Buenas chicas.

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Buenas, me llamo Javier y esto que les voy a contar me sucedió hace apenas unas semanas. Tengo 19 años y estudio en la facultad de Murcia, una ciudad al sudeste de España. Con lo que aún estoy en casa de mis padres pues viven en Murcia. Bien, en mi casa mis padres tienen a una chica marroquí llamada Latifa trabajando. Es una mujer de ensueño; tiene 20 años, morena, ojos marrones unas tetas enormes y un culito respingón. Por no hablar de sus curvas, es una chica muy alta y me tiene hipnotizado.

Pues bien, todos los días viene con ropa de calle muy sexy. Se va a uno de los cuartos de baño y se cambia de ropa por un chandal para empezar a limpiar.

Un día tenía bastante que estudiar así que me quede en casa y no fui a la facultad. Estaba en mi habitación sentado, estudiando cuando entró Latifa.

No se había puesto todavía el chandal y aún llevaba ropa de calle. Iba con una blusa semitransparente que dejaba ver su sujetador rojo y un pantalón verde muy ajustado. Sin mediar palabra me dio un beso que yo disfruté bastante. Cuando acabó el beso me dijo:

-Poséeme, hazme tuya.

Y se sentó encima de mí pero de espaldas a mí. Al sentarse iba moviendo el culo sobre mi polla con lo que no tarde mucho en tener la polla apretada bajo el pantalón.

-¿Te duele? – me preguntó- Yo te aliviaré

Y acto seguido bajó de mí para quitarme el pantalón. Yo me quité la camiseta y ella me liberó la polla.

-Espera – le dije- si yo estoy desnudo quiero que tu también lo estés.

Le quité la camisa y dejé al descubierto esas tetazas enormes y oscuras bajo el sujetador rojo. Ella se quitó el pantalón y se quedó con un tanga rojo.

Empecé a sobarle las tetas en el sujetador, dándole besos, lengüetazos, abrazándolas con las manos. Estábamos en la alfombra tumbados, yo sobre ella y fui bajando poco a poco, desde sus tetas al ombligo disfrutando de sus curvas y la visión de sus montañas.

Volví a subir quitándole el sujetador y dejándolas al descubierto. Eran una preciosidad. Unas tetabas enormes y oscuras con unos pezones casi negros. Empece a sobárselas a darles besos, a pellizcarlas, a estrujarlas. Estaba excitadísimo, puse mi polla dura entre sus tetas y ella cogió sus tetas y las abrazó contra mi polla. Empecé a moverme muy rápido a la vez que ella hablaba en árabe. Cuando no pude más, me corrí en toda su cara.

Ella cogía con los dedos los restos de semen a los que no llegaba su lengua. Pensé que le tocaba disfrutar a ella, así que volví a bajar esta vez hacia su tanga. Primero lo acariciaba con los dedos a la vez que veía que a ella le entraban escalofríos. Después lo besaba y se lo bajaba. Entonces quedó al descubierto su chocho peludo y húmedo. Metí mi boca en él y empecé a engullir. A meter la lengua y sacarla, cuando salió el clítoris lo atrape y lo succioné con mis labios para darle placer. Varias veces se corrió Latifa en mi boca mientras yo me bebía todos sus flujos.

Entonces me tumbé en el suelo y ella se sentó sobre mi polla, la cogió y la dirigió hacia su coño. Entro de un solo golpe a la vez que ella exclamaba cosas en árabe. Empezó a cabalgarme mientras yo le cogía sus tetas y metía mi cabeza entre ellas. Ella seguía trotando sobre mi y yo la cogía de las caderas mientras le besaba sus negros pezones. Ella se acercaba al orgasmo, a mí quedaba un poco. Poco a poco se fue arqueando apoyando sus manos en el suelo y chillaba. Yo disfrutaba como nunca lo había hecho.

Tuvimos un orgasmo genial.

Cuando acabamos nos tumbamos sobre la alfombra y me dijo que se había visto atraída por mí desde siempre y que tenía muchas ganas de follarme desde hace mucho tiempo. También me contó que tenía una sorpresa para mí.

Se levantó y fue a la puerta de mi habitación que estaba entreabierta. Allí había dos mujeres completamente desnudas masturbándose. Una era alta y pelirroja, la otra tenía pinta de ser árabe pues también era morena y de piel oscura.

Las dos saludaron y me sonrieron. Latifa me dijo que l

a pelirroja era Mónica y la otra se llamaba Jalesha, ambas eran amigas íntimas de su barrio. Las había metido en casa mientras yo estudiaba y habían estado todo el tiempo viéndonos. Me dijo que si quería disfrutar más cuando acabásemos tendríamos que ponernos los cuatro a limpiar la casa o mis padres la despedirían por no haber hecho nada en todo el día. Acepté encantado pues estar con tres féminas completamente desnudas me había hecho que se me volviera a levantar la polla.

De inmediato Jalesha me tumbó de nuevo en la alfombra y se subió encima de mí para cabalgarme, mientras Mónica colocó su chocho en mi boca invitándome a que se lo chupara, a lo que acepté encantado.

Latifa nos miraba tumbada en la cama masturbándose. Jalesha iba más rápido y le cogía las tetas a Mónica, pues yo no podía ver nada más que el chocho que tenía encima de mi cara. Mónica empezaba a apretar sus piernas contra mi cara y a empujarme la cabeza lo mas adentro posible que pudiera. Casi me desmayé del placer que me vino a continuación.

Pues nos estábamos corriendo los tres a la vez, Jalesha chillaba, yo exclamaba de placer y Mónica me agarraba mas fuerte cerrando sus piernas sobre mí y gritando.

Cuando acabamos yo necesitaba descansar pero me dijeron que yo había querido más así que tenía que dar más.

Latifa apartó mis libros de la mesa y se tumbó en ella. Abrió las piernas invitándome a que le comiera el coño. Me acerqué y empecé a engullir. Mónica se agachó y se puso enfrente de mi polla para empezar a chupármela, cosa que hizo encantada. Y Jalesha le daba placer a Mónica sobándole el chocho, las tetas, el culo, es decir; disfrutábamos.

Cuando acabamos en un orgasmo bestial Latifa se tumbó en la alfombra y Mónica se puso a cuatro patas sobre ella. Al ver ese culo me acerque y mientras ellas se daban placer Jalesha y yo se lo lubricábamos con saliva. Cuando estuvo lubricado acerqué mi glande a ella y lo rocé. Me excité un mogollón al pensar que iba a darle por culo. De un golpe se la metí entera. Chilló al principio pero Latifa la hizo callar con un profundo beso. Empecé a moverme lentamente porque Jalesha intentaba que yo agachara un poco la cabeza para poder chuparle el chocho a ella que aún no se lo había comido. Conseguí agachar la cabeza lo suficiente y comencé a moverme en todas las direcciones para darle mas a Mónica y a Jalesha. Uno a uno fuimos acabando en un orgasmo que nunca olvidaré. Gemidos y chillidos de placer por todos lados.

Descansamos en el suelo y después se despidieron diciendo que haber cuando las recibía a ellas a solas. Después nos vestimos limpiamos un poco la casa y Mónica y Jalesha se fueron.

Autor: chhavi

chhavi ( arroba ) latinmail.com

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Escrito por Marqueze

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