Paty tardó años en darme el culo

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Por cuestiones de política estudiantil, cuando estudiaba el bachillerato, tenía que hacer labor en planteles diferentes, además del mío, en esas visitas conocí a muchos estudiantes inmersos en el movimiento estudiantil, una de ellas era Paty.

Paty, joven, como todos, es bajita, 1.50 de estatura, cabello negro largo, rizado, senos medianos que lucía con blusas escotadas, cintura esbelta y unas prominentes nalga que, siempre, llevaba enfundadas en pantalones de mezclilla, como la mayoría.
En las asambleas, Paty era muy participativa, siempre hacía propuestas -muchas de ellas extremas- por eso se hizo notar pronto, muy pronto, y yo fui uno de quienes la notamos.

A pesar de tener comisión en la política, nos las arreglábamos para cumplir en clases, pasábamos mucho tiempo juntos dentro y fuera de la escuela. Fue una tarde que cancelaron la asamblea cuando, no por accidente, nos besamos, pasamos toda la tarde con besos y caricias, en la escuela, en la banca de un parque, en el autobús a su casa y debajo de un árbol cerca de la misma, ninguno de los dos era virgen y queríamos disfrutar uno del otro

– Que pena que no podamos hacer el amor, porque tengo un deseo enorme de tenerte dentro de mí y que te vacies todito.

– Una pena, porque quiero sacar la mujer en tí, que me devores y me dejes devorarte hasta quedar cansados

Esa tarde no pasó a mayores.

La primera vez que hicimos el amor, porque nos amábamos, fue un día feriado, sin clases, pero mis padres debían trabajar ambos y, así, aprovechamos toda la mañana y parte de la tarde, la juventud nos permitía largos y desenfrenados momentos así como una pronta recuperación.

– Dame más mi amor, lléname toda, dame fuerte, como si quisieras matarme con tu verga, me decía

– Te voy a coger hasta dejarte seca mamita, tienes una concha deliciosa, apretadita y empapada como me gusta

Pasó el año escolar, salimos cada uno a su facultad en sitios diferentes. Una tarde, yendo a la biblioteca, la encontré con una amiga, nos presentó y preguntó si ya iba de salida, acompañamos a su amiga al autobús y, al quedar solos, nos dirigimos a su casa entre besos, abrazos y caricias, el reencuentro estaba sellado, por un par de años tuvimos sexo a la menor oportunidad, en su casa o la mía, en cualquiera de las facultades, en alguna calle oscura o en hoteles, hasta que la necesidad de trabajar y la diferencia de horarios nos impidió seguir. En esos dos años en mi casa la ideaban como la persona con quien viviría, no así en su familia.

Años después, ella divorciada y con dos hijos, coincidimos en un concierto, ambos acudíamos solos y nos hicimos compañía. Al salir, con los recuerdos a flor de piel, nos fugamos en su auto directo a un hotel, ambos coincidimos en pasar toda la noche y salir a las 5 am para poder llegar ambos al trabajo.

-Papi, vamos a continuar lo que hemos dejado pendiente, así que espero estés en condiciones…

Al entrar a la habitación nos dimos una ducha, las manos de ambos recorrieron cada rincón, sus labios y los míos iban y venían en cualquier dirección, gozábamos del momento en medio del agua caliente. Pronto, sin pensarlo pero deseándolo, mi pene entró en su tibia y apretada vagina de una sola vez, adentro hasta tocar su cervix, en ese justo instante ella se corrió fuertemente, sus piernas aflojaron y hube de sostenerla para evitar que resbalase. Nos abrazamos y quedamos con calma por un par de minutos, cerremos la llave, nos secamos y salimos a la cama.

Platicamos abrazados, yo en su espalda, y comentamos de la vida, uno de los motivos de su divorcio era que su marido atendía a alguien más y a ella la dejaba de lado.

Con el calor de las pieles tocándose, mi pene empezó a crecer y a hacer presión entre sus nalgas, ella las hizo un poco para atrás y, como en los viejos tiempos, la punta se fue metiendo por su vagina que ya destilaba líquidos, así tuvo un orgasmo largo, delicioso, me acosté de espalda y me montó, sus movimientos eran rápidos, quería sentir los más orgasmos posibles. Cambiamos de posición varias veces, yo aguantaba y aguantaba lo apretado de su interior, hasta que me pidió parar un momento. Sin decir nada, la giré y me apoderé de su sexo esperando que ella metiese el mío en su boca, cosa que no hizo sino hasta después de regalarme tres abundantes venidas en mi boca.

Fue ahí que me permitió meterla en su boca ella repegaba su vagina en la mía, como si me quisiera devorar con ella, yo veía extasiado su manera de cogerme y, en eso, miro como su ano empieza a contraerse y dilatarse, alcancé un sobre de lubricante de la mesita de noche, lo esparcí con mis dedos en su oscuro culito, me concentré en lubricarlo bien y, al momento de meter el ídice, ella estalló en un orgasmo fabuloso, sentía como si quisiera ahogarme con su vagina, sentí su cuerpo tensarse para desfallecer segundos después. Al relajarse, mi dedo hurgó hasta donde pudo entre sus nalgas, entraba y salía con poca facilidad hasta que fue aflojando, aproveché para meter un segundo dedo y vi caer de sus labios vaginales una inmensa cantidad de líquido, se estaba corriendo de nuevo, al terminar se bajo y acostó boca abajo, aproveché y me monté sobre sus piernas, puse el resto del sobre de lubricante en mi verga y, ella abriendo sus nalgas con las manos, apunté mi pene en la entrada de su culo, la cabeza hizo presión por un par de minutos sin lograr entrar y, cuando creí que no podría vulnerar esa entrada, en un instante entró suave, constante y completamente hasta el fondo, ella sacó todo el aire.

Al tocar fondo, inicié a sacar mi verga de su culo hasta sacar la mitad del glande, para volver a enterrarla de nuevo

-¡Aaaah, que rico se siente!

– ¿te gusta por el culo mami?

– de momento sí, pero no prometo nada en un rato, es la primera vez que lo hago…

– pues espero te guste Paty porque no pienso salirme hasta llenarlo de leche

– sí papi, yo también lo quiero, pero no lo prometo porque duele un poco

– mira amor, sigamos hasta que digas, lo importante es no dañarte sino que disfrutes

– dame más, pero sé gentil porfa…

El vaiven fue suave, entraba hasta la base de mi verga y salía hasta dejar apenas media cabeza apuntando a su culo, en algún momento soltó sus nalgas y una mano se fue hacia abajo, comenzaba a masturbarse, ella iba reculando cada vez más rápido haciendo que fuesen más fuertes las embestidas, el ritmo era perfecto, sudábamos al calor del amor, empezó a gemir más alto, un delicioso apretón de su ano anunció que venía el orgasmo, yo tenía cuerda para seguir más tiempo y entonces se vino, su vagina y su ano se contraían y dilataban simultáneamente, duró cerca de un minuto y cayó cansada y satisfecha.

Salí con cuidado de su culo, me acerqué a la mesita donde había dejado un estuche y saqué un vibrador, le coloqué un forro con hemiesferas que sirven para aumentar las sensaciones, lo lubriqué por protocolo, aunque estaba tan mojada que no era necesario, y procedí a introducirlo por su vagina, lo encendí en modo aleatorio -que cambia la velocidad y la fuerza de la vibración al azar- y comencé a masturbarla.

– ay papito, me tienes loca de caliente, dale rico que me voy a venir pronto

Al minuto ella mojaba la cama con su orgasmo.

La dejé descansar otro minuto mientras cambiaba el forro, ahora con uno de anillos de picos, lubriqué de nuevo y lo puse a la máxima potencia y lo metí entero de una sola, tan súbito fue el estímulo que se corrió rapidamente, saliendo de nuevo chorros de su venida. Volví a cambiar el forro, poniendo ahora uno sinuoso, a velocidad media baja, para darme tiempo a que gozara más. Ella seguía boca abajo, mientras la masturbaba le besaba el ano, le dejaba saliva para lubricar, le dije que ella tomase el consolador y se hiciese una paja, a su gusto

– ¿y tú qué vas a hacer amor, acaso te cansaste ya?

– no cariño, tengo para rato, mientras te masturbas voy a cogerte ese culo apretadito y delicioso hasta llenarte de mi leche

– la quiero duro papi, métela de una sola vez hasta el fondo y hazme gozar fuerte

– tus órdenes amor

Ella se daba duro con el vibrador, apunté de nuevo la cabeza y, por lo dilatado que aún estaba, se fue hasta adentro

– aaaaagh…

– ¿duele cariño?

– un poco, pero sigue

– ¿estás segura que lo quieres fuerte?

– sí, por favor, dale fuerte

No necesité pensarlo, me monté mas cerca de sua nalgas hasta pegar mis huevos con ellas y procedí a darle fuerte y rápido por más de diez minutos hasta que sentí que iba a venirme, ella había tenido dos orgasmos más, lo puedo decir porque en esos momentos pensaba que ella iba a quedarse con mi pedazo dentro de su culo; mi vaivén se hizo más intenso, poco a poco llegaba a ese límite de donde no se puede regresar y terminé llenando de nuevo su canal anal. Ella no dejaba de pajearse y, en segundis, terminó con otro maravilloso orgasmo, mi pene se sintió apretado durante unos momentos hasta que aflojó, apoyó la cabeza en la almohada y suspiró. Mi pene salió de su maravilloso culo al tiempo que este se cerraba y dilataba, dejando correr parte de mi leche hacia fuera, mojando su vagina y terminando entre sus muslos o en las sábanas.

– ay, mi vida, me mataste

– no creo amor, han sido los momentos en que te sentías más viva

– sí, pero ahorita estoy en el cielo

– al igual que yo

Nos hicimos de costado, repegó su espalda a mi pecho, sus nalgas a mi sexo, yo la abracé y nos fundimos en el sueño. Aún no amanecía y sentí un beso en los labios

– mi cielo, debo irme, nunca he dejado a mis hijos con mi mamá toda la noche

– te llevo, ni quiero que salgas sola

– no bebé, ni deben ver que llego con alguien, además a esta hora nonpasan taxis que te lleven a tu casa, duerme y mejor me llamas a mediodía y  vamos a comer

– deja que te acompañe, te dejo en la esquina de casa de tus padres

– no bebé, mejor descansa, que mañana te voy a comer de nuevo

Así retomamos nuestra historia, por dos años dimos rienda suelta a la pasión, hasta que su trabajo la llevó al otro lado del país pero, al menos cuatro o cinco veces ella viene o yo voy y hacemos que la piel brille por el sudor…

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