Acudí a su llamado, vestido con un pantaloncillo corto y una camiseta, vestía así, porque ya estaba durmiendo, toque la puerta y me di cuenta que estaba abierta, la habitación estaba en penumbra, apenas podía ver su silueta, ella me dijo, “cierra la puerta y pasa”, pues pase, cuando estaba adentro, ella prendió la luz y ella estaba ahí parada, vistiendo un pequeña bata casi transparente que le llegaba poco antes de las rodillas, ella abrió la bata, me di cuenta que estaba desnuda, que ricas tetas tenia y una vagina hermosamente depilada, tal como a mi me gustaba, yo hubiera saltado sobre ella, pero preferí que ella tomara la iniciativa, me dijo “ven, ¿Qué, acaso no te gusta lo que vez?”, le dije, “si señora, me encanta”, me dijo, ¿entonces que esperas para hacerme feliz? Y me extendió las manos, al tomarla en mis brazos, recorrió una descarga eléctrica por mi espalda, que me provoco una fuerte erección, nos empezamos a besar como locos, ella me sentó en el borde de la cama, se hinco, tomo mi verga y me la empezó a mamar bien rico, me beso las bolas, la recorrió con su lengua, de la raíz hasta la gruesa cabeza y luego se la metió en la boca hasta la mitad, se notaba que la señora estaba bien caliente y eso era, porque me imaginaba, que su marido no le daba suficiente verga, es comprensible, muchos jefes, no van a su casa, tan solo para cuidar su cargo y por ese motivo descuidan a sus mujeres.
Y lo que son las cosas, mi comandante me decía «A una mujer se le acaricia primero, suave, sin prisas, se le maman las tetas, se besan los hombros, el cuello, el lóbulo de las orejas, deja que tus dedos recorran cada parte de su piel, cuando llegues a su vagina, aspira profundo el olor de una mujer caliente deseosa de verga, y entonces hunde tu lengua entre sus labios vaginales, primero despacio, después has más firmes las arremetidas entre ellos». Y yo pues, le aplique tan sabio consejo a su mujer.
Dejo de mamarme la verga y se subió sobre mi y nos empezamos a besar como locos, mis manos la tomaron de sus nalgas, las sobe, las apretujé, se sentían duras y grandes, le empecé a sobar su pepita desde atrás, después mi dedo paso por en medio de su nalgas y le sobe muy sutilmente el ano, al sentir mi dedo ahí, instintivamente apretó sus nalgas.
La tendí en la cama, le bese el cuello, le lamí alrededor de sus pezones y después le mame sus ricas tetas, despacio y con fuerza al mismo tiempo, mientras eso ocurría, mis manos acariciaban sus caderas, los costados de sus piernas, baje a su vientre, metí mi lengua en su ombligo, allí me detuve, estábamos tan calientes los dos, metí mi cabeza en su entrepierna y sentí sus labios en mi boca, ella se movió con intensidad, tomó mi cabeza entre sus manos y la empujó hacia su vagina, luego levanto sus piernas y me las puso en los hombros, enseguida, me volví a ocupar de su conchita, inicie un lento, pero exquisito movimiento de mi lengua a lo largo de su vagina, me entretenía succionando su clítoris y le daba pequeños mordiscos alrededor de su vagina, ella estaba empapada por sus jugos y se retorcía como loca a cada embate de mi lengua, doña Rita estaba bien caliente, ya estaba en su punto para recibir una buena ración de verga,
Después de la tremenda mamada que le di, ella pedía a gritos que se la metiera toda, le hice caso, yo estaba a punto, así que la puse en cuatro patas, la tome de la cintura y la jale hacia a mí, para que parara más sus nalgas, puse la cabeza de mi verga en la entrada de su vagina, cuando se la iba meter toda, ella me detuvo, diciéndome, no te muevas, se le escapó un suspiro, deja que yo me la clave, dio una embestida hacia atrás y se la enterró todita, por poco me vengo, pero me aguanté y empezamos el mete y saca.
En algún momento, se detuvo, se desengancho y se dio la vuelta, nos besamos y me dijo que me acostara, me deje caer en la cama, ella se sentó sobre mi viendo hacia mis pies, agarro mi verga y se la coloco en la entrada de su vagina y de un sentón se la trago todita. Era rico como se movía, ambos empezamos a movernos, ella en movimientos circulares y yo de abajo para arriba, introduciéndole mi verga a cada sentón que ella se daba, le abri las nalgas para ver cómo se la tragaba, que rico se veía como entraba y salía de su vagina.
La escuché gemir y ponerse flojita, se había venido de nuevo, tuvo dos orgasmos más, me seguí moviendo de abajo hacia arriba, ya no me pude aguantar más y me vine en ella profundamente, le pedí que se siguiera moviendo mientras me venía, ella lo hizo espléndidamente, veía como se tragaba mi verga en rápidos sentones, la verdad me hizo aullar de placer, despues se acostó a un lado de mi, toda desmadejada, cuando se recuperó, me dijo que me fuera, yo me quería quedar, pero ella no quiso, al otro día regresamos a la Ciudad de México, cuando llegamos a su casa, me dijo imperativamente, “de lo que paso anoche no quiero que diga nada y obviamente, lo que hicimos no volverá a suceder” ¿quedo claro?
No había nada que decir, todo estaba claro, la señora me uso para vengarse de su marido o para que le diera mantenimiento, la verdad disfrute mucho habérmela cogido, se notaba, que su marido la tenía muy abandonada, cuando me la estaba cogiendo, sentí el dulce sabor del fruto prohibido, que solo unos cuantos puede disfrutar.
Como a los dos meses me cambiaron de batallón y les perdí la huella, años despues, me la encontré, todavía estaba muy guapa, a pesar de ser una persona mayor, la saludé con afecto, ya que, con ella probé por primera vez el fruto prohibido y me gusto. Sigo saboreándolo, ya que por ahí hay muchas mujeres que son menospreciadas por sus maridos y que no les dan, lo que encuentran en un amante, dinero, amor y una buena ración de verga, ellas buscan lo que sus maridos no les dan. Ahí esta la clave, de que uno se lleve a la cama a las señoras casadas u esa es la razón de mi éxito.

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