Una de policías

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Con cada increíble espasmo de orgasmo que sentía, introducía más su verga dentro de mi canal, luego Jim colapsó extenuado, murmurando: Te amo, Doc, te amo. No me dejes. Quédate conmigo para siempre, decía esto al mismo tiempo que seguía viniéndose dentro de mí. Al irse disipando la nube de pasión  Jim me miró, y en ese momento fui suyo, más suyo de lo que ya era.

Dos horas de batalla; la delincuencia es terrible. Una banda de secuestradores buscada durante 3 años. Si no fuera por Jim ahora estaría muerto. Después de los momentos de angustia, iniciamos el papeleo, reportes, reportes y más reportes…

Antes de continuar, me voy a presentar, tengo 19 años, modestia aparte, soy muy inteligente, ya que estoy estudiando un doctorado de sociología y psicología social, esto me ha llevado a convivir con Jim, (lo llamaremos así para no dar a conocer su identidad) un policía de rango que trabaja contra el narcotráfico, el secuestro y todas sus afinidades. Él es rubio, ojos azules, 1.89 mts. De estatura, fornido, de cara agradable pero al mismo tiempo ruda, muy velludo, tiene 40 años.

Yo, como buen ratón de biblioteca, soy delgado, de 1.70 metros, cara pecosa, uso lentes, lampiño, de tez blanca, cabello castaño claro… 19 años, tengo buen carácter pero soy distraído. Yo no podría ser policía, se me olvidan los rostros, pero en cuanto a fechas, registros y demás cosillas importantes para la captura de un delincuente… Bueno, soy muy bueno en eso y Jim y yo hemos hecho buena mancuerna.

Bueno, como dije antes, una vez terminado todo el papeleo, fuimos a festejar la buena fortuna de estar vivos, la batalla es a balazos y duró dos horas. Fuimos a un bar en donde se concentran todos los policías cuando terminan sus labores; festejamos por más de una hora con varios compañeros que estuvieron en el operativo, pero poco a poco se empezaron a retirar y solo quedamos Jim y yo. Él insistió en que nos tomáramos otro trago, y eso siguió hasta que dieron las 11 de la noche y Jim y yo ya estábamos bastante “alegres”. Un poli que nos conoce, nos llevó a casa de Jim, ya que ninguno de los dos estaba en buen estado como para manejar la camioneta de Jim y mi casa estaba demasiado lejos, la mejor opción fue su casa y yo me quedaría ahí también. Sabía que en mi casa no causaría pánico, ya que no era la primera vez que faltaba, pero aun así avisé a mi padre.

Le di las gracias al poli que nos trajo a casa y yo subí las escaleras (7 escalones para ser exactos) que lleva a la casa de Jim, pero con él casi cargando fue demasiado difícil. Una vez adentro, le di a Jim una taza de café cargado, para bajar un poco la borrachera, hasta este momento todo normal. Pero me pidió ayuda para ir a su recamara, ya para entonces había pasado una hora de haber tomado la última copa y ya se había tomado el café cargado, francamente no creí que siguiera tan borracho, pero pensé: “tal vez todavía se siente muy mareado”, así que le ayudé a recostarlo.

Cuando lo ayudé a sentarse en la cama, su peso me gano y fui a dar encima de él. Me dio risa, pues caímos despatarrados uno encima de otro, pero la risa se desvaneció cuando traté de levantarme y él me tenia agarrado de la cintura de una forma muy fuerte, no podía moverme y de repente, cruzó sus piernas sobre mis nalgas, eso ocasionó una total inmovilización. Yo luché un poco, francamente no mucho, de repente me plantó un beso en la boca. Me dejó atónito. Yo tenía novia. Nunca había tenido relaciones homosexuales. Bueno, ni siquiera relaciones heteras, porque la verdad sea dicha, con mi novia solo eran unos buenos fajes y ya, nunca llegábamos a una cópula.
Para cuando me di cuenta, él ya me estaba manoseando…

– No Jim, suéltame. Le decía yo, no con mucha voz de mando, y sin mucho convencimiento, pero estaba asustado, la voz no me salía bien y además, me estaba gustando. ¿Por qué? No lo sé. – ¡Vamos Doc!, Tu me gustas mucho. ¿Qué tiene de malo que nos divirtamos un rato? Somos amigos, ¿qué no? – Tú lo has dicho, amigos. Le reclamaba yo enfadado, no soy un maldito maricón, así que suéltame.

Mi voz no debió ser muy convincente, porque no me soltó, al contrario, me apretó más fuerte y me dijo:

– Pues yo si soy maricón, y me gustas a madres. Tú decides si hacemos el amor o te obligo. ¡Cómo tu quieras cabrón! – No te creo capaz Jim, le dije ya bastante asustado y con la voz temblándome. La verdad es que temblaba todo, un tanto que tenía miedo, otro que me estaba excitando, pero sobre todo, que jamás había hecho el amor con nadie y me ponía de nervios pensar que perdería la virginidad con Jim. Pero eso no era todo, también eran los nervios de pensar ¡por fin dejaré de ser virgen! En algún tiempo pensé que moriría siendo virgen.

Me imagino que sintió mi temblor en mi cuerpo y sintió que me temblaba la voz; me supongo que pensó que estaba asustado (si lo estaba), y dejó de apretarme tan fuerte, su rostro cambió y agarrándome la cara ya sin violencia, me beso tiernamente y me dijo:

– Te amo Doc, desde que te conocí. Estemos juntos esta noche. ¿Si?

Yo no lo pensé mucho, él también me gustaba, así que dejé que me besara y poco a poco empezó a soltarme para acariciarme. En ese momento, se me ocurrió correr hacia la puerta, y salí de su casa huyendo; pero él iba detrás de mí.

Echó un balazo al aire y eso hizo que me detuviera, yo sabía que él tenía muy buena puntería, y me obligó a acostarme en el pavimento de la calle (me alcanzó cerca de 50 metros lejos de su casa), me hizo recostarme en el pavimento, puso su rodilla sobre mi espalda y me puso las esposas, y me paró del piso jaloneándome y empezó a llevarme, así esposado, a su casa, como si fuera un delincuente al que llevaba a la delegación.

Me hizo sentar en una silla, y me tapó la boca para evitar que gritara, fue a la cocina y traía una bandeja con algo, solo veía algunos frascos y hielo. Se fue a la recámara, dejó las cosas y regresó por mí.

– Bien Doc, ahora te voy a preguntar de nuevo, pero será la última vez que lo haga ¿quieres hacer el amor conmigo o prefieres que te obligue? – Quiero hacer el amor contigo, -le contesté cuando me quitó el trapo con lo que me tapaba la boca- pero quiero que seas muy cuidadoso. Jim, no he estado con nadie; por favor, no me hagas daño. Le suplicaba; tenía miedo.

El se puso detrás de mí y me quitó las esposas, me dijo: –“Metete a bañar” y te haces un lavado Me empecé a desnudar, la verdad es que si me daba pena, sobre todo porque él se me quedaba viendo de una forma muy lujuriosa me quité la playera, los zapatos, los pantalones junto con los bóxers y fui al baño, me empecé a bañar y cuando me estaba lavando la cabeza entró Jim, totalmente desnudo y con su pene erecto, no se cuanto medía, pero si me pareció demasiado grande. Me obligó a agacharme y él me puso el enema, me dolió un poco y traté de quitarme de su lado, no quería que me tocara, me agarró del cuello y me dijo:” o te estás quietecito o te pegaré, y sabes que si lo haré”. No hice ningún movimiento, y después de que terminó conmigo, se lo hizo él.

Terminamos de bañarnos y él se estaba comportando muy dulcemente, me secó la espalda y cada tanto me daba besitos cortos en el cuello y la cara; agarró su pistola y mientras que con una mano me acariciaba, con la otra tenía su pistola y ya había cortado cartucho, así es que estaba listo para disparar; yo seguía sin hacer nada, solo me dejaba hacer lo que él quería. Para como estaba la situación, no me pareció buena idea él hacerlo enojar y simple y llanamente me dejaba llevar por él.

En cuanto terminamos de secarnos, me cargó y me llevó a la cama (nunca se le cayó la pistola de la mano) que estaba llena de pétalos de rosas rojas y blancas y me dijo, mientras me recostaba en ella:

– Espero que te guste amor, lo hice especialmente para ti. Te amo mucho. No sabes cuanto tiempo he esperado este momento.

Su cara era totalmente diferente de la de hace un rato, su cara era de felicidad, de amor, de deseo. Me hizo sentir orgulloso y deseado. Nunca había sentido nada igual, y al mirar hacia mí estomago, mi pene estaba totalmente erecto. ¡Me estaba excitando demasiado! Mi cuerpo parecía haber sido golpeado con un shock eléctrico. Retorciéndose en éxtasis al mismo tiempo que Jim besaba, mamaba y mordía suavemente mis pezones.

– “Me voy a desmayar.” Pensé.

Me volvió loco por el deseo y lujuria de la situación, cuando sentí que Jim se había levantado y se dirigía a mi verga. Como dije en un principio yo era virgen, y nunca había sentido nada sexualmente tan acogedor en mi vida. Pronto sentí como Jim buscaba entre mis piernas y tomaba mis delicados y lampiños huevos en su boca, uno a uno. Instintivamente, abría mis piernas para darle completo acceso a mi escroto. Sentí su ardiente lengua lamer arriba y alrededor de mi suave saquito, moviendo las joyas dentro y afuera de su boca. Pronto experimenté sensaciones aún más excitantes cuando Jim comenzó a mamar arriba y abajo de la punta de mi palpitante y humectada verga.

– “Oh he muerto e ido al cielo.” Le decía a Jim mientras su ardiente y húmeda boca envolvían mi verga.

Involuntariamente comencé a enterrar mi verga en su garganta. Podía sentir el semen hervir en mi próstata, gritando por salir. Pero Jim tenía otros planes.

– “Oh no querido Dr. No te vas a escapar tan fácil. Cuando esta puta verga dispare, será en mi culo.” – “Oh, por favor Jim, déjame venirme en tu boca. No puedo esperar más, por favor, sécame. ¡Que putas! Jimmy balbuceaba desesperado, impresionándome a mí mismo al ver que estaba gozando como nunca. Y… ¡Con un hombre!

Jim, contra su voluntad, decidió que por ser nuestra primera vez juntos, no insistiría en ser cogido. Levantó mis piernas en el aire y puso a trabajar su lengua a los lados de mi ano. Para no dejarme tocar mi pulsante verga y arruinar su plan de tomar todo mi delicioso jugo, Jim me tomó de ambas manos y las mantuvo entre las suyas. Aquí fue cuando en verdad comenzó a cogerme con la lengua en mi rosadito y fruncido ano. Yo literalmente gritaba:

– “Por favor Jim, déjame venirme.”

Jim sacó su lengua fuera de mi culo, dejando libre mi mano. Chupó su dedo central de su mano derecha con su propia boca. Una vez bien resbaloso, lo empujó dentro de mi colita. Lo resbalo tanto hacia adentro de mi humeante cavidad hasta encontrar una pequeña y dura semilla que se encontraba por ahí. Mientras masajeaba mi próstata, tomo de nuevo mi verga por completo dentro de su boca y la aspiró. Yo exploté en su boca. Disparé seis o siete gigantescos chorros de jugo de amor, entrando furiosamente en la boca de Jim.

Jim tragó tanto como pudo, pero yo había sido ordeñado tan violentamente que parte de mi sabroso liquido blanco se escapó de su boca y bajo por mi aún pulsante verga hasta la carona de vellos púbicos en la base de la misma.

– “¡Oh, Putas, Jimmy!” Yo le gritaba mientras me golpeaba el éxtasis del orgasmo. “¡Oh, madre!…puta Jimmyyyyyyyyyy.”

Jim soltó mi mástil de su boca. Con mis piernas aún en sus hombros, recogió el semen de mi pubis y con eso friccionó su propia verga. Sabía que mi semen el suyo propio le darían la perfecta lubricación para una artística cogida por mi culo. En ese momento, me dijo:

– “Ahora Doc, es mi turno. Voy a coger esta bella colita tuya virgen por tanto tiempo y tan fuerte que no sabrás ni que día es.”

Apartó mis nalgas frente a él y presiono la cabeza de su verga de 21 cm. (después supe cuanto medía, pero en ese momento no lo sabía) En mi ya mamado ano color de rosa. Yo me contraje por el dolor en que se encontraba mi trasero.

– “Oh, diablos Jim. Duele” Me quejaba y apretaba mi colita, tratando de que no lograra entrar más.  -“Se sentirá mejor en un momento amor. Solo relájate y déjate llevar.” Jim respondió en suave voz de amante.

Con esto dicho, empujó unos cuantos centímetros más de su verga en mí. Cuando encontró más resistencia, la sacaba un poco y de repente… la metió por completo. Yo grité. El dolor fue tremendo: ¡Sácala Jim, por favor, me duele mucho, sácala! Los 21 cm. de verga se introdujeron en mi ardiente y apasionante culo. Gritaba de dolor, pero al fin pude soportar la agonía. Me di cuenta que esta agonía se convertía en apresurados deseos de ser cogido, en especial cuando la verga de Jim alcanzó mi próstata. Jim por su parte, comenzó a hacer los movimientos circulares con sus caderas y manejo su verga en el ahora deseoso culo. Arrimó su cuerpo hacia adelante y me besó en la boca mientras su pasión lo cubría, su lengua forzaba su camino a encontrar la mía. Los dos nos encontrábamos perdidos en la espesa nube del deseo. De repente, me sorprendí gritándole:

– “Oh Jim, cógeme. Se siente tan fantástico y sabroso tener tu verga dentro de mí”. – “Ummmm” fue la única respuesta que Jim pudo decir, debido al éxtasis en que se encontraba.

Jim violentamente puso mis piernas aún más altas doblándome casi a la mitad. Parecía que intentaba poner todo su cuerpo en mi colita. Luego de varias, largas y duras introducciones dentro de mí, Jim explotó como fuente. Mientras yo comenzaba a contraer mi esfínter para apretar su verga y obtener las últimas gotas de leche producidas por Jim. Y pude notar que mi verga había eructado de nuevo otra carga de blanca lava entre nuestros calentados cuerpos.

Cuando Jim se tranquilizó un poco, colapsó en mis brazos y lo abracé fuertemente. Jim se movió solo un poco y su verga, ya morcillona, salió de mí y se acostó a mi lado. Los dos sudábamos abundantemente, se acostó de lado y me besó tiernamente en la boca. Esto me hizo desfallecer. Es tan hermoso sentir los labios húmedos de Jim… Nos quedamos dormidos un rato. El no estar en mi cama, me hizo despertar. Vi a Jim acostado a mi lado y pensé “Jim quería que yo me dejara hacer lo que quería, bueno ahora me toca a mí, también le haré lo mismo que él me hizo, lo haré gozar”. Pero primero, escondí su arma, ya que al ser violento, me daba miedo que no quisiera entregarse a mí.

Empecé a besar su cuello mientras le daba la vuelta lentamente, y durante mi viaje descendente, alcancé los pezones erectos de Jim. Suave y amorosamente, los lamí y pellizque los pezones, permitiendo que un gemido de éxtasis saliera de la boca de Jimmy y que un gran latido se apoderara de su verga que ya estaba totalmente dura entre sus piernas.

– “Oh, Doc. ¡Mámamela! Quiero venirme en tu boca, amor.” Yo separé las piernas de Jim.

Inhalé profundamente ese olor a almizcle que provenía de la ingle de mi amante. Tomé las manos de Jim entre las mías sosteniéndolas apretadamente. Mi lengua caliente comenzó a escabullirse desde arriba de la verga bien parada de Jim, no estaba realmente lamiendo la verga, sino que estaba jugando con ella con mi lengua, revoloteaba en la parte interior de la cabeza de la verga, bajando suavemente hasta llegar a los carnosos huevos que colgaban libremente entre los muslos de Jim.

Jim se retorcía del placer y hacia movimientos como si estuviera cogiendo, restregando su verga contra mi cara. De repente, me levanté bruscamente y le dije: “Todavía no, Jim. ¡Yo quiero que esto dure!” De momento, yo ignoré la verga y los huevos de mi amante.

Empecé a lamer y pellizcar en la parte interior de los muslos de Jim, chupando la tersa piel y mordiéndolo suavemente. Entonces comencé a lamer un poco más debajo de sus huevos colgantes, principalmente sobre el perineo de Jim. Me gustaba chuparle entre los huevos y el culo, haciendo a un lado los huevos con mi nariz. Eventualmente cambiaba de muslo donde repetía mi tortura, la cual hacía que Jim se retorciera de placer.

– “Ah, ¡estás caliente, cabrón!” Le dije mientras subía sus muslos sobre mis hombros y los sostenía con mi pecho, metiendo mi cara entre las nalgas de Jim.

Mi lengua encontró el caliente culo que lo estaba esperando y Comencé a girar mi lengua a lo largo de los bordes de su ano, pellizcando y mordiendo suavemente esa piel rozada y estriada dejándole pequeñas marcas de las mordeduras. Mis movimientos volvieron a Jim loco del placer, ocasionando que moviera sus caderas en un frenesí de lujuria y excitación. Enrollé mi lengua como un taco y la empuñé hacia el ano, tratando de forzar con mi lengua a entrar en aquella apertura caliente. Pronto, el ano se relajó de tal forma que permitió la entrada de mi lengua. De esa manera, me cogí a mi amante con la lengua hasta que chorros de saliva escurrían fuera de su ano. Ambos, estábamos casi delirantes de placer. Las sensaciones sexuales que yo estaba sintiendo me tenían al borde del orgasmo, aun sin que me estuviera tocando mis genitales.

Yo sabía que no iba a aguantar mucho más, así que saqué mi lengua del ano de Jim, me levanté como un semental y le metí mi verga ya lubricada en su culo. Un gran empujón fue todo lo que necesita para metérsela y pasar el esfínter de Jimmy lo que me provocó un temblor violento, y estallé en un gran orgasmo, bombeando mi semen en el interior de mi amante. Después de recuperarme del orgasmo, saqué mi verga del ano de Jim, le bajé las piernas y le empecé a mamar la verga palpitante hasta hacerlo llegar a un clímax tan gratificante como el mío.

El olor de león en brama que el emanaba, junto con el delirio de ser mi primera vez y el olor de los pétalos de rosa hicieron que no se me bajara mi erección, él se dio cuenta y me dijo: – te voy a enseñar hacer algo diferente.

De la bandeja que él había traído, había una botella de miel y me la roció por el cuerpo. El contacto de la miel cayéndome en mi desnudez me pareció tan erótico que casi me vengo en ese momento, pero pude controlarme, yo quería durar para él, quería hacerlo sentir que no podría dejarme nunca.

Empezó a recorrer con su lengua mi cuerpo, recogiendo la miel, mis pezones se erectaron cuando pasó su lengua sobre ellos, bajo poco a poco y llegó a mi ombligo, en el cual había echado un poco de miel, metió su lengua por esa pequeña cicatriz y siguió bajando hasta llegar a mi vello púbico y empezar a lamerlo, mis pelos se le metían a la boca y él los jalaba con los labios haciéndome gemir de delirio. Cuando llegó a mi pene lo empezó a mamar, fue increíble y en el momento en que yo iba a terminar, él me dijo:

– Espera bebé, no termines, aguanta.

Se levantó de la cama, haciendo volar los pétalos que me cayeron en el vientre y volvió con un pene de látex. Se acostó boca arriba y me dijo, “haremos un 69”, en ese momento, me acosté arriba de él a la altura de su pene, arrodillado con su cabeza entre mis piernas y empecé a mamarle el pene, no sabia hacerlo muy bien, pero creo que a él le gustaba por los gemidos que daba, y él empezó a darme una mamada de fábula.

De repente, sentí que me metía sus dedos, y luego algo más grueso, era la verga de látex, esto me puso frenético y empecé a culear con mayor fuerza.

El es un gran amante, porque al mismo ritmo que me la mamaba me penetraba con la falsa verga y yo sentía un gran placer aunado con un gran, gran dolor, sentía que me quemaba y de repente estallé en un orgasmo increíble. Más grande que los dos anteriores e incluso, sentía que la respiración me faltaba. De tan intenso que fue, la falsa verga se quedó allí dentro, yo la apretaba con mi esfínter y Jim no pudo sacármela. Nunca creí que una verga de 30 centímetros por 8 de ancho pudiera caberme en mi rosadito y fruncido ano, pero así fue, la tenía toda adentro, hasta la base. Jim empezó a masturbarse violentamente, ya que yo interrumpí la mamada al sentir mi orgasmo, le ayudé apretando sus testículos y se vino tan violentamente como la misma masturbada.

Yo quedé acostado sobre Jim, no tenía fuerzas para levantarme, sentía que las piernas me temblaban y no me podía levantar. Me sentía extraño, pero no me sentía mal, era un temblor de todo mi cuerpo, ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Jim se dio cuenta y me empezó a besar y a decirme:

– Cálmate chiquito, cálmate pronto pasará. Calma bebé.

Yo no sabía que me pasaba en ese momento, ahora sé que fue un orgasmo anal, él se había deslizado por debajo de mí así que yo seguía en la misma posición que antes pero sin Jim debajo, agarró el hielo y lo puso en mi trasero, eso me excitó todavía más y empecé a eyacular nuevamente, entonces él me sacó la verga falsa y el orgasmo fue nuevamente violento pero doloroso. Tenía tan sensible mi pene, testículos y ano que me dolía, me dolía mucho y al mismo tiempo gozaba demasiado. Caí sobre mi estómago en la cama, sin fuerzas ni siquiera para hablar. El se acercó a mí y me besó la nuca. Se acostó a mi lado, con el revólver apuntando a mi rostro, se rió y me dijo:

– ¿No que no eras maricón? Te hice gozar como nadie pequeño putito. Apagó la luz y se acostó a mi lado.

En ese momento, volví a mi realidad, volvió el miedo, la sensación de indefensión pues él seguía armado, y yo no tenía fuerza ni para levantarme, lo que hice fue acomodarme en la cama y dormir. Me dormí tan profundamente, que ni siquiera sentí cuando Jim se levantó y se metió a bañar. Eran las 7 de la mañana.

Me levanté resentido, mi colita me dolía, el pene también me dolía e inició una sensación de vergüenza, de temor y también de degradación. Estaba tan apesadumbrado, que me vestí lo más rápido que pude y aprovechando que Jim estaba bañándose, me fui. Para mi buena suerte, pasaba un camión colectivo, me subí y me dirigí a mi casa. Cuando llegué, mi padre ya se había ido a trabajar y mi madre estaba por salir, la saludé y le dije que había tenido trabajo y estaba muy cansado, que no iría a trabajar hoy.

Me acosté en mi cama, sabía que no había ya más nadie, y empecé a pensar en lo sucedido, y a pesar de lo confundido que estaba, el recordar todo me hizo sentirme excitado, me toque mi miembro arriba del pijama y me dolía, pero aún así me hice una paja, y traté de dormir; pero no podía. Me metí a bañar y al salir del baño y dirigirme a mi recamara, Jim estaba sentado en mi cama, con su traje verde de policía especial. Francamente, me sobrecogió el verlo ahí, sobre todo porque, aunque a fin de cuentas yo terminé gozando del sexo con el, en si fue una violación y eso me hacia sentirme realmente mal.

El se me quedó viendo a la cara, y solo me empecé a vestirme rápidamente, le pregunté:

– ¿Qué haces en mi casa?, ¿Quién te abrió? – Tu mamá, venía llegando con su bolsa de mandado. Ella me dejó entrar. Necesito hablar contigo Doctor, sobre lo que pasó anoche. – Yo no quiero hablar contigo Jim. Me obligaste ha tener sexo contigo y estoy muy confundido, me siento mal y no quiero que te me acerques, me das miedo…

Jim se puso muy serio, y no me dijo nada, solo se acercó a mi y me besó una mejilla, yo me hice hacia atrás, pero él me agarró la cabeza y me besó, diciéndome “te amo”, y se salió de mi recámara y me dijo hoy no hay trabajo. Te veré hasta mañana.

Duré 7 días encerrado en mi recámara, casi no me daba hambre y mi padre se empezó a preocupar. Tres días después de lo sucedido, mi padre entró en mi recámara y me preguntó que me pasaba, yo no aguantaba más el silencio y le conté lo de la violación, obviamente me guardé los detalles y también el nombre de mi verdugo y mi padre me dijo:

– ¿Te lastimó demasiado? ¿Te duele algo? ¿Quieres que vayamos al doctor, hijo? Te llevaré para que te haga algún estudio. – No papá, estoy bien. – Entonces, lo que te pasa es que no te gustó que un hombre te tocara. – Perdona papá, lo que te voy a decir, pero lo que me pasa es que SI me gustó que otro hombre me tocara, y eso me hace sentir mal. Eso es lo que me está matando. Siento que te fallé, siento que ahora te decepcioné…

– ¿Porque hijo? Tú no me decepcionas ni me fallas, no tienes que sentirte así, he sabido que eres homosexual, lo que pasa es que apenas te das cuenta tú, pero yo ya lo sabía. Si a ti te gustó lo que Jim te hizo, háblalo con él y… – ¿Cómo sabes que fue Jim? Lo interrumpí. – Porque ha llamado todos los días para saber como estas, y se le nota muy preocupado y me pide que si necesitas algo de inmediato lo llame.

En ese momento me di cuenta que era cierto, no me afectaba demasiado que Jim me hubiese obligado, porque a fin de cuentas algún día iba a caer con él, porque Jim me gustaba, me había enamorado de él, por eso lo seguía, por eso lo esperaba y trataba de estar el mayor tiempo posible con él. Mi problema era de aceptación… Mi propia aceptación.

Dejé pasar la semana completa y fui a casa de Jim, él estaba en su sala, solo, con una tristeza en su mirada que me llegó al fondo del alma. En cuanto me vio ahí parado me pidió perdón, me dijo que no había sido su intención asustarme tanto, pero que por más que él trataba de acercarse a mi yo lo rechazaba, y me dijo que estaba enamorado de mi, que me amaba, que no podía vivir sin mi… Mi respuesta fue sentarme en sus piernas y besarlo lo más profundamente que yo podía en esos momentos. Cuando terminó el beso, le dije:

– Jim, yo también te amo, pero me espantaste mucho, no era lo que yo esperaba en mi primera vez. Yo deseaba ternura, amor, caricias… No una pistola en mi cara y unos cuantos golpes…- Tienes razón doc, fui una bestia, perdóname, pero yo estaba desesperado yo no aguantaba más tenerte tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, necesitaba hacer algo. Y la peor estupidez fue hacerlo a la fuerza, bien podía tratar de convencerte… – Si, podías tratar de convencerme, y te aseguro que no te hubiese costado demasiado trabajo. Yo también te amo.

Para cuando terminamos de hablar, ya era de noche y los dos habíamos llorado lo suficiente como para pedirnos perdón mutuamente y tratar de empezar de nuevo. Le dije que me hiciera el amor, pero sin violencia, como si fuera nuestra primera vez, él me tomó de la mano, y me llevó a la recámara y me acostó en la cama.

De repente Jim me miró a los ojos, muy serio, poniéndose encima de mí, haciéndome sentir el peso de su cálido cuerpo sobre el mío. Me besó la frente, la nariz, los labios, el cuello… y fue bajando y bajando. Me desnudó lentamente, y continuó besándome por todas partes, centímetro a centímetro. Luego tomó mi mano y, clavándome una mirada muy sensual, la guió por su cuerpo.

Quise abrazarle, pero no me dejó. Me obligó a contener mi deseo; quería quemarme a fuego lento. Quería alargar la pasión hasta que no aguantara más y tuviera que suplicarle que saciara mi hambre, que calmara mi ansiedad por poseerle o por ser poseído. Mi mano, cogida por la suya, pasaba flotando suavemente por su ardiente piel. Se desnudó lentamente, frente a mí, sin dejar de mirarme, y continuó con aquella dulce tortura. Me cogió ambas manos y se puso de rodillas encima de mí. Me guió por su cuello, su pecho, se paró en sus tetillas e hizo que las sobara,. Tomé el pezón con mi mano y lo apreté, luego hice lo mismo con la otra tetilla y • “Doc, como me encantaría meterte la lengua en el culo.” • Voltee a verlo y le dije; En este momento soy tuyo, haz lo que quieras conmigo, solo ámame y hazme tuyo…

Y tuve que apretar mis nalgas al sentir su ardiente lengua en mi ano. Su lengua se encontraba atrapada en mi apretado ano, entrando y saliendo del caliente orificio. Deslizó su mano bajo mi cuerpo y tomó mis abultados huevos en su mano, apretándolos cariñosamente. La sensación de una lengua caliente en mi culo y los fuertes dedos en mis huevos, hizo que yo gimiera con aun más placer. Después, se tumbó sobre mi cuerpo, y se frotó sobre él, gimiendo en mi oído, haciéndome creer que aquello no podía ser real, que tenía que tratarse de un sueño Le pedí que me penetrara, entre susurros y suspiros en su oreja. Se lo imploraba, y me contestó: “Despreocúpate mi amor. Te meteré toda mi enorme verga hasta que tengas los ojos en blanco.” Murmuró Jim, luego de haber sacado su lengua de mi culo.

Jim se levantó y se montó sobre mi espalda. Preparó su erecta verga frente a mi húmedo culo, y con un repentino empuje, violentamente me penetró hasta el fondo, causándome un gran dolor. Jim giro sus piernas, de tal forma que ahora estaba sentado sobre mi, , permitiéndose coger aun más mi culo. Presiono mis piernas con las suyas, apretando aun más mi ano y permitiéndome sentir como su cabeza tocaba lo más profundo de mí.

Jim se halló rápidamente desorientado. Y yo estaba tan compenetrado en mis salvajes sensaciones eróticas que corrían por todo mi cuerpo que apenas si podía oír los lujuriosos gemidos emanados de su hermosa boca; Y por cada viciosa penetración de su verga en mi ardiente culo. Las deliciosas sensaciones que ambos sentíamos, nos tenían prácticamente sin sentido, podíamos venirnos en cualquier momento.

En ferviente lujuria, Jim cambio de nuevo su posición. Esta vez posesiono su cuerpo por completo encima de mí, hasta el punto donde podía bombear su verga dentro de mí. Abrazó con sus brazos la parte superior de mi torso, sujetándome amorosamente el cuerpo sudoroso y penetrándome aun más.

Empezó a besarme y lamerme por el cuello y hombros mientras seguía metiéndomela, sintiendo que cada partícula de su cuerpo estaba involucrada en tan rica cogida. Yo estaba completamente extasiado, pidiendo más, apretaba mi culo en clemencia de sentir todo su grosor, lo cual provoco que Jim alcanzara el clímax. Gemía, sé contorsionaba y gritaba sin control sintiendo como su semen bañaba todo el interior de mi colita.

Con cada increíble espasmo de orgasmo que sentía, introducía más su verga dentro de mi canal amoroso… una… dos… tres veces, luego Jim colapsó extenuado, murmurando: . “Te amo, Doc, te amo. No me dejes. Quédate conmigo para siempre, decía esto al mismo tiempo que seguía viniéndose dentro de mí. Al irse disipando la nube de pasión y recuperando el conocimiento, Jim me miró, y en ese momento fui suyo, más suyo de lo que ya era.

Seguía con su miembro adentro, pero solo la cabeza, y me volvió a penetrar, pero esta vez despacio, saboreando cada sensación. Me dejé llevar por él, nuevamente, porque me sentía tan bien que sólo quería sentir, dejarme hacer cualquier cosa que él quisiera. Jim empezó a moverse, haciéndome notar su miembro palpitante y duro en lo más profundo de mis entrañas. Me cogió una mano, y con la otra me acarició el pelo, mientras me mordía el cuello y gemía. Cerré mis ojos y me sentí en éxtasis. Terminé con un orgasmo increíble. Definitivamente, Jim es un buen amante, pero lo que lo hace fabuloso, es el amor que siento por él y se que también él lo siente por mi. Una vez que terminamos, él seguía dentro de mí, yo sentía su miembro flácido.

– Creo que tendremos que ir con el doctor, tienes sangre. Lo siento mi amor, creo que fui demasiado brusco contigo. ¡Perdóname! ¿Si? No te volveré a hacer esto amor, lo siento. – Si no vuelves a hacerme esto te dejaré de hablar ¿entiendes? Ha sido lo mejor que he vivido. Gracias Jim, me sentí muy bien, ahora mismo me siento muy bien. La próxima cogida, usaremos algo de lubricante para que no me irrites tanto con esa verga enorme que tienes. Trae un poco de hielo ¿si?, con eso se me quitará el ardor.

Se levantó, aun desnudo, se acercó a mí, me puso boca abajo y besó mi cuello y oreja derecha, y me dijo en el oído, casi en un susurro:

– Te ves hermoso así acostado. Iré a por el hielo, pero cuando entre quiero verte así acostado, ponte una almohada en el vientre, para que se te pare la colita. Traeré el hielo y yo te voy a curar.

Cuando entró, traía una bandeja con agua, otra con hielo, dos toallas y un tubo de una pomada -francamente no se que tipo de pomada- se me acercó, con la bandeja de agua y la toalla, la humedeció y luego me limpio, tanto sangre como su semen, cuando, me supongo ya estaba limpio, me secó con la toalla seca, luego me puso hielo, pero ahí, mientras me lo ponía en la colita, me empezó a besar la espalda, el cuello, los flancos, y con la otra mano me sobaba mis testículos. Era una nueva sensación, y me estaba excitando de una manera increíble, no habían pasado más de 15 minutos desde la última eyaculación y yo ya estaba a un paso de volverme a correr. Jim se dio cuenta y dejó de magrearme, yo le dije entre suspiros – Sigue amor, por favor, sigue, ahora estoy demasiado excitado,-

– Un momento, no seas impaciente, me dijo-, tomó el tubo de pomada, se puso en los dedos, en los 4 dedos, y me los empezó a meter, era la primera vez me hacían un fast finger, y fue demasiado excitante, tanto, que solo mover un poco la mano, me corrí de una forma increíble, recuerdo que yo gritaba, gemía, suspiraba, pero también me dolía…

Tenía toda su mano adentro de mi, hasta la muñeca, y se sentía fabuloso, sentí que las piernas se me entumecían y el orgasmo venía desde mi ano hasta la punta de mi pene. Fue increíble, excitante, hermoso.

La pomada quedó en todo mi ano, por dentro y por fuera, pero mi semen quedó en la almohada que tenía yo bajo de mi. En eso, se paró Jim, me hizo acostar boca arriba, tomó su gran pene erecto y se sentó a horcajadas sobre mi abdomen, y me dijo, casi gritando por el éxtasis – ¡Jálemela, quiero correrme!

Y… lo hice. Claro que lo hice, quería que sintiera lo mismo que yo, así es que lo aventé a la cama, me puse sobre sus piernas y mi boca la llenó con su pene, empecé a darle una mamada regia. Yo no era experto, pero estaba decidido hacerlo feliz en ese momento, así es que empecé a mamar, a lengüetear, a morder, y no tardó casi nada en venir su orgasmo. Se retorcía prácticamente en cada venida, gritó, bufó, y fue tan intenso que empezó a llorar.

Yo me acerqué a él, lo abracé y lo besé, él a mí también, y nos acostamos juntos. Ahora sí deseaba estar a su lado, dormir toda la noche en sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo y su respiración en mi cuello.

Desde entonces vivimos juntos, hasta ahora, nadie en la delegación se ha enterado que somos gay y que somos pareja. Yo sigo con mis estudios, ya inicié una nueva carrera universitaria (psicología criminal) y ya me hice miembro de la armada, me he quedado con Jim todo el tiempo y espero que nadie se entere por un buen tiempo.

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Autor: marco

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Escrito por Marqueze

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