Llevo tiempo leyendo relatos eróticos, por curiosidad, por placer y también, supongo, por una particular necesidad o fantasía de poder contarle a alguien mis cosas. Nunca entendí porque, esa necesidad de complicidad.
Como leo que lo hacen, me presento….. Me llamo Rosa, soy una mujer madura(41), delgada y más bien alta (1.72), rondando los 66 o 67 kg. Piel clara, cabellos castaños, senos pequeños para mi gusto y conciente de que mis piernas y mi trasero son lo más destacable. Vivo en una pequeña ciudad del interior de Argentina muy próxima a una gran ciudad, soy profesora en un inst. Secundario, casada y con una hija de 12 que es la luz de mi vida.
Desde chica siempre fui muy abierta en lo sexual sin llegar a escandalizarme por nada, lo que no significa que esté de acuerdo, se que la mente humana esa veces descontrolada y por eso me excita saber como y en que basan su sexualidad los demás. Siempre traté de ser directa y cuando algo me da placer no dudo en experimentarlo, todo esto se dio de manera algo alocada en mi adolescencia, hasta que conocí al que hoy es mi marido, quien en los comienzos de nuestra relación demostraba ser tan liberal y abierto como yo, lo que me hizo enamorarme de él. Pero…. lamentablemente todo eso fue cambiando a medida que se afianzaba nuestra pareja, hasta llegar al matrimonio en que decididamente todo cambió, ni las charlas sobre sexo volvieron a ser aventuradas y mucho menos alocadas, yo pensé que se debía a la seriedad que él daba a la vida en pareja, interpreté como algo normal y así fueron pasando los años en que solo mi hijita me sacaba de tanta rutina y monotonía, al margen de eso, siempre fue buen padre, buen compañero y fundamentalmente buena persona, económicamente nos brindaba todo y más también, aunque eso lo mantuviese demasiado tiempo fuera de casa. Dejé que mi vida transcurriera entre mi hija, mi trabajo, mis amigas y mis cuidados(Peluquería, gym, manicura y todo cuanto las mujeres hacemos para "creernos" en buena forma), sin dejar de lado el tema ropa, del que soy casi adicta, me fascina verme bien, sexy, sensual.
Todo de maravillas, hasta hace unos 5 años en que no soporté más tanto aburrimiento, seguramente por la proximidad de los 40 y el sentir que los años se van……. pero esa es otra historia, la que hoy me gustaría compartir con tantos lectores anónimos es algo que me ocurrió y sigue ocurriendo actualmente.
Por mi trabajo, conocimientos, antigüedad y según dicen simpatía, me designaron delegada de docentes de mi pueblo por lo que desde hace más de un año tengo que asistir a reuniones a esa gran capital provincial al menos una vez al mes, lógicamente con todo pago incluido el hotel, dado que en ocasiones debo permanecer más de un día. Los 2 o 3 primeros viajes fueron más que normales, manejándome como cualquier pueblerina que siempre viajaba acompañada y ahora lo hacia sola, conociendo lugares, medios de transporte, nuevas personas y demás, sin desperdiciar las oportunidades que tenia de recorrer vidrieras netamente femeninas y comprar alguna que otra cosa importante para mi, en el cuarto viaje que hice, la reunión de la tarde se prolongó más de lo normal, en una sede bastante alejada del centro, al no poder conseguir un taxi libre y viendo que pronto caería la noche no lo dudé.
Tomé un colectivo urbano sin pensarlo demasiado, a nadie conocía tanto como para pedir que me acercasen, el pasaje estaba bastante nutrido por lo que ni soñar con sentarme, había incluso unas 8 o 10 personas que ya viajan de pie, así que como pude me abrí camino hacia la parte posterior del vehículo quizás por aquel miedo pueblerino de pasarme de largo de mi parada, en los 5 asientos del fondo viajaban hombres que seguramente serian obreros por sus ropas, ruidosos y divertidos, en esa oportunidad tenia un trajecito de vestir color beige, pantalón ajustado a mis caderas pero flojo en las piernas, camisa blanca con un pañuelo de seda al cuello y un saquito corto que dejaba ver completamente mis glúteos, cosa que esos señores notaron rápidamente y entre secretitos y risitas me hicieron sentir sonrojada y a la
vez alagada, pero como dama seria que era, me mantuve indiferente y sin demostrarles que entendía lo que hacían, de pronto, el colectivo se detuvo frente a una fabrica y subieron un montón de hombres, que seguramente salían de trabajar, vestidos la mayoría de mamelucos y todos se amontonaron en la parte posterior donde yo estaba, seguramente debían tomar ese transporte cada día y era obvio que hasta se conocían todos con los anteriores pasajeros, sin darme cuenta quedé en medio de una veintena de hombres y comencé a sentirme turbada y hasta asustada, traté de ir adelantándome lentamente pero era imposible.
Estaba todo completamente lleno, ya ni me acordaba de mirar por la ventanilla para ubicarme donde estábamos, empecé a transpirar de los nervios y no quería mirar a ninguno a la cara por temor, solo oía sus risas y comentarios, suponían una mujer adinerada, que por algún infortunio debió tomar ese colectivo, realmente me sentía aterrada, con mi mano izquierda apretaba cada vez más el pasamanos del techo y con la otra ceñía muy fuerte mi carpeta, de pronto sentí que uno de ellos me apoyaba por detrás, primero quise pensar que era solo la casualidad y los bruscos movimientos del vehículo, pero su insistencia me demostraron que en aquello no había nada de fortuito, sentía sus genitales como pegados a mis glúteos, no quería ni mirar de quien se trataba y mucho menos reaccionar con enojo o violencia, me sentía totalmente indefensa, pensé que si yo habría la boca para decirle algo acabaría siendo él la victima entre tantos cómplices y seria yo quien quedaría mal, simplemente intentaba por todos los medios posibles de apartarme de él, no solo me resultaba imposible, sino que además lo único que conseguía era rozarme con los que estaban delante mío y eso podía ser peor aún, ni siquiera tenia al alcance de mis brazos el timbre para poder bajarme urgente de allí, ellos seguían totalmente distendidos y hablando casi a gritos y risotadas, el muchacho que estaba delante mío me daba la espalda lo que aliviaba en parte mi penuria, pero, de pronto, quizás al ver que su compañero se frotaba en mi y yo no reaccionaba dejó caer una de sus manos entre él y yo y como el otro de tanto apoyarme me hacia avanzar mi pubis llegaba a tocar su mano, supe que aquello era intencional, pero nada podía hacer por evitarlo, girando toda su mano la apoyó completamente abierta en mi entrepierna y comenzó a frotarme con descaro y algo de violencia, mi agonía no tenia limites, el miedo, el calor, el olor a esos trabajadores, la situación, todo en mi contra, casi no podía ver ni en que parte del trayecto estábamos, los manoseos se intensificaron ante la ausencia de mis reclamos, me solté del pasamanos e intenté quitarle la mano a mi agresor, cosa que además de no conseguir hizo que mi cuerpo quedase sin equilibrio y chocase contra tantos hombres, consiente de que nada podía hacer por defenderme.
Permanecí con la mirada hacia el piso, totalmente avergonzada haciendo que mi desesperación me generara un estado de semi inconciencia y ruegos de que aquel viaje pronto terminara, pero contrariamente se convertía en una eternidad, sin darme cuenta y con los ojos casi cerrados me percaté de que los 4 o 5 que me rodeaban estaban al tanto de todo y aprovechaban la oportunidad, ya no era una sola la mano que me tocaba, no podría precisar cuantas eran, solo se que sentía aprisionada y ultrajada toda mi anatomía, mis muslos, mi sexo, mi culo, y hasta mis pechos eran frotados por sobre la ropa, me resistía a reconocer que todo aquello me producía escalofríos, me empezaba a excitar, no quería ni mirar al resto del pasaje, por temor a que alguien me reconociese, era casi imposible, pero nunca se sabe, solo me dejé estar, sabiendo que no había escape, permanecí inmóvil dejándoles hacer lo que querían, sentí que mis piernas comenzaban a temblar, mis manos totalmente transpiradas, mis mejillas hervían y mi sexo se humedecía descontroladamente, creo que hasta espasmos me asaltaron, si bien formaba parte de alguna fantasía oculta el hecho de tantos hombres para misota, jamás imagine que se diese algo semejante, en varias ocasiones sentí que estaba al borde de un orgasmo, los nervios, los miedos no me lo permitían, solo hacían aumentar mi excitación, alguien desprendió dos botones de mi camisa y metió su mano por mi escote apr
etujando mi pecho izquierdo primero por sobre el pequeño corpiño de encaje blanco y luego por debajo de el, al notar lo erecto de mi pezón lo pellizcaba mientras me decía alguien al oído obscenidades irreproducibles, seguramente se trataba de la misma persona que estrujaba mi seno, por momentos me sentía en el infierno y en otros en el paraíso, no se cuanto duró todo aquello pero para mi fue eterno, de pronto se detuvo el colectivo, se abrió la puerta y más de la mitad del pasaje descendió incluidos la gran mayoría de aquellos trabajadores, de pronto me vi parada entre pocas personas, con toda la ropa desarreglada, y solo atiné a sentarme en una de las butacas libres, tratando desesperadamente de acomodar mi ropa, mi postura de dama seria, me sentía sucia no quería mirar a nadie ni que nadie me mirase, noté mi cuerpo húmedo, mi ropa arrugada y manchada, mis piernas acalambradas por el esfuerzo de haberme mantenido casi en puntas de pie, mi sexo totalmente mojado y molesto, con picazón por la abundancia de flujos, mi respiración acelerada, creo que ante nadie podía pasar desapercibido mi estado, un par de obreros me miraban y se reían con picardía y malicia.
Como pude me puse de pie y casi corrí hasta la puerta, sin saber donde estaba, bajé y me subí al primer taxi que vi, el trayecto fue muy corto, seguramente había llegado cerca, lo único que recuerdo haberle dicho al taxista fue el nombre del hotel, al llegar fui quitándome la ropa a tirones camino a la ducha donde estuve por casi media hora, desconcertada, descontrolada….. Poco a poco fui calmándome y tomando conciencia de todo lo que me había ocurrido, me sequé con más tranquilidad y me recosté a pensar en como manejar todo aquello, mi sexo aún seguía manando de sus jugos, jamás me había sentido tan excitada y caliente, sin poder resistirme me vi casi en la obligación de girarme boca abajo y masturbarme en repetidas oportunidades, mi cuerpo pedía más y más, mis dedos resultaban casi insuficientes para mi sexo, todo me parecía poco, perdí la cuenta de mis orgasmos y me dormí placidamente sabiendo que aquello solo quedaría en mi, jamás podía contarle aquello a nadie, seria mi secreto más oculto.
Al despertar por la mañana muy temprano supe que aquello marcaría mi vida futura, supe que aún podía sentirme una mujer deseable y deseada, que mi sexualidad estaba intacta, y que volvería a tomar aquel colectivo urbano en más de una ocasión futura.
Esto no es una fantasía, me ocurrió realmente y si alguien quiere pensar en que no es así, esta en todo su derecho. Pero confieso que me siento muy aliviada de haber podido compartirlo con alguien.
Desde ese día ocurrieron muchas cosas más, …. Quizás, si les ha gustado leerme queden para otra oportunidad.
Autor: Ella cba rejum_cba (arroba) hotmail.com