Con mi madre y mi novia de acampada

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Mi madre le metía las manos por debajo de su camiseta hasta poder agarrar sus pechos. Noté como se le erizaban al hacerle esto. Se los masajeaba y raspaba sus pezones con la punta de sus uñas. Ana jadeaba, me desabrochó el botón del pantalón, me bajó la cremallera y agarró mi polla, las manos de mi incontrolada madre se apretaron contra mi pecho y apretaba mis pezones entre sus dedos.

Me llamo Raúl. Les voy a contar mi experiencia. Tengo 20 años. Vivo con mi madre que me concibió muy joven cuando tenía tan solo 17. Enviudó muy pronto. Ahora es una mujer de unos 37 años. Es robusta, joven, muy atractiva. Su nombre es Elena. Ana es mi novia. Es delgadita. Muy bonita.
El problema es que invité a Ana a mi casa y se la presenté a mi madre. Se hicieron increíblemente amigas hasta el punto de que parecía que se amaban tanto como nos amábamos Ana y yo.

Este verano surgió la idea de ir de acampada y de pronto me enteré de que también iba a ir mi madre. Eso me irritó. Las mujeres no comprenden las necesidades masculinas y que yo pensaba trajinarme a mi novia.

Pasaba las noches dándole vueltas a este tema. Y se me ocurría que bueno, follármela no podría, pero por lo menos morrearnos. Estaríamos todo el rato abrazados y a lo mejor hasta me correrme. Mi madre me sacó de dudas: – Anda tonto que vas a poder hacer lo que quieras con tu novia.- Me dijo. Aún así me daba vergüenza. No sé si lo haría. Pero de todas formas me llevaría un condón.

Llegó la acampada. Como os imaginareis los tres vestidos de pantalones cortos y camisetas. Fue como yo sospechaba. Ana y yo pasábamos el día juntos, pegados el uno al otro.

Los tres nos bañábamos en un lago y se nos quemaba la piel por el sol. Veía el cuerpo exquisito de mi novia pero no me atreva a ver a mi madre en bikini. Aunque no lo puedas evitar. Ya que tengo que contar lo que terminó sucediendo después, he de decir que mi madre tiene un cuerpazo sensacional y es jovencísima. Ana y mi madre en todo caso parecían hermanas. La mayor y la menor.

Lo de los abrazos y los acercamientos terminó por ser embarazoso. Como las mujeres confunden el sexo con la amistad, mi madre también se arrimaba mucho a ambos y había veces que no sabía a quién le estaba tocando los pechos. Si la cara que tenia pegada era la de mi novia o la de mi madre. ¿Qué fragancias eran las que me envolvían? ¿Con quién me estaba rozando? ¿Contra que cuerpo se apretaba mi erección? Si mis besos en la boca se convertían en besos en la cara y quien era la destinataria.

La segunda noche me llevé una gran sorpresa cuando saqué mi botella de whisky. Mis acompañantes se habían traído también botellas de alcohol. Vi ginebra, ron y hasta anís.

Cenamos y bebimos en vasos de papel. Bueno tampoco nos las bebimos todas. Pero bebimos varios vasos mezclados con fanta o coca cola, especialmente yo. Así llegaron las risas. Los chistes. Mi madre contando chistes verdes. Nos pusimos borrachos. Mirábamos las dos tiendas con ganas de acostarnos.
Ana y yo nos metimos en el mismo saco, besándonos, lamiéndonos, comiéndonos y yo buscando el dichoso condón hasta que lo encontré. Pero en ese momento nos interrumpió mi madre que abrió la tienda. Llevaba tres vasos en la mano y una botella.

– La penúltima- dijo.

Nos tomamos otro vaso con nuestras respiraciones fatigosas. Yo ya no era dueño de mis actos. Le metía el dedo pulgar en la boca de Ana delante de mi madre. Mi novia suspiraba. De pronto me di cuenta de que mi madre hacía lo mismo. También le metía el dedo pulgar en su boca.

– Me encantáis- decía Ana cerrando sus ojos.

Me lancé a por su boca y morrearnos. Y mi madre le metía las manos por debajo de su camiseta hasta poder agarrar sus pechos. Noté como se le erizaban al hacerle esto. Mi polla se puso durísima. Se los masajeaba y raspaba sus pezones con la punta de sus uñas. Ana jadeaba. Y no pudiendo aguantar más me desabrochó el botón del pantalón, me bajó la cremallera y agarró mi polla, meneándomela. Las manos de mi incontrolada madre se apretaron contra mi pecho y apretaba mis pezones entre sus dedos.

Ana se metió mi polla en la boca y me la succionaba. Y mi madre le bajó los pantalones y le acariciaba el clítoris. Mi novia parecía loca.

– Os quiero. Os quiero- decía.

Mi madre le introdujo un dedo.

– Eso no- dijo.

Yo no podía más. Me puse el condón y se la metí. Adelante y atrás. Mi madre se agarró a mi cintura pegando su cara a mi cadera. Se me salió la verga del coño y mi madre quitó el preservativo.

– Chhhh…Sin mariconadas…y a pelo- dijo.

Y luego se metió mi polla en su boca. Yo cerré los ojos con fuerza. Y se la volví a meter. Adelante y atrás. Hasta que me paré. Se la saqué y comencé a masajear la entrepierna de mi madre. Hasta meterle un dedo. Estaba empapada por dentro. Y mi novia también le acariciaba el clítoris. Yo con dos dedos dentro de su vagina y Ana frotando.

– Ángeles míos- chillaba mi madre.

No podía aguantar más. Quería metérsela pero me corté y se la volví a meter a mi novia. Mi madre se dio la vuelta quedándose boca abajo. Ana le metió un dedo en su culo. Entonces se separó de mí y salió de la tienda. Me parece que para vomitar. Yo abrí la bolsa de la comida y le unté el culo de mi madre con margarina. Y se la metí. Entró muy bien y afortunadamente había evacuado anteriormente. Sentía que estaba a punto de correrme.

Se abrió la tienda y entró mi novia. En ese me momento eyaculé empapando el cuerpo de mi madre. Al verlo mi novia me besó en la boca.

– Eres un hombre– me dijo.

Su aliento sabía a anís. Imaginaros al día siguiente la resaca. Ya no salgo con Ana. Y con mi madre tardamos tres meses en hablarnos.

Autor: Cunegundo

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Escrito por Marqueze

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