TODO QUEDA EN FAMILIA I

JAVI

Era un día de finales de junio. El sol brillaba con intensidad, los termómetros se acercaban peligrosamente a los cuarenta grados y la humedad no hacía sino provocar que la situación fuese cada vez más agobiante.

Aquella tarde estaba solo en casa. Mi hermana Cris tenía clase hasta las cinco más o menos y mi padre siempre volvía por la noche. Terminé un trabajo de la universidad, pero, por si no estuviese ya suficientemente agobiado con tantas cosas que hacer, mi impresora se estropeó. Por eso fui a la habitación de Cris para utilizar la suya. Y así lo descubrí. Por casualidad. La casualidad más placentera de mi vida. Mi hermanita se había dejado el ordenador encendido. Fantástico, me dije. Eso me ahorraría tiempo.

Abrí mi archivo y empecé a imprimir. Tenía para un buen rato. Observando los iconos del escritorio, uno particularmente me llamó la atención. Era de un programa de chat que yo también frecuentaba de vez en cuando. Me hizo gracia. No sabía que ella chateara también allí. Igual hasta nos habíamos cruzado y ni lo sabíamos.

Hice doble click sobre el icono. Quería saber qué nick utilizaba para hablar con ella, y tal vez gastarle una broma. Pero lo que vi me dejó boquiabierto. No diré el pseudónimo, pero os aseguro que era bastante fuerte.

Aún no sé muy bien lo que me llevó a ello, pero pulsé en "conectar". Enseguida me salió un mensaje de error. "El nick al que intenta acceder está siendo utilizado". Conecté con otro apodo cualquiera de letras aleatorias y miré a ver si era cierto que había alguien conectado con ese nombre. Efectivamente, ahí estaba. Era el mismo y estaba registrado, con lo cual debía ser mi hermana. Además, estaba conectada desde una web, probablemente porque no podía descargar el programa en la universidad.

Me planteé hablar con ella, pero enseguida se me ocurrió una idea mejor. Miré la lista de conversaciones, que siempre se guardaban automáticamente. Aparecían por orden alfabético: primero los canales y luego los privados. A medida que iba leyendo me quedaba alucinado. No sólo mis sospechas en cuanto a que mi hermanita le iba el cibersexo eran ciertas, sino que encima le gustaba el sexo duro. Era una sumisa en potencia, como demostraban los nombres de los canales y las conversaciones un tanto fuertes que mantenía con muchos usuarios cuyos nicks, en la mayoría de los casos, empezaban por "AMO…" o "SR" o cosas similares.

Leí varias conversaciones, pero no quiero detenerme demasiado en estas cosas. Eso sí, cuando terminé de imprimir el trabajo y me fui, asegurándome de dejar todo tal como estaba, tuve que hacerme una buena paja acordándome de la actitud sumisa de mi hermana, y de cómo todos esos con los que chateaba le ordenaban que hiciera cosas – que yo no sé si cumpliría o no, pero imaginar que lo hacía me ponía cachondísimo – como masturbarse, asomarse a la ventana desnuda o azotarse y la humillaban. Y, cuanto más duros eran los insultos y más humillantes las órdenes, más excitada parecía ella.

CRIS

Javi estaba raro. Cada vez que nos veíamos en casa se ponía nervioso y me evitaba. Siempre nos hemos llevado muy bien y tenemos mucha confianza. Por eso me extrañó mucho que no quisiera contarme lo que le sucedía y que mantuviera tanto las distancias. Era sábado por la noche, sobre las dos de la madrugada. Mi padre llevaba ya rato durmiendo y suponía que Javi también, puesto que no había salido.

Hacía bastante calor, como ya venía siendo costumbre, y yo llevaba únicamente un camisón muy fino de tirantes y unas braguitas blancas. La tela transparentaba mis tetas, con los pezones duros y marcados. Instintivamente y sin saber muy bien por qué llevé la mano a ellos y los pellizqué. Tenía ganas de masturbarme, estaba caliente y no sabía por qué. Pero no me apetecí

a hacerlo sola.

A falta de mejores ideas entré en Internet, en una sala que frecuentaba sobre sexo. Era lo que me apetecía esa noche. A veces entraba en otras sobre sumisión para hablar con gente que le atrajese el tema. Tal vez cuando ya me hubiese calmado lo hiciera. Todas las noches me corría como una loca pensando en un hombre que me hiciese su sumisa. Pero eso, precisamente, requería conocer a alguien con tiempo e ir hablando poco a poco para llevarlo a lo real. En aquel momento no me apetecían conversaciones habituales.

Nada más entrar me abrieron cuatro privados. Empecé a hablar con los cuatro. La conversación iba hacia lo normal: de dónde eres, qué edad tienes, qué buscas… De pronto, un nick desconocido y fuertecillo me habló.

– Eso habría que verlo. ¿Cómo de obediente? – dijo, haciendo alusión a mi apodo.

– Todo lo que quieras.

JAVI

De pronto di un respingo en mi silla y se me aceleró el corazón. Cuando ya pensaba que no entraría, apareció mi hermana. Probablemente la habrían acribillado a privados, sobre todo con ese nombre. Pero tenía que intentarlo. Después de un rato de pensar qué decir, escribí:

– Eso habría que verlo. ¿Cómo de obediente?.

Su respuesta no se hizo esperar demasiado.

– Todo lo que quieras.

– Eso hay que demostrarlo. ¿Por qué ese nick? – Me gusta obedecer.

– Eso ya lo supongo. Eres una putita complaciente, ¿no? ¿Te gusta que te ordenen cosas? ¿Exhibirte? ¿Sentirte humillada? – Sí.

La respuesta era corta pero clara, y proseguí con mi papel.

– Yo busco una relación real, no ciber, pero por algo se empieza. Ahora, si lo único que quieres es hacerte un dedo y punto, lo siento pero yo no te valgo. Era verdad. Llevaba tiempo atrayéndome ese mundillo y tuve un par de experiencias aisladas con sumisas que no estuvieron mal.

– Yo también busco real, una vez haya confianza, claro.

Mi polla empezaba a endurecerse. A lo mejor me mandaba a la mierda cuando supiese que era yo, pero desde luego de momento me estaba poniendo cachondísimo.

– ¿Estás mojada? – Sí.

– Quiero verte.

En cuestión de segundos hizo amago de enviarme una foto, pero la rechacé.

– No. Quiero verte ahora mismo, obedeciéndome, por webcam. Si no podría pensar que me estás gastando una broma. Si no puedes complacerme en eso no hay trato. Me dio su dirección de correo electrónico (y eso, por si tenía alguna duda, terminó de verificarme que era ella). Cada vez alucinaba más. O estaba loca por confiar tan pronto en un tío cualquiera, o estaba tan caliente que se proponía hacer casi cualquier cosa. Rápidamente desconecté mi webcam para que ella no me reconociese. Le dio a mostrar cámara web y enseguida apareció su imagen en la pantalla. – Muy guapa – dije – pero sobra ropa. ¿Llevas ropa interior? – Sí.

– Pues a partir de ahora no la llevarás cuando estés hablando conmigo. Y estarás siempre sentada con las piernas abiertas. Las putas no juntan las rodillas. ¿Entendido? – Entendido.

– Pues venga. Y el camisón ese fuera también. YA.

– Ya está.

– Las he visto más rápidas, pero bueno. Seguro que no tan guarras, ¿eh? Tú eres muy guarra, ¿no? – Sí.

– Sí Amo, o sí Señor. Que no se te olvide.

– Lo siento, Amo.

– Bien, ¿tienes juguetes? Quiero que mi perra se masturbe para mí.

– Un vibrador, Amo.

– Enséñamelo.

Lo puso delante de la cámara. Parecía bastante grande, con unas protuberancias al final, supongo que para llegar al clítoris. Debía tenerlo escondido en algún cajón cercano, porque no había tardado nada en enseñarlo.

– Quiero que vayas a por pinzas de la ropa. Cuatro.

– Tengo aquí pinzas, Amo.

– Joder, eres más guarra de lo que pensaba.

– Sí, soy muy guarra, Amo – dijo, cortada.

– Ya lo veo. Pues atiende: ponte una en cada pezón, de momento.

Se las puso y continué.

– Ahora coge el vibrador. Supongo que como es tu deber estás empapada como una buena puta y no va a hacer falta mojarlo, ¿no? – No, Amo, estoy mojadísima.

– Como una buena perra en celo, eso es. Pues venga. Hasta el fondo de un golpe seco.

Se lo metió de golpe al tiempo que cerraba los ojos y abría la boca. Me la imaginé gimiendo y jadeando a dos metros de mí y mi polla decidió que no podía esperar más.

– ¿Tienes un

reloj? Mejor digital.

– Sí, Amo, aquí mismo.

– Bien, cógelo y ponlo en el suelo. Ahora activa el vibrador al máximo. Ponte a cuatro patas delante del reloj. No levantes la mirada de ahí. Pase lo que pase no te muevas y mucho menos te corras. Vas a estar así, con el vibrador al máximo y sin poder correrte quince minutos. Como te muevas o te corras antes de ese tiempo te tendré que castigar. Pon la cam en el suelo también para que compruebe que me obedeces.

– Sí, Amo.

Su expresión, entre resignada y cachonda, me excitó tanto que tuve que reducir el ritmo de los movimientos en mi rabo. Estuve cascándomela un rato más, durante unos cinco minutos, al tiempo que comprobaba los esfuerzos de mi hermana por no correrse. Y entonces llegó el momento de entrar en acción.

CRIS

La puerta de mi cuarto se abrió de golpe y me llevé un susto de muerte. Inmediatamente me puse de pie.

– Ja… ¡Javi! – exclamé, buscando mi camisón para taparme.

– ¿Qué pasa, Cris? – preguntó él, con una sonrisa un tanto rara.

– Yo… pensaba… – arranqué las pinzas de mis pezones de un tirón, haciéndome daño, intentando que mi hermano no las viese y junté las rodillas ocultando el vibrador – suponía que estabas durmiendo.

Empezó a acercarse a mí. Y entonces me fijé que iba desnudo de cintura para abajo, tocándose la polla totalmente erecta con la mano.

– ¿Dormir? ¿Con una hermana tan guarra en la habitación de al lado? Estás loca.

No sabía donde meterme. ¿Cómo sabía él lo que estaba haciendo? ¿Me habría oído gemir? No estábamos tan cerca.

– Pero ¿¡qué dices!? – exclamé haciéndome la ofendida. Estaba muy excitada, pero esa situación era un tanto surrealista.

Se acercó a mí hasta posar la mano en mi cintura. Yo me quedé quieta, alucinada. Me tocó el culo y bajó con un movimiento rápido hasta tocar el vibrador y sacármelo.

– Eres una putita mala, Cris. Te había dicho que no te levantases.

El corazón me dio un vuelco. No podía ser. ¡Era Javi! Esa persona que me atraía como un imán, que me hacía obedecer y que mi coño se encharcase… ¡era mi hermano!

– Tú… – Sí. Yo.

– Pero… ¿cómo…? – Buscaba una putita y la encontré.

Me alejé un poco de él, quedándome frente al armario.

– Javi… Tú sabes que esto no está bien.

Le miré a través del espejo. Una parte de mí quería resistirse. Por Dios, era mi hermano, ¡no podía hacerlo! Pero otra parte, la más insistente, estaba deseando entregarse. Vino por la espalda y me abrazó por detrás, frotando su polla desnuda, dura y húmeda contra mi coño mojado.

– No, tienes toda la razón. No está bien que me desobedezcas. Has sido una putita mala.

Mi coño ardía. Lo tenía hinchado y palpitante. Nunca había estado tan excitada. Y por si eso fuera poco, mi hermano agarró mis pezones y los retorció, haciéndome daño. Un daño que hacía que me mojase todavía más.

– ¿Vas a ser buena? – susurró en mi oído, mordiéndome la oreja.

– Sss… sí – murmuré, dejándome llevar, empezando a abandonarme al placer.

– ¿Vas a ser obediente? – Sí… Sí, Amo – añadí, volviendo a estar muy en mi papel.

Me agarró del pelo y presionó hacia abajo, indicándome que me agachase y se sentó encima de mi cama.

– Pues venga, a ver cómo te comes la polla de tu Amo. ¿Has comido ya pollas? – Sí, Amo.

– ¿Muchas? Con lo zorra que eres seguro que te pasas el día comiendo rabos. Porque antes me has dicho que eras muy guarra, no me habrás mentido, ¿no? – No, Amo. Me encantan los rabos, soy muy guarra – repetí yo, presa de la excitación.

Metió dos dedos de golpe hasta el fondo de mi coño y gemí.

– Eso ya lo veo, cerda, que tu chocho no sabe dejar de babear. Pero cómetela de una puta vez, ¿o es que voy a tener que dártelo todo hecho, zorra?.

Quise disculparme, pero agarrándome del pelo me empujó la cabeza contra su polla, metiéndomela hasta el fondo, tocándome la garganta. Di una arcada.

– Como se te ocurra vomitar lo vas a limpiar con la lengua, así que deja de hacerte la remilgada y sigue con lo tuyo, chupapollas

.

Soltó mi cabeza y yo intenté mantener el ritmo que me había marcado. Cogió mis pezones y los retorció hasta ponerlos duros, colocando una pinza de las que yo me había quitado minutos antes en cada uno.

– ¿Duele? – preguntó apretándolas con fuerza y moviéndolas hacia los lados.

Asentí con la cabeza emitiendo un quejido mientras continuaba comiéndome su polla con ansia, deseando sentir su leche caliente en mi garganta, caliente como una perra en celo.

– Pues vete acostumbrando, quiero los pezones con pinzas siempre que te use – volvió a cogerme del pelo con fuerza – vamos puta, voy a correrme en tu boca y te lo vas a tragar todo.

Empezó a mover mi cabeza tan deprisa y metiéndome su miembro tan profundamente que pensé que me iba a ahogar y tuve que reprimir las ganas de toser.

– Ahhh, qué puta eres… vamos zorra trágatela, no dejes ni una gota de mi leche.

Enseguida noté un disparo caliente y abundante en mi garganta, seguido de otros tantos que me llenaron la boca. Cuando consideró que había acabado, Javi me agarró del pelo y echó mi cabeza hacia atrás. Me tragué todo su semen.

– Mi polla está sucia, perra – dijo. Hice amago de limpiársela con la boca, pero volvió a tirarme del pelo y me dio una cachetada en la mejilla – no recuerdo haberte dado permiso para volver a chuparla, puta maleducada.

– Por favor… Amo, déjeme limpiar su polla.

– Lámela ahora mismo. No dejes ni un solo resto o te castigaré. Las manos a la espalda.

Dejó su capullo al descubierto y lo lamí por todas partes, recogiendo y saboreando las últimas gotitas de esa leche que me ponía tan cachonda.

– Quiero algo con lo que atarte. ¿Tienes?.

Negué con la cabeza.

– Creo que no, Amo… bueno, pañuelos… – Me vale. Dámelos.

– ¿Cuántos, Amo? – Cuatro.

Los cogí del cajón y se los di.

– Túmbate en la cama. Bocabajo.

Mi coño empezó a chorrear, pensando en lo poco que quedaba para que me follase. Nunca había estado tan cachonda, tan salida, y sólo podía pensar en su rabo taladrándome. Pero sus planes eran algo diferentes. Ató mis dos manos a la espalda, muy fuerte, de modo que me era imposible moverlas. Después, cada pie a un extremo de la cama. Y, cuando creía que me iba a follar, dijo:

– Que duermas bien, zorrita, lo vas a necesitar.

– ¿Qué? Javi no jodas, no me dejes así – dije olvidando mi papel sumiso, contrariada.

Me miró con severidad y bajé la cabeza.

– ¿Desde cuando una vulgar sumisa tiene opinión? Tú eres mi puta.

– Sí, Amo, lo siento, pero… – Pero nada. Cuando me apetezca volver a usarte pues ya volveré. Tu placer me pertenece y te correrás cuando me de la gana a mí. Aunque si quieres paramos esto aquí, y tan amigos.

Sabía que lo decía en serio, y con lo que había sucedido en ese rato tenía para fantasear mucho tiempo. Estuve tentada de decirle que lo dejábamos y poder correrme a gusto, ya que notaba todos mis flujos resbalando por mis piernas e imaginaba mi coñito ardiente y palpitante deseoso de rabo. Pero sus palabras "Que duermas bien, lo vas a necesitar" me hicieron desear seguir con el juego, pensar que al día siguiente su rabo me taladraría hasta hacerme chillar de placer como una auténtica guarra.

– Perdón, Amo.

– Ya te castigaré mañana, suponiendo que me apetezca usarte, ya veremos.

Cogió el último pañuelo y me lo ató alrededor de la cabeza pasándolo por mi boca, a modo de mordaza. Después me dio un azote en el culo.

– Buenas noches, puta.

Apoyé la cabeza en la almohada. Estaba cansada, pero mi coño, caprichoso y chorreante, no me dejó dormir.

Para contactar con cualquiera de los dos, podéis escribirnos al mail o agregar al Messenger:

Cris: tuperritaobediente (arroba) hotmail.com – Javi: kraftwerkkk (arroba) hotmail.com

Autor: CLM tuperritaobediente (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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