Una puta inesperada

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Quisiera comenzar diciendo que este relato es completamente real y que ningún hecho ha sido cambiado, sólo los nombres de los personajes (a excepción del mío) son diferentes.

En ese tiempo, yo era muy joven y vivía con mi padre, pues él lleva divorciado de mi madre mucho tiempo y jamás me he llevado muy bien con ella. Los dos vivíamos en un buen departamento en la Ciudad de México. Y recuerdo que estudiaba en lugar llamado Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Sur; y es desde ahí, donde mi vida sexual comienza a dar sus primeros pasos.

Quizá, mis experiencias no sean muy interesantes para los lectores, sin embargo espero poder corresponder, de alguna manera, con algo de lo que esta página me ha dejado.

Soy de estatura media (1.77), complexión delgada y la mayoría me dice que soy el doble de Lex Luthor (smallville), ya que por lo regular ando pelón. Era un novato en la preparatoria.

Y fue ahí donde conocí a una mujer que cambiaría muchas cosas en mi vida. Su nombre era Gabriela. Una mujer muy atractiva. 1.60, un poco gordita, pero no en exceso, pechos grandes (115), nalgas firmes y redondas y una cara de niña pícara que pocas mujeres gozan.

La conocí la primera semana de mi ingreso. Lo recuerdo muy bien. Estaba con mis amigos y era media tarde. Teníamos una clase libre y nos restaban 2 horas de ocio que decidimos malgastar con cervezas y mota.

El tiempo siguió su curso y perdimos su noción, pues estábamos pasando un buen rato. De la misma manera el alcohol hizo sus efectos en nuestros jóvenes cuerpos y terminamos inmersos en una de las mejores borracheras de mi vida. Perdimos una clase y nos quedamos intentando conquistar a compañeras de nuestro salón en un lugar llamado “el camino”, donde la mayor parte de los estudiantes frecuenta para drogarse o tomar. Desgraciadamente el alcohol fue más en mi candidata y tuvo que ir al baño después de vomitar muy cerca de mí. Al quedar sólo, comencé a tomar un poco más, cuando una figura femenina se acercó a mí. Era Gabriela. Se sentó junto a mí y me preguntó mi nombre.

– ¿Cómo te llamas?
– Pablo – respondí medio pedo. – ¿Tú cómo te llamas?
– Gabriela, pero la mayoría me dice Ga.
– Ah órale… a mi me dicen Lex o Cold Play. Y en que semestre v…
– La neta me gustas un buen niño, estas muy guapo…

Después de que me interrumpió al decirme eso me quedé helado. Yo no tenía mucha experiencia con las mujeres y ellas nunca habían sido tan directas conmigo, pero la cosa no acabaría ahí, ya que lo que me dijo en hizo enseguida de aquella declaración me impactó de una manera mayor.

– …y quiero que me cojas, si quieres aquí, no me importa, sólo quiero tener sexo contigo.

Y sin más miramientos me besó y colocó una de mis manos en sus pechos. ¡Oh, qué sensación! Era la primera vez que tocaba uno y vaya que fue uno. Ella no llevaba bra y se sentía tan suave, pero era tan grande que mi mano no lo abarcaba por completo. Pero, dada mi inexperiencia no tuve tiempo de disfrutarlo y me retire de ella y de su pecho.

En el camino de regreso a mi casa, mi mente no dejaba de darle vueltas al asunto. Después de apartarme de ella, le espeté que ni la conocía y que cómo podía querer que yo le agarrara un pecho. Ella me sonrió con esa cara de niña pícara y me dijo que desde que entre el primer día me había visto y quería conmigo, pero que ella no era una persona normal, que tenía gustos diferentes. Me dijo que tenía 2 años más que un servidor, estaba en 5° semestre y también vivía con su papá. Después de hablar algunas cosas de cajón, me dijo que si no me la quería coger, que estaba muy caliente y que quería sexo.

Yo no sabía qué hacer. Mis padres siempre me habían inculcado buenos valores y, bueno, digamos que estaba educado “a la antigua”. Conocerse primero, ir poco a poco, despacio para disfrutarlo todo. Además era un neófito en cuanto a las mujeres y al sexo y no tenía idea de cómo satisfacer a una mujer, sólo sabía que tenía que meter y sacar mi verga de la vagina de la mujer y punto final. Era un niño y… hombre, al fin y al cabo, sin embargo, esta mujer se encargaría de cambiar muchas cosas.

Honestamente, me atrajo esta mujer desde que me besó. Pero esto era muy pronto para mí y aunque deseaba, como todo adolescente, conocer todo lo relacionado con el sexo, algo me detenía.
Le dije que ni siquiera la conocía, que no sabía casi nada sobre ella y que además era virgen y no sabía mucho sobre sexo. Ella me contestó que eso a ella no le importaba, que ella había visto algo en mí y quería coger conmigo. Me dijo que yo podía usarla cuando yo quisiera, cuando quisiera y que la podía manosear cuando yo quisiera, que era el único que lo podía hacer. “Piénsalo”, me dijo y se fue con sus amigos.

Durante los 2 meses siguientes cada día ella me acosaba y buscaba cualquier oportunidad para estar conmigo e insinuarse. Gabriela, era una mujer muy deseada y, si mis recuerdos no me fallan, tuve problemas con diferentes grandulones que la pretendían, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión. Yo, me dividía en dos. En primer lugar estaba toda mi educación y formación. Pero por otro lado estaba mi instinto y mis deseos. Quería con toda mi alma meterme a la cama con esa mujer, pero a la vez me daba miedo (porque no sabía nada sobre sexo y me aterraban un sinfín de cuestiones como la resistencia, el tamaño de mi verga y mi capacidad para devolver el placer) y daba por sentado que era incorrecto.

Así que después de mucho pensar encontré una “solución” para mi dilema: me convertiría en su novio. Claro, tendría que tardarme en llegar al sexo con ella, pero tenía que calmar a mi “conciencia”. Me decidí a hablar con ella. Fue un lunes, a primera hora. La esperé en mi salón (ya que siempre venía a buscarme) y en lugar de tomar clase, le dije que quería hablar con ella y que mejor nos fuéramos a otro lado.

– ¿Ya por fin te vas a aplicar con esta señorita? Porque ya me estoy impacientando y si no te aplicas, te voy a mandar a la verga uno de estos días, eh? – me dijo con esa cara de pícara que tanto me gustaba.
– Mira, la neta, no estoy de acuerdo con muchas cosas de las que piensas, pero honestamente quisiera formar una relación contigo…
– ¡Ay, qué lindo! – dijo – te me estas declarando…
– Arruinas mi romanticismo…
– ¡Eres único, lex! Si hubiera sido otro wey, ya lo hubiera mandado a la goma
– ¿Por qué?
– Porque a mí no me gusta mucho eso del romanticismo y las cursilerías, pero tú lograste algo que nadie. Pero, ¿Qué hay del sexo?
– Chale, siento que solo me quieres utilizar… – dije riendo – pero sí, en algún punto tenemos que llegar al sexo…
– Ay amor, dilo bien, hasta casi siento que dices “vamos a hacer el amor” – hizo una mueca como de vomitar y sentenció – dime que me quieres coger, es más sexy. A las mujeres no nos gusta esa frase, créeme. Yo no me voy a espantar, al contrario, me gustan más las palabras, por así decirlo, fuertes… me excitan más…
– Bueno, si hacemos eso, tiene que ser a mi manera…
– ¿Cómo a tu manera? – me interrumpió
– Ya me conoces. Mira, como ya te habrás dado cuenta en estos meses, soy un tipo a los 50´s y pues voy lento… además hay muchas cosas que no sé y además, quizá a la hora de la hora, no cumpla tus expectativas y me siento raro con toda esta exclusividad tuya hacia mí.
– ¿De qué tienes miedo cabrón? – me dijo y me acaricio la cara y acercó su cara a la mía. – Me calientas de solo verte y estoy segura de que no solo a mí. Me cae que si yo fuera tú, ya me hubiera cogido a media escuela. ¿No te das cuenta de que hay un chingo de viejas que se mueren por ti?
– ¿Eso qué tiene que ver con lo que te estoy diciendo? – respondí confundido.
– Jajaja, ay mi Lex, eres muy inocente todavía… tons que, pa cuando?
– Pues ya nos conocemos y en este rato que llevamos conviviendo y “conbebiendo”, me agrada tu manera de ser… eres algo loca… pero me gus…
– Uhmm, no te imaginas cuan loca estoy ni cuan perversa soy…
– ¡Ya deja de interrumpirme! – le espeté, pero pareció divertirle
– Así me gusta, chingao, con decisión y mano dura… – se rió y dijo. – Prometo ya no interrumpir.
– Ok. Mira me estas empezando a gustar, y en honor a la verdad me atraes mucho físicamente. Eres una mujer muy bella y… si, la neta me gustaría cogerte, pero poco a poco, con el tiempo, o.k. ?
– ¿Puedo hablar? – levantó la mano, pero su semblante era más serio cuando me hizo una nueva propuesta. – No estoy tan de acuerdo. Mira sólo te pido una cosa: dame solo un fin de semana. Un fin de semana y te prometo que te voy a hacer llegar al cielo. ¿Qué me dices? Sólo un fin de semana y si no te gusta te prometo que te dejo en paz.
– ¿Cómo que un fin de…

Y después de interrumpirme me plantó un beso. Justo como aquella vez que nos conocimos. Pero esta vez fue diferente. Por alguna razón con ese beso, sin hacer nada, me empalmé de inmediato. Era la primera vez que una mujer me besaba y me excitaba tan rápido. De pronto noté como una de sus manos subía rápido por mi rodilla y tocó mi verga por encima del pantalón. En otro momento la hubiera detenido, pero la impresión que había causado en mi con ese riquísimo beso de lengua pudo más que mi mente y no puse objeción a sus caricias que me estaban dando un goce que nunca había experimentado. Una cosa es masturbarse, pero una muy diferente a que una mano te toque… y vaya que esa mano sabía cómo tocar. De un instante a otro los besos eran más apasionados y cuando mi mente estaba cediendo a mi entrepierna ella se despegó de mí, pero sin retirar la mano de mi verga y me dijo:

– ¿No que no wey?
– …
– Jajaja, si todos los putos hombres son iguales y por eso me encantan, por cabrones. – la intenté volver a besar, pero me detuvo. – No cabrón, primero dime si me das un fin o nel.
– ¿Cuándo estas libre?

Nuevamente mi cabeza era un mar de confusión y pensamientos extraños. De alguna manera, en ese fin de semana iba a perder mi virginidad y no sabía cómo había llegado a esa situación. Comenzaba a entender cuando algunos amigos mayores decían que la calentura es muy fuerte, incluso más que la razón.

Mi padre viaja muy seguido por su trabajo y desde que vivo con él, es común que se ausente algunos días, incluso semanas. Él se enorgullecía de mi “madurez” y comportamiento, pues desde hacía un año que realizaba sus viajes de trabajo y jamás había sucedido nada que le enojara. Se iba, me dejaba dinero y yo hacía las compras de ser necesario y cuidaba la casa. Nunca hice nada indebido, ni fiestas ni nada por el estilo. A lo mucho, invitaba a vecinos o amigos a jugar Xbox o a dormir si lo necesitaban, pero no le molestó.

Y por esas cosas del destino, ese fin de semana mi padre se iba a Veracruz y regresaba hasta el miércoles siguiente. Todo fue tan normal como siempre. Se fue el viernes por la mañana y me dejo 5 mil pesos en el desayunador y me dijo que los administrara bien. Así que lo planeé todo. Gracias a que mi horario de escuela era vespertino (por gusto, ya que soy medio matado, pero no me gustó el ambiente que prometía el turno matutino) arreglé el depa lo mejor que pude y esperé a que Ga llegara.

Me sorprendió su actitud y disposición. Ese lunes, después de que le preguntara que fin de semana estaba libre me tomó de la mano y me llevó a un lugar al que todos en el CCH le decían el “revolcadero”. Era un lugar un poco escondido entre el estacionamiento de estudiantes y unos laboratorios. Cubierto de arboles y con mucho pasto, era el lugar predilecto para darse un palito rápido o tener un buen faje. Así que Ga me llevó ahí, pero hizo algo que me dejó atónito. Me recosté en el pasto y ella se colocó arriba de mí, pero justo cuando me incorporaba para volverla a besar, me volvió a tumbar y se quitó la playera quedándose en bra.Había algunas parejas ahí, pero al parecer, casi nadie se dio cuenta de eso, a excepción de algunos weyes que estaban ahí, pero que se llevaron un regaño de sus viejas. Era la primera vez que veía a una mujer semidesnuda tan cerca de mí. Solo había visto porno, pero esto era diferente. Más excitante.

– ¿Y qué estás esperando wey? Son tuyas, haz lo que quieras con ellas. – pero al ver que me quedé paralizado, me volvió a decir. – Eres un ángel lex, eres el primer hombre que conozco que no se abalanza sobre mí al tener la vista de mis tetas. Otros ya me estarían cogiendo. Y aunque me agrada que me respetes, no me gusta. No me respetes wey, que te valga madre todo y tócame, estrújame. Lo que se te ocurra y no sólo ahorita, si no cuando quieras. Ya te lo había dicho. No me importa si hay gente o no. Soy tuya.

Tomó mis manos y las llevó a sus tetas y las movió en círculos. ¡Oh que rica sensación! Ahora no iba a quitar mis manos de ahí, no señor. Era, a mi entender, el primer faje en toda regla de mi vida y aunque por mi mente pasaban muchas cosas, decidí dejarme ir y disfrutarlo. Se inclinó y mientras me volvía a besar colocó sus manos en sus nalgas. Fue el mejor faje de mi vida. Le toqué todo el cuerpo y ella me masturbó de una manera deliciosa. Me besó el cuello, me mordió la oreja y metió su lengua en ella. Pero lo que más me impacto, pero me excitó, fue que cuando llegue al orgasmo ella trató de recoger todo lo que pudo de mi semen, se lo llevó a la boca y lo saboreo para después tragárselo. Pensé que a las mujeres les daba asco, pero al parecer a ella le gustaba. Me dijo que tenía un sabor diferente a otros que había probado y que le había gustado.

Después de eso, nos quedamos hablando. Fue algo, especial. Ella había generado en mí mucha confianza y le confesé mis miedos. Le dije que me daba miedo no llegar a satisfacerla y que me preocupaba que mi verga no fuera lo suficientemente grande, que sentía que era torpe. Ella fue honesta y me dijo que si era un poco torpe, pero que para no tener mucha experiencia, había disfrutado el faje y que se había venido. Que mi verga, tal vez no fuera tan grande, pero que podía estar orgulloso de su tamaño y grosor (18 cm de largo y aprox 3 ½ dedos de grosor… no se a cuanto equivalga…) y también me dijo que ella me enseñaría muchas cosas.

Fue desde ese momento que decidí que quería perder mi virginidad con ella y desde el instante en que mi padre me avisó que saldría de viaje, corrí a telefonearle y avisarle que si quería podía ser en mi casa, a lo cual accedió. Mis nervios no paraban. Quizá estaba comenzándome a enamorar de una vieja loca, pero daba igual. Mi verga y ahora también mi cabeza (a pesar de que le había dicho lo contrario hace unos días) habían tomado una decisión. COGER.

Ga llegó a eso de las 11 de la mañana. Se había vestido con un pantalón blanco muy ajustado y se le marcaba una tanga negra. Traía una boina azul marino, el cabello suelto sobre su hermosa piel morena y una camisa blanca que transparentaba un bra también negro. Cargaba su mochila azul y en sus orejas tenía unos hermosos aretes de pluma de pájaro, también azules. Me saludo con un rico beso de lengua y me agarro el paquete. Le enseñé la casa y ella me dijo que era todo un burgués. Cuando estábamos en mi cuarto rodeé su cintura por detrás y le besé el cuello. Estaba nuevamente empalmado y pegué mi verga erecta a su trasero. Se rió y movió una de mis manos hacía sus tetas, mientras la otra la dirigía a su coño. Pero desgraciadamente ese pequeño faje no duró mucho. Se separó de mí y me dijo muy seria que quería hablar conmigo. Me sorprendió su actitud, pues siempre anda feliz, y conmigo siempre coquetea y tiene esa actitud pícara. Ahora estaba muy seria. Se sentó en el sofá y puso sus cartas sobre la mesa.

– Mira Lex, hay algo que tengo que decirte antes de que empecemos. Si no estás de acuerdo, me lo puedes decir y la cosa queda aquí, sólo te pido que lo que te cuente ahorita no se lo vayas a decir a nadie, ok.?
– Claro Ga, dime
– Sé que es tu primera vez, pero yo no quiero perder ningún momento contigo. La neta me gustas mucho y por tu forma de ser me encariñé mucho contigo y por lo visto tú también. Pero a mí me gusta un el sexo de una manera diferente a la convencional. A mí me gusta el dolor, la humillación, lo sádico, el fisting… es decir, el sexo extremo. No me malinterpretes, creo en el amor y el sexo con amor, pero la mayoría de las veces no me satisface. Y aunque te quiero, mi deseo por ti es más. Si vas a coger conmigo, quiero que no te midas, quiero que hagas lo que quieras conmigo. Quiero que me maltrates, que me pegues, que me humilles, que me hagas sufrir, que me hagas llorar, que me lastimes. Si me quieres y sientes algo por mí, se que lo vas a hacer. Tú tienes algo niño y tienes algo muy carbón. Te lo digo en serio, eres la a la primer persona a la que le confieso todo esto y agradecería que no lo divulgaras. Te quiero mucho y precisamente por ese amor que te tengo quiero ser tu esclava, quiero ser tu puta. Te prometo que si aceptas todo esto yo te enseño a ser el mejor amante del mundo. Además haría todo lo que tú quisieras. Y me refiero a TODO. – se hizo un silencio y después de un poco de tiempo me pregunto. – Entonces…

Me quedé pasmado. En mi vida había escuchado tal paradoja. No entendí en ese momento, ni en los meses siguientes. Amor y humillación. Felicidad y sadismo. Placer y dolor. Jamás pensé que estos términos fueran de la mano, y aunque no lo entendí al momento, lo entiendo ahora.

– ¿Qué pinche pedo te cargas? – le dije después de un rato de quedarme callado
– Lex… – comenzó a decirme con la cabeza baja y con ojos llorosos, pero ahora fui yo el que la interrumpió.
– ¿Cómo puedes pedirme algo así? Sabía que querías sexo conmigo y yo quería hacerte feliz, pero pegarte… ¿cómo es que…? Es decir… ¿qué pinche pedo Gabriela? Yo había planeado algo diferente y me vienes con esto. ¡No mames!
– ¡Te estoy confiando algo muy íntimo cabrón! – me gritó
– Sí, pero no mames Gabriela, haces que me enamore de ti y me sales con estas mamadas…
– Enamo…
– Si… – no lo podía creer, se lo había dicho… – y quería perder mi virginidad contigo, pero es que esto es mucho para asimilarlo de golpe… ¿Cómo podría hacerte daño?… ¡Estás bien pendeja!
– ¿Qué pedo contigo cabrón? Pensé que podía confiar en ti…

Era la primera vez que la veía llorar. Se levantó agarró su mochila y cuando estaba por irse recapacite y algo en mi cambió radicalmente. No la quería perder y haría casi cualquier cosa por estar con ella.

– Perdon… me exalte un poco. No te vayas todavía. Quédate, por favor.
– ¡Y para que me quedo! ¿Para qué me digas lo loca que estoy o cuán retorcida esta mi mente? No gracias. Mejor ve a chingar a tu madre y yo sigo con mi vida.
– Vamos Ga, vamos a hablar. Prometo no juzgarte.
– ¡Lo acabas de hacer wey!
– Anda Ga, si te quedas prometo darte unas nalgaditas – me acerqué a ella, limpié sus lágrimas y la besé.

Aunque seguía llorando se rió y correspondió el beso. Nos sentamos en el sofá y hablamos durante una hora. Ella me trataba de convencer de que esto del sado me gustaría. Pero yo no concebía la idea de dañarla físicamente y mucho menos psicológicamente. Pero después de mucho discutir y algunos besos que hicieron que me empalmara de nuevo, le dije que sí. Que haría lo que ella quisiera.

– ¿Es en serio lex?
– Supongo que sí. Pero no estoy muy seguro de que hacer. Sólo he visto una peli porno de sado, pero no era tan fuerte como lo que tú me dices. No sé qué hacer… bueno, no sé qué hacerte.
– ¡Wow! Sabía que tú tenías algo. Eres especial. Mira primero tienes que entender que yo soy tuya. Puedes hacer lo que se te antoje con mi cuerpo. Lo que sea. Soy tu esclava. Después tienes que ver por tu propio placer, no el mío. ¿Entiendes?
– Sí.
– A ver si es cierto… Dame una cachetada.
– ¿Qué?
– Una cachetada, directo en mi mejilla y bien fuerte. En serio no te midas. Dámela lo más fuerte que puedas.
– Pero…
– Lex, vamos, inténtalo al menos.

Por supuesto no se la di tan fuerte. Pero se molestó por eso y me dijo que se la diera lo más fuerte que pudiera, que parecía vieja si le pegaba de esa manera. Le propine otra un poco más fuerte, pero para ella aún no era suficiente. Me grito que le pegara sin miedo, como un hombre y a la tercera vez le solté un madraso con todas mis fuerzas. La fuerza fue tal que la tiré del sofá y cayó directo al suelo. No sé qué pasó, pero honestamente me excité mucho al pegarle. ¿Me estaría gustando esto?

– ¡Así chinga! – dijo entusiasmada mientras se tallaba la cara del dolor – Muy bien. Ahora dame una orden.
– ¿Cómo que una orden?
– Lo que sea. Cualquier cosa que quieras que haga.
– Quítate todo, menos la ropa interior. – dije después de sonreír.

No lo podía creer. Tenía a una vieja de catálogo por desnudarse en frente de mí y no sólo eso, quería ser mi esclava, estaba enamorada de ella y, por inverosímil que me pareciera, me excitaba y me estaba agradando maltratarla y tener el control.

No sé si fue lo morboso de la situación o porque en verdad quería experimentar todo lo sado, pero yo me desnudé. Algo había cambiado en mí, algo escondido tomó el control de mis acciones y me hizo vivir una primera vez que nunca olvidaría. Una primera vez que disfruté e hice disfrutar. Mi primera vez.

¡Por Dios, vaya que tenía un cuerpazo! ¡Qué tetas! ¡Qué culo! Le dije que se arrodillara y me la mamara. Obedeció y comenzó con su labor. ¡Puta madre, que boca, chinga! Era mi primera mamada y estaba viendo a los ángeles. Su lengua y sus labios comenzaban a hacerme soltar algunos gemidos. Tome su cabeza y la empecé a mover. Estaba muy excitado. Cada vez la movía más fuerte. Parecía que me la estaba cogiendo por la boca, hasta que en un momento se la tragó toda, por completo. ¡Wow! ¡Qué delicia! Pero no paré, a pesar de que escuchaba que tosía mucho y el sonido que hacía al moverme así, era extraño. No entiendo porque, pero ahora me valía madre si la lastimaba o no. Quería disfrutar de lo delicioso que se sentía eso. Y seguí con mi frenético mete y saca en su boca por unos 20 min, hasta que no aguanté más y me corrí en su boca y en su cara. ¡Qué pinche orgasmo, caray! Casi me caigo. Se me nubló la vista y tropecé. Así que me dejé caer en el sofá, pero seguía saliendo semen de mi verga y cayó en el sillón. Me preocupé, porque alguna vez me dijeron que el semen no es lavable. Y se me prendió el foco: ahora tenía esclava. ¡Una esclava para mí solo y haría cualquier cosa que le dijera! No me lo podía creer. Quise probar si en realidad haría lo que yo le pidiera, así que le dije que me limpiara muy bien mi verga, que iba perdiendo su tamaño y grosor y que limpiara muy bien el sofá, con la lengua. No se lo dije ni dos veces, porque ya estaba besando y succionando mi verga para después hacer lo mismo con el sofá. No lo podía creer. Había un mar de confusión en mi mente. La chava con la que estaba era alguien a quien yo apreciaba, pero la estaba tratando como a una perra y me gustaba tratarla así. ¿Debería parar? ¿Debería seguir?

– Ahora, quiero que vayas al baño te desnudes y te metas en la regadera por 5 minutos.
– Aprendes rápido.
– Una cosa más, el agua tiene que ser fría.

Sonrió, se levantó y se dirigió al baño. La seguí, pero en el pasillo la detuve, pues al ver la vista de ese hermoso culo quise hacer algo que se me ocurrió y pensé que le agradaría.

– Alto ahí. – Se detuvo y al instante siguiente le solté una fuertísima nalgada.
– ¡Ay!

Una, dos, tres, cuatro y cinco veces la azoté con mi mano. ¡Qué pinche excitación! La neta, me gustó un chingo nalguearla. Disfrutaba nalgueando a una mujer por la que tenía fuertes sentimientos.

Le dije que continuara. Y caminó sin decir nada. Entró al baño, corrió la puerta de la regadera y comenzó a quitarse el bra. Vaya que tenía unas tetas grandísimas. Mientras admiraba ese par me senté en el wáter con la verga de nuevo parada y masturbándome lentamente. Ella se estaba bajando la tanga cuando le dije que lo hiciera de espaldas a mí. Se dio la vuelta y cuando se empinó le dije que se quedara en esa posición. Una vez más, tenía ese soberbio culo a mi merced. Podía azotarlo las veces que quisiera. Si ella quería que la lastimara, pues entonces la iba a lastimar. Estaba demasiado excitado. Mis dudas iban cediendo así que la iba a azotar tanto como yo quisiera. Se me ocurrió también probar torturarle las tetas, y ver hasta cuanto podía aguantar, pero por ahora estaba su culo. Se quedó quieta empinada, mostrándome su coño bien depilado y su culo. Me levanté y le solté otra nalgada. ¡Uf, como me calienta azotar culos y oír los gritos! Le solté otras tres nalgadas. Su culo ya estaba algo rojo. Le dije que siguiera con mi orden, pero que cada vez que se saliera del chorro de agua serían 15 nalgadas. Abrió la llave fría y dudó. Le aticé el culo y le espeté que si no se metía la seguiría azotando. Y se metió en el chorro de agua fría, pero al momento, se salió. “Van 15” le dije. Tomó valor y aire y se volvió a meter en el chorro. Esta vez aguantó un poco más, pero salió al poco tiempo. “Ya van 30”. Esta vez tardó más en volverse a meter en el chorro de agua así que recibió cinco buenas nalgadas que disfruté. Se metió nuevamente en el chorro y esta vez duró más tiempo, pero ya tiritaba. Su frío fue más y volvió a salir del chorro. “45” y cuatro nalgadas más antes de meterse de nuevo al chorro y al fin pudo estar bajo el chorro el tiempo que le ordené. Cerré la llave y le dije que regresara otra vez a la sala. Me preguntó si podía secarse y le dije que no. Caminó resignada mientras todo su cuerpo se movía, por el temblor que le provocaba el frío. Se quedó parada en medio de la sala. Me senté en el sofá con la verga a punto de explotar de la excitación de estar viviendo una verdadera peli porno.

Y ese era el momento que tanto había esperado. Iba a perder mi virginidad en unos instantes. Le dije que no sabía cómo hacerlo, así que ella hiciera todo. “Siéntate sobre mí” le ordené. Me miró con cara de pícara y temblando de frío se sentó sobre mí. Poco a poco mi verga fue entrando en su vagina hasta que sentí mis huevos en sus nalgas. ¡WOW, WOW, WOW! Me sentí extasiado y casi me vengo, pero quería disfrutar un poco más. Le dije que me cabalgara y comenzó a subir y a bajar rápidamente sobre mí. Mis manos se fueron a sus tetas, las cuales apreté como quise. Suave, fuerte. Pero me impresionó que sus pezones fueran tan pequeños, pues tenía un par de chichotas… Estaba en la gloria. Una mujer cabalgando sobre mí gimiendo como una loca y yo masajeando y pellizcando unas tetas de ensueño. No sé cuánto tiempo pasó de gemidos y pellizcos (ella me dijo que fueron como 30 min) pero no aguanté más y me corrí con un gran grito. ¡OHHHHH, QUE EXTASIS! Una vez más se me nubló la vista y sentí que la vida se me iba. Que cogida por Dios. No supe si ella se corrió o si lo disfrutó (por los gemidos, supuse que sí), pero vaya que yo si había gozado mi primera vez. Ella cayó rendida en mi regazo, jadeando y me dijo al oído con la voz más sexy que yo pueda haber escuchado. “Pinche Lex, para ser tu primera vez, estuvo bien rico cabrón. Ahora déjame limpiarte bien ese glorioso pedazo de carne que me hizo disfrutar”. Se bajó de mi y engulló mi pito que comenzaba a tomar su tamaño normal. No le importo y dejó muy limpio todo. Me volteo a ver y me sonrió. ¡Qué pícara se veía! Se levantó, se dio media vuelta y se empino y me dijo: “45, pero si tu quieres, pueden ser los que quieras”.

Lo que siguió en ese fin de semana es otra historia, pero espero poder contarla en otra ocasión, ya que depende de sus votos, valoraciones e índice de lecturas. Espero les haya gustado.

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Escrito por Peib

Un tipo normal, con gustos... diferentes...

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