Hola, me llamo Ricardo, y tengo 40 años, soy viudo reciente, tengo dos hijas, Tania, de 17 años y Sonia de 16, me he decidido finalmente a explicar a los lectores, algunos de los problemas que he tenido que afrontar como padre viudo en relación a la educación de mis hijas. Y todo por que hasta hace poco yo vivía solo ya que me divorcié de mi esposa hacía 7 años. Cualquier padre sabe que hay edades más difíciles que otras, en el caso de mis hijas la época en que vivo ahora está resultando ser la más difícil de todas, tanto que finalmente me he visto obligado a pedir ayuda a una asociación en la que se dedican a asesorar a padres y madres en mi situación.
Mi problema al parecer ha sido que desde que mi esposa falleció las he estado malcriando no negándoles nunca nada y dejándolas hacer siempre lo que querían, lo que parece que ha desencadenado una tremenda rebeldía que ahora mismo no veo el modo de atajar.
En la asociación me recomendaron mano dura y aunque ellos no son partidarios de los castigos físicos, reconocen que en ciertas circunstancias es el único modo de solucionarlo, así que me recomendaron básicamente que les diera una tanda de azotes cuando incumplieran alguna de las normas que iba a imponerles, la mayoría de las cuales habían sido sugerencias de los profesionales de la asociación.
Ahora estoy en el salón, esperando a mis hijas, un sábado a las tres de la mañana, le he leído la lista de normas esta misma tarde entre las cuales había una que las obligaba a estar a la una de la mañana en casa, no me parece una norma excesivamente estricta dado que ambas son aun tienen corta edad, estuve pensando poner el límite a las doce de la noche, pero se que siempre salen a partir de las 11, de manera que me pareció excesivo darles únicamente una hora de tiempo, pero aún así han incumplido la primera norma el primer día, de modo que hoy al llegar voy a tener que darles unos azotes a cada una, estoy nervioso, para que engañarnos, hasta hoy nunca les he puesto la mano encima a ninguna de ellas para nada que no sea besarlas en la frente al darles las buenas noches.
Son las tres y media, oigo ruidos en la puerta, una llave se introduce en la cerradura, y tras un pequeño forcejeo logran abrir la puerta, parece que por lo menos una va borracha, no me gusta nada, no tendrían que beber tanto y aún menos a su edad.
Entran como si nada, parece que ni siquiera se acuerdan de que han incumplido una norma, cuando cierran la puerta les digo:Tania, por favor ven y siéntate en el sofá, Sonia cierra la puerta con llave y siéntate junto a tu hermana, me miran con cierta cara de desprecio sobretodo Tania, pero obedecen y en un momento las tengo a las dos sentadas frente a mí en el sofá, yo estoy en una butaca.
Dudo un poco, pero tras un momento de incómodo silencio comienzo a hablar.
Bien, esta tarde os he yo:Bien, creo que sois conscientes de que habéis incumplido una norma ¿no es así?Ambas:Si papáBien, Tania, por favor levántate y acércate, Sonia no te muevas de tu asiento hasta que te indique lo contrario.
Tania se levanta y se acerca a mí, la miro, va con un top negro y una falda cortita también negra, bien, me digo para mis adentros, esto me facilitará la tarea.
Me levanto, Tania se asusta un poco, pero no se mueve, seguro que ni se le pasa por la cabeza lo que estoy a punto de hacer, nunca jamás lo he hecho, así que no tiene porque sospechar nada.
De Golpe la cojo del brazo, me siento y la pongo boca abajo sobre mis rodillas, ella grita y forcejea, pero no puede hacer nada, miro un momento a Sonia y veo que tiene los ojos abiertos como platos, sitúo los brazos de Tania sobre su espalda y la pongo de modo que no pueda hacer pie en el suelo, le sujeto los dos brazos con una mano, y con la otra le levanto la parte de atrás de la falda hasta la cintura.
Ella sigue gritando, ahora incluso me insulta, me llama cabrón pervertido, me dice que no se me ocurra ponerle una mano encima, sin hacerle caso comienzo azotarla, un azote en cada nalga, sin parar uno, otro, uno otro, he estado largo rato pensando cuantos debería darles, finalmente he decidido que para que sea impactante tiene que ser un castigo ejemplar así que finalmente me he decidido por 60, treinta en cada nalga.
Ahora ya no me insulta ni grita, solo llora, me pide perdón, me pide que
pare, pero yo sigo un azote tras otro sin parar, noto el calor de sus castigadas nalgas bajo mi mano a cada azote, deben de estar bastante rojas, mi mano ya me duele, así que imagino que a ella también le debe de estar doliendo bastante.
Finalmente acabo, la suelto y le digo que se levante.
Bien, lávate los dientes y vete a la cama sin decir ni una sola palabra.
Me hace caso, se va aún llorando, secándose la cara y los mocos, sube corriendo las escaleras y la oigo dar un portazo al cerrar la puerta de su cuarto.
La sala se queda en silencio, miro a Sonia, me mira boquiabierta, sin creerse lo que acaba de pasar, al cabo de un momento le digo:Levántate y ven aquíElla va con una blusa blanca casi transparente y unos pantalones también blancos, no podré azotarla así sin hacerme daño yo en la mano, así que le digo:Bájate los pantalones hasta las rodillas y ponte como tu hermana.
No se mueve, así que me levanto y le digo:Hazlo, si no quieres que te los baje yoMe mira con cara de miedo, ahora se cree que soy capaz de hacer lo que digo, así que me obedece, se baja los pantalones y se pone sobre mis rodillas.
Me quedo mudo, al ver que el tanga que lleva le deja las nalgas al descubierto, se que tienen ese tipo de ropa interior, pero nunca las había visto así y con ella puesta, sacudo la cabeza, sujeto sus brazos de el mismo modo que he hecho con Tania y comienzo a azotarla, la misma cantidad de azotes para la misma falta.
Ahora es diferente, ya que noto su piel directamente bajo mi mano, también voy viendo como se van quedando más y más rojas a cada azote, me duele la mano, pero prosigo, ella también llora como su hermana, pero ni si quiera se ha quejado, tan solo llora, lo tiene asumido, sabe que no puede hacer nada para evitarlo.
Finalmente acabo, tiene las nalgas completamente rojas, no se si me habré pasado, pero lo hecho, hecho está, la suelto y le digo:Levántate, súbete los pantalones y vete a la cama después de lavarte los dientes, ahora subiré a veros a las dos.
Mientras se va, me quedo abajo, pensando en lo que he hecho, había que hacerlo, hay que educarlas como sea necesario, espero que sea la última vez que tengo que hacerlo, (pero en el fondo se que no será así), y me vuelven a la mente las imágenes de mis dos h funcionaban los castigos que haría.
Autor: Jesús tondijr ( arroba ) yahoo.com.mx

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