El colgante del lobo (VI).

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– ¿Nerviosa? ¿¡Quién dice que yo esté nerviosa!? ¡Yo no estoy nada nerviosa! ¡Nada nerviosa! ¡En absoluto! – Estás nerviosa. Es cierto, estaba nerviosa. Estaba dentro de mi coche, un seiscientos amarillo, en medio de un montón de coches, y camino de casa de mis padres. La perspectiva no era del todo agradable. Pasar un día con mi insoportable prima Alicia y mis padres, a los que quiero, pero a los que tendría que explicar todos los pormenores de mi vida y la de Lobo, y de los que tendría que aguantar ciento veinticinco sermones acerca de lo que comía, cómo vestía, en qué trabajaba, porqué vivía en la ruidosa y apestosa urbe cuando podría vivir con ellos en el chalet,…. no era precisamente mi idea de un día estupendo. Lobo notaba a la legua que mis nervios estaban erizados, y trataba de calmarme, aunque no con demasiado éxito. – Nena, no es bueno que te alteres así, ni que te pongas tan nerviosa, sobre todo mientras conduces… No creo que vayas a pasarlo tan mal…

– ¡Je! espera a conocer a mi querida primita, y luego me lo cuentas. Mi prima Alicia no es lo que uno definiría como "una buena persona". Vive con mis padres porque los suyos están separados y viven en el extranjero. Creo que ninguno de los dos quería tenerla, ya de niña era un asco. Pegona, chismosa, envidiosa, hipócrita, embustera… Siempre queriendo hacerte creer que te quiere, y lo único que desea es que te confíes para pegarte la puñalada. Cuando éramos pequeñas, le bastaba saber que me gustaba un chico para ir como loca detrás de él, aunque a ella no le gustara, sólo para fastidiarme. Creo que por eso ella ha tenido tantos novios y yo ninguno… Hasta ahora. Supongo que me daba un poco de miedo ir con Lobo, por el mismo motivo… tenía miedo de que ella intentara algo, que tratase de quitármelo… pero sobre todo, me aterraba que Lobo picara, y se lo confesé. – ¿Crees que yo…. ? ¡Vamos, nena! – rió Lobo – Acabo de salir de una maldición a la que me condenaron, precisamente, por pone cuernos. La verdad, no quiero tropezar otra vez con la misma piedra… además, hay una gran diferencia entre la bruja que me maldijo y tú.

– ¿Cuál? – pregunté – Que a tí te quiero. – Lobo sonreía, con el cigarrillo entre los dientes. Era agradable, pero, aunque algo más tranquila en ése punto, seguía bastante nerviosa por todo lo que me esperaba aquél día. No lo podía evitar, resulta muy engorroso no poder dominar las emociones que uno tiene, pero es lo que me sucede. Lobo no dejó de notarlo. – Dita… tengo que,… bueno, que hacer lo que nadie más que yo puede hacer por mí, así que… cuando puedas parar…

La carretera pasaba por un campo, así que aminoré, me metí entre los arbustos, y ya iba a aparcar, pero: – Ve un poco más adentro, nena, aquí tan cerca de la carretera me da nosequé..

Estuve a punto de decirle que entre los arbustos no le iba a ver nadie, pero como yo soy la primera que soy muy especialita para "ésas cosas", avancé un trecho más, hasta unos árboles bastante altos y tupidos, y detrás de ellos aparqué el coche. – Bueno, cuando quieras. – dije.

– Nena… ¿me dijiste que en éste cochecito, los asientos eran reclinables, no? – Sí, el antiguo dueño los había puesto, si empujas ésta palanquita hacia abajo… Lobo, ¿qué pretendes? Lobo me miraba fijamente, y su sonrisa se hacía más evidente por segundos. – Verás… No podía dejar que siguieras en ése estado de nervios por más tiempo, muñeca. Es peligroso para la tensión, y si vas conduciendo, tienes que tener toda la atención en la carretera, no puedes tener la mente en otra parte, así que… aquí estoy yo para relajarte. Lobo se arrimó y me besó profundamente, explorando mi boca con su cálida y áspera lengua, al tiempo que echó hacia atrás el asiento, arrastrándome con él. – Pero, … aquí pueden vernos… Lobo, no…

Sabía que los árboles nos tapaban por completo, como sabía que mi débil resistencia sería inútil, pero no podía evitar un intento… Intento que pereció baj

o las caricias de Lobo, que, colocándome a horcajadas sobre él, metió sus ardientes manos bajo mi camisa, y comenzó a acariciar suavemente mi pecho, primero sobre la tela del sostén, y, casi enseguida, soltó el enganche, aunque sin quitarme el sujetador, y masajeó mis pechos bajo él. – Qué piel tan suave.. – dijo en un susurro de su ronca voz. – Relájate, nena… respira hondo,… y disfruta…

– Mmmmmhhhh… sí…. cómo me gusta….

Con la habilidad que le caracterizaba, Lobo seguía magreando mis tetas, jugueteando con mis pezones, pellizcándolos con suavidad, lo que me hacía dar pequeños gritos de placer. Mi excitación crecía, podía notar cómo mi sexo, dentro de mis bragas, aumentaba súbitamente su temperatura y cómo mi humedad se hacía evidente… mis jugos cálidos empaparon mi ropa interior, mi deseo crecía a pasos agigantados, empecé a moverme hacia delante y hacia atrás, frotando mi sexo húmedo contra el bulto de su pantalón, cuyo tamaño y temperatura crecían en la misma proporción… Intenté quitarme la camisa, pero Lobo detuvo mi gesto.

– De momento, no quiero ver tu cuerpo, nena… ésta noche… serás mía… pero ahora… prefiero hacerlo así… La mano derecha de Lobo abandonó el trabajito en mis tetas y bajó hasta mi sexo, lo acarició bajo la falda, con algo de dificultad debido a la postura, pero logró hacer mis bragas a un lado, y acariciar mi coñito.

– Mmmhhhh… – no pude contener un delicioso gemido.- … tócame, Lobo…. como tu sabes… – ¿Te gusta, verdad? ¿Es esto lo que querías? Esto te hacía falta, ¿verdad que sí, muñeca? Los dedos de Lobo acariciaban la entrada de mi coñito, follaban suavemente la entrada, los metía sólo ligeramente, acariciándome apenas, mientras yo me movía arriba y abajo, tratando de que los metiera más adentro, disfrutando de la hermosa tortura de hacerlo tan superficialmente, mientras Lobo, con la otra mano apretaba mis tetas alternativamente….

– Lobo… por favor… te quiero dentro de mí… por favor…

– ¿Éso es una manera fina de decir: "fóllame, Lobo"? Asentí con la cabeza, mientras mis manos trataban de acariciar su prominente polla, o sacarla del pantalón que la tenía prisionera, pero siempre que lo intentaba, la mano de Lobo que me masturbaba tan dulcemente, me impedía corresponderle. Lobo sonrió, y, retirando un momento la mano de mi húmeda intimidad, se desabrochó la cremallera. Con un tierno gemido de impaciencia, llevé mis manos a su entrepierna, intentando sacársela yo misma. Lobo se dejó hacer, y noté el tacto tórrido de su gran miembro, que salió casi disparado de la ropa, como loco por encontrarse con su mejor amiga. Lo acaricié suavemente, desde los testículos hasta la punta, cuya piel retiré para ver la cabeza, rosada y brillante… Lobo suspiraba de gusto, ahora también él parecía impaciente, y yo misma estaba como un fórmula uno. Me aupé como pude, Lobo orientó su instrumento hacia mí, y me dejé deslizar, mientras un intenso cosquilleo de placer recorrió todo mi cuerpo.

– Aaaahhhhhhhhh… – suspiré – es maravilloso… mmmmmhhhh… qué dulce…. – Estás ardiendo, muñeca… – susurró Lobo – mmhh… y es tan apretado… Bajo la ropa, Lobo seguía estrujando mis tetas, me encantaba sentir sus manos con fuerza, como su polla taladrando mi coñito. Mis manos , también bajo mi camisa, agarraban las de Lobo, acariciándolas, invitándolas a apretarme aún más fuerte, mientras me movía en círculos sobre su miembro enorme… movimiento que comenzó a hacerse más rápido cada vez, el coche se mecía violentamente, los muelles del asiento protestaban en tonos agudos, mientras mis tetas se bamboleaban en sus manos, y los músculos de mi sexo se tensaban y se cerraban en torno a la polla de Lobo, casi con ansia, abrazándola casi con desesperación, con gran gusto de Lobo… – ¡Sigue, nena! ¡SÍ, SIGUE, MUÑECA! ¡AAHHH! – ¡Me encantais, Lobo! ¡Tú y tu polla, aaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh! Un poco más,… ¡apriétame fuerte! ¡SÍ! ¡ME CORROOOOO! Lobo me agarró de los costados, fuerte, me apretó, mientras se incurvaba hacia atrás, con su polla presa en mi estrecho y apretado sexo..

Podía notar cada punto de la piel de su miembro, y cómo me inundó dulcemente con su cálido semen… Lobo se relajó, sonriendo. Yo sonreía también, y notaba mi cara ardiendo, las tetas y las costillas me dolían donde Lobo había apretado, y estaban enrojecidas, pero me encantaba. Me agaché y le besé largamente. – Ahora sí que estoy relajada, Lobo, muchas gracias.

– A mandar. Casi a mediodía llegamos al chalet donde viven mis padres, y aunque el día fue bastante aburrido, tedioso, y, por parte de mi prima, incluso odioso, yo no podía dejar de sonreír. Pensaba en lo ocurrido en mi coche, y en lo que iba a ocurrir horas más tarde, en mi cuarto. Mi madre había preparado un cuarto de invitados para Lobo, pero él ya me había dicho en secreto que mi habitación le parecía mucho más agradable, y que dormiría en ella. Aquello era algo muy gordo. Mis padres no sabían que yo había perdido mi virginidad, pero, encima de éso, hacerlo en su propia casa,… qué traviesa me sentía, casi no podía esperar que llegara la noche. Por la tarde salimos a cenar. Alicia no estaba de buen humor. No le quitaba los ojos de encima a Lobo, pero él no me los quitaba de encima a mí, y eso la molestaba. De camino al restaurante, Alicia fingió tropezar para caerse sobre Lobo, pero éste se apartó de golpe, y Alicia se cayó de morros. – ¡Alicia! – dije, como si no hubiera notado su sucia maniobra – ¿Te has hecho daño? Mi prima nos miró que nos taladraba, y dijo que no era nada, aunque mi madre se preocupó por ella. Mi padre no hablaba mucho, no hacía más que mirar escrutadoramente a Lobo. No parecía gustarle mucho aquél hombre, sin afeitar, de rostro adusto y ojos oscuros para "su niña". A pesar que les había dicho que Lobo era fotógrafo artístico, y como artista, era un poco dejado de su aspecto físico, pero ganaba mucha pasta,… a mis padres, a mi padre especialmente, no parecía hacerle demasiada gracia…

La cena transcurrió tranquilamente. Casi tranquilamente. Alicia, sentada frente a Lobo, empezó a acariciarle las piernas con el pie. Lobo echó hacia atrás la silla. Pero Alicia no pareció darse por aludida, acercó más la suya, y lo intentó de nuevo. Yo me estaba poniendo de los nervios, pero Lobo se levantó de la mesa casi bruscamente y me dijo en voz alta: – Dita, ¿te importa cambiar el sitio conmigo? Éste lado de la mesa tiene un "algo" .. que me está molestando.

Lo dijo mirando tan declaradamente a mi prima, que ésta se sonrojó, y Lobo cambió de sitio conmigo, que estaba junto a él. Lobo, como quien no quiere la cosa, me puso la mano en la rodilla, y comenzó a acariciarme la pierna. Me gustaba, y acerqué mi pierna a las suyas, para frotarme contra él. Lobo me lanzó una mirada de ternura y lujuria tan plenas, que, por un instante, tuve miedo de que se me lanzara encima en mitad de la cena, pero, afortunadamente, Lobo se contentó con recorrer mi muslo hasta donde podía.. o donde yo le dejaba, porque, de ser por él, habría seguido subiendo hasta intentar masturbarme allí mismo. Más tarde, casi a los postres, a Lobo se le cayó la servilleta ¿sin querer? Y se agachó a recogerla. – ¡Huy! – respingué – ¿Te pasa algo, cariño? – preguntó mi madre, mientras Lobo, con aire también de curiosidad, emergía de debajo de la mesa.

– No es nada.. me… me dio un calambre. Lobo se hacía el distraído, así, que, con disimulo, bajé la mano y le pellizqué el muslo, ya que él, bajo la mesa, me había mordido el mío. Lobo se aguantó la risa mirando el plato, e hizo como que no había sentido nada. Alicia sabía de sobra que algo había pasado, y tenía mirada de odio. Al fin termino la cena. Mientras mi padre iba a buscar el coche, mi madre y Alicia fueron al lavabo, y Lobo y yo nos quedamos solos. Lobo aprovechó para besarme, lo hizo casi con ansia, parecía estar necesitado de mí. – Tenías razón, tu prima es odiosa. – dijo, abrazándome y sonriendo. – Se ha pasado toda la cena rechinando los dientes. – ¿Cómo lo sabes? – pregunté, pues yo no me había enterado.

– Puedo oírlo. Lobo me abrazó más y se acercó para besarme de nuevo, pero de pronto me soltó. Iba a preguntar porqué, pero,

segundos más tarde, apareció mi padre. Lobo también lo había oído.

Al llegar a casa, todo el mundo parecía cansado, y fuimos a acostarnos. Lobo se metió en el cuarto designado para él, y yo en el mío. Apagué la luz, y miré la luna llena por la ventana. Me descalcé, pero no me quité el vestido. Es un vestido corto, me llega por medio muslo, rojo y de tirantes, con una torera roja con bordados. Esperé con impaciencia, y oí muy lentamente el sonido de la puerta de mi cuarto abrirse y cerrarse con sigilo. No me volví, sabía de sobra quién era, seguí mirando por la ventana cerrada. De pronto, alguien me agarró por detrás, casi con violencia, me tapó la boca y casi me embistió. Mis pulsaciones subieron de sesenta a ciento ochenta en menos de un segundo, pero de pronto, noté una risa ronca y baja, en mi oído. – ¿A que te he asustado, eh nena? – Lobo me destapó la boca y colocó su mano sobre mi pecho.- vaya, como tienes el corazón… pero seguro que no late tan fuerte como mi polla… ¿quieres comprobarlo, muñeca? Lobo me tomó la mano y la bajó a su entrepierna, dejándome tocar su miembro palpitante. Lobo estaba desnudo por completo. El susto que me dió me había excitado de un modo asombroso. Rocé suavemente, sólo con la punta de los dedos, su polla erecta. Lobo gimió, lamiendo mi cuello, y buscando casi con desesperación, la cremallera del vestido. La encontró, la pescó con los dientes, y la deslizó hasta abajo, cerca de mis nalgas. Deslizó el vestido hasta abajo, y me dio la vuelta. – ¿Sabes, nena? Nunca he hecho un 69. ¿Sabes lo que es? Me apetece muchísimo hacerlo esta noche ¿quieres? Sí, sabía lo que era, y accedí. No podía dejar de pensar:"Dios mío, si nos descubren, Dios mío, si nos descubren…" Pero tenía la risa a flor de labio, no lo podía aguantar. El miedo a que mis padres nos pescaran lo hacía tan excitante.. y tan divertido.. Lobo soltó mi sujetador, me besó los pezones, y se arrodilló para bajarme las bragas, besando fugazmente mi coñito… Y de pronto se detuvo. – ¿Qué pasa? – susurré.

– Nada. – Lobo miró de soslayo hacia la ventana, pero me sonrió y se tendió boca arriba en la cama, que por cierto, queda enfrente de la ventana. – Ven aquí, nena… me muero por comerte.

Riendo, fui a la cama, y me acomodé de rodillas, con la cabeza hacia su polla, y mi coñito expuesto a su perversa boca. Su arma estaba dura como una roca, y casi quemaba cuando la toqué. Me chupé los labios y besé suavemente la punta, mientras oía suspirar a Lobo, y notaba su boca pegada a mi intimidad, besando mi coñito, rezumante de humedad, lamiendo mi clítoris y metiéndome la lengua dulcemente… apenas podía respirar, al tiempo que acariciaba su verga en toda su extensión, y la apresaba con mi boca, lamiéndola, acariciando sus testículos, lamiendo el sensible glande, saboreando a mi amante…

– No … mmhh… no sigas por ahí, nena… no… harás que me corra… aahh.. y no quiero.. no .. tan pronto.. mmhh… Reí bajamente, y seguí, deseaba que se corriera, me encantaba darle placer. Le masturbé más velozmente, mi lengua lamía con fuerza la indefensa punta, y ya me disponía a dirigir mis dedos a su culito, cuando Lobo, casi al borde del orgasmo, dijo: – No.. me dejas.. aahh… otra alternativa.. que.. mmhh.. jugar sucio..

Apenas terminó de hablar, su áspera lengua se frotó mucho más fuerte contra mi clítoris, penetró en mi intimidad, y sus dedos comenzaron a acariciar mi sexo, increíblemente sensible por la excitación. Traté de seguir a lo mío, pero Lobo apresó mi clítoris en su boca, lamiendo la puntita con su lengua, y metiendo dos, y después tres dedos en mi coñito, y, sin darme respiro, su otra mano atacó mi agujerito trasero, penetrándolo en embestidas ligeras y rápidas, que me hacían sentir que mi columna se derretía… ya no podía seguir, el placer era intensísimo, apenas era dueña de mi misma, sólo podía pensar en gozar.. mi boca, abierta en un gemido mudo de placer, había soltado su presa, mientras Lobo se cebaba en mi cuerpo.

– Aaaaaahhhhhhhhhhhhh… Lobo,… no…. no es justo…. haaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh… oh, cielos…… aaaaaaaaahhhhhhhhhh….

Mis

manos apresaban la cara interior de los muslos de Lobo, le apretaba la carne con fuerza, debido al enorme placer y la excitación. Lobo se reía con su risa ronca y baja, mientras aumentaba la velocidad y la fuerza, tanto en la lengua, mi coño y mi culito. Yo no podía más, apretaba la mandíbula y hubiera deseado morder algo para no gritar, con las manos apretaba los muslos de Lobo más fuerte cada vez, mientras el placer recorría desde mi sexo todo mi cuerpo, se cebaba en mi columna, mi estómago, los muslos… el gozo y el delicioso cosquilleo me subían en oleadas maravillosas, mi orgasmo se precipitaba, no aguantaría mucho más..

– Córrete, nena.- susurró Lobo, sin soltar mi clítoris.- venga, el primero de la noche, regalámelo.

Lobo succionó mi clítoris, sus tres dedos chapoteaban en mi coño, y dos más en mi culito, los apretó cuanto pudo, y yo tuve que morder las sábanas, arqueando la espalda hacia atras, temblando de gusto,… el placer estalló en mi interior, y se expandió violentamente por mi cuerpo. Solté todo el aire, mientras mi coñito se contraía y relajaba en pequeños espasmos que me producían una sensación encantadora de placer… y al mismo tiempo de deseo. – Neeeenaaa, no te pierdas eeeestoooo.- canturreó Lobo, siempre en voz baja. Incliné la cabeza para mirarle por entre los brazos y las piernas. Mirándome fijamente a los ojos, Lobo movió en círculos los dedos que aún tenía dentro de mi sexo, como si intentara rebañarlo, los sacó, y con mirada de perversa avidez, se los metió en la boca y succionó con fuerza. Los chupó, lamiendo mis jugos, y al sacarlos de su boca, rugió amenazadoramente, chasqueando la lengua y relamiéndose. Yo no podía creerlo… a pesar que yo misma había probado su semen en más de una ocasión, me resultaba chocante que él hiciera lo mismo conmigo.. me parecía asombrosamente perverso, excitante,… aquella imagen hizo que en mi cabeza, en todo mi cuerpo, apareciera un único deseo: MÁS. Me dejé caer boca arriba en la cama, y con un gesto de la mano, le pedí que se acercara. En la penumbra del cuarto, iluminada sólo por la luna y la farola del otro lado de la calle (que por cierto estaba medio fundida y daba destellazos de luz de vez en cuando), ví la sombra oscura de Lobo acercarse de rodillas hasta mí.

– Esta noche estoy de antojo, nena. – susurró acariciando mi cuerpo, con su polla casi rozando mi mejilla.- Quiero correrme sobre tí, en tu cara, en tu pecho… ¿puedo? Sin contestar, le hice a su gran arma una suave caricia con la lengua, que hizo que una diminuta gota de líquido cayese, brillando, sobre mí.

– Mmhh.. lo tomaré como un "sí". De medio lado, empecé a acariciar con una mano los muslos de Lobo, y con la otra su precioso miembro, echando hacia atrás la piel para besar y lamer apasionadamente la rosada punta. Lobo acariciaba mi piel, tratando de bajar de nuevo hasta mi coño, entre suspiros de placer. En la cara interna de los velludos muslos de Lobo notaba la señal de mis uñas, que le había hecho poco antes, al apretarlos en medio del orgasmo.

– Espero… no haberte apretado demasiado fuerte, antes… – dije, entre lamidas cortas.

– Me gustó… – murmuró él.- Me encanta que me hagas daño..

Reí en voz baja, mientras mi lengua y mi mano continuaban abrazando y lamiendo desaforadamente su polla erecta. Me lamí los dedos de la otra mano, la acerqué a su culito, y lo ataqué sin piedad. Lobo tiritó violentamente, y su polla pareció crecer más aún.

– Nena…aahh.. síí… sé mala… castiga… al viejo Lobo… – Mmmmhhhh… ¿castigarte?… Mmmhhh.. ¿porqué? – Tú castígame…. cuando… oohh, diablo…. acabes,… verás porqué… tenías que castigarme… mmhh…. Lobo cerraba los ojos con verdadera lujuria, su respiración se aceleraba cada vez que mi boca subía o bajaba sobre él, mi lengua le acariciaba dulce y fuertemente, y mis dedos entraban y salían de su culito, haciendo que Lobo se derritiera de gusto. Una vez más, eché hacia atrás con la mano la piel que cubría la punta de su polla, y pasé la lengua exactamente por el extremo, al tiempo que apreté con más fuerza mis dedos en su ano. – ¡Mmmmmhhhh…! ¡Aahhh… me voy, sííí, n

ena, síííí! Me aparté literalmente en el último segundo, y una abundante explosión de semen cayó sobre mi mejilla, mi cuello y entre mis pechos.. Me reí, tapándome la boca con las manos para no soltar una sonora carcajada, mientras volvía a acariciar la polla de Lobo y acerqué la lengua para quitarle las posibles gotas que le quedaran. Lobo, sonriente y jadeante, recogió con los dedos su rastro de semen, y lo llevó hasta mi boca, donde lo saboreé golosamente.

– Ahora eres tú la que puedes decir que "esto me hacía falta". – me susurró Lobo, acariciándome los brazos, llevándolos por encima de mi cabeza, hasta el cabecero de la cama, acarició mis muñecas, besándome largamente la boca… y cuando quise darme cuenta, no podía mover los brazos. Con un cinturón, me había atado por las muñecas al cabecero. – Lobo… – dije, fingiendo una severidad que ni yo misma, ni mucho menos él se creía.- ¿qué pretendes hacer? – Ya te dije que te iba a dar motivos para que me castigaras… Y todavía tengo una venganza pendiente ¿recuerdas? Cuando me metiste ése vibrador en el culo, te juré que me vengaría, y yo nunca dejo de cumplir lo que prometo, y menos aún lo que juro… Lobo bajó de la cama y rebuscó bajo ella. La farola medio fundida seguía dando destellazos, mientras Lobo sacó de debajo de la cama una neverita portátil, y de ella, un bol lleno de cubitos de hielo.

– Es cierto que no me he traído ni las esposas, ni ningún juguete… pero yo no necesito cosas artificiales para dejarte pero que bien a gusto, muñeca… – Lobo se metió en la boca un cubito de hielo y comenzó a chuparlo golosamente, como si de un caramelo se tratase… ¿No querría… no pretendería…? – Lobo… tú … no vas a… ¿verdad? ¿verdad que no….? Pero Lobo, sonrió maliciosamente y asintió con la cabeza, se arrodilló de nuevo sobre la cama, junto a mí, y acercó peligrosamente el hielito chupado a mis pezones, sin dejar de mirarme a los ojos, lujuriosamente….

– No… eso no… por piedad, Lobo,… que estamos en Noviembre, … a cinco bajo cero… – Sí, pero tú estás ardiendo… Tu boca dice "no", pero tus ojos me suplican que lo haga… Con una lentitud aterradora, Lobo acercó aún más el cubito de hielo, una pequeña gota se formó en una de las aristas, resbaló suavemente, se desprendió, y estalló, helada, en uno de mis pezones…. un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, poniéndome la piel de gallina…. Lobo sonrió, y, chupando de nuevo el hielo, lo posó sobre el mismo pezón. – ¡Mmmmmhhhh… no, Lobo… retíralo, duele… aahhh…! Lobo acercó la boca a mi torturado pezón, y apartandolo el cruel trocito de hielo, lo apresó en su boca, lo mamó lentamente, lo acarició con la lengua… el contraste del frío al calor hizo que mi coño desbordase líquidos, estaba excítada hasta el extremo, ahora deseaba que me tocase de nuevo aquél hielo, pero no necesité pedirlo, porque Lobo se incorporó, y repitió la operación, ahora en mi otro pecho. – ¿Verdad que no es tan terrible, muñeca? ¿A que ahora sí te gusta, eh? Lo puedo ver, te estás retorciendo de gusto, traviesa… – susurraba Lobo, frotando con suavidad el hielo sobre mi pecho, dejándome sentir los hilillos de agua gélida que soltaba y se escurrían deliciosamente sobre mi piel, erizada de gusto y frío, sensible en grado sumo.

– Mmmmmhhhh… sí, me gustaaaaaahhhh…. quiero más… – murmuré, con los ojos cerrados, y en los párpados notaba los fogonazos de la farola estropeada, que, en otra circunstancia, me estarían poniendo nerviosa.

Lobo se metió un hielo en la boca, y empezó a mamarme los pezones, alternando el frío hielo con su lengua cálida, me estaba volviendo loca, mi coño parecía gritar por tener su parte, mientras el agua acariciaba mi piel milímetro a milímetro. Lobo se sacó el hielo a medio fundir de la boca, y lo arrimó a mi coño, me acarició con él mi monte de Venus, la temperatura allí era tan alta que el hielito se fundió casi de inmediato, mientras Lobo paseaba su mano, empapada en agua helada por mi sexo hambriento… cielos, creo que nunca había le había deseado tanto como aqu&eac

ute;l momento, de haber tenido las manos libres, me habría lanzado a por él como una leona furiosa, pero, por más esfuerzos que hice, mis manos estaban bien atadas, y tuve que seguir quietecita, a su merced. Lobo lo sabía, podía notar mi estado.

– Sí, nena, sé de sobra lo que estás pensando, tu viejo Lobo sabe muy bien lo que quieres…- decía, lamiendo un nuevo cubito de hielo y acercándolo a mi rajita.- No temas, lo tendrás… pero es que me gusta tanto torturarte… si pudieras verte como yo,… atada, indefensa, deseando tocarme, follarme, y sin poder hacer nada… Con ésas gotitas de agua paseándose por todo tu cuerpo… Mmmmhhhh… quién fuera cubito de hielo…

Mientras decía esto, Lobo arrimó el hielo a mi coño húmedo, y lo empujó suavemente para metérmelo. Emití un gemido desmayado, el intenso frío hacía estragos en mi ardiente chochito, me mordí los labios, el placer era asombrosamente intenso, mi hambriento coñito practicamente se tragó el hielo, y el agua helada salió de mi interior a borbotones, mezclado con mi humedad, que rezumaba casi a litros, qué estupendo se sentía, el líquido helado laceraba cada fibra sensible de mi interior, mientras el hielo se derretía rápidamente dentro de mí, me parecía que iba a oír un "pchssssssssssssssssssssss", como cuando pones la olla express hirviendo bajo el chorro del agua fría.

– Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh….. haaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh… qué bueno… es … tan… bueno… mmmmmhhhhh… otro. Méteme … méteme otro, sí… Lobo reía bajamente, se colocó otro hielo en la boca, y lo empujó ligeramente con la lengua, pero casi no hizo falta, pues tan pronto lo sentí, mi coñito casi lo absorvió, como el anterior. Lobo me lamía, mientras yo tenía apresado el hielo en mi chochito, la mezcla de calor y frío era deliciosa, no podía parar de gemir: – Mmmmhhhh… lo siento… derretirse…. aaahhhh… me acaricia… sííííí …. el agua me acaricia por dentro… qué fría… y tu lenguaaaaaahhhhh… tan cálida….. ohh, sííííí,… haaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh… qué placer,…..

Lobo dejó el bol de hielos sobre la mesita de noche y se tumbó sobre mí, besándome con desesperación, su boca estaba fría por el contacto con el hielo y el agua helada que había bebido de mi coño, y notaba su polla erecta tratar de abrirse camino en mi coño estrechito. Le lamí la boca, la cara, la barbilla,… allí donde tenía acceso. Lobo me desató con una sola mano, y por fin pude moverme. Fue como desatar a una fiera. Con una fuerza de la que yo nunca me habría creído capaz, le apresé y me puse encima, agarrándole con la piernas, sintiendo en la entrada de mi coñito su polla, pidiendo guerra.

– Creo que estoy … demasiado… cacho.. excitada.- Lobo sonrió ante mi resistencia a usar una palabra fuerte, pero se le paso la risa cuando me moje las manos en el agua helada del bol y se las puse en la tripa. Estuvo a punto de gritar, su cara era de lo más cómica. Me tendí junto a él, de medio lado, apoyando mi espalda contra su pecho, y flexioné una pierna, para dejarle paso a su polla hacia mi coñito. Lobo me agarró de los costados para intentar penetrarme de golpe, pero le contuve un momento, y antes me acerqué otro hielito al coño, sin meterlo, sólo me acaricié con él – Ahora. Dame fuerte, Lobito. No se lo hizo repetir, me embistió como una fiera, pero al primer empellón, estuvo a punto de sacarla tan rápido como la había metido, pero mi coñito ya se había cerrado sobre él. – ¡Aaahhh….! – jadeó- ¡Estás … helada! – Hazme entrar en calor,… venga Lobito,… derríteme… Lobo bombeaba con fuerza en mi coñito helado, mientras yo le pasaba el trocito de hielo por los testículos, haciendo que tiritara de frío y placer, como yo. Su polla hacía volver el calor con rapidez a mi coñito, y el placer sexual se unía al delicioso calor que inundaba mi intimidad…

– Sí, más… dame más calor,… sí, más fuerte… aaaahhhhhhhhhhh… Lobo cogió dos hielitos más, me dio uno y con el otro, empezó a frotarme el culito, lo que me hizo dar un respingo de gusto. Mi culito se cerra

ba sobre aquella nueva sensación de dulce gelidez, los cálidos jugos de mi coño se mezclaban con el agua helada que recorría todo el conducto de mis nalgas, el placer me subía por la columna en oleadas frías, tibias, tórridas, y de nuevo frías, mientras la polla de Lobo seguía frotando con fuerza mi coño, que de nuevo ardía… y entonces recordé que yo también tenía un hielo… echando el brazo todo lo hacia atrás que pude, lo coloqué en el agujerito trasero de Lobo, y lo empujé suavemente.

– ¡Mmmhhhh….! Oh, nenaa… cuánto me gustaría… poder gritar… aahh… esto es un vicio… no pares,… Lobo sacó su polla de mi cálido coñito y la dirigió a mi culito, empapado de agua y jugos, y presionó,… apreté las nalgas, y casi absorví el arma de mi amante, como había hecho antes con los cubitos. Lobo me agarró con fuerza, conteniéndose, bombeando su polla dentro y fuera, mientras el hielo entraba y salía de su culito. Con otro hielo, Lobo empezó a masturbarme el coño, cada vez más rápido, yo estaba viendo las estrellas, su gran miembro me hacía chispas en el culo, y sus dedos empujaban el hielo por mi chochito, lo metían hasta el fondo, mezclando el calor, la humedad, el frío,… me daba la impresión de que el hielo y la polla de Lobo se juntaban dentro de mí, era tan delicioso… – ¡Sí, bestia, sí! – susurraba, casi a punto de correrme.- ¡Más, quiero más! Aaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh… más fuerte,…. venga, animal,… vuélveme loca… mmhhhhhh….. ¡aaahhhhhhhhhhhhhh! – Así es… como te gusta, ¿verdad?… mmhhh… esto.. es lo mejor…. aahh… que me ha pasado … nunca, mmhh… Lobo aceleraba, su polla me partía el culo en dos, y me encantaba, mientras sus dedos entraban y salían de mi coño a toda velocidad, frotando rápida y fuertemente, no sólo mi clítoris, sino también cientos de puntos que me hacían gozar de un modo salvaje, asombrosamente cálido… También mis dedos apretaban con más fuerza en su culito encharcado, Lobo se ponía tenso, su respiración jadeante me acariciaba el cuello y las orejas, con uno de sus brazos me abrazaba, apretándome alternativamente las tetas, todo mi cuerpo parecía dar y recibir placer por cada poro de mi piel, la tensión y el gozo aumentaban, era inaguantable, y sin embargo, quería más, más, más,… – ¡Aahh, nena! ¡Me vuelves loco, nena.. sí! – Lobo me apretaba cada vez más fuerte, era estupendo – Si quieres… mmmhhh,… cuando te corraas… puedes morderme, … aahh, para no gritar,…. me encantara… que tú,… mmhh… me muerdas… – ¡Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh… ! Oohh… ¿de veras… no te importa…? Mmmmhhhh….. Potentes estallidos de placer se agolpaban por todo mi cuerpo, indicándome que uno mucho mayor era ya inminente y nada se podía hacer por contenerlo. Deseaba poder agarrarme a Lobo con fuerza, gritar, arañarle, rugir,… me sentía salvaje, pero en aquella postura no podía. El brazo con el que me sobaba las tetas furiosamente estaba a mi alcance, de modo que apreté mis dedos en su ano aún más fuerte, y me preparé para lo inevitable: – ¡Me vengo! ¡Sí! ¡Me corro! ¡Sí! ¡Ahí! ¡Mmmmmhhhhhh….! Fue como si una bomba estallase en mi coño y mi culito simultáneamente, mordí el brazo de Lobo, varias veces, Lobo rugía detrás de mí, me mordió el cuello, succionó, el placer aumentó más aún, el calor era inmenso, Lobo apretó más aún su polla y dedos en mi culo y mi coñito, y una nueva bomba de placer atacó todo mi cuerpo, apreté los dientes, Lobo buscó mi boca con la suya y me besó con fuerza, entrelazando su lengua y la mía, tratando de ahogar mis gemidos y los suyos, sin dejar al mismo tiempo de taladrar todos mis agujeros, como yo hacía en su culito, haciendo que el placer se agolpase en nuestros respectivos cuerpos, surgiendo con tanta intensidad que parecía que nunca fuese a acabar. Las maravillosas sensaciones de gozo, calor y placer recorrían mi cuerpo de cabo a rabo en un intenso y largo orgasmo múltiple, como no había sentido jamás, que duró casi diez minutos. Todo mi cuerpo estaba empapado en sudor, estaba extenuada de cansancio. Pude sentir la polla de Lobo deslizarse fuera de mi culito, goteando quedamente. Dulces oleadas de placer, cada vez m&aacute

;s suaves, se paseaban por mi cuerpo y mi piel, como una suave caricia, recuerdo de un orgasmo que, ni aún pasado, parecía querer acabar. Lobo soltó un suspiro interminable, y me abrazó desde atrás, besando mi cuello y mis hombros, en los sitios donde me había mordido. A pesar que apenas podía moverme, hice lo propio, besando las señales de mis mordiscos en su brazo.

– Qué… manera de… oohh, Lobo, cariño,…. ha sido ….. indescriptible…

– Vaya que sí….. Es…. muy interesante… todo lo que se puede hacer con el hielo….. aparte de ponerlo… en la bebida…. ¿no crees, Dita, muñeca? Me di la vuelta para asentir con la cabeza y besarle. Nuestras lenguas se acariciaron mutuamente, con más cariño que lujuria, pero de pronto, la puerta de mi cuarto se abrió violentamente.

– ¡Ajá! ¡Lo sabía! Era Alicia, había encendido la luz del pasillo, y, antes de poder decir nada, gritó: – ¡Ya verás cuando tus padres se enteren, pedazo de zorra! ¡TÍO! ¡TÍAAAAAA! – ¡Maldita seas! – grité. Lobo saltó de la cama, para ponerse delante de mí y cubrirme con su cuerpo, al tiempo que él se tapó con una carpeta que había en el suelo, que tenía delante un papelote. Casi no le dio tiempo a cubrirse cuando mis padres ya estaban allí. Mi madre tenía una cara que parecía que se había muerto alguien, y mi padre tenía cara de ir a matar a ése alguien.

– ¡EN MI CASA! – gritó mi padre- ¡TE HAS ATREVIDO A METER A ÉSTE TÍO EN TU CAMA, BAJO MI TECHO! – Hija, ¿cómo has podido? – mi madre parecía a punto de llorar – ¿Qué hemos hecho mal? ¿Qué educación te hemos dado para que hagas algo así? ¿Tu padre y tu madre no significan nada para tí? Yo no podía ni hablar, tenía la cara colorada como un tomate, tenía ganas de llorar… Alicia, detrás de mis padres, sonreía con aspecto de triunfo. Pero Lobo no había movido un sólo músculo y se atrevió a hablar: – Por favor… entiendo que estén indignados, pero…

– ¡TÚ NI TE ATREVAS A ABRIR LA BOCA, O TE SACO A PATADAS DE MI CASA, TAL Y COMO ESTÁS, VIOLADOR! Mi padre dio un salto hacia Lobo con los brazos extendidos, como si quisiera cumplir su amenaza, pero Lobo soltó el papelote que estaba sujeto en la carpeta con la que se tapaba y lo puso delante de las narices de mi padre.

– Léalo, por favor. Si no desea oírme, lea esto, y comprenderá lo que quería decir…

Lobo tenía un tono compungido que pareció apaciguar momentáneamente a mi padre, aunque conservó su mirada de odio. Mirada que bajó por un segundo al papelote, y se cambió por sorpresa. – ¡Pura! – Pura es mi madre – Pura, ven aquí y dime si estoy leyendo bien. – Dice… – mi madre se acercó el papel y leyó en voz alta – "Licencia de matrimonio civil, expedida …" ¿Licencia de matrimonio? – Sí… Mamá, papá… os lo he presentado como novio, pero… ya es mi esposo. Nos casamos ayer… ayer por la tarde. Sé que debería habéroslo dicho, pero,…. – No obstante. – Intervino Lobo.- Antes de nada, me gustaría mucho agradecer a Alicia el celo con el que ha cuidado de su prima, ahora mi esposa, pues, pensando sin duda, como yo pensaría, que se estaban aprovechando de ella, ha acudido rauda a ayudarla. Alicia, esto demuestra que tienes en mucha estima a Dita, y la quieres mucho, y ha sido tu cariño hacia ella lo que te ha llevado a intentar ayudarla, aunque no fuese necesario.- Alicia, visto que estábamos casados, y que la situación, si bien seguía siendo tensa, no parecía tan en nuestra contra como antes, parecía fastidiada, pero cuando Lobo se dirigió a ella, se puso en guardia.- Por eso, yo, guiándome por el mismo cariño, y el deseo de velar por una familia que ahora es también la mía, me gustaría preguntarte, Alicia, ¿Qué has hecho del chico con el que nos estabas mirando, a Dita y a mí, a través de la ventana, y el cual nos ha sacado fotos? – ¡¿QUÉ?! – dijimos todos a la vez, incluída mi prima, pues el golpe nos había cogido desprevenidos por igual. – Eehhh….ehhh. ¡Está loco! ¡Yo no estaba con nadie! ¡Salí fuera a por un vaso de agua y os oí, eso es todo! – Dita… – Lobo volvió la cabeza hacia mí, pero sin apartar los ojos de Alicia – ¿Para ir a la cocina del piso de abajo a por ag

ua, o al lavabo, es necesario salir a la terraza a la que da la ventana de tu cuarto? – No. – dije, mirando divertida la cara de apuro de Alicia, mientras mis padres habían dejado de mirarnos a nosotros para volverse a ella – Basta con bajar las escaleras de dentro de la casa, no hay porqué salir fuera. Y con éste frío, no se me ocurre porqué quiso salir. – Eeehhh…. ¡Quería ver las estrellas! ¡Por eso salí a la terraza! – Está nublado. ¿Qué estrellas querías ver? – Bueno, ví que está nublado cuando salí, ya me iba a la cocina cuando os oí…

– Alicia… No está nublado. Ni siquiera has mirado al cielo, porque estabas muy ocupada, saliendo de tu habitación, abriendo la verja trasera del jardín, recibiendo a un chico, subiendo con él por la escalera de la terraza, y quedándoos allí los dos, mirándonos a Dita y a mí, y sacándonos fotos. Alicia, sé que has escondido a ése chico en tu cuarto antes de venir aquí, lo he oído, y sé que nos ha sacado fotos, he visto el flash que ha usado, por eso, deseo saber qué piensas hacer con ése chico, y más aún, con las fotos, que nos pertenecen. No podía creer lo que oía. De modo que habíamos tenido espectadores, y los supuestos fogonazos de la farola media fundida eran el flash de una cámara… mi querida prima estaba en un buen lío. – Alicia, ¿éste hombre está diciendo la verdad? – preguntó mi padre con severidad.

– ¡No! ¡Claro que no! ¡Se lo está inventando todo! – Alicia se echó a llorar con tal sentimiento que me hubiera convencido incluso a mí.

– Alicia – dije con amabilidad – hay un modo muy sencillo de saber si Lobo se equivoca o no. Vamos a tu cuarto, y abres la puerta de tu armario. Alicia se puso blanca. Lobo se volvió hacia mí y me guiño un ojo. – Sí, tienes razón – intervino ahora mi madre – Vamos y lo abrimos, y yo por lo menos, ya me quedaré más tranquila.

Alicia se deshizo en llantos y protestas ("¿Es que no confiáis en mí? ¿Os importa más lo que diga ése que lo que os dice vuestra sobrina?"), pero de nada le sirvieron. Mi madre y mi padre se encaminaron hacia su cuarto, y la hicieron pasar delante, dispuestos a abrir el dichoso armario. Ya a solas, Lobo se volvió y me besó brevemente, me pasó una bata, y él se lió una sábana alrededor del cuerpo. – Venga, vamos, no quiero perderme el espectáculo. – Lobo me cogió de la mano y corrimos hacia el cuarto de Alicia, riendo por lo bajo. En la habitación, mi prima, blanca como un papel, abrió una de las puertas de su armario. – ¿Lo veis? Nada.

– La otra puerta, Alicia. – mi padre parecía más severo por momentos. Alicia, con la cabeza baja, abrió la otra puerta. Agazapado bajo un montón de ropa blanca, había un chico con una cámara de fotos, y con cara de asustado. Mi padre estalló como la bomba atómica, y Lobo y yo nos besamos sin poder contenernos, y salimos disimuladamente de la habitación, aunque mi madre nos siguió. Ya fuera, Lobo me besó de nuevo, pero mi madre carraspeó, y me soltó. Los dos sonreíamos con aire de apuro.

– Esto no quita que lo que has hecho es muy gordo, jovencita – dijo mi madre – Una no va casándose por ahí con el primer hombre que encuentra y menos sin consultarlo con su madre primero.

– Doña Pura, ¿me permite…? – Dí. – Doña Pura, su hija es buenísima. Sé que no necesita que yo se lo diga, pero así es. Sé que nuestro modo de actuar no ha sido el más adecuado, pero si les hemos ocultado que estábamos ya casados, ha sido todo porque su hija no deseaba darles quebraderos de cabeza cuando supieran que se ha casado con un hombre al que conoce desde hace apenas dos semanas. Pensábamos callarlo de momento, y, dentro de algunos meses, celebrar una boda religiosa con ustedes, con su familia,… y quizá, dentro de algunos años… podríamos decir la verdad. Pero si nos hemos casado tan precipitadamente, ha sido porque hemos visto que realmente estamos muy enamorados el uno del otro, y no aguantamos más estar separados, aunque sólo fuera por unas horas… Usted sabe lo que es esto, doña Pura, … porque usted también ha amado. Porque usted también ama… Doña Pura, no se enfade con nosotros, Dita y yo no hemos…. lo que usted piensa… hasta ayer por la tarde, momento en q

ue ya éramos legalmente el uno del otro Mi madre sonreía. Tenía la impresión de que no acababa de tragarse el discursito de Lobo….

– Andad, par de golfos, mejor id a dormir.

Lobo me cogió de la mano, y ya íbamos a marcharnos cuando Lobo se volvió y dijo: – Doña Pura… podríamos… el resto de la noche,… ya que , bueno… ¿podríamos dormir juntos, mmmmmhhh? Yo sonreía con complicidad, abrazada a Lobo, y aquello empezaba a recordarme cuando, de niñas, mi amiga Patricia se quedaba a dormir en casa y pedíamos a mi madre que nos dejase ver la tele de mi cuarto o usar el ordenata hasta muy tarde. – Mmmmhhhh…. Bueno, si ya estáis casados,.. qué remedio, supongo. Además, tengo la impresión de que si os lo prohíbo no va a servir de nada tampoco… Yo reía y daba saltitos, y Lobo, con la sonrisa que le llegaba a las orejas, me cogió por la cintura y me metió en la habitación. De lejos me llegó la voz de mi madre: – Y a mí que me parece que se ha ido a juntar el hambre con las ganas de comer…. Lobo me besó con fuerza, cerrando la puerta con el pie, acariciando mi cuerpo sobre la fina bata de seda que llevaba.

– Lobo, gracias por salvarme de la silla eléctrica. Cuando mi padre se pone así, creo que sería capaz hasta de hacerme crucificar,… gracias.

– A mandar, nena. Por cierto, a juzgar por el cabreo de tu padre, no creo que la cámara del noviete ése de tu prima salga intacta, así que… ¿te parece si un día nos hacemos nuestras propias fotos? – ¡Estupendo! – dije, mientras le abrazaba con las piernas, y Lobo se acercaba a la cama, quitaba el cobertor empapado, y nos tumbábamos entre las mantas, desordenadas, pero secas – Dime una cosa, Lobo. Tú … oíste realmente a Alicia salir de su cuarto y abrir la verja del jardín y entrar con ése chico? – Bueno… oír, oí que alguien se agachaba bajo nuestra ventana, y eso llamó mi atención. Durante un rato no oí nada más, pero, cuando empecé a comerte el coñito, oí claramente la voz de tu encantadora primita que decía:"¡Lo ves como sí se hace en la vida real y no sólo en el cine! ¡Mira y aprende, imbécil!". Era claro que no estaba sola, visto lo cual, decidí darles una buena lección. Creo que por éso tiene tan mal carácter… en el fondo, es una insatisfecha sexual. Los dos estallamos en risa y nos besamos largamente. Lobo subió las mantas hasta taparnos casi la cabeza, nos abrazamos y nos dispusimos a dormir. Una idea daba vueltas en mi cabeza y me llevó hasta el sueño dulcemente…. ¿Qué tendría pensado Lobo para la sesión de fotos? (continuará) Dita. Para críticas, destructivas, constructivas o machaconas, mi correo está a vuestra disposición.

Autor: Dita

jigendaisuke75 ( arroba ) yahoo.es

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Escrito por Marqueze

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