Las cosas entre mi madre y mi padre no iban tan bien como yo creía. Mi padre a pesar de tener una muy buena mujer en su casa, le encantaba andar con muchas viejas, como buen militar que se aprecie de serlo, en una de esos lances, mi madre le cayó cuando estaba con otra mujer.
Lógicamente mi madre lo mando a la chingada y le pidió el divorcio, el cual fue bastante truculento, ya que, por razones de la ley, nos dividieron a mis hermanos y a mí. Mi hermana menor y yo nos quedamos con mi mama y mis otros dos hermanos se fueron a vivir con mi padre, tiempo después mi padre se casó con su amante y se fueron a vivir a Puebla.
Es triste y es duro al mismo tiempo, que mi madre haya roto con mi papá, y como suele pasar en estos casos, eso fue muy duro de asimilar para mi mama. Durante unos días ella se mantuvo callada, sin querer hablar con nadie. Muchas veces la sorprendí llorando, al verla así me causo mucho pesar, durante nuestras comidas, ella no decía nada. Yo guardaba un respetuoso silencio a su problema y a su tristeza, yo procuraba distraerla con las cosas que me pasaban en el Colegio Militar.
El tiempo que me quedaba de mis franquicias, más bien, el que me dejaba la golosa de mi tía, me la pasaba en mi casa con mi mama. Después por la poca pensión que recibía de mi padre, tuvo la necesidad de trabajar, casi de tiempo completo, por ese motivo mi hermanita se quedó al cuidado de una de mis tías y también, por ese motivo, mi madre se quedaba sola toda la semana, excepto los fines de semana en que yo estaba en la casa, después de darle lo suyo a mi tía, me iba todo presuroso a mi casa, esos dos días la pasábamos muy bien juntos, yo trataba de hacerle más llevadera su soledad, ya que siempre hasta su muerte nos unió un fuete lazo filial.
De vez en cuando, le daba parte del dinero que me daba mi tía, como pago de los tremendos encuentros que teníamos, ella me decía, que era una ayuda para mantenerme en la escuela, yo pensaba lo contrario, en fin, ese dinero lo utilizaba para ayudar a mi madre con el gasto. Como teníamos más dinero nos cambiamos a otra vivienda un poco más amplia, con el baño adentro, por el rumbo de Tlalpan (CDMEX).
El baño tenía como puerta una cortina, un poco corta en la parte de abajo, que mi madre la había colocado para que no se viera nada, eso no fue obstáculo para seguir con el deporte extremo, que era espiar a mi madre cuando se bañaba, lo único que tenía que hacer, era tenderme en el suelo y asomarme muy discretamente por debajo de la cortina, para poder observar con detenimiento, el sabroso cuerpo que se cargaba mi madre y que el estúpido de mi padre había dejado.
Lo que más me gustaba ver, era cuando se enjabonaba su sabroso peluche, que ahora para mi sorpresa lo tenía completamente depilado, al enjabonarse se metía los dedos en su vagina varias veces, como queriéndose hacer una buena chaqueta, al verla así, me ponía bien caliente, a leguas se veía que necesitaba un hombre, que calmara esa calentura que sentía, la verdad, yo no me podía aguantar y luego, luego, me iba a jalar el pescuezo al ganso, en honor de mi madre.
Debido a la ruptura con mi padre, mi mama empezó a agarrar la adición a las cervezas, eso lo note cuando comíamos juntos, se llegaba a tomar hasta tres cervezas, eso me pareció mal. No quería meterme en sus cosas personales, pero este hecho ciertamente me preocupaba. Me preguntaba, ¿Cómo resolverlo?, yo me exprimía el coco, buscando la manera de ayudarla, sin que se sintiera herida, ni presionada ante sus sentimientos y sus penas.
Entonces me decidí a hablar con ella, le hice ver, que lo único que buscaba con eso es hacerse daño, que si pretendía hacerle daño a mi padre, estaba en un error, puesto que ya tenía otra vida hecha, seguramente no le importaba lo que ella hiciera o dejara de hacer con su vida. También el hice ver, que su persona era muy importante para mí hermanita y para mí, al decirle esto ella se soltó llorando y me dio un largo abrazo. Sentí divino tener tan cerca a mi madre y sobre todo tener pegados a mi pecho ese par de melones tan sabrosos que se cargaba, estuvimos así un largo rato muy juntos, después ella se separó, se sonrió conmigo y me prometió que ya no iba tomar más.
Paso más de un año, y durante ese año, ella no volvió tomar nada, en esa época, yo ya estaba por graduarme de oficial en el Colegio Militar, seria por el mes de agosto, cuando estábamos en los preparativos del baile de graduación. Unos días antes, yo le había mandado una invitación a mi padre, a mis tías para que asistieran a dicho jolgorio. Mi hermanita, por lo joven que era, la tuvimos que mandar con unos parientes para que la cuidaran, mientras nosotros asistíamos a dicho baile.
Llego el día del baile, mi ti Julieta iba con un guey que no conocía, yo iba con mi mama, quien, déjenme decirles iba a todo lo que daba, yo no sé, de donde saco un vestido de noche negro, pero le sentaba de maravilla, se veía despampanante a sus 40 años, recuerdo que el cabron que se llevó la noche fue mi padre, porque se le ocurrió llegar acompañado de su vieja, eso fue lo que le dio en la madre a la velada, mi madre al ver eso se puso bastante triste.
Yo me jale a mi padre aparte y le dije, que eso que le hacía a mi madre estaba muy cabron, no sin alegar mucho con él, logre que se fuera del baile, pero el mal ya estaba hecho, no sentamos en la mesa asignada para nosotros, y como ese baile era de traje, pues cada quien tenía que traer lo que se quería tomar, el guey de mi tía se discutió con una botella de tequila.
Nada más terminamos de cenar, y mi madre se empezó a aventar unos buenos tequilazos entre pecho y espalda, tantos que la botella, no duro mucho llena, ya sea por la pena o por el efecto del tequila mi madre empezó hacer demasiados desfiguros, tantos que tuvimos que retirarnos del baile muy temprano, porque mi madre, si bien no estaba completamente borracha, poco le faltaba para estarlo. Salimos, hacia bastante frio.
Afortunadamente para nosotros, el querido de mi tía traía carro, así que nos llevaron a nuestra casa, durante el trayecto, mi madre iba cantando, se notaba que estaba alegre, al menos bajo el influjo del alcohol lo estaba, quien sabe cuándo se le pasara el efecto de los tequilazos, no sabía de qué humor estaría al otro día.
Rápidamente llegamos a mi casa, vivíamos en esa época por Tlalpan, relativamente cerca de la escuela, cuando nos dejaron ahí, la verdad sentí mucha envidia y celos del cabron que andaba con mi tía, pensando que se iba a coger a mi tía, bueno y bonito, al despedirnos, ella, sin que se diera cuenta nadie, me dio un beso en la boca, diciéndome muy quedito, luego nos vemos guichito, así me decía mi madre y ella de cariño.
Continuaraaaa………………………………..

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