Lee aquí la primera parte de «La tentación es grande»
Ella bajo con una Tablet en la mano y sin decir nada se sentó en el sillón que se encontraba frente de mí, levanto las piernas y las cruzo, lo que me permitió ver la tanguita que traía puesta, que a duras penas tapaba esa hermosa rajita que poseía, ese espectáculo me puso a mil, tan es así, que me tuve que parar e ir al baño para darme un baño frio, para ver si se me quitaban las ganas y los malos pensamientos con mi hija.
Lo que pasaba en la casa era un cuento de nunca acabar, todos los días la veía andar con ropa ligera, siempre se sentaba en una silla o en la sala con las piernas abiertas cuando yo estaba presente, o me daba besos cuando me encontraba con ella en el pasillo o me abrazaba por atrás cuando no había razón, siempre vistiendo con ropa ligerita, que no me dejaba nada a la imaginación. Trataba de mantenerme ecuánime, a pesar de sentir que me hostigaba, no quería ver a mi hija con deseo.
Pero el deseo en mi era más fuerte cada día, sin querer, me imaginaba besar sus carnosos labios, yo quería acariciar sus senos y probar el dulce sabor de su rajita, imaginación que después me dejaba un dejo de culpa. Pero poseerla, para mí se había convertido en una obsesión. Una vez que me quedé sólo en casa, fui al cesto de la ropa sucia y busqué una de sus tanguitas, la miré bien y vi que tenían una ligera mancha en la zona de la vulva, pensé que eran sus fluidos e hice algo que nunca he hecho, me la lleve a la nariz para olerla, me senté en el sanitario y me masturbé pensando que me comía su vagina, no me quité su tanguita de la nariz hasta que me vine profusamente,
Seguíamos en el juego del gato y el ratón, entre ella y yo, yo no sé, si ella lo hacía conscientemente, pero yo si estaba cierto del juego que estábamos jugando. Sin embargo, nunca me atreví a tocarla y créanme ganas no me faltaron. Nunca me permití llegar con ella más allá de un buen taco de ojo, como la tentación era fuerte, yo me salía de la casa con cualquier pretexto, para no quedarme con ella, hasta que vino mi hermano a salvarme, digo me vino a salvar, porque si hubiera durado más este jueguito, no sé qué hubiera pasado entre ella y yo.
Mi hermano me llamo para invitarme a pasar la semana santa en Acapulco con su familia, el solo pensar que volvería a ver a mi cuñada, me puso cachondo, le comente lo de la invitación a mi hija y acepto gustosa ir allá, así que le dije que sí y nos preparamos para salir a Acapulco al otro día, como no quería caer en la tentación, me despedí de mi hija con u beso, por supuesto en la boca y me fui a dormir, ya en mi recamara, me tuve que hacer justicia por mi propia mano para poder dormir, porque los huevos me dolían por la excitación que tenía.
Continuara………………………………………………..

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