura de mis labios.
_ Laura, no sabes lo feliz que me has hecho, te lo agradeceré toda mi vida, pero yo no seré egoísta contigo.
Su viejo pene estaba ahora totalmente flácido, y a su edad eso no era cosa de momento. No tenia idea que haría de mi. ME pidió que me acostara nuevamente y abriera mis piernas.
_ Ves estos dedos, este secreto te lo regalo yo a ti y te acompañara hasta que mueras.
Y de esa forma, delicada comenzó a acariciar mi ya hinchado clítoris con sus toscos dedos. Una vibración subió por todo mi cuerpo, la sensación fue tan fuerte que hasta perdí la audición por unos segundos. Y luego se lengua busco mi entrepierna y mientras el lamía aquel lugar inexplorado, aquel viejo me hizo un regalo hermoso, un orgasmo que nunca olvidare.
Quedamos los dos desnudos unos minutos en la cama, en silencio, sin hablar. Luego en silencio me vestí y me largué sin decir nada, el estaba dormido con una hermosa sonrisa en su cara. Durante 3 años, hasta su muerte, visite a Don Francisco y le di la misma f
elicidad que aquella noche. Gracias Don Francisco, gracias por ser mi abuelo y mi 1 maestro.
Lau_rita1 (arroba) hotmail.com
Autor: Lau_rita1
Lau_rita1 ( arroba ) hotmail.com
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