A la compañera de clase le encanta masturbar
Este relato sucedió cuando tenía sobre dieciséis años, en mi clase había una chica con la que me llevaba bastante bien, se llamaba Eugenia, ella era de piel blanca, media 1,65, tenía una bella cara, senos medianos, delgada, con unas esbeltas piernas, la verdad que era una de las atracciones de la clase.
Un día, el instituto organizó una excursión a Barcelona, los dos nos apuntamos, y llegada la tarde del día acordado, emprendimos el viaje en autobús, era una paliza, pues Huelva y Barcelona están en los extremos de España. Yo me senté con un amigo, un poco más atrás estaba ella con una amiga. Eugenia llevaba una falda cortita, y una camisa blanca.
El viaje iba normal, hasta que a las dos horas, Eugenia vino hacia donde yo estaba sentado, y le dijo a mi compañero que le cambiara el sitio, el cual ni se lo pensó, le encantaba la idea de estar junto a la amiga de Eugenia. Estuvimos hablando un tiempo, hasta que se fue haciendo de noche, la gente se iba durmiendo, y ya sólo quedaban unos cuantos despiertos.
Eugenia en una de esas conversaciones se me quedó mirando, y lentamente se fue acercando hacia mi cara, hasta que comenzamos a besarnos, la besaba lentamente, a ella le gustaba el ritmo, le acariciaba los pelos, le pegaba bocaditos en el cuello, esto hizo ponerse a Eugenia muy caliente, incluso emitía leves gemidos de placer. Casi todo el autobús estaba ya por esas alturas dormido.
Pasado un rato, me animé a acariciarle sus pechos, por encima de la camisa, para después introducir mi mano por debajo de su blusa y de su sujetador y tocarle sus tetas, las cuales estaban bastante duras, Eugenia seguía gimiendo, yo no paraba de morder y besar su cuello, cuando de pronto me puso su mano en mi pene y comenzó a frotármelo por encima del pantalón, mientras me decía que le encantaba, momentos después guió mi mano hacia su coñito, el cual empecé a acariciar por encima de la falda. Aislándome del mundo, y no importándome si alguien nos veía, comencé a manosear por encima del órgano de Eugenia, hasta que pasado un tiempo, ella agarró mi mano y me dijo que parase.
Yo estaba en el asiento de la ventana, y ella me dijo que había una compañera de clase mirando lo que estábamos haciendo, me quedé cortado, pero ella sin importarle mucho me echó encima de mi entrepiernas una chaqueta suya, para a continuación meter su mano dentro, y notar inmediatamente como me habría la cremallera del pantalón, y el botón de este, seguidamente me bajó el slip y agarró mi polla. A Eugenia se le veía contenta por lo que había encontrado, me decía que tenía una gran verga.
Sin demora, ella empezó a masturbarme muy despacio, ponía sus dedos en la cabeza, la frotaba y al oído me decía que le encantaba, a la vez me pedía que yo le tocara su cosita, que estaba muy cachonda. Tras un rato Eugenia aceleró la marcha, levantaba a veces incluso la chaqueta para ver mi polla, se había olvidado de la chica, incluso se agachó unas cuantas veces y rozó mi verga entre sus tetas. Eugenia cada vez iba más rápido, deseosa de hacerme correr, cambiaba de mano, para que el cansancio no le hiciera perder velocidad.
Eugenia siguió masturbándome, no aflojaba su mano, me subía y bajaba la piel de mi verga, ella observaba como me brotaba el líquido preseminal, el cual me desparramaba para lubricar bien la cabeza, por unos instantes metió la otra mano, y jugó un rato con mis testículos, mientras al oído me decía que me iba a sacar toda la leche, no me soltaba, empezó nuevamente a pajearme más fuerte que antes, sentía como la leche me hervía, sabedor de que en cualquier momento me iba a correr, se lo dije, que iba a ensuciar la chaqueta, ella respondió que no importaba, que me corriese cuando quisiera.
Ya no aguantaba más, ella además me decía al oído que me corriese, inmediatamente disparé varios chorros de leche, cayendo esta en su mano y en su chaqueta, tras esto me preguntó si me gustó, le dije que sí, Eugenia me miró fijamente, puso su mano en su boca y se tragó mi leche que había caído en ella, seguidamente me dijo que estaba muy rica.
Pasado un tiempo, como todo el mundo nos dormimos, para poder disfrutar de la excursión.
Autor: Fary
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