Mi tía necesitaba un buen polvo

La abracé fuerte y me dejé caer en el sofá. Ella se colocó sobre mí mientras me devoraba a besos. Empecé a tocarle el culo. Se lo sobaba como enloquecido, levantaba la tanga y metía mis manos para abrirlo y pasar mis dedos por su raya. Mi tía sólo me besaba y dejaba que metiera mano.

Empiezo este relato tan sólo un rato después de haberme despedido de mi tía. Lo que sucedió, sucedió muy rápido. Hace pocos días que volví de visitar a mis amigos Marcelo y Lorena y volví con la mentalidad totalmente cambiada. Me abrí mucho más al sexo y pude dejar de lado mis conceptos machistas sobre la pareja. Alcancé a comprender en su total dimensión el hecho de que a las mujeres les gusta tanto el sexo, como a nosotros los hombres.

Es así que me propuse disfrutar de los momentos que se presenten y como se presenten. Al volver a casa me llamaron casi todos mis parientes y amigos, para ver como había pasado y cómo me encontraba. A todos les decía que me encontraba muy bien. Algunos me creyeron, otros lo tomaban como que lo decía para salir del paso y no preocuparlos. De todos los que me llamaron se destacó una tía mía, Gloria que al igual que de costumbre exageró todo. El caso de ella es muy particular, si se resfriaba decía que tenía una gripe fuerte que la dejaba tirada en la cama por varios días, si discutía con mi tío, por leve que fuera la discusión, era que estaban por separarse y así para todo.

Como no podía ser de otra manera mi tía me llamaba varias veces por semana y se me colgaba a hablar por un buen rato. Nuestras conversaciones terminaban siempre en el mismo tema: mi separación y lo mal que según ella lo estaba pasando. También me contaba que en su caso las cosas no iban mucho mejor ya que discutía a diario con mi tío. Con el correr de los días parecía no conformarse con el teléfono sino que pasaba por mi trabajo a verme como estaba y muchas veces salíamos a almorzar juntos. Por supuesto que el tema de conversación era el mismo de siempre.

Debo reconocer que mi tía está muy bien para su edad. A sus 44 años conserva un buen busto y unas buenas piernas. Además anda siempre muy arreglada y su gusto para la ropa íntima es muy bueno. Lo digo porque ella solía visitarme en mi trabajo cuando salía para almorzar del suyo y venía siempre vestida con trajes de chaqueta y minifalda y como el calor por aquí es bastante todavía se sacaba el saco y casi siempre traía camisas de seda que dejaban traslucir el sujetador que mantenía a raya y bien en alto su lindo par de tetas. Más de una vez me distraje mirando su pecho. Ella parecía no darse cuenta de esto y así seguíamos normalmente nuestros almuerzos.

Cuando se ponía a hablar de la separación yo trataba de cambiarle de tema, de forma de no estar hablando de lo mismo todos los días. He de ser justo y decir que me alegraba los mediodía ya que sino generalmente almorzaba solo. Con el correr de los días y mi actitud de no seguir el tema de la separación, fuimos tocando otros temas. Algunos de ellos más íntimos. Un día le pregunte (sin ninguna mala intención) como iban las cosas con mi tío. Me dijo que no iban para ningún lado, que discutían mucho y que varias veces había pensado en separarse y que no lo había hecho porque no se había animado.

– Una lástima, porque la vida empieza a los cuarenta. Dije riendo. – ¿A qué te referís? – A nada. Dije riendo porque ella no había entendido el chiste. – No me dejes con la espina. Ahora explícame.
– Me refería a que como los dos andan en los cuarenta y tantos y como dicen que es la mejor época de la mujer en cuanto a su deseo sexual… Es una lástima que no se lleven bien, porque podrían estar pasándolo de lo mejor. Dije sonriéndome.

– Ah era eso!! Pero mira que tu con tu tío no pasa nada hace tiempo. Siempre anda ocupado y cuando no estamos discutiendo. Hay veces en que pienso si no tendrá otra. – ¿Pero no pasa nada de nada? – Bueno a veces muy de vez en cuando hay algún encuentro. Pero nada del otro mundo. – Y eso también te tiene mal. – Si. – Al final es como dice un amigo que todo se soluciona con un buen polvo.

Mi tía me miró raro, como molesta por lo que había dicho y cambió de tema.

Cuando volví a mi trabajo y me puse a pensar en lo que había pasado me dije a mi mismo que había sido muy bruto. Pero al rato me acordé de lo que me decía Lorena de que a todas las mujeres les gustaría gozar del seco como a ella, que sólo tenía que lograr que se atrevieran y me dije que por qué no hacerlo con mi tía. La situación tenía mucho morbo por dos lados, era una mujer mayor que yo y era mi tía ( o mejor dicho la esposa de mi tío). Así que decidí intentarlo, quizá tendría suerte.

Al día siguiente volvimos a ir a almorzar con mi tía. Otra vez se había venido con una blusa de seda que no dejaba nada a la imaginación y un sostén de encaje blanco que le levantaba el busto y lo dejaba soñado. Mientras almorzábamos me esforzaba por ver si podía distinguir los pezones y esto me hacía poner a mil. Varias veces mi tía me tuvo que repetir lo que decía porque me distraía viendo sus pechos.

– ¿Qué te pasa que estás tan distraído hoy? Preguntó mi tía. – Nada es que tengo muchas cosas en la cabeza. Dije casi pidiendo disculpas.

Luego de esto el almuerzo continuó normalmente hasta que mi tía dijo.

– Creo que tenés razón en lo que me dijiste ayer. – ¿En qué? Dije haciéndome el distraído. – En que estoy necesitando un buen polvo – ¿En serio? – Si. Me decidí a tomar la iniciativa y hoy voy a agarrar a tu tío y a ponernos al día.

Mi expectativa de que pasara algo se esfumó. En realidad me la imaginaba diciendo que quería que yo le diera el buen polvo, pero no fue así. Traté de disimular mi contrariedad diciendo:

– Bueno, me parece bien. Pero quiero pedirte algo.- Si – Que mañana me cuentes con lujo de detalles como te fue.- Hecho.

Terminamos de almorzar y como todos los días me acompañó hasta mi trabajo. Al despedirnos le deseé suerte para la noche y le recomendé comprar un lindo juego de lencería para la ocasión.
Pasé el resto del día en mis cosas. A la noche en casa solo, me puse a pensar en qué estaría haciendo mi tía. Si sería buena en la cama o si sería de las que lo hacen en una sola posición y nada más. Me preguntaba cuántos polvos le echará mi tío. Y me recordaba de las hermosas tetas que tiene.

Al día siguiente me extrañó que no llegara a la hora de siempre y que ni siquiera me llamara, así que decidí llamarla a su trabajo. Me sorprendió cuando me dijeron que no estaba que había salido a almorzar. Esperé un rato más por si se hubiera retrasado, pero no apareció. Al final de la tarde volví a llamarla.

Le pregunté si estaba bien y me dijo que no. Le dije si quería que la pasara a buscar y así conversábamos pero tampoco quiso. Me dijo que nos veríamos al otro día para almorzar. Pasé toda la noche pensando en qué podría haberle pasado. Pero desde ya daba por descontado que no habría de ser nada bueno. Al día siguiente vino un poco más temprano que de costumbre. Dejé todo como estaba para no perder tiempo. Y nos fuimos enseguida. Otra vez estaba para comérsela, tenía la misma blusa que el otro día con un sostén sin breteles que era una delicia.

– Bueno cuéntame que pasó – Nada. Tu tío es un idiota y yo también. – ¿? – El otro día te hice caso y compré un conjunto especial para la noche. Cuando llegó tu tío tenía todo preparado. Hasta velas había prendido por toda la casa. Me sentía una reina y la verdad que el conjunto es precioso y me queda bien. Pero él vino de mal humor y me trató muy mal.

Conociendo lo exagerada que es mi tía pensé que el hecho no debería haber sido tan grave. Pero sus ojos se llenaron de lágrimas y eso me alertó de que no debía ser tan sencillo el tema.

– No contento con tratarme mal, me dijo que parecía una puta vieja vestida así.- Pero si tienes muy buen gusto para la ropa interior. Dije – ¿Y vos como sabés? Ella misma se contestó. – Es por eso que te distraes cuando hablamos. Dijo riéndose.

Yo me sentí aliviado al escuchar esto. Por un lado había vuelto a sonreír y por otro no parecía haberle molestado mi comentario, ni el hecho de que la estuviese mirando.

– Por lo menos hay alguien que se fija en mis detalles y que le agrada como me visto. – ¿Cómo es el conjunto? Pregunté intrigado. – Nada en particular un sutién y una tanguita. Dijo volviendo a sonreír. Esta vez con una sonrisa y mirada cómplice. – Bueno, pero entonces por qué no le gustó. – Y yo que sé. Tu tío está loco. – ¿Sabes? Me gustaría verlo, porque no puedo entender que se haya molestado por un conjunto de lencería.

– ¿Quieres que te lo muestre? Está bien que tenemos un poco de confianza pero me da un poco de vergüenza. – Dale, no me dejes con la intriga. – No sé, voy a pensarlo.

Ahí supe que mis chances habían vuelto y habían aumentado.

Al otro día volvimos a almorzar. La cosa estuvo muy tranquila. Yo le mostré mi apoyo en todo momento y varias veces le dije que podía contar conmigo para lo que sea. A la tarde me llevé una sorpresa cuando llegó mi tía a mi oficina.

– Tengo que hablar contigo. Dijo. – SI. Contesté yo extrañado.

Cerró la puerta, se sentó en el sillón de enfrente al mío y me dijo:

– Acá lo tienes. Mientras sacaba de su cartera una bolsa con un conjunto de ropa interior.

Yo lo saqué de la bolsa y me quería morir. Era un conjunto azul satinado. El sosten no era nada especial pero la tanga era una delicia. En la parte de adelante que era muy pequeña tenía como unos flecos pequeños y la de atrás era un pedazo de tela pequeñito que terminaba en un hilo. No podía creer lo que tenía en mi mano. Y sonriendo dije:

– Muy lindo, pero el chiste era verlo puesto. Así como que no dice mucho. – ¿Para que me digas que parezco una puta vieja? – No para que te pueda decir lo bien que te queda. Ya estoy por salir. Vamos hasta casa y me lo muestras.

No le di tiempo a reaccionar, apagué la computadora, guardé todo a las carreras y tomándola del brazo empecé a caminar hacia la puerta. En el auto me decía una y otra vez que era un loco. Y se reía nerviosa. Creo que los dos ya sabíamos lo que iba a pasar. Hablamos de cualquier cosa para hacer pasar el tiempo, hasta llegar a casa. Era una forma de tranquilizarnos y no pensar en lo que iba a pasar. Llegamos a casa y fuimos directo al ascensor. El viaje parecía interminable. Los dos mirábamos el piso mientras subíamos. La tensión había crecido y era esta la última oportunidad para volverse atrás.

Entramos a casa y para romper el hielo, la invité a tomar algo. Luego de un par de tragos me animé y le dije que le parecía si me mostraba el conjunto.

Mi tía accedió. Entró a mi cuarto y cerró la puerta. Mientras tanto puse un poco de música. Demoró bastante en salir, en un momento pensé que no se animaría a hacerlo. Cuando por fin abrió la puerta, salió envuelta en la colcha de mi cama. Caminó hasta el centro de la sala, se paró frente a mí y me preguntó si estaba seguro. Asentí con mi cabeza. Comenzó a bajar lentamente la colcha. Lo primero que quedó ante mi vista fueron sus hombros, me parecieron muy sensuales. Luego aparecieron sus pechos, apenas contenidos por el sostén. Eran grandes y muy blancos. La colcha llegó a su cintura, allí se detuvo, me miró, se sonrió y dejó caer de golpe la colcha.

Mi mirada enseguida se dirigió a su tanga. Estaba sencillamente espectacular. Era un diminuto pedazo de tela con unos flecos que colgaban de la parte que tapa el pubis. A los costados la tanga era casi un hilo. Le pedí que se diera vuelta y así poder verle el culo. Estaba bueno, un poco flácido, pero muy bueno para una mujer de su edad. La tanga se le perdía en él. Gloria volvió a girar y me preguntó si me gustaba.

– Estás divina, para comerte toda. – Gracias. Dijo ella riéndose. ¿No parezco una puta vieja? – No. Estás divina.

Ella se sentó a mi lado. Tomó otro trago y me dijo:

– ¿En serio te gusto? – Mucho. No sé como me aguanto y me quedo quieto.

Yo estaba a mil, tenía mi verga erecta haciendo fuerza para salir. Comenzaba a dolerme por estar apretada entre mi ropa interior. Para mi sorpresa fue mi tía la que dio el siguiente paso.

– Mostrame vos tus conjuntitos.

Me reí y enseguida comencé a sacarme la ropa. Estaba visto que ella quería ir a más y yo no me la quería perder. En pocos segundos estaba en calzoncillos ante mi tía. No podía disimular el bulto y mi tía no dejaba de mirarlo. Me senté junto a ella, la tomé de la mano y le di un beso. Primero suave. Mis labios se juntaron con los de ella suavemente. Ella respondió al beso y allí si ya comenzamos a besarnos apasionadamente.

La abracé fuerte y me dejé caer en el sofá. Ella se colocó sobre mí mientras me devoraba a besos. Empecé a tocarle el culo. Se lo sobaba como enloquecido, levantaba la tanga y metía mis manos para abrirlo y pasar mis dedos por su raya. Mi tía sólo me besaba y dejaba que metiera mano. Pasé luego a tocarle las tetas. Le desabroché el sostén y se lo saqué. Sus tetas estaban un poco caídas en parte por su tamaño y en parte por la edad.

De todas formas eran hermosos, tenía los pezones duros y grandes y las aureolas eran también grandes y oscuras para lo blanca que es mi tía. Comencé a sobarle las tetas y a chuparlas. Metía en mi boca sus pezones, jugaba con mi lengua y los mordía suavemente. Mi tía suspiraba y me apretaba la cabeza. Con una de sus manos buscó mi verga, la sacó y comenzó a hacerme una paja muy lenta. Me la apretaba bastante fuerte, pero sus movimientos eran suaves.

Bajé mi cabeza hasta su entrepierna y comencé a besarla por encima de la tanga. Se la quité lentamente y para mi sorpresa quedó ante mí una conchita totalmente depilada. Ni un solo pelo. Tenía unos labios grandes que estaban entreabiertos. Los separé con mis dedos y me dediqué a hacerle una chupada de campeonato. No demoró mucho en comenzar a gemir y acariciar mi cabeza.

Yo intensifiqué mis movimientos de lengua por su clítoris y por toda la concha. Por momentos metía hasta donde podía mi lengua y la recorría todo lo posible. Unos minutos mas tarde su cuerpo se tensó y dando un gran suspiro acabó en mi boca. Sus jugos me llenaron la lengua y los labios. Con ese sabor único que tiene una mujer caliente.

A mí es una de las cosas que más me excitan el practicarle el sexo oral a una mujer. Es más me gusta cuando acaban en mi boca y ella lo hizo. Nos incorporamos y ella me besó. Volvió a agarrarme la verga, se acomodó y empezó a mamarla. Lo hacía con gran dedicación. Su cara se llenaba de lujuria cuando con su lengua recorría toda la cabeza. Era evidente que tenía una gran calentura atrasada. La chupó un rato, hasta que le dije que parara que estaba por acabar.

La coloqué en cuatro patas y la penetré casi de un golpe. Hundí mi pija hasta que los huevos chocaron contra su vagina. Empecé a bombear mientras le agarraba las tetas.

– ¿Te gustan? Dijo – SI me enloquecen. Dije sin dejar de bombear.

Ella que al principio estaba quieta con el pasar de los minutos empezó a moverse. Me estaba enloqueciendo con esos movimientos. Otra vez su cuerpo se puso rígido y unos instantes después sentí en mi pija el calor de sus jugos que anunciaban un nuevo orgasmo. Me dijo que cuando fuera a acabar que le avisara. Casi enseguida le dije que me venía.

Ella se corrió y se colocó con mi pija entre sus tetas.

– Movete y acábame en las tetas que me encanta.

Yo comencé a moverme con fuerza. Mi pija se perdía entre ellas por momentos. No demoré mucho en acabar. Cinco o seis chorros de semen fueron a para a sus hermosas tetas y un poco salpicaron su cara y pelo. Me dejé caer en el sofá. Ella se puso sobre mi y comenzó a besarme.

– ¿Te gusta la tía puta que tenés? – Si – Aprovéchala. Total si tu tío me dice que soy una puta vieja, bueno voy a ser una puta pero contigo no con él. – No hables más de él. Dije mientras buscaba su boca para besarla nuevamente.

Comenzamos a besarnos, primero tiernamente, luego más apasionadamente. Me dijo que estaba incomoda que quería ir a la cama. Ni bien entramos al cuarto me empujó sobre la cama y comenzó a besarme nuevamente. Empezó a bajar lamiendo mi pecho primero, mi abdomen después y mi verga por último.

Me volvió a realizar una mamada de primera. Esta vez con una de sus manos jugaba con mis huevos. En cierto momento los chupó y los metía en la boca alternándolos con la pija. De pronto paró, se incorporó y se sentó sobre mi pija. Entró sin problemas de lo húmeda que estaba.

Comenzó a cabalgarme lentamente. De a poco aumentó el ritmo para transformarlo en algo frenético. Jadeaba y gemía como loca. Yo no me quedaba atrás. Como podía sobaba y chupaba esas tetas que tanto me habían enloquecido todos estos días. También cuando podía la bombeaba desde abajo. Algo que no se esperaba, según me dijo después. No demoramos mucho en acabarnos, lo hicimos casi a la vez.

Pasamos unos minutos abrazados y besándonos. Luego fuimos a bañarnos. En la ducha seguimos tocándonos y besándonos. Yo no me pude contener y le volví a comer la conchita. Lamía y metía mis dedos como un desesperado. Ella gozaba y me pedía que no pare. Volvió a acabarse en mi cara. Sus jugos se confundieron con el agua tibia de la ducha.

Luego de la ducha nos vestimos y ella se fue diciéndome que por hoy era suficiente, que mañana nos veríamos para almorzar.

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Escrito por Marqueze

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