María es adicta a mi semen (III)

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Prosigue el relato de María y el día que se corrió más de diez veces.

 

– Ahora si que necesito una pausa – le dije a María mientras ella se llevaba a la boca un poco de semen que se había derramado en sus tetas.

– Yo también, me has dejado el culo para el arrastre – dijo y se sentó abriéndose el culo para que yo lo viera bien y se metió un dedito.

– Sí y después irá tu coño, que ya se merece atención.

– Me muero de ganas por probar tu polla en mi coño. Aunque lo que más me gusta sea chuparla, sentirla dentro de mi coño me chifla.

– Pues como sigas poniéndolo tan bien, voy a acabar descargando otra en él.

– De eso ni hablar. Tu cuando te vayas a correr me avisas que quiero tragarme tu leche y jugar con ella. Por cierto, hay algo que me ha llamado la atención.

– ¿El qué?

– Pues normalmente, y no es que haga esto muy habitualmente, estar con un tío y dejarle seco como te estoy dejando a tí, normalmente al tío despues de la tercera ya no le queda mucho que dar y tú parece que vas a más en cada corrida que me echas.

– Pues la verdad es que tengo una rara condición que hace que produzca más semen del habitual. No que vaya a más en cada corrida pero sí mantiene la consistencia y es abundante cada vez.

– Joder, entonces estoy de suerte aunque ya no sé si te podré dejar seco seco, je, je. ¿Alguna vez te has pajeado, corrido vaya, hasta vaciarte?

– Buff, yo creo que vacío, vacío, nunca. Lo más a lo que he llegado es un día que me lo pasé pajeándome y llegué a correrme como seis o siete veces, pero la verdad es que incluso en la última la corrida era bastante abundante.

– ¿Pero cómo de abundante, diez chorros como los que he contado la tercera vez que te corrías en mi boca?

– Qué va, no tantos pero sí cinco o seis bastante espesos.

– Qué pena no haber estado ahí… ¡Me hubiera comido cada una de ellas!

– Seguro que algo podemos hacer, aunque ahora no vas nada mal, ya llevas cuatro corridas mías tragadas.

– Cinco.

– ¿Cómo?

– Han sido cinco, mira, la primera que me has quitado la ropa y yo chupando, que morbo me ha dado eso. La segunda cuando me has montado la boca. La tercera en la puerta del baño despues de mearme la boca. La cuarta en mi sandwich y la quinta después de follarme el culo. ¿Ves? Cinco.

– Je, je. Tan sólo te ponía a prueba.

– Ya, ya.

– Oye tienes que seguir contándome tus pajas.

– Vale, pero mientras te lo cuento quiero tener tu polla metida en el coño y que me folles muy despacio.

– Buf, no sé… esta está bastante caidilla.

– Eso tiene facil arreglo.

 

Y se lanzó a comer mi polla otra vez. La cogió primero con su mano y subiendo y bajando el prepucio jugaba con ella y con mis huevos. La verdad es que tenía bastante trabajo por hacer pero mi polla empezaba a reaccionar a sus caricias.

 

Cuando la puso morcillona comenzó a amasarla sobre mi vientre como si fuera una panadera con el pan. Después se agachó para chupármela, cuidando de que su melena se apartara para dejarme ver cómo lo hacía. Sabía que eso me ponía.

 

Yo le pasé la mano por la espalda hasta llegar a su culo, jugué un poco con su ojete pero me fui rápidamente a por su coñito que estaba empapado. Comencé a deslizar mis dedos por sus labios mayores muy lubricados por la excitación y noté que su clítoris estaba tremendamente hinchado. Me dediqué un buen rato a jugar con su clítoris y después deslicé mis dedos hasta su vagina y le introduje uno.

 

– Ahhh, que gusto, no pares – me dijo ella levantando la cabeza de mi polla pero volviendo a retomar la mamada de nuevo.

 

Para entonces mi polla estaba considerablemente dura. María se la tragaba entera y yo sentía su lengua recorrer cada milímetro. Siguió un poco más y me daba un gusto increíble, tanto que si seguía iba a hacer que me corriera de nuevo. Así que le dije:

 

– Súbete encima, quiero metértela bien por el coño.

– Que pena, quería otra corrida, ¿A que te faltaba poco?

– Pues sí la verdad pero así luego será más placentero.

– Y me la darás toda en la boca.

– Que sííí, je, je.

 

María se subió a horcajadas y apunto mi polla a la entrada de su coño. Bajó lentamente hasta que sus labios acariciaban mi glande y luego un poco más para sentirlo a la entrada de su vagina. Empapó mi polla con sus flujos frotándose con ella alante y atrás. A mí me daba un gusto tremendo y ella disfrutaba también soltando pequeños suspiros a medida que se masajeaba el coño con mi polla. Entonces la apunto a su coño y sin más se dejó caer sobre ella.

 

– Ahhh, joder, JODER… – dijo ella, yo pensé que quizá le había entrado mal o algo pero me había dado un gusto increíble sentir mi polla entrar en su coño.

– Buff, estás… ¿Estás bien?

– Si joder, que me corro – dijo y empezó a convulsionarse y mover las caderas frenéticamente de alante a atrás con mi polla completamente ensartada y frotando su clítoris a la vez contra mi púbis – ¡¡ME CORROOO!! ¡¡¡SOLO ME LA HAS METIDO Y ME CORROOOO… QUÉ GUSTAZO!!!

– Vamos córrete para mi, zorra.

– Ahhh cabrón que corrida más grande – ella se sacó mi polla y entonces un montón de flujos comenzaron a salir disparados de su coño: a mi polla, algunos a mi tripa y hasta me llegaron a la cara.

 

Nos quedamos inmóviles y abrazados, ella aún temblorosa de la corrida y yo sintiendo mi polla tiesa contra su coño sobre la que ella se frotaba levemente alante y atrás.

 

– Quiero más polla – dijo mirándome a los ojos muy de cerca.

– Pues aquí tienes – y de un movimiento de cadera le metí la polla hasta el fondo.

– Ahhh qué gusto cabrón.

– Bueno… bufff… ahora no te escapas, cuéntame qué hiciste después de meterte el pepino y la zanahoria.

– Venga… ahhh que gusto… – decía ella mientras movía sus caderas alante y atrás lentamente – vale, lo intento.

– Así me gusta… ahh.

– Pues después de mi sesión de hortalizas me calmé un poquito.

– Igualito que ahora, ¿no?

– Ay quñe malo eres… venga, va fóllame fuerte un poco.

– De eso nada, sigue contando.

– Vaaale. Pues estaba yo más tranquilita después de todos los orgasmos que tuve pero no dejaba de darle vueltas al tema de mi amiga Ana. Así que decidí llamarla.

– ¿Hablaste con ella?

– Espera, la llamé pero me saltó el contestador. Yo ni siquiera le dejé mensaje y pensé que ya vería ella la llamada y me llamaría.

– ¿Querías hablar del tema de nuevo?

– Me moría de ganas pero no me atrevía a decírselo directamente, era más por tantear y si estaba con ganas, quién sabe.

– Ya veo.

– El caso es que ese día no hablé con ella al final pero me lo pasé pensando qué pasaría si llamara, qué le diría y eso. Por mi mente pasaban todo tipo de fantasías calenturientas con las que me pajeé varias veces.

– Notas como se me hincha la polla mientras me lo cuentas.

– Bufff, sí joder, que gustazo, la tienes bien dura ahora.

– Ahhh sí y tú que aprietas más encima, qué placer.

– ¿Nos corremos?

– No, aún no. Quiero que me cuentes tus fantasías con Ana.

– Me haces sufrir, ¿Eh?

– Calla y cuenta.

– Pues una de ellas era que me llamaba y me preguntaba qué quería. Yo le recordaba el tema del otro día y ella se me insinuaba. Al final en todas mis fantasías acabábamos entrelazadas dándonos placer. Me imaginaba lo que sería frotar su coño contra el mío y corrernos así o cómo la bañaría en mis jugos toda la cara mientras me comía el coño. Ya era por la tarde y no me apetecía salir, la verdad, así que me tiré en el sillón, puse videos porno de lesbianas en el portátil y comencé a masturbarme como una loca. Ahí fue cuando perdí la cuenta de las veces que me corrí, estuve como cuatro horas dale que te pego pensando en Ana, en que ella y yo hacíamos todo lo que salía en los vídeos. En uno de ellos una chica joven se corría a chorro dentro de la boca de otra, era una cantidad descomunal. Yo una de las veces que me corrí decidí hacerlo en una copa y echármelo por la cara.

– Que morbo.

– No veas, eso sí, no me atreví a beberlo.

– Quizá si fuesen los flujos de otra sí, ¿No?

– Los de Ana, seguro. Me la comería entera. Sí… Ahh, sigue así, me gusta cuando haces eso.

– ¿El qué? ¿Bombear sangre a mi polla para que se hinche dentro de tu coño?

– Sí y me pone mucho que lo digas – María acercó su cara y me besó apasionadamente después yo seguí bombeando un poco más rápido.

– Bueno y… ¿Eso fue todo?

– ¿Te parece poco? Cuando terminé estaba todo pringado de mis flujos y mi coño completamente hinchado y colorado.

– Joder cómo me lo imagino, creo que me voy a correr en nada, así que prepárate para otra corrida en tu boca.

– Sí, quiero más leche, te voy a sacar toda la que tengas, cabrón.

 

Ella comenzó a cabalgarme más intensamente, yo embestía desde abajo para llegarle a lo más hondo de su coño, que estaba derretido en flujos que se resbalaban por mi vientre y mis huevos. Al momento ella empezó a correrse de forma salvaje:

 

– Ahhh, me corroo, ¡¡¡¡¡¡ME CORRRRO!!!!!! ¡¡¡¡FÓLLAME, SOY TU PUTA, DAME POLLA!!!!

– Sí, ahhh, toma polla zorra – yo embestía cada vez más fuerte.

 

Comenzó a soltar flujos a chorro que salían disparados contra mi polla, mi vientre, mi pecho y mi cara, mientras ella se masturbaba muy rápido frotándose el clítoris y salpicando todo. Yo ante tal espectáculo me agarré la polla y empecé a pajearme arriba y abajo muy fuerte, iba a explotar en cualquier momento y así se lo hice saber:

 

– Me voy a correr, dame tu boca, abre bien la boca. – dije mientras me levantaba y ella sentada abría su boca esperando la lechada.

– Vamos cabrón escupe esa leche de tu polla dentro de mi boca. Quiero que me bañes con ella, so cerdo.

– ¿Quieres leche? Pues toma leche, zorra… ¡¡¡¡AHHHH, ME CORROOOO!!!!

 

Y diciendo esto, de mi polla saltó un chorro espeso de semen que le fue a aterrizar en la cara, cubriéndole la frente y parte de la nariz hasta su boca. El segundo entró completamente en su boca, otro chorretón gordo de esperma que ella apreció con un gemido. Luego otro chorro y otro más en su boca y otro que se resbaló por su barbilla.

 

– Ahhh, chupa, chupa que aún queda – le dije yo acercando mi polla a su boca. Ella tragó el semen que tenía rápidamente y engulló mi polla succionando los últimos chorros de semen que salieron de ella. Siguió así un rato más, asegurándose de obtener hasta el último resto que quedaba en mi polla. Luego se relamió y yo caí rendido en el sofá junto a ella.

 

– Joder que gusto me das, vaya corridas me pego contigo.

– Pues tu leche está de vicio, era lo que me faltaba, tener a alguien de confianza a quien hacérselo.

– Je, je, ya sabes que siempre que quieras.

– ¿Me das una más ahora?

– ¿Qué dices? Ni de broma, no puedo moverme y creo que se me va a caer la polla a trozos.

– Si es que los tíos no aguantáis nada, ja, ja. – dijo ella de broma.

– Bueno creo que ha sido una buena toma de contacto, además ahora tengo que irme.

– Vale, pero esto hay que repetirlo.

– Eso tenlo por seguro. Por cierto, ¿Al final tu amiga Ana y tú…?

– ¿Que si nos lo montamos?

– Sí.

– Je, je. Eso te lo guardo para la próxima vez que nos veamos.

– Qué mala eres, venga vale.

 

Y después nos dimos una ducha rápida, acariciándonos y jugando con nuestros sexos. Ella se frotaba el coño contra mi pierna y llegó a correrse una vez más mientras yo le metía un dedo en el culo.

 

Después nos despedimos hasta la próxima vez.

(Podéis escribir vuestros comentarios a: belce6u at gmail)

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