Lujuria
El trabajo en el lenocinio a la Susana le ocupa todo su tiempo pero no por ello descuidaba a los travestis ya que los dirigía y vigilaba con mano firme y autoritaria, producto de la larga experiencia adquirida en el transcurso del tiempo.
Comenzó desde muy joven en el trabajo de la prostitución como un travesti más, asilado en un tugurio de un puerto en el norte del país. Allí además de aprender muy bien el oficio de trabajador sexual; su carácter fuerte y emprendedor, gran responsabilidad, así como probada honestidad fue premiado con la confianza que poco a poco le fue depositando la dueña del local. A los pocos años de trabajar allí ya se había convertido en su directa colaboradora y lentamente fue dejando el trabajo sexual para ir asumiendo labores en la administración del lupanar. Transcurrido algunos años y con los ahorros que había logrado reunir, decidió emprender un negocio propio; probando suerte en el puerto de Valparaíso.
En su vida, la fortuna le había sonreído ya que de un modesto trabajador en una cantera a la orilla de un río acopiando ripio y arena para vender como material para la construcción, se había convertido en uno de esos pocos travestis que conocedor de la dureza con que lo había tratado la vida desde su infancia, se había propuesto salir adelante con mucho trabajo y tesón.
Cuando llegó a esta ciudad comenzó con un pequeño prostíbulo clandestino en los arrabales y poco a poco su esfuerzo y entereza le proporcionaron los elementos para lograr formar el local actual, que sin duda, a pesar de estar ubicado en una modesta casona colgando de los cerros en el barrio portuario, su clara visión comercial, así como el dominio acabado del oficio, lentamente fue posicionándolo como uno de los más famosos prostíbulos de travestis de la ciudad, donde se garantizaba sexo y diversión, en un ambiente libre de riñas, robos y droga.
El fuerte carácter de Susana se deja ver en cada momento y es difícil que ocurra algo en el prostíbulo sin que ella no se percate. Es claramente respetada por todos los travestis que allí trabajan, quienes acatan sin condiciones todas sus instrucciones y normas ya que de otro modo saben que antes de terminar el día estarán con sus pocas cosas en la calle. Sin embargo, es respetada y querida por todos los maricones ya que en lo más íntimo de sus pensamientos ven en ella un modelo a imitar. Susana es fuerte y dura producto de las vivencias aprendidas en la vida, pero a la vez comprensiva y generosa con todos los colas y siempre está llana a solucionar cualquier problema que a alguna se le presente.
Sus normas son claras y categóricas; y deben ser cumplidas férreamente, por ejemplo, no acepta que los travestis tengan cafiches ni menos que estos concurran al local, sin embargo no pone problemas si se forman parejas entre los propios maracos que allí trabajan siempre que ello no interfiera con el trabajo y la rutina del prostíbulo. El consumo y tráfico de drogas está terminantemente prohibido ya que en ello se basan las excelentes relaciones que mantiene con la policía, quienes ejercen un control pasivo, respetuoso y de gran colaboración, cuando es necesario que actúen para retirar parroquianos alborotadores o conflictivos. Exige también que todas sus asiladas sean muy limpias y ordenadas tanto en lo referido a su cuerpo como su vestimenta así como que mantengan su pieza en perfecto orden cambiando la modesta ropa de cama y toallas todos los días.
La comida que ofrece es sencilla pero abundante; y como pocos prostíbulos, en el invierno se cuenta con agua caliente en las duchas.
La vetusta y deteriorada casona de tres pisos, en sus niveles superiores es un laberinto de pasillos y piezas donde las mejores y más amplias están ocupadas por los que llevan más tiempo en el local. En el patio se ubican dos grandes artesas para lavar nuestras ropas y luego ponerlas a secar de un grueso cable de alambre que cruza varias veces el patio.
Muy temprano cada día Susana inicia sus actividades concurriendo al mercado a comprar las provisiones para alimentarnos. Continúa con el pago de cuentas; adquiriendo y recibiendo las bebidas y licores que requiere para el consumo en el local; así como realiza personalmente la limpieza del salón. En general a sus trabajadoras, no les exige más allá que cuidar y preparar su cuerpo y apariencia para esta
r siempre en condiciones de trabajar. Susana ve en nosotras su mejor capital y el hecho que estemos dispuestas y con mucho ánimo, es garantía que seremos las verdaderas máquinas de sexo y placer que han llenado de prestigio su lupanar. El consumo de alcohol durante las jornadas nocturnas no lo prohíbe, pero los colas rápidamente se dan cuenta que para estar en buenas condiciones todos los días y así poder cumplir eficientemente las largas y agotadoras jornadas nocturnas de sexo, es preferible un consumo moderado.
Todas quienes trabajamos – incluyéndome yo – nos sabemos una casta marginada de la sociedad, donde la familia original a sido cambiada por esta pequeña pero no menos afectuosa familia artificial que al interior del prostíbulo, se da. Todas nos consideramos como hermanas y nos brindamos lo más que podemos unas a otras, dejando de lado los egoísmos y envidias. A pesar de lo modesto del ambiente en que se vive, prima la alegría y el sano compañerismo no faltando las palabras de apoyo y las acciones que día a día refuerzan nuestra cofradía. Se ha asumido que los clientes; son clientes, y si por casualidad en el día uno de ellos se nos cruza por la calle, no nos debe extrañar si evita saludarnos, porque este es el modo de vida que hemos elegido y si nuevamente llega al local debemos atenderlo como al mejor de todos, haciendo caso omiso de circunstancias pasadas. Tampoco es motivo de sentimientos entre nosotras si un cliente hoy se ocupa con una y mañana con otra, ya que este tiene el reconocido derecho de elegir a quien quiera de nosotras debiéndonos brindar a él con toda nuestra disposición y profesionalismo.
La Marcia es un joven travesti de 19 años, que llegó al prostíbulo hace como seis meses originario del interior del país donde se desempeñaba junto a su familia como trabajador agrícola. Emigró al puerto en la búsqueda de mejores oportunidades comenzando a trabajar en la calle como lavador de autos y luego como copero de un bar en la zona roja del puerto, tarea que complementaba ejerciendo en las noches la prostitución como prostituto callejero. Luego de un tiempo se dio cuenta que el ejercicio la prostitución vestido de hombre era mas difícil que vestido de mujer, así que poco a poco fue cambiando su vestimenta hasta transformarse en una joven travesti callejera a tiempo completo. Luego de pasar por diversas vicisitudes llegó finalmente a trabajar como asilada al prostíbulo de Susana. De pequeña estatura, posee un cuerpo magro pero muy musculoso, tiene una tez marcadamente morena y aceitunada producto del esforzado trabajo del campo, cubriendo sus anchas espaldas con un largo cabello negro azabache que cae hasta sus caderas. Con un rostro muy bonito y juvenil así como con una espectacular figura, hacen que vestida y maquillada se vea como una preciosa niña, muy exótica y sensual. Se declara en el sexo como eminentemente activo y son muchas las bromas que se le hacen porque posee un pene grande y grueso que no guarda relación con el tamaño de su físico, debiendo amarrárselo firmemente hacia el interior de su culo para ocultar así su gran protuberancia.
La Marcia es una de las mejores amigas de Rebeca y esa tarde llegó a la pieza de esta, sabiendo que estabamos juntas, para invitarnos a que la acompañáramos al correo porque quería enviar un giro de dinero a su familia. Aceptando su invitación nos arreglamos y juntas bajamos al centro. Las tres nos vestimos con cortas faldas y unos pequeños y deliciosos petos que sobre los sostenes realzaban aún más nuestras delgadas y esbeltas figuras. Realizado el trámite, pasamos por un negocio de tatuajes. Tanto la Rebeca como la Marcia se habían hecho varios en el cuerpo así que me conminaron insistentemente a que yo también luciera alguno. Luego de revisar el catálogo varias veces, me decidí por tres pequeñas rosas rojas que entrelazadas en un delicado ramo lucían preciosas, e inmediatamente el artista procedió con su prolijo trabajo, en el muslo izquierdo de mi culo. Terminada la dolorosa sesión, continuamos mirando un poco el comercio y yo las invité a que pasáramos a una multitienda donde nos probamos diversas tenidas, lencería y alhajas, regalándoles algo a ambas y comprando un precioso anillo de fantasía para mí.
Cerca de las 19:00 horas nos dirigimos de regreso al prostíbulo y luego de dejar las compras en la pieza fuimos juntas a cenar, para inmediatamente comenzar nuestra rutina de arreglos y prepararnos lo mejor posible
para enfrentar un viernes que se presumía largo y agitado.
Debo reconocer que con los días que ya llevaba trabando en el prostíbulo, mi modo de ser ya se había transformado completamente y tanto mi físico como mis actitudes eran profundamente femeninas, no diferenciándome del resto, en cuanto a mis modales y modo de actuar. Rápidamente me había convertido en un travestí más del prostíbulo como si llevara un enorme tiempo trabajando en el oficio. Mis pechos habían aumentado enormemente y ya se notaban a simple vista, así como mis pezones los que ayudaba a crecer con una pequeña bomba succionadora. En fin, mis senos estaban logrando un tamaño grande y firme, razón por la cual solo necesitaba una pequeña esponja bajo el sostén para destacar mi busto, prenda que se había hecho imprescindible ya que sin él, mis pechos me molestaban mucho. Mis erecciones eran cada vez menores e inversamente proporcional a la femineidad que tanto mental como físicamente estaba adquiriendo a pasos agigantados.
Esa tarde me puse un corsé rojo de satín, que Rebeca amarró firmemente con cordones a mi espalda, y acompañé esa prenda con un conjunto – también del mismo color – de portaligas, medias y un pequeño calzón justo del tamaño suficiente para tapar mi sexo, dejando los muslos de mi culo a la vista. Acompañé la tenida con unos lindos zapatos rojos de alto taco que me prestó la Marcia ya que calzábamos el mismo número.
Rebeca vistió toda de negro. Bajo los calzones y el sostén se puso una maya tipo red que cubría todo su cuerpo y una lindas botas altas color dorado, tipo bucanero, que la hacían lucir francamente muy hermosa y llamativa y que hacían un precioso conjunto con su larga cabellera rubia platinada.
El trabajo en el salón comenzó muy temprano y ya a la medianoche estaba completamente lleno de público. Entre las 23:00 y la 1:00 me ocupé dos veces con clientes que solicitaron mis servicios para penetrarme. Ambos algo viejos, me metieron sus penes y rápidamente luego de unas pocas punteadas en mi culo, eyacularon, así que mi trabajo fue fácil y poco motivante ya que escasamente sentí sus miembros en mi hoyo. Cuando bajé a atender mesas me llamaron cuatro obreros – al parecer trabajadores de caminos – para que compartiera y bailara con ellos. Estaba en eso cuando la Susana me fue a buscar porque conjuntamente con la Marcia tendría que salir del local a atender a unos clientes acaudalados que tenían una fiesta privada en una de sus casas. Rebeca le solicitó acompañarme, reemplazando a Marcia, pero Susana fue clara y tajante en el sentido que era ella quien disponía de nosotras.
A la 1:30 de la madrugada llegó un taxi a buscarnos. Previa recomendación de Susana, instándonos a comportarnos correctamente sin dar escándalos e insistiendo que como buenas putas teníamos que hacer cuanto nos pidieran. Partimos ambas instaladas en la parte trasera del vehículo de alquiler hacia un lejano punto de la ciudad.
Llegamos a una preciosa mansión de moderno estilo que enclavada en los cerros estaba rodeada de majestuosos jardines. A un costado se divisaba una gran piscina donde numerosas personas departían y bailaban a media luz. Entramos por la zona de servicio y en la cocina nos esperaba el dueño de casa quien nos preguntó los nombres y nos dio las instrucciones, que en lo principal consistían en que era una fiesta de amigos con prostitutas, pero que habían varios de ellos a los cuales les gustaban los travestis, así que teníamos que hacer cualquier cosa que nos pidieran ya que todos nuestros servicios serían ampliamente cancelados a Susana – A quien al parecer conocía mucho – y que adicionalmente según fuera nuestro trabajo, nos daría una generosa propina.
Ingresamos al lugar donde se realizaba la fiesta y allí estaban algo así como 12 varones de distinta edad todos elegantemente vestidos, los acompañaban 4 prostitutas, algunas de ellas conocidas por la Marcia ya que en su trabajo callejero habían compartido aceras, también se agregaban dos jóvenes prostitutos que trabajaban adicionalmente como bailarines en una conocida disco gay.
Nos ofrecieron un trago como aperitivo que gustosas aceptamos para entrar en confianza y rápidamente se nos aproximaron don jóvenes caballeros que muy decorosamente nos invitaron a bailar con ellos. La fiesta parecía en esos instantes pulcra y agradable, propia de gente muy edu
cada donde entre bailes, conversación y uno que otro sobajeo, pasaban los minutos muy amenamente. Los caballeros que con nosotros estaban, aparentaban tener algo así como 40 años y nos contaron que ambos eran médicos: uno ginecólogo y el otro cirujano plástico, que eran bisexuales casados y con hijos así que todo lo que pasara esa noche teníamos que luego borrarlo de nuestras mentes a no ser que ellos dijeran lo contrario. Transcurridas 2 horas nos invitaron a que los acompañáramos a la casa, instalándonos todos en una amplia alcoba llena de espejos. Pusieron una suave música y luego de sentarse desnudos en dos cómodos taburetes nos pidieron que les hiciéramos un pequeño show lésbico para empezar calentarse. Marcia me tomó de las manos y las puso sobre su espalda, acercó su cara y puso sus labios junto a los míos y entrelazamos nuestras lenguas en un apasionado y largo beso mientras nuestras manos exploraban cada rincón del cuerpo con delicados movimientos para que las yemas de los dedos sintieran en plenitud la suave textura de nuestra piel. Sin sacarnos nuestra escasa ropa, seguimos un largo rato acariciándonos y besándonos, al compás de una agradable melodía que llenaba la majestuosa habitación llevándonos a insinuar involuntariamente un cadencioso baile muy apretado donde ya a esas alturas empecé a sentir que un enorme palo oscuro tocaba y se metía insistentemente entre mis piernas.
Nos recostamos en la cama y suavemente Marcia sin sacar mis zapatos, bajó mis calzones. Ambas de costado y frente a los dos varones, lentamente y con un delicado movimiento tomó su pene y sin dejar de abrazarme lo introdujo con especial cuidado en mi culo hasta llegar a lo más profundo de mis entrañas. Besando mi cuello empezó un suave y rítmico movimiento con su largo y grueso pico, sacándolo y metiéndolo en mi raja con una técnica exquisita, propia de una experimentada profesional, instante que yo aprovechaba para apretar mi hoyo y así poder sentir cada detalle de ese delicioso y eréctil miembro que llenaba toda mi cueva en cada lujuriosa estocada.
Fue ese el momento en que se integraron los dos varones, despegándonos a ambas y comenzaron a culearnos. Tras un largo rato de meternos sus picos en nuestras calientes rajas, nos llenaron el culo de agradable y grueso semen para luego recostarnos un instante a descansar, tomando todos una fría y deliciosa copa de champaña. Al rato nos intercambiaron, y así conocimos el delicioso pene que antes no habíamos probado. Ya mas lentos en sus estocadas y duros para acabar, la lujuriosa penetración terminó cuando al unísono a la Marcia y a mi nos brotó un calentón susurro en señal que nuestros ardientes hoyos se llenaban de delicioso néctar.
Nos levantamos y fuimos a la piscina donde continuó el baile y la conversación, hasta que el dueño de casa indicó que esta no era una fiesta social sino que un bacanal, instándonos a desnudarnos y comenzar a penetrarnos entre todos. Así, un conjunto de cuerpos desnudos se unieron e inmediatamente fuimos penetradas por todos. Yo alcancé a reconocer 6 picos diferentes en mi culo, hasta que mi calentura me hizo perder la cuenta; a lo lejos divisé a la Marcia que mientras también la penetraban aprovechaba a culearse a una de las putas, en medio de una cadena de cuerpos entrelazados.
Avanzada la mañana llegó el taxi que nos llevó de regreso al prostíbulo, con ambas carteras llenas de una suculenta propina. La Marcia en el trayecto apoyó su cabeza en mi hombro allegando su cara a mi oído y con voz entrecortada se disculpo por haberme hecho suya. Me señaló que las circunstancias del trabajo la habían llevado a eso, pero que pensando en Rebeca, me poseyó con el cariño que seguramente ella me habría entregado y que prefería que lo ocurrido quedara entre nosotras como un recuerdo que cada cual vería como atesorar. Yo le expresé que no se preocupara, porque sentí desde un primer momento su afecto y delicada ternura y que como profesionales del sexo debíamos ejercer nuestro trabajo del mejor modo, luego nuestros labios se confundieron en un largo y profundo beso que terminó cuando el taxi ya se encontraba a escasas cuadras del prostíbulo.
En el local a esas altas horas de la madrugada ya quedaban pocos clientes y haciendo caso omiso de lo ocurrido ingresamos ambas. Rebeca rápidamente se acercó a mí y con una mirada que no ocultaba su enojo dio medi
a vuelta y se dirigió entristecida a su pieza. Yo preferí, para no perjudicar nuestra naciente relación, con pesar, hacer caso omiso de lo que había observado y compartí un rato más con los pocos clientes que quedaban, hasta que se cerró el local.
Ya en mi pieza, fue la Sussy a buscarme porque la Susana quería hablar conmigo. Cuando llegué estaba allí Rebeca y sin darnos tiempo, procedió a retarnos en conjunto. Nos dijo entre otras cosas, y con palabras bastante soeces, que ya se había percatado que existía algo entre nosotras, que ella no se oponía, pero que debía prevalecer nuestra condición de profesionales del sexo a los sentimientos, ya que de otro modo se vería obligada a despedirnos a ambas, luego nos mandó a nuestras piezas donde me quedé dormida sin dejar de pensar en lo ocurrido. Cuando desperté en la mañana encontré en mi velador dos preciosos claveles blancos que inmediatamente identifiqué su procedencia porque uno de sus pétalos, manchado con rojo rouge, estaba impregnado de un delicioso perfume que para mi era ampliamente conocido.
Muy temprano en la tarde del sábado y finamente arreglada, le pedí a Rebeca – con el pretexto de sacarla de la casa – que me acompañara al centro a comprar un sostén más cómodo para usar de día. Apenas comenzábamos a caminar cerro abajo, detuve un taxi y pedí al chofer que nos llevara al más caro y lindo motel que conociera, con el compromiso que nos fuera a buscar impostergablemente a las 18:30 horas.
Ingresamos al precioso recinto y parada frente a ella puse mis manos en su espalda, apoyé mis labios en los suyos, cerré mis ojos y nos confundimos en un largo y apasionado beso con nuestras lenguas entrelazadas explorando ávidamente los más deliciosos e íntimos rincones, que generosos se ofrecían para el conocimiento mutuo traspasándonos en un dulce efluvio nuestros personales secretos que acumulados en el tiempo, estaban a la espera de ser descubiertos en un trascendente momento.
Sin abrir todavía mis ojos comencé a sacar con delicadeza cada una de sus prendas hasta dejarla desnuda frente a mí; en ese instante recién abrí los ojos y maravillada observé el soberbio cuerpo de un joven y musculoso mancebo de dorada piel, cuan hermoso personaje de la mitología griega se ofrecía tímida y sensualmente a mi vista bajo el grueso envoltorio de una artificial de mujer.
Rebeca hizo lo mismo conmigo y ya desnudos, unidos férreamente en nuestras bocas, nos recostamos abrazados en la cama explorando con las manos todos los más íntimos y secretos rincones corporales. Mi mente voló al cielo cuando en inocente silencio sentí que una monstruosa y cálida vara se metía con especial delicadeza entre mis piernas y se quedaba allí latiendo a la espera de ser cobijada en una dulce casa.
Sin dejar de besarme, Rebeca posó su cuerpo sobre el mío, levantó mis piernas y lentamente unimos físicamente nuestra humanidad al acoger en mi interior con una felicidad inconmensurable su más reservado y preciado tesoro, que se posó desnudo y eréctil, suave y majestuoso, con especial ternura en lo profundo de mi cuerpo.
Así permanecimos un largo rato sin movernos y en silencio conectados con la mente y el cuerpo, hasta que sentí un maravilloso calor que en la forma de un líquido torrente, iniciaba un imparable recorrido por mi cuerpo buscando los más distantes rincones con la clara señal de permanecer allí para siempre.
Abrazados y conectados físicamente a través del duro e impresionante músculo instalado en lo mas interno de mi cuerpo, que actuando como un grueso emisario que vertiginosamente trasmitía los códigos esenciales de cada cual, en el sincero afán de ligar nuestras historias y vivencias para trazar con dicha información rutas comunes de insospechada felicidad y nuestros labios unidos en una incontrolada búsqueda del conocimiento recíproco, fue cuando sonó el citófono de la recamara para indicarnos que del paraíso, teníamos que bajar a la realidad e iniciar el retorno a casa.
La historia, si les agrada pronto continuará. Escríbanme para saber si les gustó esta quinta entrega. Besos a todos.
Autor: Lorena
lorena_tv_ardiente ( arroba ) yahoo.com.mx
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