Esto que les voy a relatar sucedió hace muchos años. Tendría como 3 años que estábamos casados mi ex mujer y yo, y tenía como un año que habíamos entrado al mundo del swinger y del intercambio de parejas, así que eso ya no era nada nuevo en nuestras vidas.
Recién me había cambiado de adscripción, de la Ciudad de México hacia Culiacan, Sin., la tierra de mi mujer. Como había departamentos libres en la unidad habitacional exclusiva para militares, encontramos uno en una unidad, relativamente cerca de donde yo trabajaba.
Para mi mujer, no significo este cambio, ya que de inmediato entablo amistad con varias vecinas, entre ellas una me llamo la atención por que siempre estaba callada y casi no participaba en la plática de las señoras. Debo decir que una característica mía y que la aplico casi instintivamente desde que era pequeño, es la de observar a las personas y analizarlas, no sé cómo le hacía, pero me daba cuenta como era ellas y que es lo que les pasaba, así que, al ver a esta señora, pues me di cuenta que le pasaba algo.
Con el tiempo, se hizo asidua visitante a la casa, tanto así, que nada más se iba su marido, ella, venía a la casa y se estaba horas en ellas, eso me dio pie a que, entre ella y yo hubiera cierta confianza, cierto día me la encontré llorando y pues, le pregunte a mi mujer que es lo que le pasaba, ella me dijo que el marido de su amiga, la engañaba con otra y que a veces, había días que no iba a su casa.
La amiga de mi ex mujer y vecina mías se llamaba consuelo, yo de cariño y con la confianza que le tenía, le llamaba cariñosamente “chelito”, no era muy alta, a lo sumo mediría 1.69 m, era bastante bella, era güerita, tenía el pelo castaño y unos ojos grandes y bellos, su cuerpo estaba bien formado, tenia un par de tetas, no muy grandes, estrecha cintura, unas rotundas y amplias caderas y unas nalgas de ensueño, era el vivo ejemplo de cómo eran “las culiches” así les dicen a las mujeres en Culiacán, sin., “mucha nalga y poco chiche, culiche”, estaba buenísima, al pasarle el escaner sobre todo su cuerpo, hizo que involuntariamente se me parara la verga, al imaginarme, como sería tenerla en al cama, además con el plus de que era casada y eso em excitaba más.
Trate de guardar la compostura, le di a entender que yo sentía mucha pena por lo que le pasaba y hasta mencione ¿pues que pendejo es tu marido, mira que dejarte abandonada, para andar con otra vieja? Ella me miro algo molesta y me dijo “hay no le digas así” la miré y le dije “todavía lo defiendes” me di cuenta, que esta mujer, era muy fiel a su marido, pese a que este la engañaba y me imagino, como sucede muchas veces, pues no le daba lo suyo. Así que, decide llevármela a la cama, pero, tenia que tener mucho cuidado al tratar de hacerlo, porque era muy posible que me mandara a la chingada y abortara la misión.
Así que me le metí poco a poco en el ánimo, con la ayuda de mi ex mujer, a quien le dije mis planes ella, gustosa acepto, así que, todos los días platicaba con ella, como no quiere la cosa, de las cosas que hacíamos en la cama y como lo más seguro era que a ella, el pendejo de su marido solo la usara para quitarse las ganas y dejarla insatisfecha, pues, de algún modo, le íbamos a despertar la curiosidad y el deseo, por ser tratada en al cama como mi esposa. Me la volví a encontrar en la casa, me sente junto a ella, note que estaba recién bañada y olía rico, le pregunte que como se sentía, ella me contesto sin mirarme, “igual, bastante sola” y prosiguió diciendo, “yo no sé qué haría sin la amistad de ustedes” yo el dije sonriendo, “mujer no te preocupes, puedes venir cuantas veces quieras (siempre lo hacía) cuando te sientas solas” ella me dijo, siempre con la mirada baja, empezó a sollozar me miro y dijo “es que, el ya no me ve como mujer, imagínate, ya tiene semanas que no me toca y la verdad eso me deprime y me angustia, la verdad no sé cómo hacerle” y siguió llorando, la tome en mis brazos y la abrace para consolarla, así pude oler el suave perfume se sus cabellos y sentir su cuerpo firme y joven pegado al mío, la sensación era riquísima, tenia yo ahí, pegada a mi una mujer hermosa con un cuerpo hermosa, llorando en mi hombro, porque su pinche marido no cumplía con su obligación marital.
Muy a pesar mío la separe de mí, le dije, con todo el respeto que te mereces “oye, pero tu eres una mujer muy bella y con tus atributos sería muy fácil tener una amante” ella me miro perpleja y me dijo “pero que cosas dices, de ninguna manera voy a engañar a mi marido, ni me lo digas” me dije por dentro, pues chingate, yo, tratando de remediar las cosas le dije, “discúlpame, es que no se me ocurrió otra cosa, más que esa pendejada” mi mujer, salió al quite, desde lejos la llamo y se fue con ella a la cocina.

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