La habitacion obscura.

Te abrazo por detrás y te tapo los ojos con las manos. Pego mi cuerpo a tí, y te voy guiando por mi casa. Te susurro al oído por dónde tienes que ir,llevándote a una habitación que hoy he preparado para que disfrutes.

Paramos.

"Enfrente de tí tienes una puerta. Ábrela".

Alargas una mano, encontrando un pomo. Lo giras y entramos.

"Cierra la puerta, y mantén los ojos cerrados un momento.".

Notas cómo me separo de tí. Te parece notar que me agacho y arrastro algo por el suelo, quizá una toalla.

Te vuelvo a abrazar como antes. Te beso el cuello.

"Abre los ojos".

Cuando los abres notas que la habitación está totalmente a oscuras. Es una sensación muy extraña. Levantas una mano frente a tu cara y compruebas que no la puedes ver. Sobre el silencio sólo notas nuestra respiración, y mi aire caliente sobre tu cuello. Te rodeo con mis brazos colocándote un fino hilo alrededor de la cintura, del cual pende un pequeño cascabel. Sonríes.

"¿Y esto?" Te doy un empujón, lanzandore de pie al medio de la habitación. El cascabel hace un ligero ruído. Giras sobre tí misma, buscándome, con los brazos extendidos, pero no me encuentras. En uno de tus giros aparezco delante de tí atrayéndote hacia mi cuerpo.

"Yo siempre sabré dónde estás tú, mientras estés perdida en la oscuridad, como ahora." Te beso. Te sientes a mi merced.

Mis manos recorren tu cuerpo. Estoy examinando qué llevas puesto. Comienzo por el cuello, bajando por tus hombros. Desabrocho todos botones de tu blusa, y bajo un poco los tirantes de tu sujetador. Meto las manos por dentro de las copas, y las bajo. Aprieto tus pezones con mis labios… . Mientras, mis manos siguen bajando por tu minifalda. Las meto por debajo y te acaricio los muslos. Separas algo las piernas, y aprovecho para sacarte las bragas. Te las quito y me las guardo, como siempre. Te has vuelto a depilar el pubis. No has dejado ni un solo pelo. Se susurro al oído que me encanta comértelo así, y un escalofrío te recorre la espalda.

Te agarro las manos.

Te lanzo sobre la cama.

Pierdes la percepción de dónde estoy. Oyes ruidos de roces, como si me estuviese quitando ropa, pero eres incapaz de localizarme. Te levantas, y andas. Te golpeas en las piernas con una silla. Tropiezas con algo en el suelo. Te agachas para saber qué es. Son mis pantalones. Cuando te vas a levantar, mi mano te agarra la cabeza. Te guía hacia delante de tí, donde encuentras que mi polla te golpea la mejilla. Abres la boca. La agarras y comienzas a lamerla. Con la otra mano me rodeas el cuerpo, agarrando mi culo, atrayéndote hacia tí, metiéndote la polla hasta la garganta. No me quieres dejar escapar. La sacas hasta la punta, apoyándola sobre tus labios, para volver a introducirla, despacio, apretándola con la lengua. Tienes los ojos abiertos, pero la oscuridad es tan grande que cuando llenas tu boca con ella, y das con tu nariz en mi cuerpo, sigues sin verlo. Me notas junto a tí, totalmente desnudo, gimiendo, pero no me ves en absoluto. Comienzas a meterla y sacarla de tu boca con rapidez. Noto tus labios llegando hasta mis huevos cuando me la comes, tus dientes rozandola. Vas a conseguir que me corra, puta. El cascabel de tu cintura se mueve, sobre tu falda, a la vez que te agitas por el extraño placer que te da chuparmela. Yo no lo veo, pero una de tus manos se mueve entre tus piernas… . Mis gemidos aumentan, y te agarro el pelo para que no puedas sacarla mientras me corro… . Lo recibes encantada, sin una sola queja, a la vez que te metes ya dos dedos en tu coño. Extiendes por tus tetas un par de gotas que no has conseguido retener…

Cuando acabas de limpiármela, te agarro la cara y te beso. Me gusta notar el sabor a mi polla que todavía tienes. Te abrazo, recostándote en el suelo. Te aparto algo la blusa, y coloco una de tus manos en tus pezones, y otra entre tus piernas. Estás chorreando. Te beso y me aparto de tí. Tus gemidos se empiezan a convertir en apagados gritos mientras te masturbas.

Un fogonazo te ciega.

Es el flash de una cámara.

“Venga, preciosa. Sigue masturbándote”.

Comienzo a hablarte a la vez que te hago más fotos.

“Vamos, mi puta. Gime. Te encanta masturbarte. Venga, pon esa cara de viciosa. Hazte lo mismo que haces cuando lees las cartas que te mando…”.

Notas que te hago foto

s pegado a tu cuerpo. Cuando gritas que por fin te corres me acerco y te hago fotos de la cara. Arqueas la espalda cuando te agarro los pezones con los labios y los dedos. Te estás corriendo en tu mano.

Quedas en el suelo, agotada. Notas que me arrodillo junto a tí. Te doy un único y cálido beso en el clítoris, que te hace sonreir.

“Me vuelves completamente loco, putita.”.

A tientas me agarras la cabeza, y me susurras “Espero que esto sea sólo el comienzo…”.

Te levanto y te quito la blusa, tirándola contra la pared. Tú misma te quitas el sujetador y la falda, quedando totalmente desnuda, a excepción del cascabel que te coloqué, y que me dice dónde estás. Me agarras la polla. Ya vuelve a estar dura. Me das la espalda, frotando tu culo contra mi paquete. El cascabel tintinea mientras te mueves. Te agarro las tetas. Te frotas mi dura verga sobre la vulva. Te gusta cómo te roza. Uno de mis dedos comienza a acariciarte el ano. Suspiras pidiendo más, pero me aparto.

“No me hagas esto ahora… Quiero tu polla…”.

Vuelves a no saber dónde estoy. Avanzas un poco y mi mano te golpea el trasero. Te giras rápido, pero no puedes verme. Otro azote. No te golpeo fuerte, lo justo para que no notes dolor, pero notas cómo tu piel se pone roja. Otro manotazo, esta vez en el muslo. Te giras y me consigues agarrar la mano. La pasas por tu la cara y la lames. Me chupas un dedo, y recorres tu cuerpo con ella. La paras entre tus piernas, y empujas de golpe uno de mis dedos dentro de tu coño, hasta el fondo.

“Joder, cabrón. Vuélveme a pegar así.” “Te vas a enterar.” Te agarro de los hombros. Te guío hacia la cama, y te pongo a cuatro patas sobre el colchón. Te doy un azote con fuerza, y gritas. Te doy otro, pero pides más. Te doy otro con tanta fuerza que tus brazos ceden y das con la cara en la cama. Mientras te sigo pegando en el culo, ahora algo más suave, alargas la mano hasta mi polla. Está dura como nunca, y te la intentas llevar a la boca, pero no te dejo. Otro golpe fuerte te saca un gemido, y una lágrima. Me coloco detrás de ti y te empiezo a comer el culo y el coño. El contraste del dolor con este placer te hace gemir como una loca pidiendo más. Te golpeo con fuerza. Te meto dos dedos en el coño y otro en el culo, que entran sin ninguna dificultad. Agacho la cabeza y te muerdo. Te mueves, haciendo que mis dedos entren y salgan de tí.

Cuando empiezas a moverte, todavía con el culo en alto y la cara en la colcha, paro. Me alejo un momento y te hablo.

“Estás siendo una niña tan buena que te voy a dar un regalo.” “Vale, pero vuelve a comerme, por favooor…”, gimoteas.

Me río, y vuelvo a lamerte de arriba a abajo. Mi lengua se recrea en recorrer el espacio entre tu coñito y el culo. Mientras se mete en tu ano, notas que te meto algo entre las piernas, rozándote el clítoris. Es algo de plástico.

“Te he comprado esto”.

Te das cuenta que es un consolador, pero no te puedes hacer idea del tamaño, todavía. Lo muevo desde el clítoris a la entrada de tu coño, y comienzo a empujar. Notas que es grande, muy grande. Cojo una de tus manos y te hago que lo agarres por la base. No puedes abarcar todo su contorno. Me pongo encima de tí, y te muerdo la oreja. Me pides que te folle. Estás loca por volver a correrte. Pongo la punta de mi polla en la entrada de tu humedecido ano, pero te digo que sólo te follaré si te metes el consolador…

Empujas despacio. Es monstruoso. Notas que te abre como nunca habías creído poder. Es como un puño de ancho. Mi polla comienza a taladrarte también. Una lágrima de placer y dolor cae por tu mejila. Comienzo un rápido mete-saca en tu culo, y gimes. Ya has conseguido meterte casi la mitad. Separas las piernas todo lo que puedes para aceptarlo mejor. Te muerdo la oreja y el cuello. Tus gemidos empiezan a ser gritos en la oscuridad de mi habitación. Estás sudando, empapada.

“Ahora viene lo mejor, cariño”.

Una de mis manos se va al consolador, y activa un interruptor. El enorme pene de plástico que tienes dentro de tí empieza a vibrar. Lo noto hasta en mi polla, dentro de tu culo. Chillas que te estás corriendo. Yo me muevo más rápido, y notas que me empiezo a vaciar en tus entrañas. Caigo con todo el peso de mi cuerpo sobre tí, pero mantienes el culo arriba mientras encadenas un orgasmo con otro… El coño te arde, y mi polla te abre el culo. La saco. El consolador todavía vibra cuando el semen resbala hasta él desde tu trasero…

Autor: Enfermizo

enfermizo ( arroba ) eresmas

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Escrito por Marqueze

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