Lee aquí la primera parte de «Mi madre y su cálido recuerdo»
Entramos a la casa, con mucho esfuerzo la tendí en la cama vestida y procedí a irme a dormir, me desvestí, quedándome únicamente en calzoncillos de manga larga reglamentarios, cuando me estaba acomodando para dormir, entre sueños oí la voz de mi madre que me decía en forma lánguida, por el efecto de los tragos, ¡guichito!, no seas malito, quítame el vestido, porque yo no puedo sola, pues ordenes, son ordenes, me dirigí a su cuarto, le dije voltéate para poder bajarte el cierre del vestido, lanzando un suspiro entre cortado, se volteo un poco para que yo pudiera bajarle el cierre del dichoso vestido, cuando ya estaba hasta abajo, se volteo boca arriba con los brazos hacia arriba, esperando que yo le sacara el vestido.
Empecé a quitárselo y lo primero que vi fueron ese par de tetas desnudas que se cargaba mi madre, no traía sujetador, por eso cuando le zafe esa parte del vestido hasta la cintura, pude notar la turgencia de esas dos tetas hermosas, nada caídas, a pesar de habernos amamantado a mí y a mis hermanos, ver tal espectáculo me puso bien cachondo y casi sin notarlo, me provoco una tremenda erección. Erección que no noto mi madre, porque mantenía cerrados sus ojos, quizás por los efectos del alcohol.
Acto seguido, le dije, mama estira las piernas un poco, para que pueda sacarte el vestido, ella lo hizo, fue entonces que jale en forma firme dicha prenda, hasta que logre sacársela por completo, lo que vi me dejo bastante impactado, ella usaba un liguero negro y una pequeña panti negra, además de un par de medias negras que se amoldaban ricamente a sus piernas duras.
No bien, no había terminado de sacarle el vestido, cuando instintivamente abrió sus piernas dejándome ver nítidamente, como se comía sus labios vaginales el pedazo de tela que los cubría, eso me puso a cien, me puso bien caliente, en chinga me fui al baño para echarme un poco de agua fría en la cara, porque la verdad estaba que ardía de deseo, tenía una erección, sin mentirles, que me producía dolor en los testículos, pensé hacerme justicia por mi propia mano, cuando de nueva cuenta su voz me volvió a la realidad, ¡guichito!, papito ¡quítame las medias y el liguero, mira que no puedo dormir con ellos!
Para mí, hacer eso era un martirio, le quite las medias, después la tome de las caderas, se las alce para poder sacarle el liguero, al hacerlo, sentí el olor a sexo que rezumaba la conchita de mi madre, por lo caliente y nervioso que estaba, cuando le saque el liguero se lo quite con todo y pantis, quedando de nueva cuenta abierta de patas, fue entonces cuando pude observar en toda su plenitud el hermoso cuerpo desnudo de mi madre y me dije muy en mis adentros, que pendejo era mi padre al dejar a una hembra tan buena como lo era mi madre. Quede extasiado al ver ese par de chichotas que se cargaba y sobre todo la entrada de su vagina toda depilada, por lo que podía ver el color rosado de su interior.
Hubiera podido lanzarme al abordaje si hubiera querido, quien me lo hubiera impedido, pero todavía guardaba algo de razón dentro de mí, así que la tape con una cobija y me fui a acostar, trate de dormir, pero la imagen de mi madre desnuda no me dejaba hacerlo y el dolor de mis testículos por la excitación no se me bajaba, así que decidí ir al baño y darme un buen baño con agua fría, que bien lo necesitaba, para ver si se me bajaba la calentura, porque a esa hora el agua estaba bien helada, me bañe y me fui a acostar de nuevo, más o menos me sirvió el baño para calmarme, entonces casi me quede dormido, no bien estaba entrando en el sueño, cuando volví a oír la dulce voz de mi madre.
¡Guichito!, ¡papito tengo frio!, ¡vente a acostar conmigo!, al oír eso me puse a temblar, no lo podía creer, no sabía si lo decía con conocimiento de causa o porque todavía estaba bajo el influjo del alcohol, como vio que me tardaba, me volvió a decir ¡Papito! que no oíste que tengo frio, me lo dijo con una voz entre cortada, como un susurro que apenas se podía oír, yo le dije, ya voy, entonces haciendo uso de mi razón, me acosté al otro lado de donde estaba ella, por ningún motivo quería estar muy cerca de ella, entonces le di la espalda y me hice el dormido, mi corazón latía a mil por hora, en eso estaba, cuando sentí una mano que me rodeaba la espalda, seguido de su cuerpo que se me repegaba en la espalda, así estuvimos por un buen rato, sentía su respiración en mi nuca.
Yo para entonces, ya no me podía aguantar, y empecé a agarrarme la verga para hacerme justicia por mi propia mano, en ese momento sentí el cuerpo de mi madre que se volteaba de espaldas a mí, parando su lindo culo, fue entonces que me decidí a dar el siguiente paso, me dije, total que puede pasar, que mi madre se dé cuenta y me la haga de pedo, las recriminaciones podrían venir después, mientras, yo ya no podía más, al verla así, acostada de lado, con las tremendas nalgas que se cargaba apuntando hacia mí, me hicieron decidir tomar el camino sin retorno, ya era tarde para echarme para atrás.
Lo que ocurrió después no fue menos lascivo ni lujurioso. Sus nalgas eran enormes, grandes, hinchadas, duras y macizas que sobe hasta hartarme de placer. Y en medio de esos cachetotes maravillosos, se encontraba un par de labios vaginales húmedos, así, de espaldas, mitigué con mi lengua mis deseos más ocultos, acariciando con ella su conchita jugosa y ya humedecida. Lamidas y chupetones que hicieron que mi mamá soltara muy quedito una serie de suspiros entre cortados.
Fue entonces que me acomode de lado, atrasito de ella, agarre mi verga erecta y le restregué la cabeza entre sus labios, me detuve un momento esperando su reacción, como vi que no pasaba nada, de un suave empujón le metí toda la cabeza, me quede estático, quietecito, con la cabeza de mi verga atrapada entre sus labios, esperando cualquier indicio de desaprobación, como me cerciore que no pasaba nada, fue entonces que decide metérsela toda, con un suave y delicado empujón lo hice, al sentirla toda adentro, mi madre lanzo un hondo suspiro y paro un poco más sus nalgas.
Entonces comencé con el mete y saca a media velocidad, después se la empecé a meter en suaves estocadas profundas, que le hacían soltar pequeños bufidos, no sé, si todavía estaba bien borracha, pero de que estaba gozando entre los influjos del alcohol, lo estaba, se la saque, gire su cuerpo boca arriba, abriéndole las piernas, me comí su vagina mordiéndola y cosquilleándola con mi lengua, esperando oír sus jadeos y sentir sus efluvios en mis labios de nuevo, sus jadeos no los oí, pero si sentí sus jugos en mi lengua, ese elixir que me deleitaba y que quería sentir en mi boca.
Continuaraaa……………..

2 Comentarios
Dejar un comentario