EL GUARDIAN DE TRENES

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Para ir desde mi casa hasta el trabajo, viajo en tren junto a mi bicicleta, todos los días. El viaje en el ferrocarril Sarmiento (Buenos Aires) merece muchos relatos aparte que algún día escribiré… más aún cuando se tiene el placer de viajar en el furgón (coche especial para gente con bicicletas o equipaje).

Cada vez que paso por la entrada de la estación cercana a mi casa, sucede más o menos la misma rutina: compro mi boleto, luego enfilo con la bicicleta hasta una puerta que está cerrada, viene el guardatrenes, verifica mi boleto, me abre la puerta, y paso. Nos saludamos cordialmente, siempre mirándonos a los ojos, y en alguna otra oportunidad me pareció que su mano se detenía más de lo habitual al mirar mi boleto, e incluso que me rozó la mano con algo de intención…

El guarda trenes es un tipo grandote, macizo, de tez morena, ojos oscuros, grande sonrisa de dientes muy blancos, piernas fornidas, brazos musculosos, y además pareciera que el pantalón de su uniforme es un talle menor del que debería: le marca insinuantemente la zona de la ingle y la cola. En todas las oportunidades yo no puedo dejar de mirarlo al pasar, y a veces hasta me doy vuelta para seguir mirando, y él extiende el saludo. Otra cosa que hago al pasar es respirar su perfume, el aroma que despide al acercarse y desplegar su brazo para abrir la puerta y tomar mi boleto… un olor a limpio, como si siempre acabara de ducharse… Al pasar a la estación siempre me quedo pensando en él, lo imagino desnudo, dentro de su gaveta de seguridad, lo imagino sentado tomando mate, lo imagino sacándose la ropa, miles de fantasías , cada día una diferente. Hasta hoy, el día en que mi fantasía se hizo realidad.

Volví del trabajo después de las 22.30, un poco más tarde de lo habitual. No esperaba encontrarlo, ya que muy pocas veces lo he visto durante la noche… al bajar del tren distingo su silueta solitaria en la penumbra de la estación, cerca de los molinetes y de la gaveta de seguridad… no lo dudo: es él. A paso calmo, avanzo con mi bicicleta hacia la salida, y al llegar me detengo para buscar mi boleto en los bolsillos. Ahí nomás nos saludamos, ambos con cierta sorpresa por la hora. No había nadie más en la estación, sólo el boletero pero su gaveta se encuentra alejada. Estábamos los dos solos. Así que comencé una charla de temas triviales: qué raro encontrarnos a esa hora, que por dónde vivimos, etc. Sigo sin encontrar mi boleto en los bolsillos, y él me dice, como en broma "Mirá que sin boleto no puedo dejarte pasar", a lo cual yo respondo "bueno, de alguna manera podremos arreglarlo", carcajadas de ambos.

Un minuto después, confieso: "lo debo haber perdido…", y él me responde "no te preocupes, está todo bien, pero voy a tener que cobrarte una multa". Y mientras dice esto, se toca la bragueta como al pasar. Yo no sabía cómo responder, moría de ganas de que pase algo con él, pero no estaba seguro de si me estaba insinuando o no… tampoco quería equivocarme, después tendría que verlo todos los días y eso me iba a hacer sentir muy mal. Yo pensaba "¿se tocó la pija a propósito?" Entonces respondí "¿de cuánto es la multa?". "A ver… acompáñame a la gaveta que miro en las planillas de precios". Tranquilamente, disfrutando de la situación que me calentaba al extremo, dejo mi bicicleta a un costado y lo sigo hasta la gaveta; en teoría me debería haber quedado afuera, porque el lugar es muy chico, y no íbamos a caber los dos sin tocarnos… Pero me metí adentro, con lo cual mi antebrazo quedó rozando su pierna.

Sentir el calor de su pierna me mató… ¡yo ya estaba entregadísimo! Entonces se da vuelta hacia mí, como si estuviera buscando la planilla en un estante alto… y mi antebrazo, casi mi muñeca, quedó directamente apoyado sobre su bulto. Eso fue lo que terminó de descontrolarme… simplemente deslicé mi brazo hacia arriba, y pude sentir su bulto con el torso de mi mano… él no opuso ninguna resistencia, más bien me quedó claro que estaba esperando exacta

mente lo que iba a pasar… "Bien, esta será una buena forma de que pagues la multa", me comenta. "Con todo gusto", le digo. Y ahí nomás comenzamos a besarnos casi con desesperación, sus brazos me rodearon y apretaron su cuerpo contra el mío…

Mis manos alternaban las caricias con el botón y cierre de su bragueta que comencé a bajar. Cuando logré bajarle el pantalón hasta las rodillas, y el bóxer sólo un poco, sentí que su pija estaba implorándome que la chupara. Y no podía negarme. Me agaché con dificultad por el espacio reducido, y él se apoyó sobre una de las paredes de la gaveta. Mientras me llevaba su hermosa verga hacia la boca, él fue cerrando la puerta de la gaveta. Desde una ventanita podía ir viendo si alguien venía, pero a esa hora era muy improbable que alguien apareciera. Sus gemidos me indicaban que estaba disfrutando a pleno la mamada… Y yo estaba en los cielos: chupando la verga del guarda trenes de mis sueños, un pedazo de carne duro y caliente subrayado por dos bolas peludas y pesadas, a las cuales masajeaba mientras mi boca se deleitaba con el palo.

No habrán pasado más de dos minutos de intensa mamada, cuando él me pidió que pare, me bajó mis pantalones, me dio vuelta y comenzó a acariciarme el culo… Sus manotas recorrían mis nalgas con maestría, en el punto justo entre rudeza y suavidad, sus dedos se escapaban hacia mi agujero, que latía húmedo y con ganas de más, mi cuerpo se contorsionaba de placer, y mi abdomen apretaba su pija. Cuando supo que el momento de garcharme había llegado, me alzó con firmeza, tomándome por las piernas y apoyándome la espalda contra la puerta cerrada de la gaveta. Mis rodillas en sus hombros, frente a frente, y sus manos sosteniéndome la cola, mientras su arma apuntaba hacia mi agujero, y yo la guiaba con una mano mientras con la otra seguía masajeándole los huevos.

Sin dificultad, sólo con el peso de mi propio cuerpo, me fue ensartando esa pija que todavía estaba húmeda con mi saliva, y caliente y dura como desde el comienzo… De a poco, entró toda, y nos quedamos así unos segundos… mi ano ya estaba completamente acostumbrado a su poronga, y pedía más. "Hijo de puta, qué bien me estás cogiendo", le susurro al oído. Al parecer, mi comentario no hizo más que alentarlo, ya que comenzó un vaivén desenfrenado, tanto que parecía que en cualquier momento la gaveta podía caerse. Mi cuerpo acompañaba rítmicamente el galope. Su verga dura entraba y salía desde la cabeza hasta el fondo, de mi agujero ardiente.

Un enorme placer invadía mi cuerpo, calor, cosquillas, sudor. Sus brazos me levantaban y me dejaban caer… en menos de un segundo pasaba de estar colgado de sus brazos y con la cabeza de su chota en la puerta de mi culo, a estar completamente ensartado y apoyado en su vientre. Mis manos lo tomaron por atrás, y con mis dedos podía jugar con su ano, con sus huevos, acariciándolos, apretándolos, disfrutándolos. El placer era extremo, y lo mejor no se hizo esperar… Sus gemidos se enaltecieron, y anunciaron un movimiento sin igual de todo su cuerpo, sus manos me soltaron, y su pija se quedó clavada en el fondo de mi ano. En pocos segundos, casi pude sentir cómo se hinchaba su verga, y al estallar el primer chorro de semen, nuestros gemidos se fundieron en un solo grito de placer.

El calor del líquido que me llenaba las entrañas envolvió todo mi cuerpo, que aún temblaba de placer; tres o cuatro chorreadas más, y sus manos buscaron mi pija que estaba dura como un garrote, aprisionada entre mi abdomen y el suyo… No hizo falta mucho, en cuanto me agarró la pija comencé a largar mi semen, que se mezcló con nuestros sudores dando aún más calor, si eso era posible. Su pija seguía dentro de mi culo, y comenzaba a perder su dureza, de a poco, muy de a poco, volvió a sostenerme, a levantarme, a ir quitándome su pistola, hasta que quedamos los dos parados, uno frente al otro, exhaustos de tanto placer.

El final nos encontró como al principio, nuestros cuerpos entrelazados en un beso salvajemente profundo. Sin mediar palabra, nos acomodamos la ropa, y salimos de la gaveta. Justo al salir, el boleto cae de uno de mis bolsillos, nuestras miradas cómplices se encuentran por un momento… mientras camino hacia mi bicicleta. En las cuadras que hago en bici hasta mi casa, el viento fresco de la noche me despabila, me quita un poco del calor

superficial, me despierta de este arrollador sueño. Una pequeña sonrisa queda dibujada en mi cara, al pensar que meses de fantasías se habían hecho realidad…

¿Qué me deparará el destino con el guarda trenes? ¿Volveremos a "encontrarnos"? Hoy no lo se… pero si pasa algo más no perderé un minuto antes de sentarme a escribirlo, para que la historia quede inmortalizada y que cada uno que la lea pueda revivirla.

Me encantaría recibir comentarios sobre este relato.

Autor: Alejo smeagol1990 (arroba) ubbi.com

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Escrito por Marqueze

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