La viudita madura

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Me recuesto y ella pasa las piernas sobre mí y toma mi pico con sus manos y lo dirige hacia su mojada conchita, y comienza a sentarse en ella penetrándose lentamente, hasta que se descolgó enterrándola entera en su concha, haciéndola gritar de placer. Comenzó a moverse aceleradamente arriba-abajo y adelante-atrás, moviendo su pelvis y yo mientras la recorría entera, sus tetas, su trasero, sus tetas, su trasero, mi boca la besaba y mi lengua la lamía, mis oídos escuchaban sus interminables gemidos y balbuceos.

En la actualidad tengo 42 años, soy casado desde hace 14 años y tengo 3 hijos. Soy un profesional universitario y vivo en la ciudad de Concepción en Chile.

Desde muy joven siempre me han gustado las mujeres maduras, soñaba con que alguna mujer madura me desvirgara como corresponde con toda su pasión y experiencia, fantasía que no me pude sacar hasta bien avanzada edad.

Pero a veces las cosas no salen como uno las sueña. Mi vida sexual cuando joven fue bastante austera, ya que cuando era adolescente era un tipo bastante traumado, y en esa época era un gordito que consideraba que su aspecto físico no era atrayente para ninguna mujer, debido que una parte de mi vida fui víctima de burlas por personas de mi misma edad. Ni que decir lo que yo mismo opinaba respecto de mis atributos sexuales.

Debido a esto es que perdí mi virginidad con una prostituta a los 18 años, la cual me dijo cuando estuve con ella “que pico te gastas”, comentario que por lo demás no le di mayor importancia por tratarse de una mujer a la cuál le había pagado por sexo.

Lo anterior no fue impedimento para que tuviera 3 novias, de las cuales 2 eran mayores que yo, antes de casarme, con las cuales tuve relaciones sexuales. Además tuve varias aventuras, inclusive cuando estaba de novio.

Mi primera experiencia con una mujer madura fue cuando tenía 25 años, acababa de terminar mi segundo noviazgo, cuando conocí a María Inés, una mujer profesional de 39 años que tenía un físico bastante aceptable con un trasero precioso, pero con unos pechos muy chiquititos. Con ella fue muy rico, conocí mucho de sexo, y me entregó bastante de su experiencia, pero la diferencia respecto con mujeres de mi edad o menores no fueron tanto como yo imaginaba. Con ella tuve una relación de 4 meses, y la verdad ahora la encuentro inolvidable.

Después a los pocos meses conocí a mi tercera novia, la que al año se transformaría en mi mujer. Ella era una mujer con un cuerpo fenomenal, de esas que no había hombre que no se diera vuelta a mirarla, con un trasero y pechos dignos de una escultura, hermosura que conserva bastante bien a pesar del paso del tiempo, hasta hoy. Me casé en 1991 cuando tenía 26 años, y tuve 3 hijos. A pesar de lo anterior, la verdad es que en todos estos años que he estado casado, mi esposa siempre ha sido muy recatada en el sexo conmigo, con muy poca confianza, además de que ella es muy clásica al respecto.

En mis primeros 9 años de matrimonio fui bastante fiel, pero en el año 1999, me he tirado un poco a la vida para tratar de revivir algunas fantasías y desatar algunas pasiones ocultas, que nunca en mis años de casado pude cumplir. He tenido aventuras con varias mujeres, en especial maduras que van de los 41 años a los 53 años. En esas épocas mi trauma de juventud respecto de mi físico y mis atributos sexuales había pasado debido en primer lugar por el hecho que una mujer tan linda como mi esposa se hubiera fijado en mí, y en segundo lugar me di cuenta que con el paso del tiempo me he hecho un hombre bastante atractivo para las mujeres, especialmente las maduras, y según lo que ellas me han indicado un excelente amante, con un gran pico, que las hace volver locas.

Soy un hombre de tez blanca, pelo negro con un rocío de canas blancas y grises, uso bigotes y lentes. Soy de una contextura grande, mido más de 1 metro 85 centímetros, peso cerca de 90 kilogramos, y tengo unas manos con unos dedos muy largos, que pueden llegar a lo más profundo de cualquier mujer. Soy muy peludo en los pechos, piernas, brazos y genitales. Tengo un gran pico que llega a unos 17 centímetros y muy, pero muy grueso.

La primera de estas experiencias fue con Paty, una linda mujer empresaria, de 45 años, yo tenía 36, con la cuál pasamos momentos inolvidables, y en la cuál mi vida sexual llegó a límites muy altos. Pero hoy quiero contar mi relación con una mujer madura que me marcó bastante hasta el día de hoy.
En el año 2004, teniendo 39 años, trabajaba en una empresa maderera, y ocurrió que un día mi jefe quería salir conmigo a hacer unos trámites, por lo que convenimos en juntarnos en una estación de combustibles, en la cuál dejaría estacionada mi auto, y saldríamos en su vehículo. Tal como habíamos planificado, nos reunimos y salimos todo el día, volviendo a eso de las 19 horas, cuando ya estaba oscuro. Me despedí y salí de su vehículo en dirección al mío. Entré en el y me puse a fumar un cigarrillo antes de irme a mi casa, ya que a mi esposa no le gusta que fume en ella.

En esto estaba cuando vi pasar no a corta distancia a dos mujeres, a las cuales, por estar ya oscuro, no pude verles mayores detalles físicos. Me les quedé mirando y me di cuenta que entraban en un café que hay en la estación de combustibles. No se que me dio, pero bajé de mi camioneta con unas ganas locas por verlas con mayor detalle, principalmente por curiosidad, por lo que me dirigí al café. Entré en él y las vi en una mesa tomando un café. Me senté en la mesa contigua y solicité al encargado me sirviera un café a mí también, y me dediqué a observarlas con mucha discreción.

Se notaban que eran profesoras o algo así, ya que en una silla había libros, útiles y unos delantales que lo delataban. Una de ellas tenía entre 45 y 50 años, morena, rellenita, pero con un cuerpo aceptable, con grandes pechos y un gran trasero, que sólo me lo tuve que imaginar, ya que tenía puesto un abrigo largo abierto sólo adelante. La otra debía estar cerca de los 50 años (53 años supe después), trigueña y era más bajita, menos rellenita que la anterior, con un par de pechos grandes preciosos y un lindo trasero algo más plano y menos protuberante que su compañera (lo supe cuando se sacó su abrigo), y con un rostro que mostraba el paso de algunos años, sin mostrarse estropeado, con unos preciosos ojos de color claro muy expresivos.

La verdad es que la visión de aquellos pechos me dejó helado y con todo descaro empecé a mirarla desde los pies recorriendo su cuerpo, deteniéndome por largo rato en esos lindos pechos, y continuando hasta sus ojos que es donde me quedé pegado, ya que en realidad eran tremendamente hermosos. Sentí que ella notaba perfectamente que la miraba, hasta el punto de ver lo nerviosa que estaba. Me quedé largo rato en el café mirándola, hasta que me aburrí pensando en que quizá estaría largo rato conversando, por lo que se veía de temas laborales con su compañera, y yo en realidad tenía que volver a mi casa. Pagué el café y salí en dirección a mi vehículo, para dirigirme a mi casa.

Cuando estaba a punto de subirme de me di cuenta que ellas salían del café, separándose. La más rellenita corre en dirección a un bus y sube en el desapareciendo. La otra la de los exquisitos pechos toma en otra dirección. Subí a la camioneta para verla en forma más disimulada y que dirección tomaba. Cuál sería mi sorpresa, cuando me di cuenta que venía directamente a mi vehículo, pasando de largo para dirigirse a una parada de buses a unos 50 metros de donde yo estaba.

Primero la miré por el espejo retrovisor, y después la seguí con la vista hasta que se detuvo en la parada. Pensé en forma rápida como la abordaría, ya que no tenía tiempo al ver que el bus se acercaba. Encendí el vehículo y salí de la estación de combustibles acelerando hasta que me detuve frente a ella en la parada de buses y le hice un gesto con la cara y mi mano para que accediera a llevarla. Se acercó abrió la puerta de mi camioneta, y me dijo que era muy amable, pero que ella vivía cerca y que ya venía el bus. Yo insistiendo le digo que la llevaría a donde ella quisiera, inclusive la luna, lo que hizo que se sonrojara, sonrió y accedió diciendo, en ese caso puedes llevarme a mi casa.

Al subir le dije mi nombre, a lo que respondió soy Silvia. Me indicó donde vivía y partí. Durante el trayecto le ofrecí un cigarrillo, aceptó y comenzamos a conocernos. Me indicó que era educadora de párvulos en una escuela cercana, que tenía 53 años y dos hijos, un hijo de 24 años y una hija de 22 años, que era viuda desde hace 15 años, ya que su esposo había fallecido debido a una grave enfermedad. Yo le dije que era ingeniero, en lo que trabajaba, que era casado con 3 hijos, a lo que respondió que es lo que yo hacía con ella en vez de estar con mi familia, y con una vieja, ya que ella notaba que era menor. Yo le respondí que la verdad no sabía, pero que me sentía muy bien, lo que creo le gustó, y además acoté que yo tenía 42 años y que nuestra diferencia de edad no era mucha (le mentí).

Ella me respondió que aunque tuviera 42 años, para ella era un niño. Realicé el trayecto a muy poca velocidad para que el viaje durara el máximo. Cuando llegábamos cerca de su casa le pedí que fumáramos un último cigarrillo antes que la fuera a dejar. Ella accedió, por lo que me estacioné en un parque cercano a su casa. Allí fumamos y conversamos de cosas sin importancia como dos adolescentes, mientras miraba sus ojos y su cuerpo, ahora más tapado por su abrigo, no olvidando lo que había visto en el café, lo que me tenía realmente excitado, mi pico quería romper mis pantalones, salirse y vaciarse en ella, me tenía loco.

Debo decir que no sabía si ella se daba cuenta como estaba, pero por mi actitud habría sido muy difícil. Terminado el cigarrillo conversamos un rato más y me dijo que la fuera a dejar a casa ya que había trabajado mucho y estaba cansada. Al llegar allí, me indicó que la dejara unos 50 metros antes para que sus hijos no se dieran cuenta. Cuando se bajaba le dije que me gustaría volverla a ver, ella se dio vuelta y diciéndome mi niño, me dio un pequeño beso en mis labios y me dijo que si, pero que la llamara a su teléfono móvil, por lo que procedió a darme el número que yo apresuradamente anoté en un papel. Me fui a casa, y cuando estaba por llegar la llamé a su teléfono, lo que le extrañó mucho, pero creo le gustó, y le dije que quería verla al día siguiente. Me dijo que si, pero que trabajaría hasta tarde con su compañera y no sabía donde pudiera ir a buscarla, por lo que debía llamarla al teléfono después de las 21:30 horas.

Llegué a casa me introduje al baño, y me pegué una paja de aquellas que hace mucho tiempo no me pegaba, imaginando su cuerpo desnudo y yo comiéndole todo mientras ella gritaba de placer. Realmente fue rico. Al día siguiente, inventé a mi esposa que trabajaría hasta tarde, y me quedé haciendo tiempo en mi trabajo hasta que fue la hora de llamar. A las 21:30 horas en punto llamé, y me dijo que se desocuparía en unos 15 minutos, y que podría esperarme en el cerca de la plaza de Concepción. Llegué en exactamente 15 minutos y allí estaba esperándome. Le pregunté que quería hacer y me dijo que quería tomarse un café en un lugar tranquilo. De inmediato, pasó por mi mente la idea que fuéramos a un motel a tomar el café en una cama. Pero me lo guardé y le dije que tomáramos el café en el parque que estuvimos el día anterior y conversáramos allá, a lo que accedió. Compré un par de vasos de café y partí.

Llegamos, le tomé de la mano, conversamos de muchas cosas, tomamos café y fumamos un par de cigarrillos, sin soltar nuestras manos amorosamente, y yo mirándola con la misma calentura de la noche anterior, y mi pico tomando proporciones realmente grandes, saltando contra mi slip como un león enjaulado que quiere salir. En un minuto determinado nos quedamos con nuestros rostros muy cerca, nos miramos a los ojos y fundimos en un gran beso, en la que mis labios y mi boca se abrieron en conjunto con la suya. Mi lengua entró en su boca jugó con la suya y la presioné hasta llegar casi a su garganta. Levanté su suéter y saqué la parte baja su blusa que estaba metida al interior de sus pantalones.

Puse mis manos por debajo de su suéter y blusa en su espalda desnuda y empecé a acariciarla suavemente, pero con mucha calentura por largo rato, sentía que se calentaba, que su pasión por un hombre por años guardada crecía, hasta niveles insospechados. Con locura, puse mis manos delante y empecé a acariciar por debajo de su ropa sus pechos grandes y hermosos. Lo hice por largo rato, sentía como le gustaba, su respiración se aceleraba y gemía. En un minuto determinado solté el botón de su pantalón y puse mis manos en sus ricas nalgas y empecé a acariciarlas con una pasión muy acelerada, ella gemía más, pidiendo sin decirlo que le sacara la ropa y que le culeara.

En momentos que me imaginaba que su concha debía estar muy mojada, me para, recupera la cordura, me indica nuestra diferencia de edad y me dice que nos vamos a quemar, por lo que debíamos parar. Yo obedecí y caballerosamente le dije que la llevaría a casa. Llegamos a 50 metros de su casa, le di otro gran beso, y le dije que quería verla de nuevo, me dijo que cuando, y le indiqué que al día siguiente, no podía ya que por trabajo tendría que salir de Concepción, y realmente volvería tarde, por lo que concertamos vernos el día subsiguiente y pasar la tarde juntos, llamándonos para ver los detalles de nuestro encuentro. Se despidió diciendo: “Ay mi niño”, me dio un beso y caminó hasta su casa. Me dirigí a mi casa y nuevamente realicé la faena del día anterior, con una rica paja pensando en mi vieja querida.

El día siguiente la pasé trabajando y pensando en esa rica mujer madura que vería al día siguiente, con la cuál pasaría toda la tarde. Llegado el día, la llamé por teléfono y quedamos de juntarnos a las 16:00 cerca de su casa. Inventé en el trabajo que en la tarde iría a ver los bosques de algunos proveedores, para tener una excusa tanto con mi esposa como en el trabajo de ausentarme y pasar toda la tarde con Silvia.

Como convenimos nos juntamos cerca de su casa. Ella venida vestida con ropa bastante poco sugerente, lo que me excitó más aún. Le pregunté donde quería ir, y me indicó que le gustaba mucho estar al aire libre, así que le propuse que fuéramos a una playa que hay en un parque, a lo que ella respondió encantada.

Al llegar me estacioné en un lugar apartado, y de inmediato nos pusimos a besar por largo rato en forma desenfrenada, yo recliné los asientos del vehículo, nos recostamos y comenzamos a tocarnos, levanté su suéter y saqué la parte baja su blusa que estaba metida al interior de sus pantalones. Puse mis manos por debajo de su suéter y blusa en su espalda desnuda y empecé a acariciarla en forma frenética, con una calentura enorme. Después puse mis manos delante y empecé a acariciar por debajo de su ropa sus pechos grandes y hermosos, en forma feroz.

Ella estaba muy excitada, su respiración se aceleraba y gemía como un animal. Solté el botón de su pantalón y puse mis manos en sus ricas nalgas y empecé a apretarlas descarnadamente en forma acelerada, ella gemía con locura y yo seguía. Pero mis manos grandes querían entrar en otra parte ahora, por lo que bajé un poco sus pantalones colocando mi mano en su concha en instantes que ella abría un poco sus piernas, y empecé a masajearla al ritmo de sus gemidos, cada vez en forma más acelerada, mientras besaba su boca, sus orejas y su cuello, mientras ella me abrazaba fuertemente y empezaba a besarme el cuello, cosa que a mí me vuelve loco.

Miré su calzón, que eran de esos grandes, típicos de una mujer de esa edad, pero que eran excitantes, lo corrí y metí un dedo abajo del borde, y haciéndole a un lado el calzón, pude ver su concha depilada, que presentaba sólo una línea de pelos en la parte superior, de un color claro y con algunas canas entrelazadas. Con mis dedos busqué sus labios vaginales, y empecé a separarlos muy despacio, palpando una humedad increíble. Empecé a meter uno de mis dedos en ella muy suavemente aprovechando sus jugos hasta lo más que pude, observando que su concha era bastante estrecha, cosa que no hubiera imaginado en una mujer de su edad, era exquisita. Empecé a palpar su interior presionando parte de mi dedo contra su clítoris, haciendo que sus gemidos fueran muchísimos más intensos cada vez, al mismo tiempo que sentía mi dedo terriblemente húmedo en su interior.

Yo tenía mi pico más parado que un mástil de bandera estaba calentísimo, por lo que ella al darse cuenta, tomó mi paquete con su mano y empezó a frotarlo con mucha fuerza, lo que me hizo acabar casi de inmediato bajo mi pantalón y en mis slip, al mismo tiempo que ella tenía un orgasmo muy fuerte, quedando casi inmóvil, sin duda al haber tenido uno después de largos años, ocho según me indicó después. Se notaba que estaba fuera de práctica, ya que quedó sin decir nada e inmóvil por largo rato. Yo estaba muy excitado, y quería más, pero no quise presionarla, por lo que la dejé descansar.

Se arregló un poco la ropa y empezamos a conversar y fumar y me dijo que el día que la conocí en el café ella se daba perfectamente cuenta como la miraba a ella y su amiga, y no notaba a cuál de las dos es que miraba, y como se consideraba la más vieja de las dos, es que asumió que yo miraba a su amiga, lo que la había alegrado, ya que esta amiga estaba separada, sola a sus 48 años, y con problemas emocionales fuertes, por lo que le habría gustado que yo me hubiera fijado en ella, y que entre las dos habían comentado mis miradas, y de lo atractivo que me encontraban. Entonces le digo que si estaba defraudada porque me había fijado en ella y no en su amiga, a lo que respondió que no en lo absoluto, que estaba muy contenta y que le había gustado.

Después de conversar un rato comenzamos de nuevo con los mismos pasos que anteriormente habíamos dado, pero dándonos un poco más de tiempo, en esta ocasión le saqué el suéter y abrí su blusa, subí su sostén y dejé al aire sus grandes pechos, mientras ella me besaba alocadamente el cuello, y con mis manos empecé a amasarlos apretándolos suavemente, mientras mis dedos jugaban con sus grandes y ricos pezones. Mientras su respiración se hacía más acelerada y ella gemía cada vez más fuerte, acerqué mi cabeza a sus pechos y empecé a besar sus ricas y fenomenales tetas, para proceder a chupar y lamer sus pezones entre sus gemidos, cada vez más fuertes.

Con mis manos libres liberé nuevamente su pantalón y comencé a acariciar fuertemente sus nalgas, con una calentura que nunca había tenido, mientras ella nuevamente me frotaba el paquete con una de sus manos. Después de unos 10 minutos de trabajo, me separé y mientras ella me abrazaba con mucha fuerza contra ella, nuevamente bajé un poco sus pantalones y corriendo su calzón empecé a meter sus dedos en su zorrita con mayor intensidad que la vez anterior, sintiendo esa gran humedad de jugos calientes en su interior, lo que me excitó de sobre  manera, teniendo mi pico a punto de estallar entre palpitaciones y convulsiones.

Saqué mis manos, bajé mi cabeza y busqué con mi boca su conchita y haciendo un lado su calzón empecé a besarla con mucho ahínco, para proceder a introducir mi lengua, que la tengo bastante larga, es como un pequeño remo, hasta más no poder, ella gemía como una perrita, su respiración era entrecortada, se revolcaba en el asiento hacia lado y lado moviendo desesperadamente su cabeza hacia delante y hacia atrás, sólo parando a ver como me comía su conchita y le relamía hasta las entrañas.

En un momento se quedó como petrificada, y tuvo un orgasmo larguísimo y cayó sobre el asiento inmóvil, mientras yo saboreaba sus juguitos salados con mi lengua y boca ese misil a punto de estallar dentro de mi pantalón. Ella se repuso un poco y le indiqué que estaba muy caliente, por lo que ella, por primera vez, me desabrochó mis pantalones y sacó mi pico a punto de estallar, lo miró, le causó impresión sus dimensiones y los lunares que tiene, y comenzó a besarlo de una forma descomunal, diciéndome que no tenía uno entre sus labios desde los primeros años de su matrimonio, o sea 25 años.

Después de besarlo y lamerlo de arriba abajo, comenzó a engullirlo con una maestría fenomenal, que me llevaba hasta el cielo y me hacía bajar de un solo golpe. Debe haber estado entre 25 y 30 minutos comiéndome el pico, y yo sin querer acabar debido principalmente a que me estaba dando un placer indescriptible. Yo quería acabar en su boca, y ella al darse cuenta de ello, me dijo que ahí no, a lo que respondí que entonces me montara para hacerlo dentro de ella, a lo que ella indicó que todavía no era el momento, por lo cuál, me dejara que ella me iba a hacer acabar, y de esa forma me mandó una tremenda paja, que hizo que mi pico estallara directamente sobre sus tetas, llenándolas de semen.

Ella se levantó, y tomando unos pañuelos desechables se limpió los pechos, recostándose y reacomodando su ropa y quedando durante unos 5 minutos sin decir nada, pasados los cuales rompe el silencio y me dice que estas locuras no las hacía hace mucho tiempo y que ya no se acordaba lo rico que eran. Yo estaba totalmente relajado y cansado después de la faena y solo atinaba a responder algunas preguntas que ella me indicó, mientras me arreglaba mi ropa.

Miramos el mar y nos fijábamos en los pescadores que con sus cañas estaban en ella riéndonos un poco de la paciencia que tenían ya que se veía que la pesca no estaba buena. En un minuto ella reacciona se me acerca y comienza a acariciar mi pico sobre el pantalón y me recalca que ya no se acordaba lo rico que era hacer, sentir, y oler el sexo. Me pide que nos dirijamos a un lugar un poco más aislado para estar con mayor tranquilidad.

Siguiendo sus instrucciones me estacioné detrás de unos matorrales, todavía no detenía el motor del vehículo cuando ella comenzó a soltar mis pantalones, y buscando mi pico con sus manos comenzó a acariciarlo desenfrenadamente. La suelto, reclino el asiento con ella y suelto sus pantalones, y vuelvo a meter mi boca en su entrepierna sobre y bajo sus calzones, su chorito hervía de humedad soltaba sus jugos sin parar mientras mi boca y mi lengua ayudaban a su placer. Diciéndome que parara me recostó hacia atrás y sacó mi pija erecta al aire y comenzó de nuevo una chupada que en mi vida me la habían hecho, estaba palpitando a punto de estallar, la paré y le dije que ahora tendría que ser en ella, a lo que ella sólo atinó a soltarse la blusa subiendo su sostén y sacando ese par de tetas al aire. Yo sólo atiné a hundir mi cabeza en ellas besando y lamiendo como un loco mientras mis dedos la masturbaban.

Ella gemía como loca mientras yo seguía una faena perfecta. Le digo que ya no puedo más que necesito su concha, a lo que ella me indica que esta estrecha que hace mucho que no lo hace y que tiene miedo a que le duela, entonces le indico que me monte y que sea ella la que lleve el ritmo de la penetración.

Me recuesto y ella pasa las piernas sobre mí y toma mi pico con sus manos y lo dirige hacia su mojada conchita, y comienza a sentarse en ella penetrándose lentamente, hasta que se descolgó enterrándola entera en su concha, haciéndola gritar de placer.

Comenzó a moverse aceleradamente arriba-abajo y adelante-atrás, moviendo su pelvis y yo mientras la recorría entera, sus tetas, su trasero, sus tetas, su trasero, mi boca la besaba y mi lengua la lamía, mis oídos escuchaban sus interminables gemidos y balbuceos. Sentía como sus jugos me bañaban por debajo. En un momento me dice que ya no da más y que acaba, lo que me hizo a mi acabar junto a ella.

Nos quedamos juntos hasta que mi verga disminuyó sus dimensiones, saliéndose con mucho cuidado ya que sus jugos todavía emanaban. Nos limpiamos con papel, nos arreglamos la ropa y nos abrazamos por largos minutos.

Nos besábamos como adolescentes estábamos felices de haber tenido sexo como lo hicimos, me confidenció que hace mucho que no había tenido sexo, que en su vida había sentido un pico entrar tan adentro de ella. Se empezó a oscurecer por lo que decidimos retirarnos, y la fui a dejar igual que la noche anterior.

Nuestra relación continuó por dos años más, en la cual hemos tenido encuentros en todas partes de la ciudad, en moteles, en parques, en el campo, y como siempre hemos tenido sexo de manera fenomenal, hemos experimentado todas las poses que hemos podido y el sexo oral es normal entre nosotros. Inclusive, ella me ha dejado que sea yo el que le desvirgue el culo, ya que a sus 53 años nunca había tenido sexo anal.

Con el paso del tiempo, nuestros compromisos hicieron que empezáramos a distanciarnos, hasta llegar al día de hoy en que hace más de seis meses que no nos encontramos.

Independiente de lo anterior he tenido pequeñas aventuras con otras mujeres maduras que han deseado tener buen sexo con este servidor, y las iré contando más adelante.

Espero les haya gustado mi relato.

Autor: Maduro Amante

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Escrito por Marqueze

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