Lee aquí la primerqa parte de «Una fantasía hecha realidad»
Al escuchar esas palabras me la volvía coger, mi verga hurgaba cada rincón de su vagina, ella de verdad estaba empapada, yo, a todo esto, estaba cada vez más excitado, por lo que, empujaba más fuerte mi verga, mientras le repetía, imagínate que te está cogiendo el negro, ella sin dejar de gemir, ni de ver la película, repetía ¡Que grande la tiene!, ¡cómo me coge, que dura esta!.
Mientras que el negro se venía abundantemente en la cara de la vieja que se estaba cogiendo, nos venimos juntos, al hacerlo, tal vez al calor de la excitación, le dije muy quedito, mira qué cantidad de leche y es toda para ti. Ella instintivamente se pasó la lengua por sus labios, como imaginado que el pinche negro, se los había soltado a ella, le pregunte muy quedito y fue ahí, en donde cometí el error más grande de mi vida la cague, ¿te gustaría que otro hombre te inundara de semen?
Ella con los ojos entrecerrados, reponiéndose de su orgasmo, se pasó la lengua por los labios y me dijo, ¡si me gustaría que me cogiera otro hombre!, dijo entre gemidos ¡hay madre mía!, ¡pero que sea un negro, para que me coja bien rico!
Después, ya más calmados, le volví a preguntar ¿Te gustó?, ella me contesto que, mucho entornando los ojos, no sé, si se refería a la fantasía que había tenido con el negro de la película, o por la cogida que le di. Después de eso nos bañamos juntos y nos fuimos a casa.
Durante una semana estuve pensando en la fantasía que me había dicho y que yo, por andar preguntando pendejadas, provoqué que me dijera. Durante esa semana, mi mujer andaba muy pensativa, por lo que decidí hablar con ella. Después de comer y al estar solos, le pregunte que le pasaba, yo ya me imaginaba que es lo que era, pero, quería que fuera ella que me lo dijera. Mi amor, me dijo, estuve pensando lo que te dije en ese hotel y estoy sumamente apenada y quiero que me perdones, soltándose a llorar, yo le dije, que no se preocupara, que solo era una fantasía que yo había provocado, al oírme decir esto, se tranquilizó.
Ahora bien, yo le pregunte, ¿ese deseo o más bien esa fantasía que tienes, es cierta en todas sus letras?, le dije que me contestara con la verdad, que yo no me iba a enojar si lo hacía, me dijo que ¡sí!, yo me quede mirándola, le pregunte ¡deberás! ¡Deberás, estarías dispuesta a hacerlo!, ella me contestó afirmativamente, al tiempo que me decía ¡eso si tú lo quieres y me das permiso! o sea, que el balón estaba en mi cancha y yo tenía que decidir. Le dije, déjame pensarlo.
Paso otra semana más, una vez que estábamos solos en la casa, volvimos a tratar el tema del negro, yo le dije, ¡está bien!, pero lo vas hacer como yo lo diga, o sea, le dije que ella cumpliría su fantasía, con unas reglas que yo iba a imponer, le dije, pues si yo iba a ser el cornudo, pues lo haríamos a mi modo, le dije:
Primero. La persona con la que vas tener relaciones, será necesariamente ajena a nuestras vidas, o sea, que ninguno de los dos lo conozca, esto, para evitar rumores pendejos e innecesarios.
Segundo: A esta persona no la vas a conocer, hasta el día en que hagamos realidad tu fantasía. La conocerás poco antes de que lo hagamos, para que rompamos el hielo.
Tercero: Voy a contratar a una persona con las características adecuadas para cumplir tu fantasía.
Cuarto: Si en dado caso que yo tengo alguna fantasía que yo quiera hacer, tú la aceptaras sin celos, ya que nada más será una fantasía.
Continuara……………………………………..
