Un cornudo consentido

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Mi vecina inglesa estaba deseando llegar a españa, porque sabía que aquí su marido sería un cornudo consentido (Historia real).

El relato que les voy a relatar ocurrió hace unos años, cuando me trasladé a vivir a un complejo residencial en el que había comprado una vivienda, era un complejo de 10 viviendas independientes con una zona ajardinada y piscina común. Era mi primer día allí cuando conocí a Sonia en la piscina. Era un bombón de unos cuarenta y dos años, pero que aparentaba muchos menos. Se mantenía en forma, tenía un culo y unas carnes apretadas, unas tetas de ensueño que desafiaban la ley de la gravedad, y vestía un bikini de esos minúsculos que vuelven loco a cualquier hombre que se precie, pues tapaba lo justo para que fueses más excitante y morboso.

Yo, que de sexo ando bien, pero nunca tengo bastante, comencé a mirarla mientras se bañaba. Estaba aún más preciosa en el agua. Luego salió, trasladó su toalla a mi lado y comenzamos a hablar de lo bonito que había quedado todo y lo bien que se estaba allí. A lo largo de la conversación me preguntó si en España estaba bien visto hacer top less, a lo que yo le contesté que por su puesto, que la gente era ya muy liberal. Dicho y hecho, cuando me di cuenta estaba con esas maravillosas y excitantes tetas al aire y mirándome con una sonrisa un tanto pícara. Yo no podía mirar otra cosa, tenía que girar la cabeza a otro lado para no mirarlas ¿cómo se podía levantar hacia arriba ese par de tetas, si eran inmensas?. Ella lo notó seguro, pero no pareció importarle, y a mi polla tampoco le pasaron desapercibidas, porque empezó a ponerse dura como una piedra, de tal forma, que tenía que ponerme de lado o boca abajo para intentar que no viera hasta donde llegaba mi excitación. De repente, un hombre mayor de unos 60 años se acercó a nosotros. Le dirigió unas palabras en inglés que entendí perfectamente y me di cuenta que era su marido. Seguro que él no podía satisfacer esa pedazo de hembra pensé, pero yo le daría lo que necesitaba en cuanto pudiera. Me tuve que levantar a saludarlo, ruborizándome por mi erección, pero él o no se dio cuenta o no le dio importancia. Acto seguido me invitaron a visitar su casa, a lo que yo accedí. Steve estaba bastante borracho, como todos los ingleses sólo se dedicaba a beber vino y nos ofrecía continuamente, por lo que terminamos los tres a media tarde con un pedo un poco considerable. Cuando eran las ocho de la tarde ya estaba medio dormido en el sofá con una tajada como un melón, y Sonia intentaba despertarlo. Mi excitación había ido creciendo a lo largo de la tarde, entre charla, roce con Sonia y el movimiento de sus tetas sin sujetador debajo de la blusa que se puso. Me pidió ayuda para llevarlo a la cama y entre los dos, riéndonos, rozándonos y borrachos también comenzamos la tarea. Cuando llegamos a la cama lo dejamos caer, y entonces ella se puso de rodillas y comenzó a desvestirlo (me dijo que así estaría más cómodo). Mi excitación continuó creciendo, creía que iba a reventar el bañador con mi erección. Ella le quitaba delicadamente la ropa, y para mi asombro no paró en el pantalón, sino que comenzó a bajarle el calzoncillo dejando al aire, lo que en su día tuvo que ser una gran máquina de placer. Ella la tocó suavemente y me dijo, sin parar de observar y tocar su pene con un poco de nostalgia – Cuando me casé con él, este rabo era capaz de hacerme correr diez veces en una noche.

Yo no podía más, así que me arrodillé detrás de ella y besándole el cuello la cogí de la cintura y le dije – Esta noche vas a volver a experimentarlo, no te preocupes.- Giró la cabeza y mientras con su mano seguía cogida al pene de su marido totalmente flácido, me devolvió un beso húmedo, que me gustó tanto que noté como comenzaba mi polla a segregar líquidos preliminares. La comencé a tocar las tetas, que era de lo que más ganas tenía y a restregarle mi polla contra su culo. Ella parecía estar en trance, con la polla de su marido en la mano, la otra mano en mi nuca y gimiendo como nunca había visto a nadie gemir por un simple sobe de tetas. Le volvía loca que le tocaran las tetas y yo lo hacía sin parar. Se incorporó y me

dijo que me tumbara junto a su marido, a lo que yo accedí pensando que a ese no lo despertaba ni un tren esa noche. Comenzó a tocar de nuevo las dos pollas, una con cada mano y se metió en la boca la de su marido, pareció ponerse un poco más dura, pero poca cosa, en cambio la mía estaba como una piedra y cuando se la metió en la boca, y comenzó a mamarla magistralmente, no pude resistir más y la llené de leche hasta la garganta. Emitió un gemido y levantó su mirada hacia mí. Me iba a disculpar pero ella dijo – Estabas deseándolo desde la piscina, me ha encantado. Cuando me dí cuenta estaba otra vez mamándomela y se ponía a tono otra vez. Nunca me habían echo una mamada como esa, era toda una experta, y tenía una boca dulce y cálida, pero yo ya lo que tenía ganas era de follarla y no quería volver a correrme sin querer, quería dominar la situación, así que la incorporé y besándola la puse a cuatro patas y empecé a darle desde atrás. Sus gemidos eran cada vez más fuertes, y tenía miedo a que Steve despertase, pero me daba igual, no podía desaprovechar la oportunidad de follar a una diosa como esa. Ella estaba aún más preciosa cogida desde atrás. Su culo me estaba volviendo loco, la follaba cada vez con más fuerza y ella se tocaba por delante el clítoris. Se corrió tres veces antes de que se la sacase para cambiarla de postura, y entonces pensé que en vez de cambiar de postura iba a cambiar de agujero. Le rocé su culo para lubricarlo un poco con la punta de mi polla y de una fuerte envestida se la clavé entera. Ella hizo un gesto de dolor pero a los diez segundo estaba moviendo su culo y gritando de placer. Notaba como mi leche salía de mis huevos e iba llegando a mi pene como nunca lo había notado, pareció pasar una hora hasta que por fin descargué toda mi leche en su culo mientras ella se volvía a correr como una loca. Caímos rendidos junto a su marido, y muy dulcemente ella le dio un beso en la mejilla mientras yo le apretaba mi cuerpo al suyo.

Desde entonces venimos follando habitualmente y ahora quiere conseguir que a su marido se le levante un día de verdad, para lo que me ha pedido que lo hagamos delante de él. Yo estoy un poco reacio, pero me excita la situación y creo que por Sonia, haría lo que fuera con tal de tenerla en mis brazos de nuevo. Es una Diosa.

Si queréis hacer llegar vuestros relatos no dudéis en dirigiros a mi dirección.

Autor: Nikolian2003

Nikolian2003 ( arroba ) yahoo.es

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Escrito por Marqueze

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