Al otro día era domingo, serían como las seis de la mañana, sonó el teléfono, era ella, su voz sonaba bastante alterada, me dijo que estaba bien apenada y quería hablar conmigo, yo le dije que lo pensaría, mientras decidía que hacer, si decirle a mi compadre o quedarme callado, de esto último, le di a entender, de que de ella dependía. Hablando metafóricamente, a este pescadito ya lo tenía en el sartén, nada más, decidiría como era que me la iba comer. El lunes por la mañana, me hablo de nuevo, como estaba de vacaciones, me encontró en mi casa, me dijo, que le urgía verme para hablar del asunto que teníamos pendiente, le dije, que yo le iba hablar más tarde, para decirle en donde nos veríamos, me dije, a esta clase de asuntos hay darles velocidad, si no puede abortar la misión, yo ya sabía lo que quería y lo que quería, era cogerme a mi comadre, desde hace algún tiempo le traía ganas, pero por respeto a mi compadre, no hice el intento de cogérmela, pero, ahora las cosas cambiaban, puesto que esta cabrona le había dado las nalgas al mayor, pues yo quería que me diera lo mío también,
Encamine mis pasos hacia la Av. Jalisco, llegue a un hotel que está muy chingon, que se llamaba “Ambos Mundos”, pedí una habitación, me di un baño y le hable a mi comadre, le dije, el nombre y la dirección del hotel, ella al principio se rehusó, le dije, es eso o le digo a mi compadre, despues de un rato, por fin acepto y según ella en un rato estaría conmigo. Escogí ese lugar para hablar con ella, primero, porque quería cogérmela, así, sin más, y segundo, para darle el trato que se merecía, de una puta en busca de verga, se oye mal, pero a mí, me cae mal una vieja que engaña a su marido nomás porque si, sin motivo, ya sé que es una contradicción por parte mía, pero así son las cosas.
Empezaba atardecer cuando recibí una llamada, era mi comadre que estaba en el loby del hotel, me dijo, “ya estoy aquí” yo, imperativo le pregunte ¿vas a subir o no? Me contesto, entre enojada y apenada, “caray compadre como eres”, le dije, “Máyela, tómalo o déjalo, además porque te haces de la boca chiquita, si bien sé, que te gusta andar de cabrona, porque ahorita andas con remilgos, decídete, además, que tanto es tantito, si has cogido con ese cabron, que no es nada tuyo, porque, que soy tu compadre, no tengo derecho a que me des un taquito, que tiene de malo eso”.
