Me dijeron que no lo hiciera….Pero lo hice!

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Luego de pasar unas semanas fatales con problemas en el lugar donde vivía decidí cambiarme de casa. El cambio fue absolutamente maravilloso, en pocos días llegue a vivir a un departamento lindísimo lleno de luz y conocí nuevas personas que se portaron excelentes y que hoy son grandes amigos.

Justamente en esos días la facultad de Bellas Artes organizaba una fiesta y decidimos ir todos. Hace mucho tiempo que no me sentía tan viva, los nuevos amigos y  la música me estremecieron. ¡Como me divertí!

A la fiesta entraron un grupo de chicos, entre ellos una presencia se me hacía conocida. Lo miré detenidamente y supe que nunca lo había visto, pero había algo familiar en él. Rebusqué en mi cabeza hasta que recordé que se me hacían parecidos a los grupos de muchachos que frecuentaban las discotecas en mi ciudad cuando yo aún era una adolescente. De esos muchachos lindos y que tiene el don de palabra, expertos en manipular la situación para llevarte a pecar. De esos muchachos con lo que me gustaba juguetear en mi juventud. El recuerdo me hizo reír y la fiesta continuó.

Después de varias copas tuve que ir al baño, cuando regresé una de las amigas con las que había venido conversaba con un uno de ellos, justo aquel que me recordaba esos años. Me acerque con mi sonrisa más falsa, no tenía ninguna intención de conocer a alguien más esta noche, peor aún gente como aquella. Luego de charlar un poco pensé que tal vez lo juzgue apresuradamente y que el físico solo es físico.

La fiesta cada vez se ponía mejor, tocaban esa canción de Salsa que me gusta bailar y no aguanté más y me lance a la pista de baile sola, hipnotizada por el ambiente y la buena vibra. Sin darme cuenta él se acercó a bailar conmigo, sin pensarlo mucho tomé sus manos y terminamos bailando. Él me tomo por la cintura y me acercó a él. El movimiento de sus perfectos pases de baile me encantaron. Nada como bailar una buena Salsa pegaditos. Antes de terminar la canción con un suave movimiento me hizo mirarlo a los ojos. Allí me robo un beso, un beso que continué con intensidad. Sentí un calor intenso en mi cuerpo, profundo, un calor que no había sentido desde la última vez que me besó mi novio hace ya más de un año. Lo sentí intensamente hasta  en mi parte más íntima.

Al darme cuenta de lo que estaba haciendo me alejé. Le pregunté dónde estaban mis amigos. Miramos por el lugar y todos habían desaparecido, tanto sus amigos como los míos.   Buscamos en la barra y en la pista de baile,  ahora se me ocurre que podíamos haberlos llamado a sus celulares pero la idea no se presentó, no sé por qué.  Supusimos que estarían en la entrada fumando. Salimos del bar, mire brevemente, no encontré ni la sombra de mi amiga,  pero  si muchas parejas escondidas, riéndose coquetamente, disfrutando de la oscuridad.

Sentí su mano tomar la mía, me llevó en dirección a la sombra. No puse ningún impedimento so pretexto de seguir buscándolos. Al doblar la esquina del bar en un callejón oscuro lo besé nuevamente. Me detuve abruptamente y le dije que estoy muy enamorada de mi novio. Él un tanto confundido me pregunto entonces para que seguir con esto y le respondí firmemente que necesitaba sentir.

Debajo de un portón como testigo me besó apasionadamente mientras sus manos acariciaban mi espalda, mi cadera y mis pechos. Yo seguía el juego tratando de pensar que no era él, mis labios empolvados, faltos de práctica me regresaron a la realidad.

Sentía como hervía por dentro, mojada entre las piernas. Me sentía sexy, deseada. Mis caderas se movían por voluntad propia, rosando su cintura, su pantalón, su bragueta. Sentía cómo se hinchaba su pantalón cada vez más, con ganas de ser liberado.   Recordé mi objetivo final.  Lo sentí, lo rose, volví a sentirlo, justo ahí, en el punto de pulsión que mas me genera chispa y calor. De arriba para abajo una y otra vez. Una voz interna me decía, si es ahí, justo ahí. Por Dios! En una explosión terminé y me relajé profundamente. Dejé de besarlo y él me miro extrañado, con ganas de seguir y llegar a un paso más. Con cara de satisfacción le dije gracias.  Me aleje.

Preguntó que pasó. Felizmente le dije que lo había logrado. En su mirada supe que él no, eso me gustó más.  De regreso al bar me obsequio un cigarrillo y finalmente le pregunte su nombre.

Para cuando salió el sol, de camino a casa, buscaba la forma de decirle a mi novio lo que había hecho. Mi amiga sorprendida de la aventura que había tenido me aconsejo que no lo hiciera, total no se va a enterar, me dijo. Pero para mí era mi importante tener comunicación y sobre todo ser trasparente con la persona que amas y mucho más si se trata de una relación a distancia como la nuestra.  Sin mentiras, sin engaños, sin ocultar nada de nada, es como nos hemos manejado hasta ahora. Mucho más enamorados que nada.  Lo que hice fue algo pasajero, lo nuestro es para toda la vida.

Por: Elena

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