Doña Yolanda

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Sexo con maduras. Mi gerontofilia empezó a los 18 años cuando en mis vacaciones acompañé a mi amigo Juan a ver a su abuela. A esa edad solo conocía la Manuela y me calentaba cualquier mujer.

Dña. Yolanda era una abuela maciza y canosa de unos 65 años, de pelo canoso con moño que le daba cierto aire de española. Mientras conversábamos le observé las tetas a través del escote notando los pezones en la delgada blusa. – Venga mas seguido a verme – fue su invitación cuando me despedí. Y al otro día volví solo lo que su hija aprovechó para salir de compras.

Estaba mas escotada que el día anterior y cuando me pilló mirándole los senos, me preguntó si se le veía mucho. – Hasta ahí abuela – y le toqué una teta a la mitad. ¿Y algo mas se me nota m”hijito? preguntó ¡Esos bultitos abuela¡ y le toqué los pezones. Ella tiritó y vi que los pezones se agrandaban aún mas. Como nada dijo, se los seguí tocando hasta que metió su mano en el escote y se sacó la teta. Era blanca y grande y con un pezón de aureola muy oscura que ocupaba casi toda la punta. ¿No son muy feas, grandes y blandas? me preguntó. Sin decirle nada, se las acaricié un rato y como vi que le gustaba, se me ocurrió chuparle los pezones. ¿Que rico m”hijito, que rico! me dijo suspirando con sus ojos cerrados. Sus manos se habían perdido bajo la falda acariciándose el chumino. Mientras yo le pasaba la lengua por todo el seno.

Ella me abrió el pantalón y antes de darme cuenta me tenía el pico afuera y lo acariciaba con la mirada fija en él. No contenta con ello, se agachó y me lo chupó tan rico, que acabé de inmediato. Se tragó todo el semen casi sin respirar.

¡Ahora me toca a mi! Y se tendió en el sofá con la falda subida. Se sacó los calzones y abrió las piernas mostrándome su canosa zorra. ¡Venga y métamelo antes que llegue mi hija! Con mis pantalones caídos hasta los tobillos dejé que ella guiara la cabeza y me enlazó con sus talones obligándome a clavarla. Me perdí en el caliente y mojado túnel hasta los testículos.

¡Muévase m”hijito, muévase así, así, así ¡ y se lo metí y saqué hasta que acabamos juntos ¡Eso es m”hijito rico, hágame feliz! Y siguió con sus estertores un buen rato.

Cuando nos tranquilizamos, me lo chupó retirando hasta la última gota de semen mientras sus dedos tomaban lo que salía de su vagina y se lo comía. Ya satisfecha me dijo ¡Vístase antes que llegue alguien! Al despedirme, su hija agradeció mi compañía y me rogó volviera cuanto quisiera porque yo le caído “super bien” a su mamá.

A la mañana siguiente llegué donde Dña. Yolanda que aún estaba acostada. Apenas su hija salió, la vieja tiró la ropa de cama y se subió la camisa ordenándome ¡Desnúdese m”hijito y métame esa cosita rica que tiene allí! ¡Hoy tendremos mas tiempo! y me agarró el pájaro como si se le fuera a volar.

Tenía tan mojada la zorra que entré en ella hasta el fondo con apenas un roce y le di como caja hasta que acabé dejándola a ella a medio camino. Pero me mantuve duro el suficiente tiempo como para hacerla gozar. ¡Que rico m”hijito, que rico! ¡Hacía mucho tiempo que no gozaba tanto! Y gemía caliente moviendo el culo. ¡Va a tener que venir muy seguido para ponerme al día! ¡Mi sueño ha sido siempre comerme un lolito como Ud. y hacer “cochinadas ricas”! Descansamos un rato y luego sacó del velador un tubo de crema. Amorosamente me untó el pico dejándolo resbaloso y brillante. Enseguida se tomó las corvas y levantó las piernas colocándose un almohadón bajo las nalgas. Quedó con su culo tan levantado que se le veía el ojetillo del culo. Se untó la raja con la misma crema metiéndose un dedo en el apretado orificio. Luego se abrió las nalgas y pidió ¡Métamelo por atrás m”hijito!.

Como era mi primera enculada, seguí sus instrucciones arrodillándome entre sus nalgas y poniéndole la punta en el ano. ¡Empuje suave m”hijito y trate de no acabar! me ordenó y movió las nalgas en forma circular has

ta que sentí que la cabeza entraba en el apretado orificio. La verdad es que me fue difícil aguantar porque era estrecho y caliente. ¡Muévase lento hasta que le avise! me pidió y se puso las rodillas en los hombros.

Sentí exquisito como iba colándome en el recto y sin esperarla, la clavé y le acabé bien al fondo. Ella se quejó caliente y pidió ¡Más, más, más pico, por favor! Y cuando yo estaba en los últimos estertores, sentí que su culo se contraía espasmódicamente mientras acababa. Aún le palpitaba su interior cuando otra vez me vacié en sus tripas. Así aprendí que la temperatura rectal es superior a la vaginal.

Durante 3 años le dí 2 a 3 polvos semanales para ir disminuyendo hasta que su apetito quedó satisfecho y me fue dejando de lado hasta el olvido total, cuando su cuerpo ya no deseaba tener mas sexo, pasados los 75 años. Fue mi maestra en el sexo y se lo agradeceré eternamente.

Autor: patoyeco

patoyeco42 ( arroba ) hotmail.c

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Escrito por Marqueze

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