Una noche de fiesta

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Es viernes por la tarde y estoy tirado en el sofá medio adormilado. Ha sido una semana difícil y no tengo ganas de hacer nada. En cambio, mi novia parece acumular toda la vitalidad que a mí me falta. Esta noche cena con los compañeros de trabajo y lleva más de una hora en el baño preparándose. Cuando por fin termina el resultado es espectacular. Está radiante como siempre, con unos vaqueritos ajustados y un top rojo que marca todas sus curvas, tanto su cinturita como sus dos firmes pechos sobre los que se lee LOVE en letras plateadas.
Se inclina sobre mí y me da un pico sin apenas rozarme para no estropear su maquillaje, pero se acerca lo suficiente para que su preciosa melena recién planchada acaricie mis mejillas y pueda percibir ese perfume que sólo usa en ocasiones especiales.
– Marcho ya, cari. No me esperes despierto… – me dice con una sonrisilla en los labios.
– ¿Cómo piensas volver?¿quieres que te vaya a buscar?
– No, tranquilo. Cogeré el primer bus de la mañana. Si me dejan sola antes, me iré a la ofi a dormir como la última vez. Te quiero, pitufo. No te aburras mucho.
Me quedo solo. Por un momento pienso en buscar un plan para pasar la noche pero estoy demasiado cansado y decido cenar algo rápido y acostarme temprano. Me despierto a las dos de la mañana y busco involuntariamente a mi chica al otro lado de la cama. Al no encontrarla, reacciono y recuerdo el motivo de su ausencia. La imagino por un momento bailando en algún bar o conversando animadamente con sus compañeros con una copa en la mano. Con estos pensamientos vuelvo a caer dormido. A las seis despierto de nuevo con los primeros rayos de sol colándose en la habitación. Esta vez me acompaña una tremenda erección… recuerdo vagamente un sueño erótico con mi novia como protagonista pero por mucho que me esfuerzo en recordarlo no logro recuperarlo. Me acaricio por encima del pantalón del pijama mientras pienso en mi novia, el estado de embriaguez en el que estará ya y si sabré aprovecharlo en nuestro reencuentro en menos de tres horas. Estoy tentado de llamarla. Probablemente se encuentre sola en la oficina y podamos entretenernos un rato mientras esperamos ese momento. Pero existe la posibilidad de que aún esté en algún bar tomándose la última y acompañada, así que reprimo mis intenciones.
Con todo, no consigo conciliar el sueño mientras sigo acariciándome pero evito correrme reservándome así para su llegada. A las ocho estoy ya que me subo por las paredes y decido enviarle un sms: “Q tal todo? Espero q no tardes mucho… te quiero.” Sin embargo, no recibo respuesta. La última hora se me hace eterna construyendo historias para explicarme que no me haya contestado. A partir de las nueve, miro impacientemente el reloj. Ya debería estar aquí y la espera está empezando a hacer mella en mi estómago y en el resto de mi cuerpo que empieza a temblar inexplicablemente a pesar del calor que he pasado toda la noche. Pasada media hora decido llamarla… suenan demasiados tonos antes de descolgar, lo que hace que crezca aún más mi impaciencia y no le dé tiempo ni a abrir la boca:
– ¿Dónde estás?
– Cari? – dice una voz somnolienta.
– ¿dónde estás? – pregunto insistentemente.
– Con éstos… qué hora es?
– Las nueve y media… – contesto esperando que ahora entienda mi preocupación pero sólo obtengo el silencio por respuesta… y lo que me parece es una risa ahogada – … estás ahí?
– Sí, cari, lo siento… se me ha ido la hora. No te preocupes, estoy bien.
– Estaba preocupado, ni siquiera me has respondido al mensaje…
– ¿qué mensaje?
– Es igual… cuando vengas, hablamos. – me doy cuenta de lo amenazante que suena eso.
– Vale, cari, luego hablamos… supongo que no tardaré mucho.
– ¿Cómo que no tar… – me cuelga dejándome con la palabra en la boca.
Me levanto aunque no tengo ganas de desayunar. Me pego una ducha pero ni aún así logro relajarme. Estoy impaciente, indignado y al mismo tiempo excitado. A la media hora recibo un sms suyo: “He perdido el bus de las 10… llegaré a las 12. Te quiero”.
Trato de buscar algo que hacer y me entretengo con las tareas del hogar. Al preparar una lavadora encuentro su ropa interior en la cesta de la ropa sucia. Entre ella, varias braguitas con un olor intenso… al parecer esta última semana mi novia ha andado excitada aunque no recuerdo ninguna noche en la que estuviera especialmente cariñosa. Mi mente sigue perturbándome, así que trato de quitarme cualquier idea preconcebida de la cabeza antes de que ella llegue y me cuente todo de primera mano. A las 12 entra por la puerta. Tiene mejor cara de lo que imaginaba, se ha arreglado el maquillaje y se ha recogido el pelo.
– Buenos días cari – se acerca y me da un tímido beso en la mejilla e inmediatamente se aleja para descalzarse y meterse al baño cerrando la puerta tras de sí.
– Buenos días… – la persigo buscando explicaciones aunque me quedo al otro lado de la puerta – y ese beso en la mejilla? no me das ni un beso en condiciones?
– Caaari… – se asoma al quicio de la puerta – me siento muy sucia… debo oler a rayos… déjame que me pegue una ducha y me lave los dientes.
– Pues… qué has hecho?
– Entre otras cosas… – me sonríe maliciosamente – beber un montón… – y cierra la puerta.
Me quedo unos segundos dubitativo pero no puedo resistirme a abrir la puerta y descubrirla desvistiéndose. Se ha quitado los vaqueros y me parece adivinar un manchurrón sobre su tanga. Se deshace del top dejando sus pechos al aire.
– Y el sujetador? – pregunto sorprendido.
– He salido sin él. – me dice picaronamente. – Pensé que ayer te habías dado cuenta. Ahora sé bueno, cari, que voy a mear y meterme a la ducha. Espérame en la cama que enseguida voy yo… – y acompaña su sugerente proposición girándome y propinándome una palmadita en el trasero.
Vuelvo a la habitación que hace unas horas se me caía encima y las preguntas se me amontonan en la cabeza, pero intento tranquilizarme. A pesar de la hora, parece aún con ganas de marcha y no quiero estropearlo. Esta vez la espera no es tan larga y enseguida aparece por la puerta llevando tan solo una toalla blanca enroscada sobre sus pechos.
– ¿Me has echado de menos, cari? – me pregunta mientras se acerca contoneando sus caderas de manera provocativa.
– ¿Tú qué crees? – mientras desvió mi mirada hacia mi abultado paquete.
– Ya veo… ¿te has estado tocando, viciosillo?
– No, te he estado esperando. – en un momento había dado la vuelta a la tortilla y era yo el interrogado.
– Bien, porque vengo con ganas de follarte. – me destapa tirando de las sábanas y se sube a horcajadas sobre mí. Me baja el pijama hasta las rodillas y dirige mi polla hacia su coñito para cabalgarme lentamente. Enseguida se deshace de la toalla y puedo contemplar su cuerpo desnudo gozando sobre mí. Después de toda la noche aguantando, con su rajita especialmente húmeda y dilatada y su sorprendente actitud no puedo evitar correrme en menos de un minuto gimiendo ahogadamente mientras escucho su protesta de incredulidad. – ya, cari?… no puede ser… de verdad?
– Dioooooooosssss… ha sido increíble. Lo siento, te llevo toda la noche esperando…
– Pobrecito… – se deja caer a mi lado boca arriba – …pues sí que me has echado de menos…
– Ni te lo imaginas… casi me vuelvo loco.
– Y eso?
– Pensando, ya sabes… qué estarías haciendo y eso.
– Y qué ha imaginado esa mente calenturienta tuya? – otra vez juega conmigo mordiéndose el labio inferior.
– De todo… que te entraban, que te enrrollabas con algún tío…
– Sólo eso? Nada más? – se queja al tiempo que lleva su mano sobre su rajita y empieza a acariciarse su botoncito.
– …y que te follaban bien follada. – se ríe ante mi ocurrencia.
– Y te excitaba o te ponía celoso?
– Ambas cosas.
– Ummmmmmm. – acelera el ritmo de su masturbación. – Así que te gustaría que hubiera echado un polvo? – ante mi silencio, prosiguió – seguro que sí… – acerca la mano que jugaba en su clítoris a mis labios y me ofrece el pulgar para que se lo chupe. Sabe a sus jugos pero también a los míos que ya salen abundantemente de su coñito. Con la otra mano, con la que se pellizcaba hasta ahora sus pezones, sigue acariciándose. – …seguro que también te gusta esto… – no tengo muy claro a que se refiere pero enseguida salgo de dudas al jugar con su dedo en mi boca- … qué bien lo chupas, cari. Te gusta el sabor?… – un giro incomprensible para mí pero inexplicablemente vuelvo a correrme sin poder protestar ante su irreverencia. Ella también se corre en ese mismo instante al verme eyacular. Me mira con cara de satisfacción, sabiendo que estoy a su merced.
Después nos quedamos dormidos abrazados. Al despertar vuelven a invadirme las mismas preguntas que me han estado atormentando toda la noche, así que la despierto dándola besitos.
– Qué tal estás? Cansada, cari? Mucha resaca?
– No, estoy bien, mejor de lo que esperaba después de todo lo que he bebido. – busca rápido una disculpa – Es que con el calor que hacía…
– ¿qué tal la noche? Aún no me has contado nada…
– ¿De verdad quieres saberlo? – hace una pausa interminable – Vale, pero prométeme que no te vas enfadar. – de pronto siento una punzada en el estómago.
– Debo preocuparme?
– No lo sé… hace un rato estabas deseando que me hubiera acostado con alguien no? – mientras me posa la mano sobre mi paquete que crece al instante. – siempre has querido que fuera un poco más guarrilla no?… que te pusiera los cuernos como en esos relatos que te ponen tan cachondo…
– Claro… pero cuando lo hagas quiero que me cuentes todos los detalles – me estoy poniendo malísimo por momentos.
– Vale, pues ponte cómodo, nene, desnúdate. – me ayuda a desnudarme y me agarra el miembro para acariciarme mientras comienza su relato. – No sé ni por dónde empezar. Ya sabes que ayer venía Nerea. – Era una antigua compañera que ya no estaba en la oficina – Estuvimos cenando en un sitio nuevo y la verdad es que estuvo muy bien. Comimos genial y bebimos bastante vino… estaba muy rico. Y también unos chupitos a los que nos invitó el camarero. Ya sabes que Nerea es bastante atrevida y se cameló al camarero.
– ¿Cómo?
– Bueno, estuvo tonteando con él toda la noche, solo le faltó enseñarle un pecho… al final lo tenía loquito, se quería venir con nosotras de fiesta.
– Pero Nerea no tenía novio?
– Sí.. sólo estaba jugando. Además… – me dijo con una sonrisilla – … no creo que a él le importe demasiado, ambos son bastante liberales.
– Y ese camarero… estaba bueno?
– Vaya… sin más, un yogurín, pero nos echamos unas risas y salimos todos bastante contentillos con tanto chupito. Luego estuvimos en algún bar bailando…
– ¿quiénes estabais?
– Al principio todos, pero después del primer bar se marcharon la mayoría y nos quedamos sólo Nerea, Marcos y yo.
– Y Natalia? –Natalia era la novia de Marcos, que también trabaja en la oficina.
– Natalia tenía la cena de aniversario de sus aitas… ya te conté. – no lo recuerdo – Oye, vas a estar interrumpiéndome todo el rato? – pregunta soltando mi polla y poniéndose seria.
– No, perdona. – me la vuelve a agarrar para proseguir con el masaje y recupera el tono afable.
– Al quedarnos solos, a eso de las tres, Nerea llamó a su novio para que nos acompañara y nos fuimos los cuatro de fiesta. Muy majo, te caería bien, es guía de montaña. Entre copa y copa, Nerea empezó a darme la caca con Marcos, que si se notaba un montón que nos molábamos, que si había tensión sexual no resuelta entre nosotros y demás. Al final, en una de las veces que fuimos al baño le tuve que contar toda la historia, que antes sí parecía que le molaba, que ya me entró en alguna cena, pero que él a mí para nada, que te tenía a ti y que ahora además él estaba saliendo con Natalia. Pero a Nerea le da todo igual y estuvo toda la noche empujándome hacia él, incitándome a dejarme llevar y creo que también estuvo calentando a Marcos conmigo. Después, se puso a enrrollarse con su novio de manera descarada delante de nosotros y a meterse mano de forma escandalosa. Les faltó poco para ponerse a follar en medio de la pista de baile… yo no sabía ni dónde meterme. Al final acabé cruzando miradas con Marcos y empezamos a divertirnos con la situación. El caso es que con los nervios, no paraba de tomarme cubatas.
– Estabas nerviosa?
– Sí, bueno… ponte en situación. Nerea y su novio dando el espectáculo… y yo sola con Marcos.
– También dando el espectáculo? Te entró de nuevo?
– Bueno, no exactamente. En una de las veces que nos dejaron solos para ir a pedir a la barra me apoyé en la pared y él se acercó a mí para comentarme no sé qué y puso su mano en mi cintura. En otro momento se la hubiera apartado pero estaba mareada y me venía bien un punto más de apoyo. Cada vez teníamos nuestras mejillas más pegadas para hablarnos y me suelta que estoy buenísima… no me lo podía creer. Le digo que como siempre y me dice que no, que normalmente llevo sujetador a la oficina. Entonces me doy cuenta que está devorándome con la mirada, y en concreto, mis pechos.
– Ibas marcando?
– Pues imagínatelo… con él susurrándome en el cuello y con su mano acariciando mi cadera, como quieres que estuvieran mis pezones?… como piedras y sin suje… pues debía estar poniéndole malísimo. Seguro que se le estaba poniendo durísima y al pensarlo yo me puse aún más cachonda. No sé qué me estaba pasando, no podía controlarme. Entonces vi llegar a la parejita. Nerea nos acercó las copas con una sonrisa triunfante al vernos así pegaditos, así que me separe y dije que ya iba siendo hora de retirarme, que era la última. Pero no me lo iban a poner tan fácil y al salir se ofrecieron a acompañarme a la ofi. Cuando llegamos Nerea se le antojó subir a conocerla – recuerdo que se fue antes de la última mudanza – así que ahí subimos los cuatro.
– ¿Cómo se te ocurre?
– No sé en que estaba pensando… – me guiña el ojo dándome a entender lo contrario mientras acelera el ritmo de su masaje – …en un momento estábamos recorriendo la oficina y cuando terminamos la visita… no te lo vas a creer… – me mira fijamente para estudiar mi reacción ante lo que iba a confesarme – …no quería que se fueran… en especial, Marcos. De hecho, me excitaba la idea de quedarme a solas con él… – me deja atónito, pero intento reaccionar bien para no estropear el momento.
– -Muy bien, cari… por fin, te dejas llevar… – intento animarla aunque siento cierto vértigo ante lo que pudiera haber sucedido.
– – En realidad, en ese momento sólo quería ver hasta dónde sería capaz de llegar.
– Él o tú?
– Ambos supongo. El caso es que antes de irse, Nerea y su novio se fueron al baño y nos dejaron solos a Marcos y a mí. Nos quedamos cortados pero él rompió el silencio preguntándome dónde iba a dormir y me ofreció su casa porque dijo que el sofá de la oficina no podía ser muy cómodo.
– ¿y te fuiste a su casa?
– No, cari, por dios… no soy tan fácil, le dije que no hacía falta. Mientras tanto, la parejita había salido del baño y se había colado en un despacho. Lo que me faltaba. Fui a por ellos para echarlos de allí pero para cuando quise llegar ya era demasiado tarde. Nerea ya estaba de cuclillas desabrochando los pantalones a su novio para chupársela. Te lo puedes creer? Menuda guarra está hecha la tía. Él me miró cortado pero ella se giró, me sonrió y me enseño el bulto que sostenía en la mano. Más grande que la tuya, cari… impresionante. La verdad es que el tío está tremendo… tienes que verlo, treinta y tantos, morenito, bufff…. para comérselo enterito. Me quedé boquiabierta sin saber qué hacer hasta que reaccioné saliendo de allí para brindarles un poco de intimidad. No me atreví a parar aquello aunque intenté evitar que Marcos pudiera ver nada mientras rezaba para que esos dos salidos no mancharan la moqueta. Mientras tanto, y para distraerlo, me llevé a Marcos arriba para enseñarle lo cómodo que era el sofá y convencerle de que podía quedarme a dormir allí sin problemas. Me temo que él lo interpretó de otra forma…
– Él y cualquiera a quien se lo hubieras propuesto…
– Ya, bueno. No pensaba con claridad… al pasar por el despacho quería pasar rápido sin mirar pero de pronto se me fueron los ojos al escuchar los gemidos ahogados de Nerea. Fue sólo un instante pero ví cómo ya tenía la falda enrrollada en la cintura y las bragas por las rodillas con su novio semidesnudo colocado detrás reclinándola y aprisionando sus pechos contra el escritorio. La mirada de Nerea se cruzó con la mía y volvió a ofrecerme una sonrisa triunfante. No sé si por poder desfogarse por fin con su chico tras el calentamiento previo en todos los bares que estuvimos, si por pillarme mirándola o por verme subir corriendo con Marcos escaleras arriba. Llegamos al sofá y nos sentamos uno junto al otro. Ambos estábamos turbados después de ver lo que habíamos visto abajo. Comentamos lo diferente que parecía la oficina, vacía, en silencio, sin apenas luz… y cuando quise darme cuenta lo tenía pegado frente a mí y aún no sé cómo, cari, me entraron unas ganas irresistibles de besarlo. – hace una pausa para volver a evaluar mi reacción pero mi polla a punto de reventar no deja lugar a dudas –aunque no hizo falta… él se acercó y me dio un tímido beso. Antes de que tuviera tiempo para disculparse, yo se lo devolví. El siguiente fue un poco más intenso y ya no pudimos parar. Estuvimos como una media hora enrollándonos. Y cómo besa, cari, tiene una boquita… Al principio un poco tímido pero al final acabó metiéndome la lengua hasta la campanilla mientras sus dedos pellizcaban mis pezones debajo de mi top. Para esas alturas yo ya estaba supercaliente y creo que él también. Además, se escuchaban de fondo los alaridos de Nerea que se lo debía estar pasando en grande con su chico. De hecho, Marcos se corrió con sólo acariciarle el paquete por encima del pantalón.
– Uffff… sigue, sigue… no pares ahora- le suplico para que termine la paja que me está haciendo – No puedo más…. me corro, me corro…
– Joder, cari… mira cómo me has puesto… límpiame anda – me ofrece la mano para que la limpie con la lengua y, aunque dudo un instante, la excitación del momento me empuja a lamerla obedientemente– Joder, cari, qué ansia… voy a empezar a pensar que mi novio está hecho un aténtico comepollas. – se ríe con su ocurrencia mientras vuelve a introducirme su pulgar en la boca y lo mueve adelante y atrás.
– Es que no te imaginas cómo me estás poniendo con tu relato. – intento disculparme ante su mirada divertida. Por un momento tengo la sensación de que está jugando conmigo y trato de ponerme serio – Es todo cierto?
– Sí… – me responde tímidamente – …no te parecerá mal ahora que te has corrido no?
– Qué va… sigue por favor. Te quiero… me encanta que por fin te hayas soltado. – no estoy seguro que haya ocurrido de verdad pero no quiero detenerla. Nunca la he visto así y me encanta verla tomando la iniciativa y llevándome donde quiere.
– De verdad? – asiento animándola a proseguir – Es que Marcos cambió su actitud de repente después de correrse. Supongo que le entraron los remordimientos, se acordaría de Natalia… me pidió disculpas, se levantó y me dejó allí sola. No me lo podía creer… tenía un calentón encima terrrible. En el fondo sabía que era lo correcto pero me quedé con ganas de correrme con sus caricias y su lengua en mi boca. A ver, no pretendía hacer nada más que lo que habíamos estado haciendo, metiéndonos mano como dos adolescentes, pero no me hubiera importado que me hubiera devuelto el favor para no dejarme así. Lo estaba disfrutando. Me sentía mareada pero muy caliente. Miré la hora y ya eran casi las cinco. A los quince minutos sin poder dormirme, me acordé de Nerea y bajé a ver si la parejita ya había acabado y así despedirles. Desde luego, hacía tiempo que ya no se les oía. Según me iba acercando, tuve dudas de si debía asomarme o advertirles primero, pero al final decidí acercarme sigilosamente para comprobar si aún interrumpía algo.
– Tú lo que querías era volver a ver ese rabo… – intenta ponerme cara sorprendida, pero al instante traga saliva y cierra los ojos como rememorando cada detalle de lo que se encontró allí dentro mientras comienza a tocarse de nuevo…
– Qué? Qué? Me estás matando de intriga…
– Pues estaba él sólo… desnudo… sentado en la silla. Dios mio, cari… te prometo que no me fijé en su polla, no me hizo falta para mojarme enterita… menudo cuerpazo, está como un tren el tío. Me sentí turbada babeando así por el novio de mi amiga así que salí de allí antes de que me pillara. Supuse que Nerea estaría en el baño pero me equivoqué… – mi novia se está acalorando y traga saliva tras cada palabra… parece incómoda contándome sus travesuras mientras se acaricia compulsivamente. Yo también he empezado a masturbarme de nuevo mientras la escucho.
– Dime, dónde estaba?
– En la entrada, en bragas y con Marcos la muy guarra… desnudándolo mientras se comían a besos. Me quede petrificada… reculé y volví sobre mis pasos de espaldas esperando que no se dieran cuenta de mi intromisión. Al doblar la esquina y sentirme de nuevo segura, suspiré y me di la vuelta para esconderme de nuevo en el piso de arriba pero choqué de bruces con el novio de Nerea completamente desnudo en medio del pasillo.
– -qué dices? venga, te lo estás inventando…
– Lo sé, yo también estaba flipando… parecía uno de esos relatos guarros que lees… estaba aún mareada, confusa, todo me daba vueltas y me dejé llevar. Sin mediar palabra, me alzó en brazos y me llevó hasta el despacho donde antes le había estado contemplando y me tumbo sobre la mesa del escritorio donde le había visto follarse a Nerea. Al parecer yo iba a ser la siguiente. Yo lo miraba quieta, sin articular una sola palabra ni mover un solo músculo, sin ni siquiera tratar de racionalizar lo que estaba pasando y mucho menos intentar detenerlo. Me desabrochó el pantalón y me lo quitó dejándolo caer sobre el suelo donde se amontonaban ya un montón de prendas desordenadas. Aún conservaba mi top y mi tanga pero ya me sentía completamente desnuda ante su mirada. Estaba segura de que podía leer mi pensamiento y las ganas que tenía de que hiciese lo que quisiera conmigo.
– Y qué hizo? No te dejes ningún detalle por favor… – aún no puedo creer lo que me está contando pero me estoy haciendo la mejor paja de mi vida.
– Me empezó a besar las piernas subiendo muslos arriba… sentí un cosquilleo imparable que me hizo retorcerme de gusto y gemir. Ya sabes que yo no soy de esas escandalosas… pero se me escapó, no pude evitarlo. Entonces metió sus manos bajo mi top y me agarró las tetas con fuerza con sus manos enormes al tiempo que apartaba mi tanga con su boca. Eso me hizo volverme enteramente loquita y me aferré a su nuca con ambas manos, con fuerza, empujando su cabeza hacia mí, quería su lengua dentro de mí, lo deseaba dentro de mí… era como un impulso incontrolable dentro de mí, lo ansiaba como nunca antes, lo necesitaba. Cerré los ojos y me deje caer de nuevo sobre la mesa, abrí mis piernas colocando mis tobillos sobre sus hombros y empecé a jadear aún más fuerte arqueando la espalda. Sentí su lengua recorriendo mi rajita, succionando mi clítoris, como haces tú, pero alcanzando también mi culito… Me corrí como nuncaaaaaa….– en ese momento se corre atrapando su mano entre sus piernas haciéndose un ovillo
– – dioooossssssss….. – vuelvo a correrme aunque esta vez apenas eyaculo. – …vas a acabar conmigo… eres increíble. – quedamos un rato en silencio recuperándonos cuando me pregunta como una niña traviesa.
– – De verdad que no estás enfadado? No te importa que me haya despatarrado para que un tío me lo coma todo?
– – Bromeas? Me encanta… sabes que lo estaba deseando… aún me quieres, verdad?
– – Claro que sí, cari… te quiero aún más… por sembrar el terreno con tus fantasías, animarme a hacerlo, y saber comprenderlo casi mejor que yo misma. Aunque me hubiera gustado que estuvieras allí para compartirlo. – se muerde el labio inferior imaginándoselo o tan solo rememorando lo vivido… no estoy seguro.
– – Y a mí… pero bueno, ahora lo estamos compartiendo y así lo estás reviviendo por segunda vez. Sigue contándome… porque acabaría follándote no?
– – No exactamente… – me sonríe pícara- más bien me lo follé yo a él. Pero si quieres que siga contándote vamos primero a por mis juguetitos para que realmente puedas compartirlo, sentirlo como yo. – no entiendo muy bien lo que quiere decir pero se levanta desnuda y desaparece corriendo en busca de sus consoladores. Al volver me tira el de menor tamaño y ella se queda con el grande, con el que pocas veces se ha atrevido. – Mientras te voy contando, vamos a recrearlo juntitas vale? Tienes que hacer todo lo que yo haga. – no me puedo creer lo que me está pidiendo. Alguna vez ha jugado con su dedo en mi agujerito mientras follamos pero nunca hemos pasado de ahí.
– – Pero qué dices?
– -Pues eso… que si quieres escuchar cómo me lo he tirado, no sólo te lo vas a imaginar sino que vas a vivirlo en tus propias carnes – acompaña sus palabras de una mirada lasciva mientras mueve el juguetito en el aire.
– Me estás asustando. Dónde está mi novia y qué has hecho con ella?
– – Qué tonto eres, cari. Ya verás cómo lo vamos a gozar. Hazlo por mí… te lo estoy confesando todo como una niña buena. Ahora te toca a ti portarte bien y hacer lo que yo te diga sin protestar. – intento resistirme a sus encantos – Vamos a recrear el polvo de tus primeros cuernecitos. Prepárate porque ha sido bestial. – Coge el lubricante y descarga una buena cantidad sobre ambos juguetitos – Así embadúrnalo bien como hago yo. – desliza su mano sobre su consolador como si estuviera masturbándolo.
– No estoy seguro… – me siento incapaz de masturbar una polla de plástico.
– Como quieras… entonces no te cuento nada.
– No te pongas así… – intento imitar su movimiento. Al fin y al cabo sólo estamos ella y yo jugando.
– Así, relájate y disfruta… tú tenías tus fantasías que hoy se han cumplido y yo siempre he querido verte con una polla en tu culito. La primera vez es mejor que seas tú mismo el que la controles… – no puedo creer lo que estoy escuchando – …y créeme que cuando te cuente el polvo que hemos echado tu culito se va a abrir de par en par. Mira, cari, mi coñito ya se la está comiendo… ufffff… enterita. – nunca le había entrado con tanta facilidad el juguetito grande, debe estar realmente excitada.
– Pero qué golfa estás hecha…
– Ahora tú, cari… clávatela. – me sitúo sobre ella y me dejo caer poco a poco aunque me detengo al sentirla a la entrada. Mi novia intenta instruirme para lograr que me relaje – juega un poco adelante y atrás… eso es… muy bien… siéntela, disfruta el momento… menuda carita tienes, cari… – empiezo a acalorarme y casi involuntariamente me introduzco la puntita. – ya está dentro, no la saques ahora, enseguida te acostumbrarás a ella… así me gusta, cari… ya verás cómo lo vas a gozar. Empiezo vale?
– – Por favor… – me siento extraño, invadido. Quiero que acabe cuanto antes.
– -Pues después de correrme abrí los ojos y ahí estaba su carita entre mis muslos observándome triunfante. Le acaricié con ambas manos las mejillas y después las deslicé por su cuello hasta su pecho, lo empujé sobre la silla y me subí sobre él. Empecé a restregarme como una perra en celo contra su cuerpo empapándole enterito y comiéndole la boca, el cuello, su torso desnudo. No te imaginas cómo estaba a esas alturas, cari, sintiendo como su polla se iba acomodando en mi rajita y cuando por fin entró la puntita me dejé caer poco a poco sobre ella, deslizándome mientras sentía como me entraba partiéndome en dos. – de rodillas sobre la cama imitó el movimiento clavándose de nuevo el juguetito hasta el fondo.
– Te la metiste a pelo? – pregunto incrédulo tratando de ganar tiempo.
– Entiéndelo, cari… en ese momento no pensaba precisamente con la cabeza – me pone pucheritos para que no le riña – Y ahora haz tú lo mismo, no pienses, sólo siéntela y dime que no tienes ganas de metértela hasta el fondo – iba a decírselo pero me quedé mudo mientras ella proseguía animándome al observar mi indecisión – No te reprimas, quieres hacerlo… tú lo sabes y yo lo sé. Sólo tienes que dejarte llevar… yo lo he hecho y sienta fenomenal. Deja de resistirte y admítelo… estás deseándolo, lo llevas deseando desde hace tiempo. Éste es tu momento… métetelo… – al final la situación me sobrepaso y acabé cediendo, puede que tuviera razón – Así cari… muy bien. ¿Has visto que bien te entra? Ya la tienes toda dentro – me mira con cara de satisfacción – ¿Por dónde iba? Ah sí… sólo quería cabalgarlo cuanto antes… primero contoneando suavemente mis caderas mientras él intentaba chuparme los pezones – ambos ejecutamos el movimiento – después frenéticamente porque no podía parar y necesitaba sentirlo más adentro… más, más, máaaasss… – enseguida me entrego a su historia y botamos incesantemente sobre nuestras pollas de plástico enloquecidas corriéndonos de nuevo al unísono. Me quedo tendido sobre la cama con el juguetito ensartado dentro y mordiendo las sábanas y babeándolas sin control, mi novia se muere de la risa mientras recupero el control de mi cuerpo entre espasmos – ¿estás bien, cari? Me has asustado, parecía que te había dado algo… pues sí que lo has gozado, nene… mmmmm, me encanta… pues tienes que probar una buena polla… calentita y con vida propia.
– – uffff… no sé… – intento recuperar el aliento – gracias por compartir esto conmigo. Te quiero.
– – No… gracias a ti, cari. He descubierto mil sensaciones nuevas esta noche y no me hubiera atrevido si no fuera por ti. Ha sido increíble… de verdad. Así que te lo debía. – parece realmente agradecida – Ya sabes que nunca disfruto demasiado con la penetración… pues con él creo que me corrí dos veces antes de que me encharcara todo el coñito. Casi me mata de gusto… no sabía que se podía sentir tanto placer… qué manera de follar… menudo cabronazo. – Enseguida fui consciente de que ya no había marcha atrás, ese polvo la había transformado, no volvería a ser la misma… había traspasado la frontera y la había encantado, nunca iba a poder olvidar lo que había descubierto cabalgando esa polla, lo que se estaba perdiendo hasta esta noche por no atreverse a dejarse llevar…
– – Parece que ha habido un antes y un después de ese polvo eh?… – empiezo a asustarme de la transformación que hasta ahora me tenía sobrexcitado.
– – Puede ser… y te gusta el cambio?
– – Claro… y a ti? te ha gustado dejarte llevar por una noche? te gusta ser un poco puta? – por un momento temo ofenderla.
– – Creo que podría acostumbrarme… y ¿qué me dices de ti? – siento mi culito palpitar apretando el juguetito. –¿qué te han parecido tus nuevas sensaciones? – se ríe burlona – Creo que en tu caso tampoco habrá marcha atrás… no volverás a ser el mismo después de esta noche, ya lo verás. – parece adivinar mis pensamientos y antes de que pueda responder, sonríe y me da un pico – Ya no hay marcha atrás para ninguno de los dos. ¿Quieres que te siga contando?
– – Pero aún hay más?
– – Aún eran las seis de la mañana y he llegado a las 12, recuerdas?…
– – Retiro lo de un poco puta… menudo zorrón estás hecha, cariño- simula indignación y se ríe.
– – Para una noche que me desmadro tenía que aprovecharla… ven aquí, conmigo, y acabo de contarte – nos tumbamos uno frente al otro en actitud más relajada con nuestras manos de almohada bajo nuestras mejillas. Me sigue contando pero ahora más calmada, susurrando, deleitándose con el recuerdo, como dos buenas amigas confesándose sus secretos más íntimos. – Después de corrernos me quedé disfrutando del momento entre sus brazos y sintiendo aún su polla en mi interior palpitando, enorme y tremendamente dura, como una piedra. Apoyé la cabeza sobre su hombro y poco a poco me fui quedando dormidita mientras me acariciaba la espalda. Desperté una hora después con una sed terrible. Seguía entre sus brazos y con ese pedazo de rabo en mi coñito… aunque te parezca increíble, no había disminuido su tamaño a pesar de que él también estaba dormido. Me levanté despacito para no despertarle. Al sacar ese pedazo de carne de mi interior, sentí que me arrancaba una parte de mí, experimentando un vacío entre mis piernas que sabía que pronto necesitaría volver a llenar. Salí del despacho y deseé no encontrarme con la otra parejita. Fui al baño a limpiarme un poco porque tenía los muslos chorreando. De pronto me acordé de la cocina y subí arriba a por leche para saciar mi sed. Disfruté la sensación de andar desnuda por la oficina, sentir la moqueta y los azulejos fríos del baño bajo mis pies, por lo que no me molesté en vestirme. Me sentía poderosa al pasearme sin pudor alguno completamente desnuda por donde acostumbro a comportarme de manera mucho más recatada. Pude darme cuenta que podía andar sin necesidad de encender las luces y eso me hizo sentirme como en casa. Entré en la cocina a oscuras y me dirigí a la nevera. Encontré un cartón abierto y, aunque desnatada, me supo a gloria bendita tan fresquita. Al cerrar la puerta de la nevera sentí un escalofrío y cómo se endurecían mis pezones al sentir una corriente de aire frío recorriendo mi piel desnuda. De pronto una manta me envolvió. Era Marcos sorprendiéndome por la espalda con una manta que vete tú a saber por qué guardaba en su despacho. Él también estaba desnudo. Bueno, en realidad con la manta yo ya no estaba desnuda, lo que hizo que me sintiera algo más cómoda.
– – Venía con el hacha de guerra?…
– – qué tonto eres… estábamos a oscuras y no se me ocurrió dirigir la mirada allí abajo. Me estuvo frotando con la disculpa de hacerme entrar en calor mientras hablábamos de lo extraña que estaba siendo la noche. Disimulé y le dije que pensé que se había ido dos horas antes, tratando de que me contara dónde se había metido todo ese tiempo. Me dijo que Nerea no lo había dejado irse. Quise tirarle más de la lengua y me respondió que la estuvo entreteniendo mientras esperaban a que su novio cumpliera su fantasía, y que a juzgar por mis gemidos, seguro que la había cumplido y con creces. Me había devuelto el golpe y debí ruborizarme. A pesar de la oscuridad se percató y me dijo que no me preocupara, que no se lo iba a contar a nadie si yo tampoco contaba lo suyo, así que hicimos un pacto de silencio.
– – Y cómo lo sellasteis?
– – Con un beso, claro. – dice como si fuera obvio. – Bueno, más bien, un morreo en toda regla mientras notaba su bulto crecer al otro lado de la manta. Me dijo que llevaba toda la semana deseando que pasara algo esta noche y yo le confesé que también me había estado imaginando cosas… – se calla de repente al darse cuenta de lo que se le ha escapado.
– – En serio? No me habías dicho nada… así que estaba todo premeditado. Ahora entiendo que haya encontrado todas tus braguitas empapadas.
– – ¿Y tú por qué has andado con mis braguitas? – esta vez le aguante la mirada – Sin más, cari… hemos estado toda la semana vacilándonos porque dejábamos a la pareja en casa y supongo que se nos fue de las manos, nos habíamos estado calentando con ese juego. – hizo una pausa y prosiguió con su relato – Entonces, quiso beber un trago de leche fresquita. Al abrir la nevera la luz interior le iluminó parcialmente el cuerpo y no sé por qué me pareció de lo más erótico. Al beber directamente del cartón se le escurrieron unos hilillos blancos sobre su cuello y su pecho moreno. Temí que manchara el suelo así que le lamí de abajo arriba e inmediatamente dejé caer la manta que nos separaba y empezamos a enrollarnos y a acariciarnos desesperadamente. Esta vez no pensaba perder el tiempo con preliminares y me levantó con fuerza agarrándome con ambas manos del culete y me sentó sobre la encimera, se colocó de puntillas y me la metió sin esfuerzo porque tenía el camino bien abierto. Estuvo follándome así un rato pero ambos estábamos demasiado cansados para esa postura así que le pedí salir de allí y me lo llevé a su despacho. Coloqué la manta sobre el suelo, me tumbé boca arriba con las piernas abiertas de par en par y le invité a que se acercara. Le observaba lascivamente mientras me acariciaba para él. Se acercó con su polla apuntando al techo, se tendió sobre mí y me penetró muy lentamente, tiernamente, dándome besitos por todo el cuerpo y logrando que me olvidara una vez más de todo. Yo me agarré a sus nalgas y pude sentir como se contraía en cada embestida. Poco a poco fue acelerando el ritmo, hasta acabar bufando como un toro y llenándome de nuevo de leche calentita. – suspira y siento que se está acalorando. Aunque siempre fue una de mis fantasías, nunca me la imaginé tan sincera, contándome con pelos y señales su infidelidad y saboreando cada uno de sus recuerdos.
– – Si no fuera porque te conozco bien, pensaría que me estás tomando el pelo… podrías estar inventándote todo esto para mí, pero mírate, algo me dice que es verdad, estás realmente cambiada, has estado gozando toda la noche y te pone muchísimo recordarlo… no lo haces por mí…
– – Tienes razón… no puedo creerlo… no me reconozco, cari… confieso que me ha encantado comportarme como una auténtica putilla…
– – Vaya, yo no me atrevía a decirlo así pero…
– – Es lo que hay, cari… tu novia es toda una putilla y aún no has oído lo mejor…
– – Más? – mi chica asiente con la cabeza mordiéndose el labio interior. Mi polla reacciona poniéndose durísima de nuevo.
– – Mira cómo me tienes… – le llevo la mano sobre ella.
– – Cómo te crees que estoy yo? – me conduce la otra mano hasta su coñito… allí está todo empapado… sus muslos, su culo, nuestra sábana…
– – Sigue por favor…
– -Nos quedamos ambos dormiditos haciendo la cuchara. Estaba toda dormidita cuando escuché mi móvil sonando cada vez más alto, como acercándose… era Nerea que me lo traía cuando me has llamado, sobre las nueve no? Completamente desnuda y con una mueca socarrona me advierte que eras tú y descuelga al tiempo que me lo pone en la oreja porque yo estoy atrapada entre los brazos de Marcos. Tardo un tiempo en reaccionar y te escucho al otro lado enfadado.
– -enfadado no, preocupado… – protesto
– – Pues a mí me pareciste enfadado, como si pudieras verme a través del móvil y me hubieras pillado desnuda en brazos de Marcos. Traté de recuperar la calma y responderte con normalidad pero no sabía ni qué hora era… Nerea se partía de risa y tuvo que taparse la boca con la mano para que no la oyeras mofarse. Yo me apresuré en colgarte para que no te mosquearas más.
– – Pues me dejaste casi más preocupado…
– – Lo siento…
– – Tranquila… ahora lo entiendo todo. Aunque pensé que después de mi llamada te volverías ya para casa…
– – Ya… pero Nerea es una guarra. Yo me sentía un poco culpable después de hablar contigo y sólo quería volver cuanto antes a casa para contártelo todo y quedarme tranquila, así que me levanté sin preocuparme por despertar a Marcos. Al levantarme desnuda y con la luz del día frente a Nerea me entró de repente la vergüenza y fui corriendo al baño a asearme un poco. Ella me siguió preguntándome por cómo había pasado la noche, pidiéndome detalles. Supongo que quería que le diese la razón e incluso las gracias por la noche que había pasado. Me estuvo incitando: “Joder, con la mosquita muerta, vaya nochecita… cómo gritas, nena… con qué no te molaba el marquitos eh?… mira cómo chorreas, has dejado que se corra dentro?…” y cosas por estilo hasta que cedí y le reconocí que me lo había pasado como nunca, que me había sentido un poco zorra pero que no me arrepentía en absoluto. Entonces me miró satisfecha y me dijo: “bienvenida al club”. Le pedí que fuera vistiéndose y despertando a los chicos que había que recoger todo y salir de allí. Salió del baño pero volvió con dos bolsas de fresquito, el pica-pica, y me preguntó si ya lo había probado contigo tal y como me aconsejó hace tiempo. Negué con la cabeza y me propuso que le ayudara a despertar a los chicos, que se lo merecían después de la noche que nos habían dado. Le dije que no había tiempo para eso pero se puso melosa, abrazándome y poniéndome pucheritos… supongo que tampoco opuse demasiada resistencia… estaba empezando a sentir ese cosquilleo otra vez en mi rajita al pensar en un último encuentro con alguno de los chicos… así que me dio una bolsita de polvos y me dijo que eligiera el desayuno. En realidad, me apetecía volver a ver el cuerpazo de su novio pero no me atreví a verbalizar en voz alta delante de Nerea que deseaba comérsela a su chico, así que elegí a Marcos. Según me dirigía a su despacho empecé a pensar que no era una gran idea y estuve a punto de cortarme pero al verlo allí dormidito, desnudito y empalmado volví a sentirme como fuera de mí, como en un sueño, y no pude evitar excitarme y ponerme a gatear sigilosamente como una gatita hasta alcanzar mi objetivo. Sumergí mi lengua en los polvos y la apliqué sobre su polla sin dejar de mirarle para ver si despertaba. Enseguida empezó a gemir pero parecía que seguía dormido. Pronto me centré exclusivamente en mi tarea, saboreándola y perdí el contacto con sus ojos. Sólo paraba de chupar para recargar mi lengua de polvo blanco y volver a engullirla… delicioso… tienes que probarlo… – no sé muy bien a qué se refería. Llevamos rato masturbándonos el uno al otro y aceleramos el ritmo a medida que rememora cada detalle- … de pronto le oí preguntarme qué le estaba haciendo, que le estaba volviendo loco, entre sorprendido y extasiado. Lo miré satisfecha, le dí los buenos días y le pedí que se relajara y disfrutara… volví a hundir mi cabeza entre sus piernas y cuando más estaba disfrutando de aquel manjar sentí acercarse a alguien por mi espalda. Estaba tan ocupada en chupársela y ganarme el desayuno, que no perdí el tiempo levantando la cabeza a pesar de mi vulnerable posición a cuatro patas con todo el culo en pompa. Me pareció escuchar a Nerea animando a su chico a aprovecharse de la situación y atacar mi culito desprotegido. Remató sus palabras con un “mírala, seguro que lo está deseando”. No estaba segura si eran sólo imaginaciones mías pero para que no hubiera duda y no se confundiera de agujerito me lleve una mano entre mis piernas y me abrí el coñito para él, mientras me contoneaba para tratar de resultar más apetitosa si cabe. Me mantuvo unos instantes expectante hasta que sentí aquel pollón entrando de nuevo en mí y sus huevos chocando contra mis nalgas. En ese momento aún no sé cómo logré no morderle a Marcos… lo que hice fue engullir su polla hasta la garganta y ahogar así mis nuevos alaridos de placer. De pronto ambos se envalentonaron y mientras uno me follaba desde atrás y jugaba con sus dedos en la entrada de mi culito notaba como el otro movía arriba y abajo sus caderas para follarme la boquita mientras me sujetaba firmemente la cabeza para que no escapara. – me gustaría aguantar más pero me corro entre convulsiones imaginándome a mi novia montándose el primer trio de su vida y siendo ensartada por dos pollas al mismo tiempo. Como mi novia se queda a medias, continua masturbándose sola metiéndose toda la mano menos el pulgar con el que acaricia su botoncito mientras se chupa dos dedos de la otra, enseguida se incorpora para mostrarme la posición en la que le habían sometido hace escasas horas sobre la moqueta de su oficina. Está como enloquecida, la observo perplejo mientras trata de continuar con su relato pero la entiendo a duras penas al estar engulléndose los dedos – me estaban destrozando, de pronto aceleraron y era como si estuvieran taladrándome… me estaban matando de gusto… – entonces se entrega al recuerdo y se olvida que está conmigo – diosssss, me voy a correr, cabrones!….mmmmmmm… folladme… folladme, cabrones!… no paréis ahora… me estáis reventando… me muero, no puedo más… ay, por favor, por favor, por favor!… … esto es lo que querías, guarra? verme suplicar como una zorra?… me estáis matando de gusto… quiero vuestra leche, llenadme, quiero más… – se corre entre muecas de placer indescriptible, se queda convulsionándose y sollozando, resoplando mientras la entiendo algunas palabras inconexas – …vuestra… no puedo… hacedme… no puedo… cabrones… más… soy toda vuestra. – sigue retorciéndose.
Me acerco a ella y la besó en la frente. La abrazo y le recuerdo lo muchísimo que la quiero. Al cabo de un rato largo en silencio, suena su móvil y se levanta de un salto a cogerlo. Antes de descolgar me enseña la pantalla con una sonrisa de oreja a oreja… es Nerea…
– Hola guapa… bien, bien, aunque reventada… qué va, apenas he pegado ojo… con rober, en la cama… sí… sí, sí, todo… pues créetelo porque es cierto… no, no se ha enfadado, ya te dije que lo entendería, es muy comprensivo, es un cielo… –se acerca me da un pico y me acaricia la mejilla en señal de agradecimiento – …bueno, puede que un poco de eso también… – me mira divertida y se ríe – …tenías razón… sí, se ve que sí… tal vez un poco… ya vale, no te pases… no seas mala… mira qué eres zorra… – mira al techo, se muerde una uña y se sonríe, se da la vuelta y habla más bajo como evitando que la escuche aunque es inútil- …aún estoy cachonda perdida… no logro sacármelo de la cabeza… ya sabes que cuando queráis… mañana?… mañana tenemos planes, cari? –se dirige a mí en voz alta, niego con la cabeza – …no, no tenemos nada… no hace falta, ya prepara rober una barbacoa, verdad cari? – asiento con la cabeza – … bueno, si quieres, ya sé qué puedes traer… – me mira y se ríe – …unos sobres de fresquito para el postre… creo que rober quiere probarlos… – estoy flipando – … yo? desde luego que no más que tú, so guarra… un beso, guapa, y otro para tu txurri… ah sí? dile que yo también… ya le he oído, pero no me da miedo, lo estoy deseando… dile que aquí le espero… pues tengo el chichi destrozado, así que… dile que puede estar tranquilo, nadie abrirá su regalo, aquí le estará esperando mañana… descansad vosotros también… ciao. – cuelga y vuelve a acurrucarse junto a mí.

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