EJERCICIOS EN LA OFICINA

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Para satisfacer su curiosidad les voy a seguir relatando lo que pasó en la siguiente visita a la oficina de Enrique.

Pocos días después de mi primer encuentro con Enrique, acordamos repetir tan excitante sesión de ejercicios. Cuando llegué a la oficina, la cara de Enrique me indicó que algo no estaba bien, su socio en la firma también estaba trabajando hasta tarde, y no tenía intenciones de irse pronto. Que gran desilusión, no nos quedó más remedio que posponer los ejercicios para el siguiente miércoles.

Cuando llegué a la oficina ese miércoles, me cruce en la puerta con el socio de Enrique que afortunadamente se iba. Intercambiamos saludos y enfiló hacia los ascensores. Finalmente había tenido la oportunidad de verlo con más detalle, era un hombre elegante y muy atractivo, de aproximadamente 36 años, su 1.92m lo hacía un poco más alto que yo, algo que siempre me impacta porque no es frecuente encontrarse con alguien que sobrepase mi 1,86m.

Lamentablemente Enrique me había comentado sobre su condición de mujeriego incontrolable, así que ni un mal pensamiento cruzó mi mente.

Al entrar a la oficina de Enrique, su cara invitaba a iniciar nuestra sesión de ejercicios. Nos acercamos lentamente y mientras nos besábamos con el hambre acumulada durante todos esos días, nuestros manos buscaban afanosamente desabrochar botones, hebillas, cierres hasta quedar medio desnudos.

No podía creer que de nuevo tenía ese grueso y húmedo pene entre mis manos, fui bajando lentamente lamiendo cada centímetro del cuerpo de Enrique hasta que su pene estuvo a la altura de mi cara. Pasé mi lengua delicadamente buscando no dejar sin aprovechar ni una gota de la gran cantidad de líquido preseminal que salía, que sabor inundaba mi boca.

Decidí comerme ese rico pene, pero resultaba algo difícil poderlo introducir completamente en mi boca. Poco a poco mis mandíbulas se fueron ajustando y podía metérmelo completamente. La respiración de Enrique se hacía cada vez más entrecortada, anunciando que se iba a venir pero él se retiró dejándome con las ganas de probar su rico nectar.

Enrique se sentó en un confortable sillón de cuero que forma parte de la elegante decoración de su oficina. Le restregué por la cara mi verga hasta que él con un rápido movimiento logró metérsela en la boca. Que maravilla, la boca de Enrique me transmitía todo tipo de vibraciones, su lengua rodeaba mi glande, mientras yo me cogía esa caliente boca.

Cuando sentí que estaba a punto de venirme saqué mi pene y me volteé para sentarme en ese trono de placer que tenía Enrique entre sus piernas.

Al voltearme, Enrique comenzó a mordisquear mis nalgas y a lamer mi ano en preparación a la gran entrada que estaba por suceder. No puede aguantar y me senté de una sola vez. Coño que dolor tan intenso, fue tanto que casi acabo en el acto.

Poco a poco mi esfínter se ajustó a tan grueso intruso haciendo que valiese la pena el intenso dolor inicial. Me estaba volviendo loco, el placer se había convertido en uno de los mayores placeres que yo haya sentido.

Mientras subía y bajaba por ese tronco, Enrique me masturbaba haciendo que el nivel de excitación superase cualquier placer bien complementada por su hermosa verga. Me paré y le pedí a Enrique que se volteara y se inclinara hasta apoyarse en la poltrona, así su culo quedaba abierto para mi. Me agaché hasta tener su ano a la altura de mi boca y le di la mejor mamada de culo que yo podía dar.

Enrique temblaba de placer y miedo porque, como me había dicho, la única vez que había sido penetrado el dolor fue tal que no pudo disfrutarlo. Así que me dediqué más a él que a mi mismo, con su ano bien humedecido introduje poco a poco, y uno a uno mis dedos, dejando que su ano se adaptara. Enrique jadeaba y con voz entrecortada me suplicó que lo penetrara de una vez.

Me puse en posición y mi glande fue

lentamente abriéndose paso por el esfínter de Enrique. Estuve estático por un rato esperando que aquel dolor inicial que se siente se convirtiese en ese indescriptible placer que solo se obtiene al ser penetrado.

Los quejidos iniciales de Enrique se estaban convirtiendo en jadeos de placer por lo que empecé a bombear mi pene lentamente. Yo me doblaba sobre el cuerpo para abrazarlo y hacerle sentir todo mi calor y el cariño que le estaba dando. De verdad que el momento era sublime, dos hombres entregados al máximo placer hasta que…

En forma intempestiva sentí como bruscamente alguien me tomaba por mis caderas. No atinaba a saber que estaba pasando cuando sentí que un inmenso glande se abría paso por mi ano. Fue tal, la magnitud de la embestida que yo caí sobre Enrique haciendo que mi pene entrase con tal fuerza que le arrancó un grito de placer y dolor.

Una gruesa y varonil voz dijo suavemente, tranquilos que todos vamos a gozar mucho. Esa voz no me era familiar, sin embargo Enrique si la conocía y no pudo menos que gritar: ¡Miguel Ángel!. Era su socio quien me estaba haciendo sentir de maravillas. Tener el culo lleno de verga, mientras mi pija llena el culo de otro es una sensación que no puede ser descrita, simplemente hay que hacerlo.

Una vez recuperados de la sorpresa inicial, buscamos sincronizar nuestros nmovimientos hasta que finalmente quien llevaba la batuta era yo. Hacia atrás para sentir el pene de Miguel Ángel hasta que sus bolas rozaban mis nalgas, y hacia adelante para sentir el calor y estrechez del culo de Enrique. Este vaivén se fue acelerando hasta que logré que Miguel, entre gemidos y exclamaciones, lanzara su cálido semen hasta llenar por completo mi culo.

Embriagado por ese intenso momento de placer, yo descargué todo mi semen en el culo de Enrique, mientras éste llenaba el sofá con el producto de la masturbación que se había estado haciendo mientras yo lo penetraba.

Finalmente pude voltearme y ver de frente a ese atractivo hombre que hacia minutos me había tomado a la fuerza y cuyo semen escapaba de mi ano y corría por mis muslos. Lo que pasó después lo dejaré para un próximo relato.

Espero que este le haya gustado.

Autor: Dakota

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Escrito por Marqueze

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